16. ene., 2016

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CAPÍTULO 15 : "Los siete Iusses"

Después que el joven Waptton fuera investido como Joushar IV por los monjes de LA Fortaleza de Ut, grandes cambios comenzaron a producirse en aquella antigua cofradía:

Lo primero, el anciano Luobno anunció su retiro de manera sorpresiva, abandonando La Fortaleza y estableciéndose en el poblado aledaño, allí adquirió una enorme propiedad, con la idea de establecer un centro académico, para impartir sus enseñanzas a los jóvenes  de aquella villa. Así inició una nueva vida.

Quinhil, El Perfecto, asumió de manera interina, hasta que se volviera a reunir el Consejo para ratificarle o reemplazarle por alguno de sus miembros.Cuando esto ocurrió, después de muchas deliberaciones se acordó que el Iusse Quinhil era el más indicado para iniciar la principal misión que llevaría a cabo La Comunidad, esto es, iniciar la reconquista del reino, a fin de que éste le fuera entregado al nuevo Rey, por lo tanto se nombró como reemplazante del anciano Luobno, al Gran Maestro Lodiyar, quien era el tercero en el escalafón y poseía además mucha experiencia.

Reorganizada nuevamente La Comunidad.los Maestros se abocaron de inmediato a elaborar el plan que les conduciría a recuperar el trono para Joushar IV, entonces se escogieron de entre todos  a  cinco Iusses para que acompañaran a Quinhil y al joven rey. Estos son los nombres  de los cinco  que fueron elegidos:

Lonousa,Lonorlfo,Lavorlfi,Jcobeoban y Meijesa.

Los cuatro primeros eran excelentes guerreros y expertos hombres de armas,Lonousa y Lonorlfo eran los de más experiencia y Lavorlfi con Jcobeoban eran más jóvenes, pero muy entusiastas y ávidos de aventuras. En cuanto, al último,Meijesa, éste era un hombre bastante mayor, que había estado a punto de retirarse pero que poseía amplios conocimientos en todas las ramas del saber humano, por esa razón se le escogió.

Fue así, como una fría mañana del Mes de las LLuvias, en el año 60 de la Era de Joushar III, aquellos siete Iusses, portando sus relucientes snodulas abandonaron La Fortaleza con la esperanza de poder realizar el sueño de sus ancestros, esto es: Reconstruir el Gran Imperio de Ut, aquel vasto y poderoso reino, que mil años antes había llenado de esplendor, bienestar y gloria a las Tierras de Varesocor.

Antes de abandonar definitivamente La Comunidad, se detuvieron en la aldea aledaña para pasar a saludar al ahora retirado Gran Maestro Lubno, quien les animó a no desfallecer.

_ Me hubiera gustado haber podido acompañarles, pero sé que mi lugar está aquí ahora, enseñando y educando a nuestros jóvenes, muchos de los cuales, en el futuro se les necesitará para ocupar los numerosos puestos que la administración del Nuevo Reino demande.

Después de permanecer un par de días allí y temiendo que se fueran a desencadenar las copiosos y abundantes lluvias habituales en dicha estación, Joushar y sus compañeros iniciaron la marcha haacia la Montañas del Norte, ya sabían lo que les esperaba: Atravesar por aquel lúgubre camino que ya Joushar y Quinhil conocían.

Al cabo de unos días llegaron a orillas del Río Laqueoqa (Antiguamente llamado Luwin) y entonces decidieron seguir por la orilla, ahora en el sentido contrario al caude del río.Era un camino mucho mñas corto que el que habían recorrido antes los dos jóvenes Iusses, pero mucho más arriesgado ya que no lo conocían, pero por fortuna, el "viejo Meijesa" poseía un antiguo mapa de la región el cual les sirvió de mucho.

A medida que avanzaban se daban cuenta de la fertilidad y abundancia de aquellas tierras.

_ Es una lástima que nuestros antepasados las hayan tenido que abandonar y emigrar hacia el otro lado de las montañas Varsowots_ Comentó el joven Rey.

_ Es verdad, estas son tierras muy fecundas y abundante en recursos de toda clase, pero lamentablemente nadie puede asegurarnos que en cualquier momento uno de los volvanes, que aún permanece activo u otro, comience a vomitar fuego y lava provocando una catastrofe  como aquella de la cual hablan nuestros antepasados: Respondió el viejo Meijesa.

De los siete viajeros, Lonousa era el más locuáz, él era un hombre relativamente joven, le gustaba vestir muy bien y usar llamativos adornos de plata en su indumentaria, poseía una espada con su empuñadura labrada en oro.Por contraste, su compañero Lonorlfo, quien era unos años mayor que él,era un hombre de caracter taciturno, vestía completamente de negro y usaba una pequeña barba terminada en punta, él estaba casado y tenía cinco hijos, los cuales vivían junto a su madre en la aldea aledaña a La Comunidad.En cuanto a los dos más jóvenes, ellos tenían algo en común, pues provenían de una región ubicada  mucho más al sur de la desembocadura del Gran Río, en un lugar que se denominaba Locbino cuyo significado es :Pueblo de Lobos Marinos.Ambos eran muy diestros en el manejo de toda clase de armas y poseían físicos priviligiados.En cuanto al viejo Meigesa, ya sabemos que era un hombre dotado de mucha cultura, pero lo principal, es que era quien poseía los mayores conocimientos en la fabricación de aquellas nuevas armas y también en los materiales que se necesitaban para fabricarlas y utilizarlas, a él se le había encomendado una misión  muyespecial: La de explorar la región montañosa de Varsowots en donde se sabía que existían yacimientos de  unos minerales, los cuales combinados en una proporción que muy pocos sabios conocían,servían como combustible para que aquellas nuevas y poderosas armas funcionaran. Se tenía la certeza que de aquello dependerían el curso de los acontecimientos futuros.

Al fin, luego de largas y agotadoras jornadas de camino, los siete Iusses divisaron las altas y nevadas cumbres de las Montañas Varsowots, al verlas el joven Joushar sintió una enorme emoción y no era para menos, ya que habían transcurrido casi tres años desde que él abandonara aquellas tierras que le eran tan queridas y en donde había transcurrido su niñez y adolescencia.Eso sí, se daba perfecta cuenta de que ya no era el mismo. Aquel joven, alegre e inocente se había trannsformado en un hombre y no cualquier hombre, sino uno al cual su destino aún le seguía pareciendo extraño, por decir lo menos.

_ Dime...¿No te alegras de estar de regreso nuevamente en tu tierra, joven Rey de Los Iusses? Le preguntó Quinhil, quien era él único que aún se dirigía a él, tuteándole.

_ Es verdad, nunca me voy a olvidar que en estas tierras viví una parte muy importante de mi vida, aunque tengo el presentimiento de que aquel mundo que conocí ya nunca va a ser igual que antes. Respondió.

Quinhil asintió con su cabeza.

_ A mí me sucedió algo parecido cuando abandonamos La Fortaleza, pues también pasé la mayor parte de mi vida allí, tanto en la aldea en donde nací como más tarde cuando ingresé a La Comunidad, debes saber que provengo de una familia muyhumilde pero muy orgullosa de sus antepasados entre los cuales se cuentan varios Grandes Maestros de La Comunidad.

Decidieron tomar un descanso antes de emprender la ascención hacia las cumbres, allí dejaron en libertad a sus cabalgaduras, puesto que ya no las iban a necesitar y éstas tampoco podían ser capáz de subir por los empinados riscos y senderos, para suerte de ellos, el tiempo se mostraba benigno y eso debían de aprovecharlo.

_Descansaremos hoy y mañana al amanecer emprenderemos la ascención hasta encontrar aquella ruta que nos lleve directamente hacia tu antiguo hogar, ya que tengo casi la certeza de que la aldea de Aotet ya esté en manos de los hombres del Escorpión Negro_Afirmó el Iusse Quinhil.

Así lo hicieron, la ascención hacia la cumbre no fue tarea fácil, pero gracias a la experiencia y conocimiento de esa región del joven Joushar, quien había recorrido aquellos parajes  junto al gigante Odaverod, pudieron llevarla a cabo sin mayores novedades.

Después de varios días de extenuantes jornadas encontraron el atajo que les conducía directamente hacia la morada de los ermitaños, pero al poco de caminar el joven rubio se detuvo, se notaba muy preocupado:

_ Sospecho que algo no está bien, pues cada vez que el viento cambia de dirección puedo percibir un olor a madera quemada o tal vez a fogatas y eso es muy extraño, pues nadie aparte de ...iba a decir mis padres...pero se contuvo.

Los siete permanecían indecisos, hasta que el joven tuerto se volvió hacia ellos:

_ Esperen aquí, yo voy a subir hacia esa roca y desde allí podré observar el entorno y podré saber si estña todo bien.

Así lo hizo, con pasmosa agilidad el joven se encaramó hasta la más alta de aquellas rocas y cuando estuvo en lo alto comenzó a atisbar y a oler el viento que cambiaba constantemente de dirección.

Después de un largo rato bajó y se reunió con sus compañeros.

_ Tenía razón, cuando se disiparon las nubes pude ver el lugar en donde el viejo Zise y su hermano tienen su refugio, pero está todo muy cambiado ya que a su alrededor han construído varias cabañas y el olor a leña quemada parece provenir de las chimineas de aquellas.

_ Talvez aquellos que se han establecido allí sean gente de la aldea que han huído de los hombres de Itlán, la única manera de saberlo es avanzar hacia allá, lo haremos pero con mucha cautela.Dijo Quinhil.

Ya estaba a menos de trescientos metros de aquella improvisadaaldea, más bien un campamento, parecía mucho más grandes que visto desde lo alto, al menos eran una cincuenta o sesenta cabañas las que se habían establecido allí, pero no parecía un campamento militar, lo cual tranquilizó a los viajeros.

_ Hay algo que no comprendo- Dijo de pronto el joven Rey.Todos se detuvieron expectantes y él continuó:

_ Es muy extraño que estando tan cerca de la casa no nos haya ya interceptado Odaverod, él tiene una notable habilidad para detectar a cuaklquiera que se atreva a cruzar por los alrededores.

Quinhil recordó, como aquel gigante les había sorprendido la primera vez que él había llegado a ese lugar.

permanecieron por unos minutos en ese lugar, a la espera de ver a alguien en ese campamento, fue al cabo de un rato cuando escucharoon voces y entre ellas, las de una mujer joven.

Joushar sintió una pequeña alegría en su corazón ya que reconoció muy bien aquella vocecita cristalina, era la de una de sus mejores amigas: La de Reweca, la hermana menor de sus amigo Gamir.

_ Es un alivio, esa es gente nuestra, vayamos pues a su encuentro_Dijo el joven y entonces el grupo se dirigió hacia el campamento.