26. dic., 2015

Texto

 

CAPÍTULO 31: "A rey muerto...."

Jorge Lillo, era cuñado de Betty, la hermana mayor de Nancy, él era el segundo de dos hermanos y trabajaba en una empresa constructora como albañil, aunque su profesión era la de mecánico automotríz, pero en aquellos tiempos nadie se podía regodear respecto a trabajos.

De carácter retraído y abúlico, era un joven que a primera vista resultaba ser demasiado serio y de pocas palabras, sin embargo, fisicamente se le podía considerar atractivo, desde el punto de vista de las mujeres, de regular estatura, tez pálida y cabellos negros, Jorge era un gran admirador del ídolo del Rock, Elvis Presley y por eso él usaba unas  abundantes patillas al estilo del Rey del Rock, lo mismo que en su vestuario, casi siempre blue jeans y una casaca de cuero negro que le sentaba muy bien, de haber podido le habría gustado tener una moto de aquellas grandotas y ruidosas, pero sus medios económicos no se lo permitían, pero se conformaba con repararlas cada vez que se le presentaba la ocasión de hacerlo.

Jorge se había casado a los veinteseis años, su mujer era una joven bastante atractiva, proveniente de una familia acomodada de clase media. Por eso cuando Magdalena se enamoró de él, contraviniendo todas las opiniones de sus familiares, que no veían en ese joven a un buen futuro para la regalona de la familia, le costó mucho que en su entrono lo aceptaran, primero como novio y mas tarde como esposo.

Se casaron, ella ya estaba embarazada de cuatro meses y durante un tiempo el matrimonio se instaló en la casa de los padres de Magdalena, al principio las cosas marcharon relativamente bien, pero eso no iba a durar mucho tiempo, pues Magdalena era una mujer de fuerte personalidad, acostumbrada a las comodidades y lujos que su familia le podía proporcionar, no se iba a acostumbrar jamás a la vida que podía ofrecerle, un simple obrero de la construcción.

Así comenzaron los problemas y para peor, Jorge comenzó a refugiarse en el trago, algo que ya desde muy joven comenzaba a crearle grandes problemas, los cuales hasta ahora había podido controlar.

Cuando Jorge bebía junto a sus compañeros de trabajo y amigos, su personalidad opaca y anodina sufría un vuelco en 180 grados, pues entonces se ponía locuáz y dicharachero, le gustaba reir y contar chistes de doble sentido y así divertir a sus camaradas de taberna, pero al continuar ingeriendo alcohol, se iba poniendo melancólico y en algunas ocasiones pendenciero, lo cual hacía que se digustara con sus amigos y estos terminaban por dejarlo solo.

Por supuesto que su mujer no iba a aguantar que comenzara a llegar bebido a la casa y así durante la segunda pelea matrimonial, lo puso de patitas en la calle y  así comenzó una larga serie de separaciones y reconciliaciones, que se prolonaron por más de dos años.

Tres años después, Jorge logró que se le asignara una vivienda, era un pequeño departamento, muy modesto ubicado en una conocida y piopular población de la comuna. Aquello sirvió para que el matrimonio se volviera a reunir. Jorge que seguía muy enamorado de su mujer, le prometió no volver a beber y durante un buen tiempo cumplió su promesa. Fueron aquellos, los mejores años del matrimonio, en ese período nació la segunda niña, todo parecía ir muy bien, pero...

La crisis económica por la que atravesaba el país, también tocó a Jorge, quien fue despedido de su trabajo " por necesidades de la empresa", que era el resquicio legal que permitía a los patrones despedir a un trabajador sin tener que cancelarle ninguna indemnización o beneficios. Como tantos otros en su misma condición, Jorge pasó a engrosar las largas filas de desempleados que se inscribían para los planes de Empleo Mínimo en las Municipalidades respectivas.

La cesantía causaba estragos  en los hogares de los asalariados, muchas familias recurrían a la beneficencia pública, pero para aquellos hogares de clase media la situación era mucho más complicada ya que como no estaban acostumbrados a sufrir "las pellejerías" de los mas pobres, se les hacía muy difícil tener que concurrir a los comedores populares o a las "ollas comunes" de las poblaciones. Por eso Magdalena, tragándose su orgullo, regresó  a la casa de sus padres, junto con susdos pequeñas hijas y su esposo debió de quedarse en casa, lo que le hizo caer en una profunda depresión. Todos los buenos propósitos se vinieron al suelo, buscó apoyo en sus familiares, pero estos también estaban muy mal económicamente y sólo su hermano, que se había instalado con una carnicería de barrio, le pudo ayudar, ofreciéndole un sub empleo como ayudante en el negocio y encargándole algunas tareas, por lo cual le entregaba algo de dinero,Lamentablemente Jorge recayó en su vicio y cada peso que le caía lo gastaba en beber, con lo cual su problema se iba  agrabando más y más.

Fue por aquella época cuando  se reencontró con Nancy, ella pese a estar casada y criando a un hijo, también parecía estar viviendo una crisis en su matrimonio, Jorge se flechó instantáneamente con ella y para la joven morena, aquello fue providencial, pues como se sentía muy frustrada por lo sucedido con José, que se había desaparecido del mapa después de tener uan aventura con ella, pensó: "Un clavo saca a otro clavo" y le pareció que aquel joven pñalido y callado era el indicado para su siguiente aventura. 

_ Esta vez no seré tan guevona como lo fui con José_ Decidió.

Nancy no actuaba impulsivamente como antes, ahora ella tenía muy claro la razón de su proceder y no sentía remordimientos por estar engañando a su joven y enfermo esposo. Así reflexionaba:

_ Las cosas las tengo claras, nada de lo que pase por fuera va a interferir en lo que siento por mi esposo, él se merece todo el cariño y el amor que pueda darle, nunca va a saber lo que verdaderamente siento en mi corazón, él me ama y yo trataré de que sea felíz en todo lo que le queda de vida. Pero yo soy mujer y aunque se que no está bien, necesito sentirme viva, como me sentí un tiempo con el Iván, luego con el guevón del José y ahora...Este gallo, es apuesto, me gusta y creo que podré manejarlo sin problemas...¡Perdóname Conejo!

Ella trataba de ser cariñosa con su marido, él se veía mejor, experimentando una leve mejoría, pero había algo que ella percibía cuando estaban en la intimidad y que le hacía rechazarle, aunque le habían dicho que la enfermedad de su esposo no era en absoluo contagiosa, ella en el fondo tenía un poco de miedo y además se daba cuenta de que  su esposo no sentía ningún deseo de índole sexual, seguramente como consecuencia de las muchas medicinas y drogas que se leaplicaban.

Todo ello llevó a Nancy a acelerar las cosas con aquel nuevo amigo, cansada de que José no diera señales de vida, ella tomó la iniciativa con el que se iba a convertir de ahora en adelante en su nuevo amante, esta vez no perdió el tiempo en preámbulos y así le planteó inmediatamente las "reglas del juego":

_ Nada de rollos sentimentales, para que te quede bien claro, lo nuestro sólo será sexual, yo sé que tú amas a tu esposa y sueñas con que ella regrese contigo, cuando ello ocurra, lo nuestro se termina.En mi caso, yo también quiero a mi esposo y por nada del mundo quisiera que él sospechara que le soy infiel, por eso vamos a ser muy discretos y nadiedeberá darse cuenta ¿Entiendes?

Jorge fumaba su cigarrillo, tendido desnudo en la cama y parecía totalmente ausente, como si su mente estuviera muy lejos de allí. Acababan de hacer el amor, él había conseguido desahogarse plenamente pues hacía mucho tiempo que no estaba con su mujer, pero una vez satisfechos su instintos comenzaba a sentirse terriblemente culpable y pensaba en su esposa, aunque no quisiera reconocerlo, lamentaba haberle sido infiel, por eso, casi sin pensar dijo en voz alta:

_ Esto no se volverá a repetir, será la primera y última vez Nancy.

Ella lo miró con sus ojos muy abiertos, lo que acababa de oír la sorprendió, no era lo que pensaba y por eso se volvió furiosa hacia él:

_ ¿Que dices? ¿Es que caso no te gusté o ...?

Jorge reaccionó:

_ ¡No, no es eso! Si me gustaste una barbaridad, deseaba tanto estar contigo, lo que me sucede es que me siento tan culpable por haber engañado a Magdalena, ella no se lo merece y yo...

Al hablar Jorge se emocionó demasiado y aunque trató de no demostralo, sus ojos se humedecieron y comenzó a sollozar como un niño chico. Eso encolerizó más aún a la joven morena:

_ ¡Ah, es por tu mujer! Lo que me faltaba...¡Pero que tonto eres! Te sientes culpable por haber echado un pato y ¿Como sabes si ella en este mismo momento no estará culiando con algún guevón? Por lo que sé no es una mujer fea, todo lo contrario, me han dicho que es hermosa y vos lloriqueando por ella...¡Ya guevón, mejor vístete y salgamos de aquí una vez afuera nos olvidaremos de todo lo que pasó aquí!

Así terminó aquella primera cita, pero no fue como ellos dijeron. La primera y la última, pues pasado una semana fue el propio Jorge quien comenzó a buscar a la muchacha. Con el pretexto de participar en la Seccional se acercó a ella, Nancy que como sabemos era una mujer impulsiva tampoco deseaba que aquella aventura durara tan poco, pensaba que después de todo, Jorge era un tipo manejable y se decía a si misma:

_ Después de todo, yo necesito echar un par de polvos ilícitos de vez en cuando y cuando me aburra de este guevón lo mando a la cesta y listo!

Por eso, ambos se convirtieron en amantes, una vez por semana se juntaban, a veces él no contaba con el dinero para pagar la pieza en el hotel, entonces ella lo pagaba, utilizando el dinero que cobraba por las licencias médicas de su esposo, aquello la hacía sentirse  perversa y mala, pero, aunque parezca extraño aquello le producía una tremenda e inexplicable excitación. Entonces recordaba algo que muchos años  atrás le había comentado su amigo José:

_ Creo que toda mujer debería de poseer una pequeña dosis de maldad, algo perverso que aflore en ella en ciertos momentos de intimidad, eso nos agrada y  hace que la mujer que aprovecha esa cualidad sea muy difícil de olvidar...¿Entiendes lo que te digo Nancy?

En ese tiempo ella era muy joven y no comprendía aquellas palabras de José, pero ahora ya sabía lo que éste le había querido decir.