12. dic., 2015

Texto

 

Continuación:

_ ¿Porque te quedas mirándome....es que se me ha corrido el maquillaje o ...?

La voz de la morena interrumpió los recuerdos de José,su amiga le miraba atentamente con sus ojos brillantes.

_ ¡No, nada de eso...Es que en verdad me parece extraordinario el hecho de que nos encontremos tú y yo juntos, después de...todo lo que ha pasado. Respondió el hombre.

Ella le pegaba sus buenas chupadas a su cigarrillo, exhalando el humo y mirándole a travez de aquel.

_ Pero tú sabías  en donde encontrarme...yo no me iba a cambiar de casa, en cambio tú...te desapareciste de un día pá otro.

Era verdad, José había compartido junto a ella y a su familia durante varios años, hasta había vivido en su casa...Debía darle una explicación, eso era lo que Nancy parecía estar aguardando.

_ Tienes razón amiga, es cierto que de un día para otro me alejé de ustedes, pero fue por razones de trabajo....¿Recuerdas que yo en ese tiempo lo que más anhelaba era poder reunirme con mis hijas y por eso cuando me salió aquel trabajo para Rancagua, no lo dudé y entonces me volví a juntar con mi esposa...quería iniciar una nueva vida allá...lejos de todo, pero....

Ella terminó de servirse  su shop y enseguida llamó a la camarera para  pedir otros dos más, cuando ésta los trajo, ella continuó interrogando a José:

_ En verdad te entiendo y no te guardo rencor, además por lo que recuerdo, en ese tiempo tú estabas tremendamente enamorado de mi prima Angie, dime ¿Aún sientes algo por ella?

 José comenzó a servirse su shop, saboreándolo con delectación, mientras Nancy tomaba la servilleta y se limpiaba sus labios, dejándolos marcado en ella.

_ ¡Ya poh...contesta...¿Se te quitó la calentura por la flaca de mi prima?

José tomó la servilleta y después de mirarla la guardó en su bolsillo sin saber porque, luego le respondió a su amiga:

_ Ya no es lo mismo, a tu prima la quería, pero no de la forma en que...( Iba a decir, en la forma en que te quería a tí, pero se contuvo)...tú te imaginas. Aquel fue lo que se llama un amor platónico, me gustaba estar con ella, podía pasar horas escuchándola y jamás me aburría, yo pensaba que eso era amor...quería creerlo, pero...

En eso el Negro, como le apodaban, era sincero, pese a que no había pasado tanto tiempo, a él le parecían siglos.

Ocho años antes, a fines del año 77 había conocido a Nancy, ella tenía recién diecisiete años, era una morena físicamente  muy desarrollada, aunque con una mentalidad de niña, de eso se fue dando cuenta a medida que José la fue conociendo mas profundamente, él, por esos años gozaba de un buen trabajo y por ende podía darse sus gustos, trató de conquistarla, haciendole regalos sencillos, como ropa, algunas pequeñas joyas baratas, etc.  y frecuentando la casa de ella. El, tenía en esa época poco más de treinta años, pero representaba mucho menos, como acostumbraba hacerlo, les mintió a todos, diciendo que era soltero y así fue acogido en la sencilla y humilde casa de Doña Josefina, la madre de Nancy.

Eran tiempos difíciles para ellos, ya que el jefe de aquel hogar se había alejado de ellos, con el pretexto de que estaba siendo buscado por los servicios de seguridad del gobierno, dada su reconocida militancia socialista.

José fue encontrando en ese hogar algo que no tenía en el suyo, eran los tiempos en donde él aceptaba y gustaba de vivir "una doble vida" como le llamaba. De seguir las cosas como le había sucedido anteriormente, Nancy hubiera sido una conquista más en su lista, pero no fue así.

Lo que sucedió fue que comenzó a sentirse acogido en aquella casa y la joven morena se le fue metiendo en su corazón y  él se empeñó en conquistarla, pero a su vez tratando de no involucrarse sentimentalmente, ella se dejaba querer y con sus maneras de niña mujer, lo desconcertaba. A veces Nancy era insinuante y sensual, pero José temía dar rienda suelta a sus instintos, como hubiera hecho con cualquier otra joven, pues ella le importaba más de lo que creía y no quería hacerle daño.

Estaba además eso de la edad, en aquellos tiempos la mayoría de edad era recién a los veintiun años, antes a José eso no le había detenido, pero ahora, prefería esperarla, como si supiera que ella tarde o temprano sería suya. Y así fue pasando el tiempo.

Cuando ella le contó que en el Liceo Nocturno había conocido a un joven de su edad y que él le había pedido pololeo, José se dio cuenta de que para ella, él no era más que un especie de "hermano mayor" o un tío consejero, en fin, lo que fuera, menos, su amor, fue entonces que se decidió a jugarse el todo por el todo. 

Era el cumpleaños número veinte de Nancy, el día anterior él le había pedido permiso a Doña Josefina para que le permitiera invitar  a su hija a una discoteque, ella lo miró fijamente con aquellos hermosos ojos azules y le dijo:

_ Mire José, usted es un hombre hecho y derecho, yo me doy cuenta de que le gusta mucho mi hija, pero quiero decirle que ella, aunque aparenta ya ser toda  una mujer, en el fondo sigue siendo una "cabra chica" y usted le consiente todos sus caprichos, me la malcría, en fin, confío en usted José, le voy a dar permiso para que salga con ella, pero le ruego que me la cuide y que no pase nada malo.Usted me entiende ¿Verdad?

Fue en esos momentos en que Nancy que estaba "amononándose" en el baño, irrumpió en la sala indignada, al parecer había escuchado todo, se enfrentó a su madre:

_ ¡Oiga mamá..Quédese tranquila, si está pensando que vamos a hacer algo malo, le digo que está muy equivocada. Si el José me hubiera querido pezcar, ya lo habría hecho! ¿No se da cuenta?

Así era Nancy, deslenguada y auténtica, a ella le gustaba llamar a las cosas por su nombre y aunque su vocabulario era bastante vulgar a José no le chocaba, ya la conocía bien y se había acostumbrado a la manera de ser de ella.

Así fue como en aquella ocasión ambos salieron, antes ya lo habían hecho, pero siempre de día, esta vez él hombre, impecablemente vestido con su mejor terno y corbata pasó a buscarla cerca de las nueve PM, ella se había colocado uno de los vestidos que él le había regalado y  unos zapatos de tacones altos, que ella no estaba acostumbrada a usar y al caminar se veía algo torpe con ellos, se alejaron rapidamente de la población, ya que ella no quería que ninguno de sus numerosos amigos y amigas del barrio la vieran de aquella forma, tomaron un taxi y se dirigieron al centro de la ciudad.

José recorrió con ella las galerías comerciales, le compró un chal para que ella cubriera sus hombros desnudos y después como sorpresa la llevó a una lujosa peluquería para damas. Allí la esperó leyendo unas revistas de moda, mientras Nancy, desconcertada, no podía creer lo que estaban haciendo con sus rebeldes cabellos. Cuando al fin terminaron, era otra Nancy, la habían maquillado muy bien y la jovencita de barrio pobre se había transformado en  toda una dama.

Pero Nancy no se sentía a gusto, pensaba que se veía ridícula, con ese peinado y con sus  ojos pintados y por eso le pidió a José que entraran rápido a la discoteque.

Las Catacumbas, eran el lugar de moda entre los jóvenes de aquella época, cuando entraron la fiesta estaba en pleno apogeo, fueron conducido a travez de  la oscuridad por los recovecos de aquellas cavernas artificiales hasta llegar a un mesita situada discretamente bajo la débil luz de una vela artificial, allí  José pidió dos tragos, uno fuerte para él y uno más suave, pero dulce para ella. A medida que la vista se fue acostumbrando a esa semi penumbra, ambos pudieron darse cuenta de lo exótico de aquel lugar, en donde la música parecía provenir de entre las paredes rocosas, gracias a los parlantes disimulados y colocados estratégicamente. Cuando llegó el mozo con los tragos Nancy le dijo a su compañero:

_ Yo no voy a beber eso...¿Porque no me pediste solo una bebida para mí?

_ ¡Cálmate, si es un trago suavecito, no te va a afectar en nada...anda..pruébalo!

Al final terminó no solo aceptando, sino que se repitieron la dosis, el volumen de la música era tan alto que no se podía entablar ninguna conversación.

Ella  se bebió su segundo trago  y en su rostro se dibujó una sonrisa picaresca, luego se levantó decididamente y tomando la mano de José, lo arrastró hasta la pista de baile, diciendo:

¡Ya no quiero que bebas más...vinimos a bailar y lo haremos poh!

Bailaron, era la época de la música disco, los pegagosos temas de los Bee Gees, de Madona y Lionel Richard eran los favoritos del público juvenil. Después siguieron los lentos.

José abrazó a su compañera, nunca antes la había tenido así, tan junto a él. La música, el licor ingerido y el ambiente, pero por sobre todo ella, hicieron el resto. La besó. Fue un beso cálido y dulce, lo suficiente para encender los deseos de José, que comenzó a besarla de manera muy apasionada. Fue entonces que Nancy pareció reaccionar y le apartó firmemente:

_ ¡Ya José, detente...Acuérdate que le prometiste a mi madre!

Discutieron, él había sentido que ella le había correspondido a sus besos, no quería que todo terminara así. Ella insistió en que ya no quería estar más allí y que deseaba que la fuera a dejar a la casa. José cedió y así fue como resignado la tuvo que ir a dejar en la propia casa de la muchacha. Antes de entrar en ella José le pidió a Nancy que no le contara nada de lo sucedido a su madre y ella accedió.

Y así terminó esa velada, no volvieron a acordarse, sino hasta muchos años después de aquello, en esa ocasión  José le preguntó porque ella se había dejado besar por él  y luego lo había rechazado:

_ Yo jamás te hubiera forzado a  nada Nancy, jamás te hubiera hecho daño.

Y en esa ocasión, ella le respondió con total franqueza:

_ Yo lo sé, tenía plena confianza en tí...Pero desconfiaba de mí misma...Estaba segura de que si tú hubieras insistido un poquito más...me habría quedado esa noche contigo.

José se quedó muy sorprendido con la respuesta, pero respondió sonriendo:

_ Pues...Debí de haber insistido ¡Que lástima, ahora me arrepiento!

Pero eso sucedió mucho tiempo después, cuando las cosas eran totalmente distintas. Y ahora José tenía nuevamente frente a sí a aquella morena, aunque ya no era la misma Nancy de antes, pues había sucedido lo que él había instuído y aquella ingenua adolescente de antes se había convertido en una interesante mujer, que lo miraba con sus ojos semi cerrados , como estudiándolo, clavó sus ojos en sus labios rojos, aquellos mismos labios que  ya antes había probado y meneando su cabeza, dijo en voz alta:

¡Ah, que tonto fui!  Ahora que te veo me arrepiento de haberme alejado de tí, pero así es la vida mujer, tú ahora estás casada y yo continúo igual, compartiendo mi lecho con una mujer a la cual no amo, pero siendo demasiado cobarde como para terminar con mi matrimonio.

Ella no se sorprendió de ese comentario, miró la hora en su pequeño reloj de pulsera y luego le dijo a José:

¡Es ya tarde!  Me hubiera gustado seguir conversando contigo...tengo tantas cosas que contarte...pero como dices...Soy una mujer casada y alguien me espera en casa, solo te voy a pedir que si puedes, me acompañes hasta mi casa y que me prometas que nos volveremos a ver...que no te vas a desaparecer nuevamente.

José, llamó a la garzona, canceló la cuenta y ambos salieron del lugar, esta vez tomados del brazo y se dirigieron hasta el paradero de la locomoción colectiva.