13. dic., 2015

Texto

 

Capítulo 28. "Noches de insomnio"

 

Tendida al lado de su esposo, Nancy trataba de conciliar el sueño, pero no había caso, ya estaba desvelada, se daba vueltas de un lado para otro en  el lecho, adoptando distintas posturas pero todo era en vano y el sueño no aucdía a ella. Se sentía inquieta, los pensamientos más diversos acudían en tropel a su desasogada mente, ella trataba de ordenarlos un poco, pero sin lograrlo. A ratos observaba a  su joven marido que roncaba con su boca abierta, mientras  al costado de la  amplia cama matrimonial, en su cuna, dormía  el pequeño hijo de ambos.

_ ¡Por la cresta! ¿Porqué no me puedo quedar dormida como esos dos?...Quizás la culpa la tenga ese guevón del José y ¿Porque tengo que estar ahora pensando en él?.  Dijo  medio en voz alta, porque sabía que nadie podía oirla.

Pero Nancy sabía que no podía engañarse a si misma, el encuentro con su viejo amigo la había impactado mucho más de lo que ella misma quería reconocer.

_ ¡No...No y No... Nancy, esta vez no volverás a caer en el jueguito y si las cosas se dan como yo creo, seré esta vez yo quien ha de poner las reglas.

Es que ella se conocía muy bien, ya una vez le había sido infiel a su esposo, pero eso había ocurrido durante un tiempo en que ambos habían estado separados, ahora las cosas entre su marido y ella marchaban mucho mejor y entonces ....

_ ¿Porqué me casé contigo Conejo? Exclamó, al tiempo que abrazaba a su marido, que se había vuelto para el otro lado.

Ella sabía muy bien porque había sido. Primero, por su propia inseguridad ya que pensaba que casándose con aquel joven, que parecía estar tan enamorado de ella, lograría la estabilidad emocional que tanto necesitaba.Otra razón que le impulsó a aceptarlo fue el hecho de que ya estaba embarazada y ya no había tiempo para impedirlo, además, ella estaba segura de que a su futuro esposo podría manejarlo a su antojo ya que durante el pololeoasí había sido.

Y no estaba equivocada, desde el principio, aquel jovencito de tez morena y cuerpo delgado que al sonreír dejaba ver sus blancos dientes, que le habían valido, muy acertadamente el apodo de "Conejo", con que todos le conocían, se conviertió en un pelele en las manos de la astuta Nancy, quien sabía como manejarlo a su antojo. 

Así, el joven esposo, tan pronto consiguió un puesto como pioneta en una empresa distribuidora de licores, se fue a vivir a la casa de su esposa, en donde Doña Josefina les habilitó un cuarto para ellos.

Las cosas no variaron cuando ella dio a luz al fruto de ese matrimonio, ahora Nancy se convirtió en  "madre" tanto para su hijito como también para su joven esposo, éste fue perdiendo poc a poco sus prerrogativas y así terminó cediendo terreno, tanto que en la práctica era ella quien  no sólo le administraba el exiguo salario que él recibía por su trabajo, sino que también era ella quien le compraba la ropa, el calzado y sus cosas personales, siempre haciendo prevalecer su gusto y aunque su esposo, reclamaba y a veces trataba de imponer sus ideas, al final era ella quien siempre terminaba saliendose con la suya y si las cosas se ponían mal, entonces ella recurría a "castigarlo", como ella decía y se negaba a acostarse con él, eso terminaba por someterlo y entonces El Conejo," agachaba el moño" y cedía en todo, pues no podía estar sin su mujer.

Ella entonces le decía:

_ Yo accedí a casarme contigo Conejo...ahora me tienes que aguantar no más poh.

Pero muchas veces se había arrepentido de haberse casado tan joven y ahora recordaba como habían sido los primeros tiempos de su matrimonio: Ninguno de los dos trabajaba y para Doña Josefina la llegada de aquel joven le significó una boca más que mantener, ambos se lo pasaban acostados casi todo el día, sin salir de su pieza, pero al igual que los animales nocturnos se levantaban tarde y permanecían en pie hasta altas horas de la noche. Para Nancy, su marido fue el primer hombre en su vida y para él, ella fue su primera mujer.Ambos eran sexualmente inexpertos y por eso, el inicio de su vida sexual había sido un desastre. Tuvieron, como la mayoría de las parejas, relaciones sexuales mucho antes de casarse, como suele acontecer, sin ningún tipo de prevención y en pésimas circunstancias.

En esa calurosa noche de insomnio Nancy recordaba como había sido aquella  frustrante primera vez.

Fue en la playa, para las vacaciones del ochenta, su padre les había facilitado una enorme carpa militar y unos familiares les consiguieron un sitio donde instalarla, en un conocido balneario del litoral central.

Ya, por esa fecha llevaban pololeando casi un año y los tímidos besos y caricias amorosas del comienzo ya se habían ido haciéndose cada vez más  atrevidas, Nancy ya no estaba segura de poder mantener a raya al impetuoso joven, pero menos aun de poder reprimir sus propios deseos que la impulsaban a consumar la relación. No en vano ella ya había cumplido los veinte y él, un año menos.

Fue ella, como siempre quien tomó la iniciativa y así, en una cálida y hermosa noche de luna llena ambos caminaron por la orilla de la playa y lejos de todas las miradas, teniendo sólo al mar y a la luna como testigos consumaron su relación.

Lamentablemente como inexpertos que eran, aquello no resultó como imaginaban, ambos estaban muy excitados y tan pronto ella le permitió que él se colocara encima de su cuerpo, él se vino con todo, dejando a la morena con todos sus deseos intactos, lo cual hizo que reaccionara de manera violenta:

_ ¿Te das cuenta Conejo, que eres un inútil?...¡Si no siquiera servís para echar una cacha! Le gritó furiosa.

El pbre Conejo no hallaba que hacer, estaba muy avergonzado  yno atinaba a decir nada, lo que enfureció más a su compañera:

_ ¡Cagaste conmigo pá siempre Conejo...Te juro que me voy a buscar a un guevón pá que me pezque de verdad...Y te lo digo en serio.

Aquello le dolió tanto al pobre joven que comenzó a sollozar y a suplicarle como un niño pequeño al que se le castiga privándole de un juguete o una golosina.

_ ¡Perdóname Negra...no sé que me pasó...yo también tenía muchas ganas de estar contigo y ...

_ ¡Caro que si poh guevón, tú te preocupaste de tí no más...Ya vístete que nos vamos...antes que llegue alguien y nos vea!

Le dijo ya un poco más tranquila.

Así había sido aquella primera vez, pero ella obviamente no cumplió sus amenazas, solo se limitó a "castigarlo" durante algunos días, antes de darle una segunda oportunidad.

Y así había sido su matrimonio, de dulce y agráz, ambos eran muy inmaduros y peleaban y discutían por las cosas más banales y al final siempre terminaba imponiéndose ella.

Al Conejo ella podía manejarlo a su antojo, pero en cambio con José ,no el José de ahora), sino el de antes, ella no sabía que pensar, al principio, cuando recién se conocieron le gustaba que él le regalara cosas y que la invitara a lugares que nunca había conocido, José era su amigo, su confidente y a ella le gustaba coquetear con él. Sabía que a él le gustaba y no se explicaba porque  en ese tiempo él siempre la había respetado, tal vez demasiado, pensaba. Cuando él conoció a su prima y se enamoró de ella, sintió, muy a su pesar una decepción, pero entonces apareció en su vida El Conejo y eso cambió todas las cosas.

Ahora ella tenía a su pololo, y eso le daba seguridad, en cambio lo de José y su prima no fructificaba ya que Angie, se dejaba querer y nada más. Entonces José pasó a ser el amigo confidente de Nancy, pero no siempre la relación se había mantenido en un plano de mera amistad. Ahora en esa noche de insomnio, Nancy recordaba un episodio.

Había sucedido en una de esas noches de finales de Noviembre cuando el Conejo la acompañaba a casa despues de terminar sus clases vespertinas en el mismo colegio en que ambos estudiaban, en ese tiempo José estaba viviendo en la casa de su madre, ocupando la misma pieza que ahora ella compartía con su marido.

Después que el Conejo la dejó en la puerta de la casa, en donde se pegaron sus ya acostumbrados " atraques", que ya a esa alturas no eran solamente apasionados besos sino que también algunas caricias bastante atrevidas, ella entró en la casa, allí en el comedor la esperaban como de costumbre su madre y José.

Doña Josefina la retó por su demora en entrar a la casa.

_ No sé porque te gusta andarte exhibiendo con ese pobre cabro, al cual dices que no quieres, pero que siempre está contigo.

_ ¡Ah...mamá...No sea tan metida, al Conejo yo no lo amo...pero me gusta estar con él y pá que se quede tranquila, le diré que no pasa nada con él...solo somos amigos.

A Doña Josefina no le agradaba aquel jovencito, lo encontraba muy vulgar y también muy inmaduro, ella deseaba algo mejor para su hija, suspiró y le dijo a José, que la acompañaba tomandose una taza de te.

_ ¡Ay José...Converse con la chiquilla, a mi no me hace caso, dígale que se deje de andar con ese cabro de porquería, aconséjela.

Ya era tarde más de la medianoche, Josñe estaba cansado, había tenido un día muy agotador y lo único que quería era irse a la pieza ytirarse sobre el colchón que le servía de lecho,pero no podía desoir lo que le pedía aquella mujer a la cual estimaba mucho.

_ ¡Bien señora Josefina, yo habñaré con su hija, pero no ahora, que estoy cansado, será, a mas tardar, mañana, se lo prometo.

José se metió en su pieza y quitándose su calzado y pantalón se metió debajo de sus sábanas, estaba a punto de quedarse dormido, cuando sintió que alguien abría suavemente la puerta de la pieza,vio la figura inconfundible de su morena amiga, que al irrumpir en la habitación en penumbra dejó tralucir sus voluptuosas curvas ya que llevaba una camisa de dormir semitransparente.

_ ¿Estás despierto José...puedo estar un ratito contigo? Necesito que me des un consejo...de amigo.

Lo que sucedió después fue muy extraño y incluso ahora, cuando ella trataba de recordar los detalles  no conseguía hacerlo, lo cierto que no supo como sucedió que se encontró tendida al lado de aquel hombre que en esa ocasión la besó de una manera que la dejó sin aliento.Aquel beso era muy distinto a los que le daba su pololo, este era un beso de un hombre ya hecho y derecho, un beso que la excitó tanto que con gusto se le hubiera entregado en aquel momento, pero había sido él quien la había separado suave pero firmemente,diciéndole:

_ Tú estás muy confundida Nancy y creo que tu madre tiene razón...No amas a tu pololo...como ves , esta fue la prueba . Piénsalo, mañana vamos a conversar los dos.

Pero nunca conversaron y el tiempo pasó. Ahora ella estaba casada con el Conejo, el hombre que dormía junto a ella, los recuerdos la habían excitado  e instintivamente se apegó al joven cuerpo de su esposo, le hubiera gustado que él se desperatar y la poseyera en ese mismo momento, pero eso no ocurrió, su esposo solo se limitaba a roncar como una locomotora, no le quedaba más que una solución: Se llevó su mano hacia su sexo y comenzó a acariciarselo habilmente, había aprendido a provocarse placer ella misma y así lo hizo, esta vez el orgasmo llegó pronto y solo entonces pudo quedarse dormida.Afuera ya comenzaba a amanecer.