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ítulo 20:"La Victoria combativa"

 

Era una fría noche de comienzos de Junio de aquel año 84,José despertó sobresaltado, le había parecido escuchar voces lejanas. Al principio creyó estar soñando, pero aquellas voces  ya se sentían más cerca, aunque no se distinguía muy bien lo que decían, pese al silencio reinante. Carmen y también las niñas se despertaron, ahora se escuchaba mucho ruido un gran ajetreo y movimiento en las calles y casas vecinas.Por algunos minutos  permanecieron en silencio, atentos y entonces escucharon ruidos de vehículos en las calles y enseguida unos potentes altoparlantes que decían:

_ Repito: Todos los hombres mayores de quince años deberan salir de sus casas con las manos sobre la nuca, de manera lenta, sin hacer movimientos sospechosos...Este es un control...Toda la población se encuentra intervenida por las fuerzas militares y del orden, cualquier intento de resistirse será fuertemente reprimido...Repito...

José le levantó rapidamente de la cama y comenzó a vestirse, justo cuando se estaba abrochando sus zapatos, escuchó unos fuertes golpes en la puerta de la casa y alguien, afuera ordenó:

_ ¡Abran de inmediato, de lo contrario echaremos la puerta abajo!

José salió a abrirla, encontrándose con un grupo de militares fuertemente armados, uno de ellos le gritó, mientras le apuntaba con su arma:

_ Salga de inmediato con su carnet en la mano y colóquese contra esa pared.

José vio que muchos de sus vecinos estaba de pie contra esa pared, algunos no habían alcanzado a vestirse y permanecían descalzos, pese a lo helado de la noche.

Había un enorme contingente militar, vehículos blindados, soldados que llevaban sus rostros pintados y ropas con camuflaje, armados con fusiles automáticos y ametralladoras. ¡Todo aquel inmenso operativo para intervenir una modesta población! La que sin embargo se había mostrado decididamente opositora al Regimen Militar.

José y los demás fueron exhaustivamente revisados para asegurarse que no portaban armas de ninguna especie y luego fueron conducidos en fila con sus brazos en alto hasta una cercana cancha de fútbol, colindante con la población.

José casi no podía creer lo que estaba viviendo, aquello le recordaba aquellas películas de la Segunda Guerra mundial en donde los prisioneros eran llevados a los campos de concentración. Pero aquello no era una película, el frío y el miedo que sentían era real, A medida que asimilaba lo que estaba pasando, aquel miedo inicial se le fue convirtiendo en rabia e indignación, pensaba que como era posible que se les pudiera tratar así:¿En qué se había convertido su país en donde los derechos de las personas podían ser pisoteados de aquella forma? Insconcientemente bajó sus brazos, ya que hasta le parecía ridículo aquella insólita situación. Pero un joven conscripto que se ubicaba cerca de él, le ordenó que los alzara nuevamente, como José y otros vecinos no le hicieron caso, de inmediato acudió un fornido carabinero, vestido con tenida de guerra, quien ordenó a todo el grupo detenerse y luego les hizo tenderse sobre el suelo, al tiempo que vociferaba:

_ ¡Esto no es na´un juego guevones...van a tener que obedecer o atenerse a las consecuencias...¿No les gusta andar tirando piedras y hacer fogatas...Ahora los quiero ver!

Mientras  ellos permanecían boca abajo, tendidos sobre aquel suelo pedregoso, el uniformado comenzó a caminar sobre los cuerpos indefensos, pateando con sus botas a aquellos que intentaban moverse, fueron varios los que syfrieron " las caricias" en sus costillas.

Luego se les ordenó ponerse de pie y así fueron conducidos hasta aquella cancha de fútbol, en donde ya se encontraban largas filas de pobladores de todas las edades. Jovencitos con caras de niño, hombres maduros a medio vestir y también ancianos, ellos eran todos los hombres de la población, que sin ninguna distinción  ni consideración habían sido arreados hasta allí como ganado y que permanecían espectantes sin saber lo que les ocurriría.

Ya comenzaba a amanecer.

Aquellas canchas de fútbol, porque son varias,colindan con otras poblaciones del sector sur de la capital: Hacia el sur estan La Santa Adriana y la Villa Sur y hacia el oeste, separada por la vía férrea se ubica la José María Caro, una de las más populosas de la metrópoli. La Victoria, ubicada al Este, es pequeña comparada con las otras, pero en ella vivían hacinadas unas treinta mil almas y de aquellas, unas 5000 a 6000 hombres se encontraban en aquella cancha, rodeados por un contingente de militares y carabineros fuertemente armados, pero ya las mujeres y los niños de la población se disperdigaban por los alrededores para saber que sucedía con los hombres de la población.

Ya estaba completamente de día cuando aparecieron unos automóviles y camionetas en las cuales viajaban grupos de civiles, muchos de ellos eran jóvenes y llevaban unos brazaletes en sus brazos.a A José le llamó la atención que todas las patentes de los vehículos pertenecieran a los sectores acomodados de Santiago:Providencia o La Condes. Ellos se situaron  en medio de las canchas ocupando unas mesas y sillas dispuestas para tal efecto y por los altoparlantes se dio aviso de que se iban a chequear las identidades de todos los detenidos. A José le dio la impresión de que todos aquellos jóvenes y jovencitas, con aspectos "de niñitos bien" se divertían  como si aquello fuera un paseo campestre o una entretenida diversión, mientras los pobladores llevaban allí ya varias horas, de pie y observando como sus " ocasionales inspectores" se sentaban y se servían sus colaciones entre animadas risotadas y bromas entre ellos.

Aquello causó mucha irritación entre los detenidos, que exteriorizaron su malestar con débiles protestas y murmullos. José observó a su alrededor, entre los rostros  conocidos vio al vecino que era dueño del almacén donde él solía pedir fiado en los tiempos de "vacas flacas", estaban él y su hijo de diecisite años, le llamo la atención porque, pese a que su vecino vivía en esa población, todos sabían que era un simpatizante de los militares, uno de los pocos, pero tenía su razón, ya que había serviso por varios años en el ejército antes de que lo dieran de baja, años atrás.

José movió su cabeza y no pudo evitar sonreir al pensar:

_ Me imagino que éste ya no va a defender tanto a "Su General"

Fue en aquellos momentos cuando todos se volvieron con asombro y escucharon unas fuertes voces a coro que gritaban consignas :

_ ¡Chi...chi...chi...le...le ...le Viva Chile y el Presidente Allende!

José permaneció estupefacto ¿Cómo era posible que en esa situación hubieran pobladores que se atrevieran a desafiar tan abiertamente a  los militares?

Pero así era, ahora las consignas se escucharon en otro sector  de la cancha y después el propio José pudo ver como muy cerca suyo, un grupo de muchachos y otros no tan jóvenes, se agacharon y acuclillados gritaron a coro:

_ ¡ Chi...chi ...chi...le ....le....le...Viva el pueblo abajo Pinochet!

Un escalofrío de terror recorrió las espaldas de todos los cercanos, al ver aque entre las filas de pobladores se desplazaba un grupo de uniformados armados con armas automáticas y a la cabeza del grupo, un corpulento oficial que ostentaba una luma en sus manos y con ella golpeaba a quien se le antojaba, sin tener consideración por los ancianos o jovencitos.

A medida que se acercaba, dejando trás si una oleada de alaridos de dolor y de quejidos, José se estremeció ya que aquel sujeto, vestido con su uniforme y casco de guerra le parecía levemente conocido. Cuando le escuchó hablar se le disiparon todas sus dudas: ¡Él conocía a aquel hombre...Era el mismo a quien con su amigo habíanle dado el apodo de El Nazi! Escuchó lo que decía:

_ ¡Mírame bien desgraciado...Para que trates de desquitarte después...Toma infelíz! Se escuchó un fuerte golpe y un aullido de dolor, de reojo José pudo ver que la infortunada víctima del desquiciado oficial había sido el hijo del comerciante, quien con su brazo quebrado se había desplomado cerca de su padre, éste al intentar acercarse recibió un fuerte lumazo en su espalda, aquello le produjo a José una sensación de impotencia y de tal indignación que suoeró completamente al miedo que sentía, fue en aquellos terribles segundos cuando tomó una decisión, que bien pudo costarle su vida.Apretando sus puños pensó:

_ Si este desgraciado me reconoce seguro que se va a querer desquitar de lo que le dijimos en la shopería, pero si me pega yo no me voy a quedar quieto, me voy a defender y entonces ellos me tendran que matar, pero tendrán que hacerlo aqui delante de toda esta gente.

En aquellos breves segundos muchas cosas pasaron por la mente de José, pero lo principal: Su pequeño hijo, que aun no cumplía un año y a quien no podría cuidar, ese pensamiento le causó mucgho pesar, pero era tan grande su rebeldía ante la injusticia que veía que se consoló pensando:

_ Si pasa lo peor, por lo menos a mi hijo le contaran que su padre no fue un cobarde, él ccuando crezca ha de sentirse orgulloso de mí.

Pero en el destino de José no estaba que él muriera en ese dia y así fue como aquel energúmeno pasó por su lado sin mirarlo y unos metros más adelante volvió a desencadenar su furia, esta vez contra un joven alto y melenudo, al cual le gritaba:

_¡Ahora anda a tirar piedras al cementerio guevón o a hacer fogatas y barricadas si es que te quedan ganas!

Aquel joven recibió dos fuertes lumazos pero permaneció de pie aguantando el dolor, aquello enfureció más aún al valiente oficial quien esta vez descargó un fuerte golpe en plena cabeza del muchacho que se desplomó sin un quejido. Hasta el militar que cuidaba las espaldas de su jefe mostraba en su rostro lo mal que se sentía, alguien detrás de ellos pegó un fuerte grito que se escuchó nitidamente:

_ ¡Paren a ese loco que anda golpeando sin motivo a la gente!

Y casi al instante, desde ottro lado de la cancha se volvieron aescuchar las mismas consignas que antes:

_ ¿Chi...chi...chi...le....le ...le Viva Chile y abajo Pinochet!

José se emocionó hasta las lágrimas y vio en los rostros de sus compañeros de infortunio la misma determinación que él sentía y pese a las circunstancias en que se encontraba tuvo un pensamiento de esperanza:

_ Si esta gente humilde y casi sin educación se atreven a desafiar al gobierno en estas terribles circunstancias, no tengo ninguna duda de que los militares que creen que estan atemorizando a un pueblo, estan profundamente equivocados, lo que yo creo  es que sin darse cuenta estan cavando sus propias sepulturas

 Los hechos en el futuro le darían la razón, pues a partir de aquel día La Población La Victoria entera se convirtió en el más fuerte bastión en la lucha contra la Dictadura  a tal punto que su nombre trascendió las fronteras del país y en cada una de las jornadas de protestas que sucedieron, las estrechas callejuelas de la población se veían repletas de periodistas y camarografos de cadenas de televisión de Europa

(Continuará)

 

Capítulo 28: "André de La Victoria"

 

Uno de los sucesos que más marcó a José y que le hizo convencerse de que ya era hora de que, personalmente debía de involucrarse de alguna manera en la causa de luchar contra aquel regimen autoritario, ocurrió durante el mes de Setiembre de aquel año tan trascendental de 1984.

Aquel día, José venía saliendo de su turno de noche y como había sido una jornada muy intensa en la fábrica, lo único que deseaba era tenderse a dormir en su cama, al menos durante la mañana.Cuando llegó a su casa, temprano, no le extrañó encontrar a su mujer e hijos aun durmiendo, ya que era un día bastante frío, pese a que ya se anunciaba la primavera. Pero lo que sí llamó su atención fue constatar que en el dormitorio no se encontraba el aparato de televisión a color, que era el único objeto de valor que poseía, el cual lo había adquirido un año antes cuando él trabajaba en Rancagua y del cual aun le quedaban más de doce letras que cancelar.Pensó en despertar a su mujer para que le explicara aquello, pero pudo más el cansancio que sentía y así, apenas se tendió sobre su camastro el sueño lo venció.

Desperto horas más tarde al escuchar voces que parecían provenir del patio de la casa, alcanzó a notar que eran de su mujer y de la dueña de casa quien parecía muy asustada por algo.Cuando se levantó y salió para ver lo que sucedía, entendió que algo muy grave había sucedido durante la noche, Su esposa le explicó:

_ ¡Anoche alguien entró a la casa y nos robó varias cosas: La cocina, una plancha eléctrica y la tele que estaba encima de la cómoda!

José no se podía convencer de lo que le decían, le parecía algo increíble que alguien pudiera, primero entrar a la casa, ya que en el patio vigilaba un perro guardián, bastante bravo y además como podía ser posible que los ladrones hubieran podido cargar todas esas cosas sin que su mujer ni las niñas, tampoco la dueña de casa que vivía en un departamento dentro de la misma propiedad, no se hubieran dado cuenta.

De la desesperación, José pasó ahora a la rabia, culpaba en primer lugar a su mujer, pensando, con justa razón que ella debía de haber estado muy bebida, lo cual no era para nada raro, ya que en el último tiempo ella había vuelto a beber. También le parecía sospechosa la actitud de la dueña de casa y hasta pensaba que ella tenía algo que ver en ese robo.

Al fin se decidió a poner una denuncia en el Retén de Carabineros, que estaba ubicado cerca de su casa.

Ya era casi de noche cuando llegó al recinto policial y toda la población estaba a oscuras, como sucedía frecuentemente en aquellos días en donde se producían las protestas contra el gobierno. Aquel 4 de Setiembre, fecha emblemática, en donde antes se realizaban las elecciones presidenciales, había sido escogida por la oposición para una nueva jornada de protestas.

El carabinero que custodiaba la entrada le hizo pasar a una salita y allí José tuvo que esperar por largo rato hasta que alguien le atendiera. Fuen en aquellos momentos cuando escuchó el tañer de las campanas que se echaban al vuelo en la parroquia de la Población. José comprendió que algo grave estaba sucediendo ya que los uniformados se veía extremadamente nerviosos y por las radio que ellos portaban se escuchaban voces muy alarmadas.

Al fin un carabinero se le acercó y le dijo:

_ Sabe, mejor es que se vaya usted a su casa, ahora no vamos a poder atenderle ya que estamos en una grave emergencia, tanto que estamos solicitando refuerzos porque tememos que la poblada venga a incendiarnos el cuartel.

José trató de inquirir más detalles pero el uniformado le instó a retirarse, de manera amable, pero firme.

Cuando caminaba rumbo a su casa, vio mucha gente en las calles: Mujeres que lloraban, hombres que corrían indignados y muchos jóvenes que gritaban insultos contra los carabineros. Escuchó los gritos:

_ ¡Pacos desgraciados...Vamos a quemar el cuartel con todos ellos adentro!

_ ¡Sí, ellos tienen que pagar por lo que han hecho!

Entonces se enteró de lo sucedido:

Al parecer las fuerzas especiales de carabineros  habían entrado disparando a la población y una de las balas atravesó las frágiles paredes de madera de la parroquia, dándole en el cuello al joven sacerdote de nacionalidad francesa, que servía de ayudante del párroco, Pierre Dubois, quien murió en el acto mientras leía su Biblia.

Al principio todo era confusión, muchos creían que la víctima había sido el propio Padre Dubois, que era muy querido en la población pues siempre se la había jugado por ellos, defendiéndolos y hasta arriesgando su propia vida interponiéndose ante los militares.

José siguió a los pobladores hasta la Parroquia, cuando llegaron ya era mucha la gente que estaba reunida en el frontis y y algunos se mostraban muy enardecidos y amenazantes.Mientras en las estrechas y oscuras callejuelas de la población  los carabineros habían desaparecidos completamente.

Fue en aquellos momentos cuando el valiente párroco Dubois, mostró toda su fortaleza y buen juicio, con toda seguridad que él estaba tan dolido y angustiado por la horrible muerte de su colaborador, sin embargo se puso al frente de aquella turba para imponerse y evitar así una mayor desgracia.

Con emotivas palabras les habló a sus feligreses, quienes le escucharon con atención y respeto y al final prevaleció la cordura y le hicieron caso:

_ Id a vuestras casas y encended velas en honor al hermano que ha caído.él no hubiera aceptado jamás la violencia...Que aquellas velas encendidas se extiendan por las calles de la población y que sigan encendiéndose por las demás para queasí nuestro hermano tenga el velorio mas grande y hermoso de este Chile que lo acogió como uno de los suyos y que ahora lo despide para siempre.

De ese tenor fueron las palabras del Padre Pierre, José no las recuerda en su exactitud, pero él y todos sus vecinos hicieron lo que se les pedía.

Y fue así como aquella noche se agotaron las provisiones de velas en la capital, no hubo ningún hogar en las poblaciones de Santiago que no encendiera velas en memoria del joven sacerdote que sin saberlo se convirtió en mártir y en un nuevo símbolo de la lucha contra la Dictadura.

Ya en su pobre hogar, José no lamentaba tanto su desgracia al haber perdido casi todas las cosas materiales que poseía, sino que, pese ha haberle conocido tan poco, el recuerdo de aquel joven sacerdote y su trágica muerte le acompañarían durante muchos días, fue en aquellos días cuando José tomo la decisión de que ya no pdía permanecer al margen de lo que sucedía en su patria y aunque no tenía muy claro el modo de una cosa ya estaba seguro:

¡Hay que hacer algo, ya no basta con limitarse solo a opinar en contra del regimen, si deseamos un mejor futuro para nuestros hijos debemos de luchar y lo haremos!

 

 

Capítulo 25: Amanecer en La Victoria.

Ahora estamos a mediados del otoño del año 1984, ya los días calurosos han pasado y las noches comienzan a ser muy frías, como aquella en donde José trataba inutilmente de conciliar el sueño, ya no estaba cesante, había logrado ser contratado en una importante empresa  y aunque su salario era exiguo, él se sentía un tanto conforme ya que profesionalmente aquel trabajo le gustaba y también porque como su jornada era por turno, tenía la posobilidad de realizar alguno que otro pololito junto con su inseparable amigo Nelson.

La empresa en donde José trabajaba, era una de las tantas que pertenecían a uno de los grupos económicos más importantes del país y fue allí en donde él se pudo dar cuenta de la tremenda injusticia social y las desigualdades que existían entre los trabajadores, que pese a realizar las mismas labores sufrían un desigual trato, debido al nuevo Plan Laboral que ahora favorecía directamente a los empresarios en detrimento de los trabajadores.

Así fue como José, pese a ser un profesional con título debía de conformarse con un sueldo miserable  y sin ninguna regalía ya que por esos resquicios legales, él había sido contratado por una empresa externa, la cual prestaba servicios a la empresa madre, que ésta misma había constituído.Así los trabajadores más antiguos que estaban agrupados en los sindicatos, gozaban de muchos beneficios y mejores salarios y eso provocaba odiosas discriminaciones, como ejemplo, en el casino, mientras algunos tenían derecho a dos sánguches a otros les correspondía sólo uno, también la ropa de trabajo presentaba distintas calidades y así había muchas otras cosas , además de la diferencia en los sueldos.

Lo mismo pasaba con los sistemas de turnos rotativos, la empresa para evitar darles el día libre que les correspondería segun la ley a los trabajadores que cumplieran una semana en turno de noche, acortó estos turnos, estableciendo turnos de tres días, así, se trabajaba tres jornadas de mañana ( de 7AM a 15.00 hras.De lunes a miércoles) y los  que salían a las tres de la tarde del miércoles regresaban nuevamente a las 11 PM para comenzar sus tres noches ( Desde las 11 PM hasta las 7 AM)  Terminando en la mañana del sábado. Los salientes de noche tenían un descanso de dos días y regresaban nuevamente a las 15 PM del lunes y así sucesivamente.

Todas esas desigualdades e injusticias hacían que el ambiente de trabajo en esa empresa fuera extremadamente malo, de mucha desconfianza e inestabilidad. De acorde al Plan Laboral, cualquier trabajador podía ser despedido sin mas causal que El Artículo F que decía Necesidades del servicio y aún así, ellos se sentían afortunados de tener al menos un ingreso estable.

En todo eso pensaba José en aquella fría noche del mes de Mayo,a su lado, en la misma cama dormía su esposa y con sus estruendosos ronquidos hacía imposible que él pudiera conciliar el sueño. En la otra cama dormían sus dos hijas y en la cunita que le había regalado la municipalidad dormía el más pequeño de los habitantes de esa familia, el bebé de tan sólo nueve meses de edad.

José recordaba como había coincidido el nacimiento de aquel niño con el hecho de ser contratado en su actual empleo, él había llegado "con la marraqueta bajo el brazo" como se dice y pese a que el matrimonio de José ya estaba casi completamente destruído, la llegada de aquel bebito le infundió nuevas ilusiones y deseos de surgir.

Ya llevaba un año y medio viviendo en aquella población y aunque le había costado mucho adaptarse a esas miserables condiciones de vida, al menos se alegraba de tener aunque fuera un techo y ahora además un sueldo fijo, antes de eso, su familia había pasado por muchas privaciones y miserias y ahora al menos podía vislumbrar un futuro mejor, había hecho planes: Si las cosas seguían por su cauce normal él podería reunir el dinero necesario para arrendar una casita en un mejor barrio y sacar a su familia de aquel entorno tan peligroso.

Pero el hecho de vivir allí, le significó a José una tremenda experiencia de vida, lo cual, aunque en aquellos momentos no se lo imaginaba, influirían en los años venideros.

Un año atrás, a comienzos del mes de Mayo comenzaron las primeras manifestaciones masivas contra el gobierno. Los opositores había logrado consolidar una débil organización y sus dirigentes llamaron timidamente a unas jornadas de protestas. Jamás se imaginaron que éstas iban asobrepasar en mucho las expectativas que ellos tenían, lo cierto fue que en todos los sectores del pais, principalmente en los sectores populares, la gente salió a las calles a protestar. Aquello molestó mucho al gobierno que viendo que la situación podía escalar en mayor violencia, repelió firmemente estas manifestaciones populares utilizando todo el aparato del estado , la represión fue brutal. En los sectores poblacionales, la gente espontáneamente hizo barricadas y fogatas en las calles y en los sectores de clase media, los vecinos hicieron sonar sus ollas y cacerolas, algo que ya había ocurrido muchos años antes cuando protestaban contra el gobierno de la Unidad Popular.Demostraban así su descontento con el gobierno militar.

Al día siguiente de aquella jornada los periódicos y medios de información, todos afines al gobierno, no lograban ponerse de acuerdo en cuanto al número de víctimas que habían caído en las diferentes poblaciones de la capital y de las grandes ciudades

Jose´también participó  en ellas y pese a que no se logró nada con todo aquello, él y muchos otros, a lo largo de todo el país, concibieron la esperanza de que quizás ALGÚN DÍA, las cosas podrían cambiar en Chile.

En efecto, a partir de aquellas turbulentas jornadas, el país ya no fue el mismo y eso Pinochet y sus colaboradores lo sabían.

Fue así como a lo largo de aquel mismo año, se siguieron repitiendo dichas protestas populares, en la población La Victoria y también en todas aquellas otras que el gobierno tildaba de " conflictivas", cada vez que esto sucedía se producían muchos desmanes y saqueos al amparo de la oscuridad ya que se producían "apagones" en casi toda la ciudad. Era la manera en que el pueblo comenzaba a exteriorizar su descontento con el régimen, pero el precio que pagaba era muy alto, ya que después de cada protestas, los pobladores tenían el doloroso deber de tener que acompañar a sus "muertos", la mayoría de ellos, jóvenes que caían producto de las balas de las fuerzas del orden y seguridad, también de grupos de militares de civil que solían recorrer aquellos sectores populares en sus autos sin patente y desde la impunidad disparaban a los integrantes de las barricadas y fogatas.

¿Cuantos de aquellos jóvenes sacrificaron sus vidas y sin querer se convirtieron en mártires de la lucha por la democracia? No lo sabemos, ya casi nadie, exceptuando sus familiares y amigos, los recuerda. Pero en las calles de las poblaciones populares aun pueden verse algunos murales en donde artistas anónimos han pintado sus rostros y sus nombres, tal vez algun día se les reconozcan sus sacrificios y todos los que actualmente gozamos de esta Democracia que tanto nos costó recobrar, rreconozcamos que en parte se las debemos a ellos.

En fín, perdonen ustedes esta intervención mía y volvamos a aquella noche en que José se siente desvelado.

José se levantó de su cama y se acercó a la cunita en donde dormía su hijo, estuvo largo rato mirándole y luego dijo en voz alta:

_ ¡Duerme tranquilo pequeño! Luego suspiró :

¿Quién sabe si así como llegaste con la marraqueta bajo el brazo, también tú vas a traer nuevos aires de libertad y esperanza para todos, pequeño?

El niñó de pronto abrió sus ojitos, como presintiendo que alguien lo observaba y al ver a su padre estiró sus manitos, entonces José lo tomó en brazos y comenzó a mecerlo para que se volviera a dormir.

Casi no se dio cuenta como ya comenzaba a amanecer.

 

SE ABRIRAN LAS GRANDES ALAMEDAS:

Encaramado sobre el capó de la camioneta del NO, junto a sus dos hijas y con el pequeño Cristian montado sobre sus hombros, José contemplaba la multitudinaria concentración que se estaba efectuando en el Parque O"Higgins (Antiguamente Parque Cousiño), miles y miles de personas que agitaban sus banderas multicolores y otras que portaban grandes lienzos y pancartas, que representaban a los gremios y asociaciones de todo tipo se daban cita allí para celebrar el triunfo obtenido  en el recién efectuado Plebiscito.

Los líderes de la Concertación habían obtenido el permiso para poder celebrar en forma pública aquel extraordinario triunfo y al gobierno no le había quedado más que permitir dicho evento ya que de no hacerlo, igual la gente hubiera concurrido de manera espontánea.

El gran acto ya estaba en pleno desarrollo, cantantes populares, tanto nacionales como extranjeros  se habían hecho presentes y la gente coreaba las estrofas de sus canciones:

¡Adios General, adios Capitán...Se va a acabar...se va a acabar...esa costumbre...de torturar!

Eran las canciones del Grupo Sol y LLuvia, del argentino Piero, del uruguayo Gervasio, de Los Prisioneros y tantos otros, las que se habían convertido en himnos emblemáticos para los opositores a la dictadura.La gente exteriorizaba su alegría en aquellos momentos, era la alegría contenida durante tantos años, la alegría de un pueblo que yavislumbraba la libertad y la democracia, de todos aquellos que ya se habían hastiado de tantos crímenes atroces, de las desapariciones de opositores al regimen,de los abusos laborales, de la CNI, en fin de todo aquello y José se sentía muy emocionado, movía su cabeza y repetía:

_ Esto es muy hermoso,  escuchen hijas mías y tu también hijo...Recuerden siempre este gran día...Es el día en que Chile regresa a la Democracia, yo sé que ustedes no la conocen ya que desde pequeñas siempre  han vivido en un regimen autoritario, pero los que tenemos más años, sabemos, lo que por nuestros errores, perdimos...Pero ahora...Gracias a Dios y nuestros esfuerzos vamos a recuperar nuevamente.

...Para que nunca más en Chile...Eran las estrofas de un conocido tema popular, que acallaba las palabras de José. La gente seguía llegando al lugar, venían desde todos los rincones de la capital. De las comunas y poblaciones, en sus carteles  se leían los nombres de las instituciones que representaban, las organizaciones sociales, los clubes deportivos, las juventudes de los Partidos Políticos, cuyas banderas se confundían en aquel verdadero mar humano.

Las columnas de vehículos parecían interminables, horas antes, cuando José y su grupo se habían reunido frente a la sede de su comuna para partir hacia el Parque, él había visto como aquella caravana se había ido incrementando a medida que se acercaban al punto de reunión, también había observado como la gente se asomaba sus ventanas y balcones para saludarles, arrojándoles cientos de tiras de serpentinas y papel picado, aquello era una fiesta y el día era primaveral. Cuando llegaropn a la Avenida Matta, la caravana era ya tan grande que los vehículos apenas podían desplazarse, microbuses repletos de gente,jóvenes encaramados sobre los techos de los buses que lanzaban sonoras consignas, era algo que no se había visto en muchímos años en el país. Entonces José recordó aquellas palabras que poco antes de su muerte había pronunciado el Presidente Allende en La Moneda:

...También quiero que sepan, que más temprano que tarde, se abriran las grandes alamedas, para que el pueblo libre...etc.

Y ahora todo eso se volvía realidad, a José se le hizo un nudo en su garganta, estaba muy emocionado al ver las banderas rojas del PS, aquellas mismas banderas que habían permanecidas ocultas durante tantos años, aquellos miles de manifestantes que con sus puños en alto lanzaban consignas revolucionarias.Pensó quede nada habían servido las tenaces persecusiones del aparato represor del Estado, ni las cárceles, la tortura ni el exilio...Ellos estaban allí, en la hora de su triunfo, un triunfo en que José  y su pequeño grupo también habían tenido parte, pero la multitud era ya tan grande que el grupo original de José se fue dispersando y confundiéndose entre la multitud, no obstante él, permaneció sobre la camioneta del profesor, la cual quedó inmovilizada en un lugar junto a otros vehículos. Desde allí José observaba lo que acontecía frente a sus ojos, cerca suyo habían muchos periodistas extranjeros que con sus grandes cámaras trataban de filmar lo que estaba sucediendo, uno de ellos le pidió permiso para trepar al techo del vehículo con su cámara:

_ Hacéme un huequito che, para colocarme.

José se apretó junto a sus hijos y el barbudo periodista trasandino se ubicó a su lado, mientras enfocaba sus equipos, comentó:

_ Esto es increíble, verdaderamente increíble...Pero decime una cosa...¿Vos creés que Pinochet va a soltar tan facilmente el poder?

José se volvió hacia él.

_ No será fácil, pero te aseguro que lo vamos a sacar aunque no quiera...Por algo todos los que estamos aquí  ya le dijimos que NO.

Habían terminado los números artísticos, ahora sólo faltaba el discurso del líder de la oposición, el hombre que más tarde  sería el primer Presidente democrático de la llamada transcisión, el democrata cristiano Patrico Aylwin Azócar, el publico escuchaba con respeto las palabras del gran político, aunque veces eran interrumpidas por las consignas de sus adherentes, pero José ya no escuchaba ese discurso, sus pensamientos no estaban ni siquiera con los recuerdos de los años anteriores, ahora él pensaba en el futuro, aquel futuro que comenzaría a partir de mañana y del cual él también sería parte, entonces, levantando sobre sus hombros a su pequeño hijo, exclamó:

_ Este es un momento histórico, recuérdenlo, pero lo que quiero decirles es que mañana comienza un nuevo Chile.

 

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

 

Capítulo 1:"El Negro José y su gran amigo Nelson"

 

Corría el mes de Marzo del año 1983, en Santiago, la capital de Chile aún los días seguían siendo calurosos, pese a que el verano ya comenzaba a batirse en retirada para dar paso a la templada estación otoñal. La temporada de vacaciones ya había finalizado y la ciudad volvía a retomar su rostro habitual con todas las actividades de este ajetreado mes.

Los vehículos de la locomoción colectiva se veían repletos de pasajeros que se trasladaban hacia sus respectivos trabajos, las calles del centro estaban atiborradas de transeúntes que las recorrían a pie, muchos de ellos con la esperanza de encontrar algún empleo ya que eran tiempos muy difíciles para los trabajadores asalariados. La cesantía era muy alta en todo el país y aquellos que aún conservaban sus empleos debían de conformarse con salarios muy bajos y una precaria estabilidad laboral, ya que todas las leyes del nuevo Plan Laboral establecido por la Junta Militar favorecían a los empleadores en desmedro de los asalariados,Así estos podían ser despedidos de sus trabajos sin mayores justificaciones, aduciendo la causal "necesidades de la empresa". También los beneficios sociales habían sido restringuidos al mínimo, los sindicatos no tenían ningún peso como para oponerse ello y en general, el Gobierno Militar hacía y deshacía con los trabajadores.Así la nueva política económica adoptada por el gobierno, daba carta blanca a los llamados "Chicago Boys", quienes imponían el modelo económico liberal de completa libertad para la economía del país, lo que al comienzo trajo como consecuencias una enorme cesantía, aquello que eufemisticamente denominaban como "el costo social" de la nueva economía.

A ese "costo social", pertenecían, entre muchos otros miles,dos hombres, relativamente jóvenes que caminaban, aparentemente, sin mucha prisa, por la transitada Gran Avenida José Miguel Carrera, en direcció norte de dicha arteria capitalina.

Uno de ellos, era de tez morena, cabellos negros, de mediana estatura, contextura regular, espalda firme y hombros bien formados lo que evidenciaba que aquel hombre se desempeñaba en trabajos pesados, representaba alrededor de unos treinta años, tal vez un poco más y parecía preocupado.Su compañero, al parcer de menor edad, era algo más bajo de estatura, de piel más clara y abundante cabellera ensortijada, mostraba un aire burlón en su mirada de ojos pícaros y se reía constantemente, piropeando a cuanta muchacha pasaba por su lado. Ambos vestían de manera muy sencilla y pese a haber ya recorrido una buena cantidad de cuadras bajo el fuerte sol, no parecían cansados y se veía alegres y animosos.

_ Ya nos quedan solo dos paraderos más y de tanto caminar me está dando una terrible sed, con gusto me tomaría un par de cervezas si tuviera algo de plata,poh. Decía el más joven de los dos, al tiempo que miraba hacia el interior de una fuente de soda que estaba casi vacía a esa hora, ya que recién iban a ser las 11 de la mañana.

El moreno suspiró al tiempo que decía:

_¡Ojalá que el gringo acepte el presupuesto que le llevamos, temo que lo encuentre muy caro, me pareció un hombre muy mezquino..

_ Cagado...si que lo es...Pero por eso ya tengo previsto hacerle una rebajita...pa´asegurar la pega digo yo. Le respondió su compañero.

- Si nos aceptan el presupuesto vamos a tener que pedirle altiro un adelanto, algo que sea ya que no tengo ni un mísero billete en mis bolsillos y no se como vamos a regresar de vuelta.

_ Lo mismo yo, no le pude dejar dinero a mi mujer pa´parar la olla, ella iba a ver si le fiaban algunas mercaderías en  el Almacén del turco Elías.

Ambos siguieron caminando ahora en silencio, por las siguientes cuadras hasta que por fin llegaron hasta el paradero 18 de esa avenida, allí había un teléfono público, el cual tenía una falla tecnica y permitía hablar sin tener que echarle la correspondiente moneda, ambos amigos había descubierto por casualidad aquel teléfono, un tiempo atrás y desde entonces aquel lugar pasó a convertirse en su centro de reunión y operaciones, punto de contacto y oficina para ambos, pese a que para llegar allí debían de hacer una larga caminata puesto que quedaba en un punto intermedio de sus respectivos hogares.

El moreno se dirigió a su amigo.

_ Al fin llegamos, el telefono está desocupado, aprovecha de llamar altiro al Gringo Shulz, poh, Nelson.

El llamado Nelson comenzó a hurgar en los bolsillos de sus pantalones hasta encontrar una ajada libreta, la hojeó buscando un número telefónico, al fin lo encontró y comenzó a discar el número en el aparato.

_¡Alo...con el Grin...perdón...con el señor Shulz! Dijo, mientras su amigo le hacía gestos reprobatorios con sus manos.

El tal Nelson continuaba con el aparato en sus manos, mientras le explicaba a su amigo:

_ Casi meto las patas...¿Sabís quien me atendió? Pues nada menos que la señora del Gringo...Cuando la conoscai te vas a caer de espalda...es muy riii...ca" Agregó riendo picarescamente.

Interrumpió de pronto sus comentarios para respoder al fono.

_ ¡Si Señor Shulz...por supuesto que sí! Lo hablaré con mi socio, pero le aseguro que si.

Mientras hablaba y escuchaba en el teléfono, Nelson hacía toda clase de gestos y morisquetas proviocando la risa de su amigo que permanecía expectante, pues él sabía que de esa conversación dependían tantas cosas.

Se llamaba José Miguel ,era electricista y poseía su título profesional, más en aquellos tiempos eso no le servía de nada, era común ver por aquellos días a profesionales de todas las especialidades permanecer cesantes, o verse en la disyuntiva de aceptar cualquier empleo con tal de obtener el sustento diarios para sus familias, en el caso de él, ya llevaba casi cuatro meses subsistiendo a duras penas gracias a los pequeños "pololitos"que ocasionalmente les salían al igual que su compañero de penurias.

Se habían conocido tres años antes, cuando José había entrado a trabajar en una pequeña empresa familiar que se dedicaba a elaborar ladrillos para hornos y material refractario, allí Nelson trabajaba como ayudante de electrcista y llevaba solo unos meses en ella cuando ingresó José. Aquello había sido a comienzos del año 1980, desde entonces ambos se habían convertido en inseparables amigos ya que tenían varias cosas en común: Para empezar, a ambos les gustaba leer y eso en aquel ambiente laboral era bastante raro, a José siempre le había gustado la lectura y solía repetirles a sus hijas:

_ En nuestra casa podrán faltar a veces muchas cosas, pero nunca ha de faltar algún buen libro, ya que también hay que alimentar el espíritu.

Ya pesar de que los libros eran un artículo caro, de una manera u otra, ambos hombres se las ingeniaban para conseguirlos baratos, ya sea recurriendo a los puestos de libros usados o muchas veces pidiéndoselos prestados a sus clientes, olvidando devolverlos en más de una oportunidad.

Además de su afición por los libros, ellos compartían otra...afición: El gusto por la cerveza y así cada vez que tenían la suerte de realizar algun trabajito, apartaban algunas monedas de sus escuálidades entradas económicas para darse un gusto y probar un espumante y heladísimo shop de cerveza rubia o morena y compartir así unos momentos agradables para conversar y para " arreglar el mundo", tocando casi todos los temas inimaginables que pudieran ocurrirseles y como ambos poseían un buen nivel cultural, gracias a sus lecturas, a veces se enfrascaban en arduas y encendidas polémicas en donde cada uno defendía con mucho calor y entusiasmos sus respectivos puntos de vista, pero pese a su natural vehemencia, al final salían del local de turno, más amigos que nunca.

Coincidentemente, ambos eran casados y tenían dos hijas, lamentablemente en ambos casos los matrimonios pasaban por una época de crisis, agravado seguramente por la difícil situación económica en que se vivía.

Hasta allí sus similitudes, puesto que respecto asus personalidades, ambos eran completamente distintos.

Así, mientras que José era de caracter tranquilo, reposado y no muy dado a exteriorizar sus emociones, su amigo Nelson era todo lo contrario: Un sujeto muy extrovertido, espontáneo, lo cual  hacía que en ninguna parte  pasara desapercibido, generando en las personas que recien le conocían impresiones muy opuestas, esto es, o bien les caía simpático o por el contrario , pero nunca indiferente. lo cierto es que Nelson poseía una fuerte personalidad, pero sin embargo él respetaba muy profundamente a su amigo y en cierto modo sentía una gran admiración por él, pero lo cierto es que ambos se complementaban muy bien.Profesionalmente José era más que su amigo y eso aquel se lo respetaba, antes de que se conocieran Nelson había desempeñado muchos oficios, algunos muy modestos, ya sea como cargador en Lo Valledor y también en el Empleo Mínimo (PEM) como se llamaban aquellos empleos subsidiados que tenían las municipalidades para paliar un poco la enorme cesantía. Fue en aquel trabajo en donde Nelson pudo lograr tener su casa propia, gracias a la ayuda del municipio y allí pudo instalar a su familia.Antes de casarse él vivía junto a sus padres y estaba estudiando en una Escuela Industrial, pero cuando se comprometió con su polola y ella quedó embarazada, debió de dejar amedias sus estudios y ponerse a trabajar en lo que cayera.

Curiosamente José, que antes había poseído un buen trabajo en una gran empresa estatal, no tuvo la suerte de ahorrar para tener su casa propia y por eso vivía arrendando segun sus medios económicos. En la época de nuestros relatos él vivía junto a su familia en una conocida y temida población situada al Sur de la capital, esta era, la conocida Población La Victoria de la Comuna de San Miguel.

 

Capítulo 2. "El Nazi"

Ahora parecía brillar un pequeño rayo de esperanzas, alguien les había dado un buen dato para un trabajo. Se trataba de un empresario que poseía unas parcelas con plantaciones de almendros y ciruelos, ubicadas en la localidad de Buin, al sur de la capital, dicho empresario de ascendencia alemana, se dedicaba al rubro de la exportación de frutas, una actividad que ya comenzaba a crecer en el pais de manera paulatina.La idea de aquel hombre era elaborar el mismo las cajas de madera que se requerían para dichos efectos y para eso necesitaba hacer las instalaciones necesarias par la maquinaria maderera, ahí era en donde enrtraban a tallar nuestros dos conocidos personajes, puesto que ambos eran electricistas y por ende se necesitaban sus servicios.Para José y su amigo aquel trabajo era su tabla de salvación, puesto que les significaría contar con un trabajo al menos durante un par de meses, lo cual les aseguraría un ingreso económico a lo menos para pasar los fríos meses del invierno que era lo que ellos más temían.

Por esa razón aquella llamada era tan desiciva para ambos.

Nelson terminó de hablar, colgó el aparato y se quedó en silencio, mientras su amigo lo miraba con una expresión interrogativa en su rostro.

_ Ya poh, dime ¿Que te dijo el Gringo?

_ Eso te lo voy a decir si me invitas a un shop. Le contestó su amigo en son de broma.

_ ¡Bah, si sabís que no tengo ni para hacer cantar a un ciego!

_ Entonces hagamos una vaca. Propuse Nelson. (Hacer una vaca es una expresión popular que significa juntar entre varios el dinero para algun objetivo comun)

Comenzaron a escarbar en sus bolsillos, reuniendo en total la suma de ciento cincuenta pesos.

- Nos faltan diez pesos para dos shops. Dijo El Negro, con desaliento.

En aquel momento divisaron a una ancianita que con pasos apresurados se dirigía hacia donde ellos estaban, al parecer con intenciones de utilizar el teléfono. Al verla Nelson comentó:

_ Aquí nos llega la solución, déjamela a mí.

La anciana se acercó al teléfono, tenía una moneda en sus manos, pero era tan bajita de estatura que no alcanzaba a llegar hasta la ranura para echar la moneda, fue entonces que Nelson se ofreció para ayudarla:

_Si gusta, páseme la moneda y yo se la echaré para que usted pueda hablar, señora mía.

Ella lo miró con cierta desconfianza, pero al ver la sonrisa bonachona de aquel hombre, que parecía siempre alegre, le pasó la moneda, entonces éste hizo un gesto digno de un predigistador, hizo como que echaba la moneda en la ranura y mientras la anciana le dictaba comenzó a marcar el número que ella le decía, luego tomó el fono y haciendo una gran reverencia se lo pasó en sus manos a la mujer, al tiempo que decía:

_Es todo suyo, mi señora, con su permiso. Y se alejó de ella siempre sonriente.

La anciana le agradeció el favor  y mientras ella hablaba por teléfono ambos hombres se alejaron lentamente.

Mientras caminaban Nelson le mostró la moneda a su amigo:

_ ¿Ves, como a nadie le falta Dios? Ahora, vamos a la shopería del Nazi, espero que no se le haya ocurrido subir el precio de los shops.

La shopería aquella quedaba a varias cuadras de allí, era un negocio nuevo, que había abierto sus puertas hacía poco tiempo y que para atraer clientela mantenía sus precios un poco más bajo que los demás negocios del sector, ambos amigos "habían descubierto" por casualidad aquella fuente de soda y lo frecuentaban cada vez que podían darse el lujo de servirse un par de cervezas.Ya habían entablado cierta familiaridad con el dueño del local, que era un ex miembro de las Fuerzas Armadas y como tal, féereo y ardoroso partidario del gobierno militar, por esa razón, nuestros amigos "le habían bautizado" con el apodo de " El Nazi" y para congraciarse con él, fingían estar plenamente de acuerdo en todas sus ideas y también con el gobierno, aquello les había valido que el fornido ex capitán les obsequiara en más de una ocasión con un par de espumantes shops, "por cuenta de la casa"

Caminaron bajo el ardiente sol hasta que llegaron al pequeño local, no había mucha gente todavía y ellos escogieron una mesita situada cerca de la caja, ya que desde allí podían ver no solo a las chicas que pasaban por la acera sino también a la hermosa cajera queera además, la esposa del dueño.Éste,al verlos se acercó mostrando una amplia sonrisa en su rostro.

_¡Pero...si son mis amigos! ¿Que se habían hecho que no habían venido desde hace varios días?

José iba a decir algo, pero su amigo Nelson se le adelantó:

_ Hemos estado muy ocupados, ya que nos salió una buena pega allá en Buin.Pero por suerte ahora nos pudimos pegar una escapadita para acá.

El Nazi, como le apodaban nuestros amigos, era un hombre corpulento, de no más de unos cuarenta y cinco años, usaba el cabello muy corto y un bigotea "lo Chaplín", su tez era blanca y sus ojos azules, características de un descendiente nórdico, un especie de vikingo, llevaba un delantal blanco y se mostraba atento y servicial.

_ ¡Que bien! Me alegro mucho por ustedes... Eso demuestra que cuando las personas son empeñosas y trabajadoras nunca les falta la pega  y que todos esos que se andan quejando de que las cosas estan malas, de que falta trabajo no son más que lamentaciones de gente floja, acostumbradas a que el gobierne les regale las cosas.

Así opinaba aquel hombrón, al tiempo que les servía dos espumantes vasos de cerveza rubia.

_ La gente es muy malagradecida, ahora ya no se acuerdan cuando antes tenían que hacer colas para conseguir cualquier cosa, hablan en contra del gobierno, pero no reconocen que fuimos nosotros, los militares, quienes arriesgamos nuestras vidas para librarlos de los comunistas y marxistas....Así es la cosa señores. Decía aquel ex militar que estaba convencido de que aquellos dos parroquianos compartían todas sus ideas.

El Negro José, apretaba con fuerzas sus puños, conteniéndose, el habría querido responderle a aquel hombrón, acerca de los tantos desaparecidos, de los montajes y también de la precaria situación de miles de desempleados, de la falta de libertad, de las mentiras de la prensa escrita y televisiva, en fin, de todo lo que sucedía en el pais, pero se contuvo, en camio Nelson, sorbiendo con deleite su cerveza, opinó:

_ Yo estoy plenamente de acuerdo con usted y creo que el gobierno debiera de ser mucho mas firme para repeler a todos esos marxistas y también a los demonios cristianos como se les dice ( Se refería a los democrata cristianos) que lo único que hacen es andar revolviéndola.

_ ¡Claro que sí, yo opino lo mismo! Creo que lo más importante para el país es mantener la paz y tranquilidad y todo eso lo tenemos gracias a Mi General.

Aquel comentario le valió que el hombre les trajera un par de cervezas extras y cuando José le hizo un gesto señalando que no tenían más dinero, "El Nazi" lo tranquilizó, diciéndole.

_ No se preocupen, estos van de parte mía, no se imaginan ustedes cuanto me agrada encontrar personas inteligentes como ustedes y con las cuales se pueda mantener una convesació culta.

Cuando "El Nazi" se alejó para atender a otros parroquianos, José le dijo a su amigo:

_ Yo no se hasta cuando más voy a soportar a este Nazi de mierda, ya me relamía por dentro para no tener que decirle cuatro verdades.

Su amigo en cambio se veía más tranquilo.

_ Quédate tranquilo, ya llegará el momento de aclararle la película, por ahora tenemos que seguirle el amen, déjame un poc a mí, que le voy a sacar un par de sánguches o unos churrascos ya que los shops me abrieron el apetito.

Yasí fue. Nelson le explicó al hombrón que les había ido bien al hacer el trato con su cliente, pero que recién al día siguiente éste les adelantaría dinero para comprar los materiales, así fue como consiguió que éste  les aceptara fiarles lo consumido.

No fue solo un par de sánguches, sino que además media docena de vasos de cerveza los que se necesitaron para que ambos hombres se pusieran de acuerdo para estar al día siguiente, muy puntualmente a las ocho de la mañana en la oficina del "Gringo Shulz"

Despues se despidieron del dependiente y salieron del local para diriguirse cada uno a sus respectivos hogares, con la esperanza de que al fin las cosas se les pondrían un poc más favorables a ambos.

 

 

Capítulo 3: "El Gringo"

 

La potente camioneta doble cabina de color blanco  se deslizaba raudamente por la amplia Carretera Panamericana en dirección al sur de la capital, al volante iba un hombre de poco más de cincuenta años, corpulento, casi obeso y de calvicie avanzada, usaba gruesas jafas de aumento, lo que le hacía verse algo mayor de la adad que tenía, su rostro colorado y sus facciones evidenciaban claramente su ascendencia germana.Al mirarlo uno no podía sacarse de la mente aquellos avisos en donde se publicitaba la excelente cerveza bábara, era, además un hombre enérgico e hiperkinético, pero al hablar, con su acento agringado solía tartamudear, cuando se ponía nervioso o enfadado, como ahora:

_ ¿Se dan cuenta ustedes, como un pais que quiere pro...gresando va a surgi...endo si colocan tantous problemaus sus autoridades? Par todou pedir...mouchou papeleous y tra...tramites.

junto al conductor viajaban nuestros dos ya conocidos amigos: El Negro José y Nelson, "el Gringo Shulz, que era quien conducía el vehículo, continuó hablando:

_ Mi creyendo al principiou que con los militares iba a cambiar la custión ¡Eh1 Perou ahoura estar decepcionadou...muy decepcionadou.

José se interesó en el comentario del Gringo, él estaba convencido de que la gran mayoría de los empresarios y en general,la"gente del barrio alto" estaban muy contentos con el gobierno militar y que aquel descontento que ya comenzaba a manifestarse muy tibiamente era solamente en los sectores más humildes de la población, por eso le extrañó lo que decía aquel hombre.

_ ¿Acaso piensa usted que los militares no lo estan haciendo bien? Se atrevió a preguntar.

_ Los militares no sirven para  go...gobernar. Ellos estuvieron bien al actuar...perou ya deberían regresando a sus cua...cuarteles.

Ambos amigos estuvieron de acuerdo con el empresario y de todas manera aunque no lo hubieran estado le habrían segudi la corriente para no echar por tierra su negocio. Pero en su interior José pensaba que si otros empresarios y gente pudiente pensaran de esa forma, al menos habría un rayito de esperanzas para que las cosas pudieran cambiar en el país en un futuro que por ahora se veía muy lejano.

Mientras se acercaban al Puente Maipo, que atraviesa el río del mismo nombre, "El Gringo" continuaba quejándose de la burocracia que le impedía a los pequeños empresarios como él,expandir sus negocios, él opinaba que el país estaba pasando por una crisis muy profunda y que no se veía solución a corto plazo.

_ Los unicous que estando bien son los pescadous gra...grandes, los gru...grupous economicous que son dueños de todos las empresas del país.Perou a nosotrous nos hacen mierda con los impustous y ...las coimas.Suspiró y moviendo negativamente su cabezota continuó:

_ Para lo...lograr algou...son puras di..dificultades...mis amigous.

Ahora la camioneta se aproximaba al Río Maipo, entonces su conductor hizo un brusco viraje y se metió en un camino rural que corría paralelo al río.Una gran nube de polvo se extendió a medida que el vehículo se adentraba en aquel camino.El conductor aminoró un poco la marcha y a los dos amigos les llamaron la atención un grupo de hombres que con sus torsos desnudos trabajaban en el lecho del río extrayendo arena y cargándolas en carretillas, bajo el ardiente sol.

Nelson se permitió hacer un comentario:

_ ¡Pobres gallos! Trabajan a pleno sol para ganar apenas unos miserables pesos con los cuales mantener a sus familias.

"El Gringo" también observó a aquellos hombres sudorosos que trabajaban metidos en el agua que en esa época era escasa en el río.

_ No se equivoquen ustedes, yo pienso que esa gente no está tan mal...ellous viviendo cerca del río, hacen sus casuchas, no pagan arri...arriendo ni nada, trabajan cuandou se les da la gana y todou lo que ellos ganar lo gastan en comida y tragou.Con eso ellous ser felices y dis..disfrutan de la vida.

El Gringo volvió a suspirar, limpiándose el sudor de su frente con su mano libre continuó con su extraña filosofía:

_ Mi a veces envidiar a esa gente..a mis trabajadores tambien po...porque ellous solo preocuparse de trabajar y co...cobrar su salario cada fin de semana..hasta les alcanza para com..comprar una garrafita de vino y carne y com...compartir con sus familias...en cambiou mi...andar siempre co...corriendou de un ladou par otrou..consiguiendo dinerou para pagar sueldous...impuestous y tan..tantous gastous...mi nuca descansar.¿Me cre...crerían ustedes?

Al fin el vehículo se detuvo al frente de un portón de madera, el cual permanecía cerrado y asegurado con una cadena y un candado de fierro. El Gringo comenzó a hacer sonar la bocina de su camioneta, hasta que apareció un hombrecillo, un típico hombre de campo que calzaba sandalias y llevaba una chupalla en su cabeza.El hombre abrió el candado y el portón, al tiempo que decía.

_¡Guenos dias On Lalo...allá adentro lo están esperando unos jutres desde hace media hora.

El Gringo hizo una mueca a modo de saludo y poniendo nuevamente la camioneta en marcha se metió por un camino lleno de piedrecillas que conducía hasta las dependencias de aquella parcela, José y su amigo Nelson contemplaban las hileras de ciruelos y almendros que se extendían a ambos lados de aquel camino.Unos doscientos  metros más arriba se ubicaba la casa, que servía de oficina y vivienda del capatáz y más al fondo había una serie de  galpones de madera techados con planchas de zinc.

El Señor Shulz estacionó la camioneta en un costado de la casa y luego descendió del vehículo junto a los dos electricistas al tiempo que les decía:

_ Aquí es la cosa, yo atender aasuntos urgentes, mientras tantou vayan a dar una vuelta por los galpones para que vean donde estar las ma..maquinas, yo regresou luego.

El Gringo entró en la casona, mientras que los dos hombres se dirigieron hacia los galpones señalados, al llegar vieron a un grupo de mujeres que trabajaban separando frutas en unos mesones, ellas vestían con unos delantales blancos de hule y llevaban cofias sobre sus cabezas, al ver a los dos hombres detuvieron sus labores por un minuto para observarles.Había allí mujeres de todas las edades, algunas jóvenes y otras de mas edad, Nelson las saludó haciendo una cómica reverencia y las mujeres comenzaron a cuchichiar entre ellas riéndose.Jsé se fijó en una de ellas que llevaba una falda muy corta lo que permitía apreciar un hermoso par de pantorrillas, su amigo también se fijó en la misma muchacha y haciéndole una seña a su amigo, comentó.

-Esa, no la mires mucho, porque va a ser mía...te lo advierto.

José le respondió de inmediato:

_ Yo la vi primero, así que me corresponde, a ti, te dejo cualquiera de las otras.

Así eran ambos amigos, les gustaba bromear como ahora en donde ya se estaban repartiendo a las muchachas como si dieran por hecho que ellas los aceptarían. Siguieron caminando hasta llegar al galpón en donde se encontraban emplazadas las cuatro máquinas: Una sierra huincha, una cepilladora, un serrucho radial y una sierra circular, al fonde había varias pilas de cajones para empacar fruta.

Allí ambos hombres comenzaron a tomar medidas y a planificar el trabajo que deberían de hacer, al examinar los motores comprendieron que las potencias excedían en mucho a lo que ellos habían calculado originalmente y por consiguiente el empalme eléctrico no contaba con la capacidad suficiente para ellas, aquello era un serio inconveniente, además el proyecto comprendía hacer un tendido de más de doscientos metros para traer la corriente eléctrica hasta esa dependencia y eso encarecería los costos, era algo que tendrían que conversarlo con El Gringo.

Dos horas mas tarde ambos amigos se retiraban de la parcela, éste se acomedió a transportarles hasta la carretera y allí ellos tuvieron que esperar el bus que los llevaría de regreso a Santiago. Pero iban contentos, el Gringo ya les había asegurado la pega e incluso les había adelantado un cheque, el cual debía de ser cobrado  en un banco, como faltaba poco para las dos de la tarde, hora del cierre de aquellos, la única manera de alcanzar a cobrarlo tendría que ser en San Bernardo, de manera que tuvieron que bajarse allí y correr para alcanzar a llegar justo unos minutos antes del cierre de esa institución.

Una vez dentro tuvieron que hacer una larga fila y cuando por fin el cajero contó los billetes, ellos pudieron respirar aliviados, salieron de allí con sendas sonrisas de oreja a oreja, al fin después de mucho tiempo podían disponer de dinero y como ya era la hora de almuerzo ambos tenían mucha hambre, pero más que nada, mucha sed , se miraron y sin decir nada se encaminaron rumbo a la shopería del "Nazi".

 

 

Capítulo 4: " La  propuesta"

 

Al llegar el local no estaba tan concurrido ya que había pasado la hora de almuerzo y en una de las mesas se encontraba su dueño sirviendose un plato de tallarines con carne, al ver a los dos   hombres les hizo una seña para que le acompañaran en la mesa, ellos se mostraron vacilantes pero el hobrón insistió:

_ ¡Vamos, vengan...Quiero conversar con ustedes amigos!

Los dos hombres se sentaron en un costado de la mesita y entonces se acercó la mujer del Nazi trayendo una bandeja con dos vasos llenos de cerveza rubia.

_ Sírvanse por mientras, ya les estan preparando un par de churrascos con queso...pero si quieren otra cosa no tiene más que pedirlo y ...

_ ¡No, si con esos dos churrascos está bien...pero se lo vamos a pagar, ahora tenemos plata ya que nos fui bien con el cliente...ese de la fruta. Se apresuró a decirle José, pero el hombró, que parecía muy contento hizo un gesto, como queriendo decir que no había de que preocuparse, luego comentó:

_ ¡Puchas! Me alegro que les esté yendo tan bien en sus trabajos y precisamente de eso quería hablarles...No, no es que yo necesite por ahora de sus servicios, que sé que son muy profesionales, lo que sucede es que les he hablado acerca de ustedes a un amigo mío y él desea conocerles.

Ambos dejjaron su vasos de espumante cerveza y se interesaron en lo que aquel hombre les decía.

_ Mi amigo, trabaja allá al frente, es uniformado, pero ahora está en comisión de servicio cumpliendo misiones especiales, como ustedes deben saber yo pertenecí hasta hace un tiempo al ejército, ahora estoy jubilado, pero un militar...siempre sigue siendo militar y algunas veces visto de nuevo mi uniforme...¡Susana---tráenos tres shops más, me dio sed y voy a acompañr a mis amigos! Gritó dirigiéndose a su esposa que permanecía atenta en la caja.

_ Bien, como les decía uno nunca deja de ser militar, y así fue como en días pasados, mis amigos del ejército me llmaron para que participara en unas misiones especiales y cuando se puso de noche partimos hacia una de esas poblaciones en donde los marxistas tiene a la gente bajo su control, incitándoles a hacer fogatas y barricadas en las calles y provocando desórdenes pa´puro revolverla, como acostumbran hacerlo ellos. Andábamos de civil, en la camioneta de mi amigo, apenas nos vieron  los guevones comenzaron a tirarnos piedras y a insultarnos, pero cuando sacamos a relucir las metralletas y pistolas salieron arrancando como conejos, les pegamos varios tiros y yo creo que a más de uno le dimos..Ahora los guevones la van a pensar muy bien antes de ponerse a hacer desórdenes en las calles.

José y su amigo se miraban con inquietud, pero en ese momento apareció la persona que esperaban, era un hombre relativamente joven, de aspecto bonachón y modales desenfadados, apenas vio al Nazi se acercó a la mesa y despues de saludarse efusivamente con él, éste hizo las presentaciones de rigor:

_ Bueno, estos son los dos amigos de los cuales te he hablado...son de absoluta confianza, de modo que puedes hablar con ellos 2a calzón quitao" como se dice.

El hombre se sentó y de inmediato la mujerdel Nazi se acercó trayendo un voluminoso sanguche dde carne con verduras, el muy popular chacarero, como le llaman y por supuesto otra corrida de espumantes shops.

Mientras el reciñen llegado se atragantaba  con el enorme sánguche, el nazi decía:

_ Mi amigo tiene un alto puesto en una organización digamos...paralela, o sea no oficial, pero muy importante, él trabaja para el gobierno y les quiere hacer una proposición.

_ Así es, por lo que me ha contado Guillermo, ustedes son electricistas particulares, o sea en su trabajo deben de conocer a mucha gente de todos los niveles sociales, preferentemente empresarios...Pero antes les voy a preguntar algo..¿En donde viven ustedes?

Nelson se apresuró a contestar:

_ Ambos vivimos en la Villa O"Higgins, en La Florida.

Aquello no era del todo cierto, pero tampoco era completamente falso. El hombre prosiguió:

¡El La Florida...Bien! La cosa es que nosotros somos un servicio que presta mucha ayuda a otras instituciones gubernamentales, digamos que somos un servicio de informaciónes y nos intersa saber lo que opina la gente...por supuesto que no cualquier gente, sino que algunas personas que viven en los entornos en donde ustedes se mueven..Obviamente que toda información es valiosa y nosotros contamos con cierto financiamiento como para retribuir esos servicios ¿Me entienden? 

Nelson y José se miraron, como si quisieran agragar algo, ellos habían escuchado rumores acerca de que la CNI tenía, además de sus agentes oficiales una gran cantidad de "informantes" pero no estaba seguro de que aquello era o no verdad, ahora ya lo sabían. Antes de que dijeran algo, el Nazi intervino:

_ No necesitan contestar ahora, solo piénsenlo y después me dan la respuesta, yo pienso que no es malo recibir algún billetito extra, que nunca está demás y además servir a la Patria, ubicando y denunciando a todos esos marxistas de mierda que trabajan ocultos como ratas en las poblaciones, ese cá,cer de la sociedad que debemos extirpar definitivamente.

Por fortuna el visitante parecía ser un hombre muy ocupado, pues apenas se zampó su suculento chacarero, miró su reloj, se paró y después de unos fuertes apretones de mano, salió raudo hacia su oficina, antes de salir se volvió y desde la puerat les gritó a los dos hombres:

_¡Ya lo saben, piénsenlo y ....mucha reserva!

Poco a poco el local comenzó a llenarse de gente y el Nazi tuvo que pararse a atender el mesón, así nustros dos amigos, terminaron de servirse sus tragos y salieron del local, bastante mareados y con cierto aire de preocupación.

Una vez afuera comentaron:

_Así que ahora nos estan ofreciendo "pega de sapos", la firme que esto ya no me está gustando para nada. Comentó José, Su amigo le respondió:

_ A mi tampoco y creo que la cuestión se está poniendo peligrosa, por eso yo no le dije la verdad de adonde vivíamos.

_ Si, eso estuvo bien...Creo que vamos a tener que perdernos de este local.

_ ¡Sí1 Pero antes le vamos a decir unas cuantas verdades a este Nazi de mierda. Respondió el Negro, apretando sus puños. 

 

 

 

 

Capítulo 5:"Poniendo las cosas en su lugar"

Pasron unos días, en donde estuvieron muy ocupados tratando de encontrar los materiales necesarios para comenzar a trabajar el al parcela del Gringo,la idea era no adquirirlos en cualquier negocio ya que los precios eran muy variables y por eso ellos se las arreglabn para buscar las mejores ofertas, pero también habían pensado en la propuesta que les había hecho aquel hombre y la verdad es que no les fgustaba para nada aquello, no solamente por sus propias convicciones personales sino también por que juzgaban que era peligroso , tanto si se negaban de plano como si fingieran aceptar la propuesta. Por eso estuvieron evitando regresar al local del Nazi, pero al final,igual concurrieron.

 Cuando llegaron al pequeño local, ya había bastante gente: Algunos estudiantes que se servían en la barra unos hod dogs con bebidas, un par de oficinistas que disfrutaban su hora de colación y en una de las mesas un grupo de bulliciosos obreros, los cuales se notaban ya, bastante achispados porque hablaban a gritos provocando mucho alboroto. Ambos amigos esperaron pacientemente a que se desocupara una mesita y cuando eso ocurrió se sentaron y esperaron tranquilamnete a que se les atendiera. El dueño del local estaba muy atareado y desde un extremo del mesón  les hizo una seña a modo de saludo, luego, la mujer del "Nazi" que permanecía en la caja, salió de ella y se dirigió al mesón y enseguida hacia la mesa de los dos hombres trayendo sendos vasos de espumante cerveza rubia en una bandeja, la cual dejó sobre la mesa al tiempo que  sonriendo les decía:

_ Sírvansen ustedes mientras tanto, se ve que estan muertos de sed.

Ambos, no se hicieron de rogar, en verdad tenían sus gargantas resecas y se sirvieron con tanto entusiasmos sus vasos que paracían que no había bebido líquidos en variso días.

Fue en ese momento que "El Negro" se fijó en la pizarra de los precios y exclamó:

_ ¡Mira Nelson, fíjate que ya éste subió los precios de los shops!

 Y así era en efecto, la lista de precios había sido corregida, era apenas una pequeña alza, pero con ella, para nuestros amigos este local dejaba de serles conveniente, pues se ponía a la misma altura que los demás.Ambos se miraron significativamnete y sonrieron, pues ya sabía lo que ambos estaban pensando.

Fue Nelson quien después de terminar de servirse su vaso exclamó en voz alta:

_ ¡Que lástima que subieron los precios de los shops! Ahora vamos a tener que buscar otro local en donde apagar nuestra sed.

El hombrón, detrás del mostrador alcanzó a oir, pese al bullicio ese comentario y entonces se acercó a la mesa de los dos hombres.

_ ¿Porque dicen eso? En ningún lado los van a encontrar más baratos ni van a recibir las atenciones que aquí reciben. Dijo el hombrón bastante molesto.

Fue entonces que "El Negro" ya no se aguantó más, se había estado conteniendo para no explotar.

_ ¡Por mi, no importa que los shops valgan un poco más, lo que en verdad me alegra es el hecho de no tener que verle más la cara aun tipo que defiende a un gobierno que oprime al pueblo y a los trabajadores, a un regimen que viola todos los derechos humanos y que más encima ayuda a los ricos par que estos se hagan más rico a costa de los pobres!"

El Negro había levantado la voz y al hablar lo hizo con tal  vehemencia que muchas de las personas que estaba ahí se pararon de sus asientos y aplaudieron espontáneamente. Esto sorprendió totalmente al  hombre, que se quedó con la boca abierta sosnteniendo en sus manos la bandeja con los vasos y con su pequeño delantal blanco se veía un poco ridículo, iba a replicar algo, pero Nelson se le adelantó, diciendole:

_ En eso mi amigo tiene razón, ya los militares se atornillaron en el poder y poco a poco el pueblo les está perdiendo el miedo y aunque ellos poseen las armas van perdiendo terreno y mas temprano o mas tarde las cosas se van a dar vuelta y este país volvera a ser libre.

Ahora "El Nazi" trató de reaccionar y tartamudeando habló:

_ ¡Pero...no los entiedo ...a uste...tedes1 ¿Porque dicen esas cosas? Si no hace más que unos días que opinaban todo lo contrario y aplaudían todo lo que ha hecho...mi General.

_ Porque te seguíamos la corriente no más...Porque tenías los shops baratos y como ya los subiste...

La respuesta de Nelson causó tal hilaridad en los presentes que se reían a carcajadas y hasta la limda mujer del Nazi que permanecía atenta en la caja, no pudo evitar esbozar una sonrisa.

Ahora el hombrón esta rojo de furia, pero como tenía ambas manos ocupadas con la bandeja no pudo hacer nada y solo atinó a replicar:

_ ¡Mejor que no se aparezcan más aquí...comunistas de porquería!

Entonces otras personas que estaban en el local se sumaron a la disputa y comenzaron a decirles cosas al nazi, armándose tal batahola, de la cual se aprovecharon nustros dos amigos para abandonar el local.

 

Capítulo 6: "No todo ha de ser trabajo"

 

Después de alejarse de aquella shopería, ambos hombres siguieron caminando por la Gran Avenida en dirección al centro de la ciudad, mientras caminaban, comentaban lo sucedido con El Nazi:

_ ¿Viste la cara de tonto del Nazi cuando le aclaramos la película? Lo pillamos completamente desprevenidos y el jetón no se lo podía creer.

_ Si y me alegro que al fin pusiéramos las cosas en su lugar, a mí ya me tenía chato con sus comentarios facistas. Respondió José.

 _ Con la trifulca que se armó se me olvidó pagar los shops que nos tomamos, obligados ahora a buscar otro lugar para completar la cuota.Dijo Nelson, poniendo cara de preocupación.

Su amigo le corroboró:

_ Si poh, obligados, vamos a tener que caminar un buen poco, yo sé que en el Paradero 11 hay otra shopería, es un poco más cara eso sí pero atienden unas niñas que visten unas cortísimas minifaldas.

Cuando llegaron al mencionado local se detuvieron unos instantes en la entrada, desde el interior, una hermosa chica que lucía unas piernas larguísimas les sonrió, invitándoles a pasar, pero antes de hacerlo, los dos hombres miraron con atención la pizarra en donde figuraban los precios y cuando notaron que los shops valían casi el doble de lo acostumbrado, ambos se miraron y sin hacer ningun comentario salieron a la calle alejándose rapidamente del lugar.

_¡Ni locos pa´pagar tanto por un miserable shops! Opinó el Negro.

_ Demasiado caro y todo pa´mirarles los calzones a las minas.Respondió Nelson.

Tuvieron que caminar unas veinte cuadras más hasta llegar al sector de Franklin, en donde encontraron una fuente de soda más barata, ya eran casi las cinco de la tarde y ambos estaban muy cansados, de modo que entraron sin vacilar.

Las horas no se sienten cuando se está en unamesa compartiendo unas heladas y espumosas botellas de cerveza, junto a sendas porciones de papitas fritas, tal como lo hacían nuestros dos amigos. Allí, tranquilamente se dedicaban a "arreglar el mundo, aquel mundo que les había tocado compartir que podía serles tan ingrato  pero algunas veces también algo agradable, como ahora, por ejemplo.Así, conversaban, saltando de un tema a otro, defendiendo con ardor sus respectivos puntos de vista, aunque eran muchas las cosas en que ambos estaban de acuerdo, también había otras en que sus puntos de vista eran completamente distintos, lo cierto fue que cuando al fin abandonaron el local ya estaba oscuro y ambos caminaban torpemente, tratando de mantener el equilibrio. No estaban borrachos, pero si bastante mareados.

_ Después  de pagar la cuenta, todavía nos quedan algunas lucas...Toma...Ahí tienes un billete de cinco para tí y...otros cinco para mí. Dijo Nelson al tiempo que sostenía los billetes en sus manos.

_El Negro se apresuró a guardar su billete en un bolsillo al tiempo que decía:

_ No nos va a quedar plata pa´los materiales ¿Que vamos a hacer?

_ No te preocupes, yo sé que mi mujer tiene unas lucas ahorradas, se las pediré y cuando nos pagen se las devolvimos¡Total, la pega ya está asegurada! Respondió Nelson, encogiéndose de hombros.

Al pasar frente a una panadería que aun permanecía abierta, ambos entraron y compraron dos grandes colizas, las cuales metieron en sendas bolsas de  papel y con ellas bajo el brazo se dirigieron al paradero de la locomoción colectiva.

Lamentablemente a esa hora la locomoción era bastante escasa por lo que la espera se prolongó más de lo esperado, lo que sirvió para que a ambos se les despejaran un poco sus cerebros atiborrados de alcohol.Enre las escasas personas que esperaban en el paradero había dos muchachitas que a ambos le llamaron su atención.

La noche estaba algo fresca, aquellas dos muchachitas vestían con delgadísimos vestidos veraniegos y se notaban cansadas y con frío. José vio venir su autobús pero no hizo ningún ademán de subir en él, su amigo ni se percató de eso, pues desde hacía rato que estaba más pendiente de las dos adolescentes que de su amigo. Éstas permanecía  sin moverse del paradero, entonces Nelson se acercó a ellas, entablando una breve conversación, al rato buscó con su mirada a su amigo y al comprobar que todavía no se iba, exhaló un suspiro de alivio y se le acercó.

_¡Chitas! Que suerte que no te fuiste en el bus que pasó recién...

_ Me hubiera ido, pero iba repleta y no me gusta viajar en la pisadera, prefiero esperar a la otra. Respondió José.Entonces Nelson se le acercó y le habló cuchicheando.

_ Sucede que hablé recién con las dos niñas y las invité pa´l centro y lo mejor...Ellas aceptaron, porque dijeron que tenían hambre y...¿Que me dices, podríamos ir los cuatro?

El Negro miró hacia donde estaban las dos muchachitas, ambas le parecieron demasiado jóvenes, sobre todo una de ellas, supuse que ambas eran hermanas ya que tenían un cierto  parecido, rapidamente se decidió:

_ No estan nadita de mal, a mi me queda poco más de cuatro lucas ¿Ya tí?

_ Lo mismo poh, pero mañana tengo que cobrar un dinero en un restaurante, es por un apguita que hice días atrás,entonces podemos arriesgarnos ¿No crees?

Nelson se  acercó nuevamente a las muchachas, éstas, al parecer discutían entre ellas, al acercarse el hombre se callaron.

_ ¡Cero problemas amigas, le hablé a mi socio y amigo y él nos va a acompañar, vamos a tenerque caminar un poco hasta encontrar algún restaurante abierto ¿Que les parece? Dijo Nelson, que aun no se reponía de la cerveza ingerida.

Las chiquillas accedieron y Nelson les presentó a su amigo:

_ Ella es Graciela y ella se llama Marta...Él es mi amigo...Miguel, titubeó al decir este nombre.

Las niñas se notaban algo tímidas,José las observó con detención, notando que vestían con tenidas muy humildes, sus zapatos eran viejos y pasados de moda, seguamente debían de provenir de hogares muy pobres, pero no tenía el aspecto de prostitutas. Mientras caminaban hacia el centro lograron sonsacarles algunas pocas palabras, la más locuáz era la menor, que segun confesó tenía apenas dieciseis años, su hermana en cambio asegrú haber cumplido los veintiuno, aunque no lo pareciera, ambas eran, efectivamente hermanas y habitaban en uno de los tantos "campamentos marginales2 ubicados en los alreddedores de la capital.

Habían caminado ya varias cuadras sin encontrar algún local abierto, las muchachas decían estar muy cansadas ya que habían estado todo el día buscando trabajo, según ambas afirmaron. Al fin llegaron a un restaurante que permanecía abierto, desde afuera se veía un lugar muy elegante, ambos amigos se detuvieron en la entrada, vacilantes.  José se enfrentó a su amigo:

_ ¡Estás loco si piensas que vamos a entrar aquí...no nos va a alacanzar el dinero !

_ Tranquilo...tienes razón, además..¡Mira como andan vestidas las pobres, capáz que nos echen a patadas si nos atrevemos aentrar siquiera.! Respondió Nelson.

Mientras las muchachitas esperaban a que "sus recientes amigos" se decidieran, ellos conversaban en voz baja:

_ Yo creo que a esta hora no vamos a encontrar ningún lugar barato que esté abierto, lo mejor es que les preguntemos directamente si ellas van a quedarse esta noche con nosotros y si dicen que si, entonces debemos buscar un hotel barato y entonces compramos algo de comer y beber para que lo compartamos. propuso  finalmente el Negro.

_ Tienes razón, si las invitamos a comer algo no nos va a alcanzar el dinero para pagar un lugar en donde quedarnos, mejor voy a hablar con ellas...¡Ah, y si aceptan, quiero que me dejes la menor! ¿Ok? Dijo Nelson, altiempo que le dirigía una ardiente mirada a su preferida.

_ Está bien, me quedo con la mayor, en verdad se ve bastante rica. Respondió El Negro, sonriendo con picardía.

Cuando hablaron con las dos muchachitas estas se encogieron de hombros, al parecer ya habían conversado entre ellas, porque la mayor respondio:

_ Está bien, nos vamos a quedar con ustedes ya que a esta hora es imposible que podamos regresar a nuestra  casa, pero  les voy a pedir que se porten bien con nosotras, no somos lo que a lo mejor ustedes piensan y prométannos que no nos haran nada malo...Podemos conversar y conocernos un poquito, además ni siquiera hemosalmorzado y de verdad que tenemos mucha hambre.

Ahora ya estaban las cosas claras y entonces los cuatro siguieron caminando, pero esta vez en busca de algún hotel parajero, de esos baratos que abundaban en el sector de  los alrededores de la Estación  Mapocho.

Capítulo 15: "El profesor"

El antiguo edificio situado en plena Alameda Bernardo O"Higgins de la capital de Chile, actualmente lleva el nombre de Tucapel Jiménes, un gran dirigente de los trabajadores, quien fuera asesinado durante el régimen del General Pinochet, en aquellos días era utilizado por el Colegio de Profesores para realizar allí seminarios y cursos de perfeccionamiento para los maestros. Allí, en una de sus salas se realizaba aquella tarde de Setiembre una pequeña reunión.No eran maás de doce las personas que se daban cita y que permanecían en sus asientos a la espera de alguien que debería presidir dicha reunión, pero que por algún motivo se había retrasado.

Entre los escasos asistentes se podía distinguir a dos hombres, ambos de una edad similar, alrededor de unos cincuenta años, pero de aspectos bien diferentes, los cuales permanecían sentados, un poco apartados de los demás y mientras esperaban conversaban en voz baja.

Uno de ellos era de tez muy morena, estatura mediana y contextura regular, usaba el cabello muy corto y vestía muy sencillamente con ropas livianas de tal modo que más que un profesor primario, como lo era, parecía uno de aquellos cazadores que suelen verse, integrando los safaris africanos en las películas de aventuras .

El otro, por contraste, era un sujeto muy alto, que lucía un pequeño bigote a "lo Chaplín", ojos de mirar huidizo, ademanes nerviosos y que vestía un anticuado terno gris, pero no usaba ni chaleco ni corbata y al hablar movía mucho sus manos y gesticulaba.Se veía preocupado.

_ Se ha retrasado mucho el compañero Cereceda, pero pienso que vale la pena esperar ¿Que piensas tí Manuel? Decía.

El aludido parecía más tranquilo y cuando hablaba lo hacía de manera muy mesurada, empleando un tono algo monótono pero suvoz era grave y profunda.

_ Por supuesto que vale la pena, amigo González, es más, necesitamos que hombres como el compañero Cereceda, esten de regreso en el pais para sumarse a la causa que nos une.

Quien decía esto era Manuel Medina Carvajal, profesor primario que se desempeñaba, desde hacía poco tiempo, en una modesta escuelita ubicada en el sector sur de Santiago, ahora observaba con atención a su compañero y colega, el profesor Atilio González, ambos habían sido activos militantes del Partido Socialista de Chile, compañeros de grandes jornadas hasta antes que ocurriera el Golpe Militar. Después de aquello pasaron muchos meses y años antes de que se volvieran a encontrar por pura casualidad. En aquellos momentos casi no se habían reconocido pese a que no era tanto el tiempo transcurrido,pero ambos estaban cambiados, pues lo habían pasado muy mal y eso les había afectado.

Manuel Medina recordaba muy bien aquel encuentro con su viejo camarada. Fue con ocasión de una Peña Folklorica que se había realizado en un sector poblacional, él había concurrido junto a una de sus hijas yentre los concurrentes observó un rostro que le pareció conocido.Al principio casi no podía creer que aquel individuo alto, cadavérico y mal vestido fuera el mismo "Pije González", como le apodaban, por su siempre impecable forma de vestir, en efecto, el profesor González era un hombre muy elegante, siempre impecablemente de terno y corbata, a veces solía usar finas bufandas y pañuelos de seda, sus zapatos estaban siempre brillantes y sus modales eran finos y educados, así, al menos él lo recordaba, pero en camio, aquel pobre hombre, vestido como un obrero, desaliñado y encorvado ¿Sería posible que fuera el mismo compañero González que él había conocido?

Al observarle mejor se fue convenciendo de que era él: Su manera de gesticular y de mover sus manos al conversar, su sonrisa triste, su mirar algo huidizo y por supuesto, su estatura eran rasgos inconfundibles. Entonces se fue acercando hasta llegar a su lado, éste se volvió rapidamente y ambos se quedaron mirándose mutuamente, algo asombrados.

_ ¡Pero si eres tú...viejo Medina! Te miraba y dudaba que fueras tú...En verdad que estás muy cambiado y ...

_ También tú lo estás, colega...no me atrevía a acercarme pero ya está...me alegro verte. Le dijo, al tiempo que le estrechaba fuertemente su mano extendida.

_ ¡Puchas! Que me alegro cuando me encuentro con alguno de mis colegas y amigos de entonces...de los nuestros...Tú sabes que muchos están desaparecidos, muertos o andan fondeados, otros que tuvieron más suerte se fueron al extranjero, pero los que nos quedamos aquí, lo hemos pasado muy mal.

El moreno profesor asintió:

_ Es cierto, yo mismo, después que me soltaron los milicos me tuve que fondear, estuve más de dos años escondido y cuando me atreví a salir por la necesidad de buscar pega, me tiritaban hasta los calzoncillos cada vez que me cruzaba con alguna patrulla militar o con algún paco.

_ Al menos estamos vivos Manuel, otros no tuvieron tanta suerte, así le sucedió al Gordo Cáceres, al Sepúlveda, en fin a tantos otros, pero, dime...¿Has encontrado pega?

_ Recién llevo unos meses trabajando, gracias a los curas, estoy haciendo clases en una pequeña escuelita parroquial en la Población Santa Adriana...¿Y a tí, como te ha ido?

_ Yo no he tenido suerte, mi nombre esta vedado y he tenido que trabajr en toda clase de menesteres para poder sobrevivir, actualmente estoy de vendedor de libros escolares, al menos así puedo entrar a los colegios, pero no para enseñar.Decía "El Flaco González moviendo tristemente su cabeza.

Durante un rato ambos hombres intercambiaron impresiones, parecían estar sondeándose, no se atrevían a confiar el uno en el otro, pese a haber sido antes, muy buenos amigos además de colegas y camaradas. Fue el Flaco González quien tocó finalmente el tema:

_ Me imagino que ahora estarás alejado de toda  la actividad partidista, sé que es muy riesgoso aún, pero de a poco las cosas parece que estan cambiando, ya se nota mucho descontento y aunque la gente tiene miedo...hay esperanzas de cambio.

Medina pareció dudar, mirí fijamente a su amigo antes de responder:

_ Si te refieres a participar activamente, no, no lo he hecho, pero en cuanto a lo que pienso, sigo siendo profundamente socialista.Reconozco que como gobierno cometimos grandes errores y hemos pagado un alto precio por ello, pero no solo nosotros, sino que todo el pueblo.

_ Es también lo que yo pienso Medina y no son pocos los que comparten nuestras ideas, te voy a confiar algo...yo estoy asistiendo a unas reauniones, no son reuniones políticas, tú sabes que esa palabra está  prohibida, son ...digamos, reuniones de trabajo, con colegas, si te interesa, llámame a este teléfono, pero hazlo después de las once de la noche, pues antes no me vas a encontrar ahí, bien mi amigo, debo retirarme, porque aunque no me lo creas...Hay una rubia que me está esperando en algún lado. Dijo el Flaco, al tiempo que le pasaba una tarjetita.

El profesor Medina sonrió:

_ A este Flaco no  se le quita esa ...afición, sigues igual de lacho...yo en cambio, ya senté cabeza.

_ ¡Hum, no me digas! ...¿Con cual de las dos, con la morena o la rubia de los ojos azules?

Manuel Medina se sintió incómodo, le hizo una seña a su amigo para que se callara, al tiempo que le decía en voz baja:

_¡Cállate, mira que esa niña que me acompaña es mi hija Nancy y su madre es la Josefa...la rubia de los ojos azules, como la llamas.

_ ¡Vaya, más parteciera que fuera hija de la otra...En fin, es simpática la morenita esa. ¡Bueno, por ahora adios, espero que nos sigamos viendo Manuel!

_ Seguro que si y va a ser muy pronto, te lo aseguro. Dijo Manuel, despidiéndose de su amigo.

Así había sido el encuentro de aquellos dos viejos camaradas, desde entonces continuaron viéndose y fue el Flaco González quien lo metió nuevamente en "la actividad política" como ellos decían.Eran tiempos difíciles y tales reuniones estaban terminantemente prohibidas, pero ellos se arriesgaban, ya que sus convicciones eran superiores a sus miedos, sabía que corrían gran peligro pues la CNI, sucesora de la temida DINA, tenía informantes por todos lados y parecía que tal como decía Pinochet:" No se movía una hoja sin que él lo supiera"

Por esa razón ahora en aquella salita de reuniones, ambos camaradas esperaban con ansiedad que comenzara la sesión.Al fin la espera terminó, se escucharon voces en el pasillo, la puerta se entreabrió y un grupo de personas hizo su entrada en la sala. En el grupo había un par de mujeres, una de ellas le hizo un imperceptible señal al profesor Medina y éste le respondió saludándola con su mano. Entonces un hombrecito pequeño, de cabellos rubios platinados y ojos claros se colocó al frente del grupo, tanto Medina como González reconocieron de inmediato al personaje: Había sido uno de los hombres de confianza del ex Presidente Allende, uno de sus colaboradores más jóvenes, se decían de él tantas cosas: Que había estado recluído en la Isla Dawson, que lo habían fusilado en el norte o que estaba exiliado en Suecia, lo cierto es que allí, frente a ellos estaba el compañero Cereceda, "vivito y coleando" como se dice.

Un anciano encorvado que parecía el Mal de Parkinson, se levantó de sus asiento para presentar al recién llegado:

¡Bien mis amigos y colegas! Lo prometido es deuda, me imagino que todos los aquí presentes ya saben quien es el compañero Cereceda, como les decía, viene llegando de Europa y tiene muy buenas noticias que darnos, escuchemos pues al compañero Cereceda.

El compañero Cereceda, poseía una voz aguda, casi femenina, pero sabía conferirle un tono enérgico cando era necesario, así se pegó uno de aquellos encendidos discursos a los que era tan dado cuando era un importante personero del anterior gobierno.Les habló acerca de como veían en Europa a la oposición chilena, de la simpatía que despertaba en todas las naciones importantes de la Comunidad y de la ayuda que estaban dispuesto a hacer para ayudar al retorno a la democracia en el pais.Nada nuevo, pensaba el profesor Medina, era lógico que aquel hombre que recien venía llegando al país ignorase completamente la dura realidad que aquí se veía...¿Que oposición? Si aquella solo existía en los sueños de los pocos que se atrevían a reunirse para hablar del tema, como ellos, por ejemplo, pero en fin, era bueno que aquellos que habían sido líderes regresaran al pais para unirse a la causa.

_ El Partido Socialista no está muerto como piensan, estámás vivo que nunca compañeros...Nos podrán encarcelar, torturar y hasta matar...Pero mientras quede uno solo de nosotros en pie, el partido se mantendrá vivo y ustedes, aquí en esta sala son la mejor prueba de ello, compañeros...¡Viva el Partido Socialista...Viva el compañero Salvador Allende y vivan los trabajadores de Chile!

Con estas palabras el compañero Cereceda finalizó su encendido discurso. La reunión se fue disolviendo lentamente, algunos se adelantaron para saludar personalmente al orador, Manuel también lo hizo aunque estaba seguro de que éste no se acordaría de él, luego se despidió de su colega González y permaneció a la espera de que una de las mueres que acompañaba al compañero Cereceda se acercara a él.

La mujer que esperaba el profesor al fin se desocupó. No era para nada una mujer atractiva, más bien, todo lo contrario, de físico menudito, morena, usaba el cabello corto, lo cual le daba un aspecto poco femenino, pero de todas maneras se notaba mucho mas joven que el profesor Medina y al igual que él vestía de manera muy informal, ropas suelta, desahogadas y del tipo artesanal.

¡Vamos mujer, que ya estoy un poco cansado! Dijo el profesor a su compañera.

Ella lo miró de arriba a abajo, encogiéndose de hombros contestó:

_ Yo no estoy para nada cansada, podríamos, antes de marchar a casa tomarnos un cafecito.

_ Pues yo lo que  prefiero es irnos a casa, tomarnos  allá el cafecito y después meternos en la cama, como en los viejos tiempos Sonia.

La tal Sonia miró al profesor con sus ojos brillantes.

_ ¡Vaya, parece que la llegada del compañero Cereceda te ha dado a tí nuevos bríos! Ya viejo, te voy a hacer caso, vámonos para la casa, pero despues del café...No te vayas a quedar dormido altiro porque yo no te voy a dejar!

Mientras caminaban para tomar el microbús, ambos iban silenciosos, ya faltaba poco para la hora de la Restricción Vehicular Nocturna, quedaba pues, poca locomoción, alcanzaron a tomar el  último bus, éste iba casi vacío ya que la gente poco a poco había ido acostumbrándose a no andar tarde por las calles, primero había sido el famoso Toque de Queda y cuando este finalizó comenzó la restricción vehicular, sólo los que estaban autorizados podían circular por las calles después de las doce de la noche, así, la vida nocturna, habia desaparecido con el Golpe.

los pensamientos del profesor retrocedieron en el tiempo, varios años antes, 14 para ser más exactos,a  la época cuando se encontraban en plena campaña elctoral, recorriendo a pie las calles de una conocida población ubicada al sur de Santiago, a fin de captar votos para su candidato: El Doctor Salvador Allende Gossens.

¡A la tercera es la vencida! El Doctor Allende había sido ya derrotado en dos ocasiones ante las urnas anteriormente, en la primera  por el independiente de derecha Jorge Alessandri R. y después por el democrata cristiano Eduardo Frei Montalba, no obstante aquello, ahora él confiaba en obtener el triunfo que le había sido tan esquivo.

Manuel estaba, entonces muy optimista, si su candidato triunfaba se abrirían para él excelentes oportunidades, ya que al llegar al gobierno su partido, se necesitaría mucha gente parallenar los numerosos cargos que requiere la administración del estado. Él había ingresado al partido siendo muy joven y aquello había sido considerado como un estigma para su conservadora familia, en donde uno de sus hermanos era ya oficial de la Fuerza Aerea, por eso se convirtió en "la oveja negra":¡ Un simple profesor normalista y socialista todavía era una mancha para ellos! Pero si ahora triunfaba su candidato él les taparía la boca a todos. 

¡Como se iba a imaginar en aquellos días, no tan lejanos, todo lo que sucedería más adelante, nadie hubiera podido hacerlo!

 

 

Capítulo 16: "Los recuerdos del maestro"

Fue en aquellas circunstancias cuando conoció a Sonia, su actual compañera, ella era una jovencita perteneciente a una familia muy humilde, de extrema pobreza, que vivía en uno de los tantos "campamentos" o "Poblaciones marginales" como se las llamaba, dicho campamento había surgido como producto de una toma de terrenos, protagonizados por un grupo de pobladores " sin casa", los cuales habían sido organizados y asesorados por el mismo  profesor socialista Manuel Medina, fue él quien aleccionó a aquellas familias que vivían como "allegadas" en casas de sus padres o familiares, para que se tomaran los terrenos que anteriormente servían como canchas de fútbol, el propio profesor formó y organizó al comité y cuando la toma se llevó a efecto, fue él quien medió ante las autoridades para evitar el desalojo, con el correr de los días y las semanas aquel campamento se fue consolidando y aquellas familias pudieron tener un terreno en donde levantar sus precarias viviendas.

Al profesor Medina le atrajo desde el principio aquella jovencita de cuerpo menudo y cabellos negros, es cierto que él ya estaba casado con una mujer muy agraciada y que ya tenía dos hijas con ella y esperaba a un tercero, pero algo sucedía en su matrimonio que no le hacía sentirse satisfecho, por eso aquella morena que usaba cortísimas minifaldas lo hacía revivir como hombre que ya rondaba los cuarenta años. También a ella parecía agradarle aquel hombre que sabía hablar tan bonito y decía cosas que ella no entendía, pero que los demás aplaudían. Fue así que Sonia se fue convirtiendo en " la amante del compañero Medina". Al principio fue todo muy disimulado, pero con el tiempo aquella aventura instrancendente se fue convirtiendo en algo más sólido, tanto que provocó finalmente la ruptura del matrimonio de Manuel Medina.

Aunque no sería del todo justo juzgar a la muchacha del quiebre matrimonial, ya que aquello parecía venir desde mucho tiempo antes.

A decir verdad, él se había casado muy enamorado de  Josefina, ella era una linda jovencita, alta , esbelta, de cabellos castaños y hermosos ojos azules; toda una belleza, lo que provocaba la admiración y envidia de sus colegas que no entendían como ella se hubiera podido fijar en él. Lamentablemente la joven tenía muy escasa educación y eso le impedía participar en las actividades sociales y políticas de su marido, poco a poco quedó relegada a su labor de dueña de casa y crianza de los hijos que fueron llegando. Fue a fines de la década de los sesenta, cuando las actividades políticas y profesionales  del activo profesor socialista lo fueron distanciando más y más de su hogar, un hogar humilde ya que el salario del profesor era exiguo. El dinero escaseaba, pero sin embargo aquello no parecía importarle demasiado a Manuel, quien siempre fue muy poco apegado a lo material.Sus hijas fueron creciendo y Manuel apenas tenía tiempo para ellas, la mayor, Patricia era una linda trigueña de piel blanquísima salpicada de pecas, ojos grandes de color pardo, en cambio, la segunda de sus hijas era morena como su padre, de facciones un tanto toscas, ojos oscuros y cabello algo rojizo, lo que le daba un raro contraste, fue bautizada con el nombre de Nancy y desde pequeña se mostró muy inquieta, independiente y más apegada a su padre que a su madre.

Curiosamente lo que Manuel no pudo lograr con su esposa,si lo pudo hacer con su nueva compañera, siendo ambas de extracción humilde y con muy poca educación formal, la joven Sonia era más ambiciosa, ella quería aprender y Manuel se fue transformando en " su maestro", él la fue puliendo como si fuera un diamante en bruto y así la muchacha comenzó a hablar y a actuar como una verdadera militante socialista, utilizando los mismos términos que el profesor. Asi ella se convirtió en  "la compañera Sonia", militante de las Juventudes Socialista, integrante de las Brigadas femeninas y entusiasta participante en las reuniones partidistas. Manuel se encargaba de adoctrinarla, ella le escuchaba y como poseía una inteligencia innata, aprendía rápido, fue de ese modo como se convirtió además de su amante, en el brazo derecho del profesor y todos se acostumbraron a verles siempre juntos.

Puede que Sonia se haya enamorado de aquel hombre que casi le doblaba en edad, o tal vez haya sido admiración lo que sentía, pero lo cierto fue que se apegó a él y fue ella quien muchas veces le animó a seguir adelante tanto en las horas difíciles como también en las de triunfo, como aquella gran jornada del cuatro de Setiembre de 1970 en donde resultó al fin electo el Doctor Salvador Allende.

Al año siguiente , el profesor Medina fue designado para postular a un cargo municipal, como candidato del partido en las elecciones municipales que se realizarían aquel año 71. después de una campaña ardua y intensa el profesor obtuvo una alta votación lo cual le significó ser electo como Regidor de su comuna, faltándole muy pocos votos para el cargo de Alcalde, puesto que recayó en uno de sus compañeros de lista, un conocido dirigente comunista.

Después de las celebraciones por el triunfo, Manue Medina se abocó a sus tareas como Regidor, dejando de lado, por un tiempo sus clases como maestro.

El país vivía una situación muy tumultuosa, el clima de inseguridad e inestabilidad se hacía cada vez más patente, los sindicatos comenzaron a propiciar las huelgas y luego las tomas de las industrias, a fin de acelerar el proceso revolucionario, ya que muchos dirigentes querían saltarse los pasos y lograr lo más pronto posible que el país se convirtiera en una verdadera República Socialista, esto conduciría al enfrentamiento entre las posiciones tan antagónicas y a la polarización del pais.

Manuel, convertido ahora en un flamante Regidor, cumplía a cabalidad sus funciones, él era un hombre de principios sólidos y creía firmemente en sus ideales, era un verdadero socialista, un idealista al cual jamás se le pasó por su cabeza la idea de sacar algun beneficio propio y lo demostró más adelante, cuando comenzó el desabastecimiento y el mercado negro, él era el primero en salir con la camioneta que tenía a cargo, para repartir los víveres y provisines cumpliendo tal fielmente su misión que llegaba a olvidarse de su propia familia y no era raro que en su hogar faltaran las cosas más indispensables y si no hubiera sido por Sonia que se las arreglaba para guardar alguna mercadería, el desabastecimiento también habría llegado a la propia casa del Regidor.

Su esposa legal ya había tenido su tercer hijo, lo que para variar, resultó otra niña, que fue bautizada como Andrea, aquello hizo que el profesor tuviera que compartir su escaso tiempo libre entre sus " dos hogares", el de su esposa Josefina con sus tres hijas y el que acabab de formar junto a su compañera  Sonia. Su mujer ya se había enterado de su infidelidad y se encargaba de atormentarle con sus reproches cada vez que éste iba a la casa. Pero Manuel , que solo iba para ver a sus hijas, aguantaba estoicamente todos los insultos de su mujer:

_ ¿Te das cuenta de que eres un desgraciado Manuel? ¿Cómo es posible que nos tengas a mí y a tus hijas muertas de hambre mientras tú te paseas en camioneta con la puta esa que tienes? 

Manuel, sentado en el living no decía nada, mientras su hija mayor le servía una taza de te caliente y la otra muchachita, la morena se enfrentaba a su madre:

_ ¡Ya poh mamá. córtela..No se da cuenta de que por eso él no nos viene a ver! ¿Cómo quiere que él se quede si usted lo trata tan re mal?

Pero Doña Josefina continuaba desahogándose:

_ Pero si es verda lo que le digo...¡Mírenlo no máscomo anda vestido, todo sucio y desaliñado...no parece Regidor, es así como lo tiene la putona esa, ni siquiera es capáz de lavarle una camisa o plancharle un pantalón.

El profesor se servía tranquilamente su te, como si aquella palabrería no le molestara para nada, luego se volvía hacia su hija Patricia, diciéndole:

_ Gracias Patricia y a tí también Nancy, en verdad me hacía falta beber algo caliente...Vamos a la camioneta, ahí les tengo cuadernos y útiles para el colegio, no deben de dejar de ir a clases por ningún motivo, así van a poder ser mujeres educadas y no una burra como su madre.

La morenita se le pegaba a su cuello, abrazándole:

_ ¡Papá, no tenemos clases porque los profes están en huelga! ¿Me dejas que te acompañe un ratito en la camioneta?

El profesor parecía indeciso y Doña Josefina volvía a sus insultos:

_¡Pero hija1 ¿Cómo se te ocurre? No te das cuenta que en la camioneta lo está esperando la puta esa que tiene...esa que les está quitando el pan de sus bocas y ...

¡Basta ya mujer...no hables estupideces...Bueno Nancy, acompáñame a la camioneta. Decía al fin el profesor aburrido  de escuchar tantos insultos.

Diciendo aquello se ponía de pie, tomaba su gorra y su maletín y salía de la casa seguido por su hija, mientras su esposa no se cansaba de seguir insultándolo:

_¡Claro...ándate no mas..pero al menos deja plata pa´comprar el gas y ...

_ Te voy a mandar dinero con Nancy mujer, pero por favor..cállate aunque sea un minuto.

Se alejaba de aquella casa y caminaba; a la vuelta de la esquina estaba estacionada la camioneta y en su cabina lo esperaba Sonia, bastante enojada por haber tenido que esperar tanto.

_¡Ah ya era hora que llegaras! ¿Porque te demoraste tanto?

Al ver a la niña se callaba, mientras Manuel contestaba:

_ Ella nos va a acompañar un ratito, ya Nancy sube y colócate en el medio de nosotros.

A Sonia no le caía mál esa niña y a la chica tampoco le molestaba " la otra mujer de su padre", al fin y al cabo ella tenía apenas doce años y todavía no entendía mucho las onductas de los adultos y con tal de estar junto a su padre, se amoldaba a las circunstancias.

El Regidor Medina, con su camioneta cargada de mercaderías, las mismas que se vendían a altísimos precios en el mercado negro, se encargaba de distribuirlas en los negocios que pertenecían a las JAPS (Organización gubernamental encargada del abastecimiento), estos a su vez se las entregarían a las familias inscritas, que desde temprano hacían largas colas frente a los negocios, con sus tarjetas de racionamiento en sus manos.El profesor suspiró y hizo un ademán con sus manos al sentir el sonido de una brusca frenada.

¡Manuel, despierta...Ya llegamos, tenemos que bajarnos de la micro!

La voz de su compañera le llegó lejana, se dio cuenta de que se había quedado dormido, pero se levantó rapidamente para seguirla, caminó como un sonámbulo detrás de ella hasta llegar a la casita en donde vivían en aquellos días. No era una gran casa, era más bien pequeña y estaba ubicada en una comuna alejada del centro de la ciudad, era fría en invierno, pero fresca en verano. Al menos allí estaban tranquilos y lo principal es que no pagaban arriendo ya que se las había cedido un familiar que se había marchado al extranjero, la única condición era que cancelaran los gastos de luz y agua.

Después de servirse una taza de café con unas tostadas ambos se fueron a la cama, esta vez fue Sonia quien se quedó dormida casi de inmediato, mientras que Manuel, por el contrario permaneció largo rato desvelado.

Se sentía inquieto, algo cansado,pero prevalecía en él un cierto entusiasmo, algo que no le sucedía desde hacía tiempo aunque no podía definir claramente de que se trataba.Mientras trataba de dormir, las imágenes se precipitaban en su cerebro, algnas eran recientes y otras pertenecían al pasado, él no era un hombre devoto, pues hacía ya mucho que había desterrado las ideas religiosas, su formación marxista y sus convicciones filosóficas rechazaban todos los cultos religiosos." La religión es el opio del pueblo" repetía esas palabras, pero en el fondo de su corazón si creía en algo, tal vez aquello era solo un resabio de sus temores infantiles, algo atávico..¿La religión, los rezos que ya ni recordaba? Sin embargo tiempo atrás había rezado ¿Cuando había sido aquello? Hizo un esfuerzo mental para recordarlo y ..¡Ah, ya recordaba cual había sido la última vez en que había rezado un Padrenuestro!

 

Capítulo 17: "Los oscuros días del profesor Medina"

 

El once de Setiembre del 73, el Regidor Manuel Medina se encontraba en la humilde casa de su compañera Sonia Ramos, se aprestaba a tomar su desayuno cuando ella encendió la pequeña radio a pilas que tenían en la cocina, les extrañó que todas las emisoras trasmitieran en cadena solo marchas militares.El profesor estaba consciente de que algo podría suceder ya que en los días previos el panorama se veía muy negro. Cuando escuchó los primeros bandos emitidos por la Junta Militar que acababa de tomarse el poder de la nación, miró a su mujer, que se veía tremendamente nerviosa y le dijo para tranquilizarla:

_ No te asustes Sonia, esto se veía venir...Uno de mis hermanos, el que trabaja en la Fach ya me lo había advertido, la derecha desde hacía tiempo que estaba azuzando a los militares golpistas, lo principal ahora es que el pueblo permanezca unido junto al compañero Presidente.

Enseguida se afeitó y se vistió como si fuera un día cualquiera, puso su camioneta en marcha para partir a su trabajo, en la municipalidad, pero Sonia le detuvo:

_ ¡Espera...espera1 Tengo un mal presentimiento...mejor te quedas en casa, no creo que nadie vaya a trabajar con lo que está pasando.

_ ¡No, por ningún motivo! Mi deber es estar en mi puesto de trabajo y así lo haré, pero como te dije, no debes de preocuparte por mí, pues nada me pasará ya que como dice el refrán: Quien nada hace , nada teme. Dijo tranquilamente el profesor, tranquilizando a su compañera.

Ya era pasada de las nueve de aquella fría mañana cuando el Regidor Medina llegó al edificio en donde funcionaba la Ilustre Municipalidad, alenas llegó al portón, una patrulla de militares fuertemente armados se acercó al vehículo y uno de los uniformados le gritó al tiempo que le apuntaba con un arma.

_ ¡Ponga sus manos detrás de la nuca y baje del vehículo despacio!

Manuel obedeció la orden dada y apenas descendió de la camioneta uno de los militares le dio un fuerte empujón lanzándole al suelo:

_ ¡Tiéndete en el suelo...marxista desgraciado!

Recién entonces se percató el sorprendido profesor de que allí, sobre el pedregoso suelo del estacionamiento se encontraban otras perosnas tendidas boca abajo al igual que él, mientras que por todos lados se veían hombres uniformados portando armamento de guerra alcanzó a distinguir las botas de uno de ellos que le dio un fuerte puntapié en las costillas a uno de los detenidos, gritandole:

_ ¡Quédate quieto guevón! ¿Así que ustedes se las dan de revolucionarios?...¡Vayan a pedirle ayuda a Fidel ahora, poh!

El profesor permaneció durante largo rato tendido sobre el piso, tenía sus ojos cerrados y pensaba en lo que estaba sucediendo.

_ Debí de haberle hecho caso a la Sonia...Estos tipos están locos y ...

En aquel mommeto se escucharon varias ráfagas de ametralladoras  y algunas detonaciones lejanas, también se sentían ruidos de vehículos y mucho trajín de  personas que corrían de un lado para otro, así pasó mucho rato. Fue en aquellos terribles momentos cuando Manuel trató de recordar aquella oración que solía rezar cuando niño:

_ Padre nuestro...que estás en el cielo...venga a nosotros tu reino...

No pudo seguir, no recordaba lo que continuaba y permaneció quieto con su mente en blanco.

Hasta que llegó un oficial que comenzó a dar órdenes a diestra y siniestra:

_¡Escuchen los prisioneros..voy a leerles una lista con una serie de nombres...si escuchan el suyo van a gritar PRESENTE..¿Entendido?

A continuación el oficial comenzó a leer en voz alta:

_ Mario Rojas Rojas..

Era el nombre del hasta ayer alcalde de la comuna, conocido militante comunista, pero o se encontraba entre los detenidos en el patio, el oficial continuó leyendo:

_ Manuel Medina Cáceres.

_¡Aquí! Respondió el profesor y se ganó un fuerte puntapies en sus costillas, que le hizo gritar de dolor.

_ ¿Acaso ers sordo jetón, no escuchaste que debías de contestar PRESENTE?

_ ¡Ay...Disculpe oficial...PRESENTE!

_ ¡Levántate con las manos sobre la nuca y colócate contra esa pared! Le ordenaron.

El profesor hizo un gran esfuerzo, le dolía terriblemente su costilla golpeada, pero obedeció la orden dada,uno de los militares comenzó a registrarle sus bolsillos, ubicando su billetera y arrojando al suelo todo lo que iba encontrando, mientras que otro los recogía al tiempo que iba gritando.

_ ¡Un carnet de identidad nímero.......nombre  Manuel Medina Cáceres...unas llaves de vehículo.....un pañuelo...etc.

Durante más de una hora el hombre continuó leyendolos nombres de la lista que portaba, muchos de los detenidos no figuraban en ella y a aquellos se les ordenó salir del recinto, ya que nada había contra ellos, pues se trataban de funcionarios de menor rango.Pero los que si figuraban en la lista fueron conducidos al interior del edificio, formados en fila, a Manuel, aquello le parecía como una pesadilla, le traían a su memoria aquellas peliculas de la Segunda Guerra Mundial en donde los nazis conducían a los prisioneros judíos a los campos de concentración, ubicó entre los conducidos s muchos conocidos. En las radios que portaban los militares se escuchaban fragmentos de órdenes e informaciones que a ellos les iba llenando de temor, mauel pensó que iban a ser fusilados sin mayores trámites o torturados para sacarles información, informaciones de las cuales no tenía ni ideas. Escuchaba como los militares hablaban acerca de la localización de armas y explosivos que según decían se encontrarían  ocultas en algún lugar del edificio municipal, vio a un uniformado que traía en sus manos un par de revólveres y una escopeta de caza, las cuales le mostraba a su superior.¡Esas eran todas las armas!

Después de varias horas de terrible incertidumbre se les hizo subir a un furgón militar, al hacerlo, el profesor recibió un fuerte golpe en su espalda, pero nada más, otros mas desafortunados fueron golpeados brutalmente con las culatas de los fusiles. Fueron llevados a otro lugar, posiblemente un regimiento o una repartición policial, allí se les vendó la vista y se les ataron fuertemente las manos a sus espaldas, a esa altura de los acontecimientos Manuel ya había perdido toda esperanza de salir vivo de aquel duro trance, puesto contra una pared, escuchó a un oficial, al parecer de alto rango que les decía:

_ ¡Todos ustedes son parte de la escoria marxista que durante este último tiempo han ensuciado a nuestra patria, pero ya se les acabó su tiempo.Ahora van ustedes a responder por todos sus crímenes y fechorías. Si de mí dependiera, yo no perdería mi tiempo y los haría fusilar en el acto..ahora mismo, pero...debo cumplir mis  órdenes...Serán interrogados por personal de inteligencia, les recomiendo que no se hagan los héroes y que suelten ligerito todo lo que saben...¡Ah y no traten de escapar, pues si lo intentan me daré el gusto de correrles balas como se lo merecen!

Recién comenzaba la verdadera pesadilla para el profesor Medina y sus camaradas de infortunio, durante tres días permaneció encerrado y con su vista vendada, sin saber donde estaba  ni lo que sucedía, a veces era llevado de un lado para otro, golpeado y tratado como a un animal, cad vez que pedía alimento o agua recibía golpes e insultos, escuchaba a sus compañeros cuando eran llevados a las sesiones de interrogatorio y también oía sus desgarradores gritos de dolor, verdaderos alaridos que le helaban la sangre, luego percibía cuando eran traídos, arrastrándoles y escuchaba sus quejidos y sollozos. Le angustiaba tener que esperar, temiendo que en cualquier momento le tocaría su turno, en aquellas largas horas el profesor pensó mucho en su familia: Sus hijas y su conpañera.

Ya estaba preparado para lo peor, pero el destino le tenía reservada otra cosa.

Como al cuarto día (Suponía, pues había perdido la noción del tiempo) se produjo un gran  revuelo en el recinto, al parecer un cambio de mando o algo similar, lo cierto fue que sin previo aviso se les sacó de allí y se les confujo a otro lugar, allí les quitaron las vendas de los ojos y se les desataron las manos, luego les repartieron colaciones y se les permitió que hablaran entre ellos.Luego recibieron la visita de un médico quien los fue revisando uno por uno, a los que presentaban heridas graves se les condujo a un hospital y a los demás se les permitió asearse y después se les sacó a un pequeño patio soleado.

_ Es porque va a venir una delegación de la Cruz Roja Internacional. Explicó uno de los prisioneros y continuó:

_ Después, cuando ellos se retiren....Dejó la frase ensuspenso, pero todos entendieron.

Ahora el profesor se dio cuenta de que estaban en un recinto policial ya que no había militares, solo carabineros y muchos civiles, en aquel momento se sintió muy debilitado, le pareció como que todo daba vueltas a su alrededor, sintió deseos de vomitar y perdió el conocimiento, cayendo pesadamente al suelo.

Cuando recobró el conocimiento estaba en una sala de hospital o enfermería, vio a un carabinero que se le acercó, llevaba un brazalete que indicaba que pertenecía a la Cruz Roja, parecía amable:

_ ¡Ya se siente usted mejor...Profesor Medina?

Manuel se sentía mucho mejor, se sentó sobre la cama y mirño a su alrededor.

El carabinero continuó:

_ Profesor Medina, me doy cuenta de que usted no me recuerda, pero yo si a usted...Fue mi profesor de matemáticas en la básica hace ya algunos años, en fin, eso ya no importa, ahora debe usted vestirse rápido porque lo voy a dejar ir...Tiene usted buenos amigos y seguramente llos se movilizaron para conseguir que fuera liberado, pero no se confié, lo llevaré afuera del recinto en la ambulancia, lo dejaré cerca de aquí...Tome este dinero para un taxi que lo lleve hacia algun lugar seguro y permanezaca por un buen tiempo allí.

Manuel no se hizo esperar, rapidamente se vistió y aquel carabinero que decía haber sido alumno suyo, del cual no se acordaba ni su nombre ni apellido lo condujo por un largo pasillo hacia el estacionamiento y allí le hizo subir a una ambulancia, hablando con su conductor, se despidió de él  y nunca más lo volvió a ver.

Una vez afuera, ya en la calle, el profesor abordó un taxi y le dio al chofer la única dirección que se le ocurría en ese momento:La de la casita de su compañera Sonia y hacia allá se dirigió el taxi.

Así terminó para el profesor Medina aquella terrible odisea.Mucho tiempo después se enteró que su liberación se había debido a gestiones que hicieron sus familiares, en especial aquel hermano que era oficial de Telecomunicaciones en la Fuerza Aérea

Los días que siguieron permanecen aún en la nebulosa de la memoria del profesor Medina, recuerda que su compañera Sonia lo fue a buscar y que de allí fue trasladado a una casa y luego a otra, así durante un tiempo hasta que se ubicó el que sería su refugio definitivo por los siguientes tres años, Era una casona antigua, que permanecía abandonada, bastante amplia, había pertenecido a un comerciante de origen arabe, el cual había abandonado el país poco antes del Golpe Militar. Manuel no tenía idea de como Sonia había conseguido aquel refugio y de la forma en que ella  pudo solventar todos los gastos que ello demanadaba, incluyendo su propia alimentación y la de ella.

Durante los primeros tiempos, en que el profesor permaneció oculto, sin asomarse a la calle por temor a ser descubierto, su mujer venía a verle solo los fines de semana, llegaba muy tarde y se marchaba al amanecer, le traía algunas provisones, vestuario y libros.Cuando no aparecía en la fecha convenida, Manuel se deseperaba,pensando que ella hubiera sido detenida y temiendo lo peor y cuando al fin reaparecía, suspiraba aliviado, la brazaba recomendándole  que se cuidara mucho.Entonces ella le contaba algunas cosas que sucedían en el mundo exterior, aunque todas  eran noticias vagas, muchos rumores inciertos, pues las noticias  que difundían los medios de comunicación eran los comunicados oficiales del nuevo gobierno. De su familia era muy poco lo que ella le decía, ya que no tenía ningún contacto con ellos. Su esposa Josefina estaba convencida de que su marido estaba muerto y solo su hija Nancy se resistía a creer aquello:

_ Yo estoy segura que mi padre está vivo. Aseguraba y tanto insistió que su madre concurrió a los recintos militares y a la iglesia para obtener información, pero nada consiguió.Pero una fría noche de invierno del año 1974, una patrulla militar se hizo presente en la casa de su esposa, ellos traían una orden de allanamiento, emitida por un Juez Militar. La hijas del profesor vieron aterradas como los militares fuertemente armados revisaban toda la casa buscando al prófugo, como ellos decían, mientras que Doña Josefina, alzando sus brazos al cielo trataba de dialogar con ellos:

_ En mi casa no lo van a encontrar, él desde mucho antes del Golpe que no vive conmigo, pues se fue a viri con una puta y ella seguramente debe saber en donde está. Pero afortunadamente los militares no le hicieron caso ya que consideraban que esa mujer estaba media loca, pero en cambio a Nancy, aquello más la convenció de que su padre estaba vivo, ella jamás perdió la esperanza.

Mientras tanto Manuel encerrado en aquella casona dedicaba la mayor parte de su tiempo  a leer y también a cultivar un pequeño jardín interior, se preparaba su almuerzo y meditaba, pero a veces su situación se le hacía tan desesperante y absurda que hasta pensó en salir y entregarse a los militares, pensando:

_ Si yo no he cometido delito alguno ¿Porque he de permanecer oculto como un criminal? Pero su mujer lo disuadía y así iban trancurriendo los días.

Otras veces se ponía a pensar en su compañera Sonia, la escuchaba llegar a latas horas de la noche, alguien la venía a dejar en auto, notaba que ella se vestía bien y se maquillaba lo que antes nunca hacía, eso lo ponía terriblemente celoso. Un día le preguntó de que manera ella conseguía el dinero para mantenerlo a él y para traerle cosas, en esa ocasión ella permaneció largo rato en silencio, antes de responder:

_ ¿Sabes? Es mejor que eso no me lo preguntes.

Manuel agachó su cabeza y nunca más volvió a preguntar aquello.

Un dia ella trajo una pequeña radio a pilas para que él pudiera alegrar un poc sus largas horas de soledad y para escuchar noticias.

_ Debes ponerla en bajo volumen, a veces en las tardes es posible sintonizar la Radio Moscú, hay un programa en donde dan noticias de Chile.

Leer, cultivar un jardín y escuchar radio, eran las principales actividades del profesor Medina. Se acostumbró a hablar solo, igual como aquel personaje novelesco llamado Robinson Crusoe, que quedó abandonado en una isla del Pacífico.

Entre las lecturas preferidas del profesor estaba una extensa biografía de Gandhi, aquella obra fue leída y releída muchas veces por Manuel, lo que lo convirtió en un gran admirador  de aquel gran hombre, su doctrina de  la No violencia Activa le impresionó tanto que la adoptó como parte de su vida y muchos de sus posteriores actos dan el fiel reflejo de aquellas ideas.

El tiempo fue pasando, los militares se consolidaron en el poder, la Junta Militar conformada por los comandantes de las cuatro ramas de las Fueszas Armadas contaba con todo el apoyo de la Derecha, mientrsa que las voces disidentes fueron silenciadas, nadie sabía a ciencia cierta lo que estaba sucediendo en Chile, el país trataba de adaptarse a la nueva situación y así fue como pasaron aquellos duros y oscuros años para el profesor Medina.