22. ene., 2016

Texto

CAPÍTULO 22: "LA CÓLERA DE VARJACIA"

Al día siguiente de recibir el informe de Reweca, los iuses decidieron entrar en acción y lo hicieron de la siguiente manera:

El Iusse Lotla con sus jinetes "Senobanits" cabalgaron hasta situarse cerca de la aldea de Aotet, mientras que los hombres del Iusse Dalo se camuflaban como vendedores de aminots  para acercarse al Mercado, que estaba fuertemente custodiado por guerreros armados. Quinhil no quiso que Joushar bajara a la aldea como él desea, ya que consideraba muy arriesgado que el propio rey se expusiera, pero el joven estaba decidido a hacerlo y al final no hubo manera de hacerlo desistir de sus propósitos.Montó en su corcel, armado de su flamante snodulat y al Iusse Quinhil no le quedó más que seguir trás él para protegerle, al fin y al cabo él era el rey y nadie le podía decir que no.

Los jinetes entraron en la plaza del pueblo de manera muy sorpresiva, disparando con sus snodulats contyra los sorprendidos guardias, quienes no atinaban a defenderse  de aquellos atacantes salidos nadie sabe de donde,cundió el caos, los comerciantes trataban de esconder y salvar sus mercaderías pensando que los querían asaltar para robarles y aquello fue muy bien aprovechado por los hombres de Dalo, quienes arrojaron flechas encendidas hacia el techo del polvorín, al elevarse las llamas, cundió más aún el pánico, algunos trataron de reaccionar, e intentaron apagar las llamas, pero como la techumbre del edificio era de madera y éstas estaba muy resecas, el fuego se extendió muy rápido. Desde lo alto de la torre las mujeres, entre ellas Reweca miraban muy asustadas las amenazadoras llamas y cuando sobrevino la primera explosión, todas corrieron a esconderse, creyendo que el edificio entero se vendría abajo, fue algo nunca antes visto, las explosiones se sucedieron una trás otra, destruyendo toda un ala del edificio y matando a cientos de guardias.Luego sobrevino un silencio ataerrador. Desde una de las ventanas Reweca pudo contemplar la magnitud del desastre ocurrido y pese al denso humo que subía rapidamente hacia el cielo, alcanzó a divisar a lo lejos a un jinete que alzaba sus brazos a modo de saludo, su corazon latió apresuradamente y con más fuerza al reconocerle y entonces cometió un error involuntario al alzar una de sus manos respondiendo a aquel saludo, sin parcatarse que alguien más había precenciado toda la escena, esa persona era Siwana, pero no le dijo nada por el momento.

Aquella primera operación resultó completamente exitosa, pero tuvieron que lamentar la muerte del Iusse Dalo y de cinco de sus hombres.Pero los daños inflingidos al edificio en donde se guardaba el vurel fueron cuantiosos y eso les aseguraba a los rebeldes Iusses que aquellos dos grandes cañones,emplazados en la torre, estaban operativos, pero ya no contaban con el suficiente combustible como para que estos constituyeran un gran peligro.

Cuando  el Loq Varjacia  se enteró de lo sucedido, se puso furioso, sus más cercanos le miraban aterrorizados, temiendo la reacción de su jefe, al cual todos temían ya que sabían que se desquitaría con alguno de ellos, el propio mensajero que le comunicó la fatal noticia pagó los platos rotos, Varjacia ordenó que fuera desollado vivo y que se le dejara morir al sol, a la vista de todos, después ordenó que se ejecutara a todos los prisioneros que habían capturado en las cercanías, muchos de ellos fueron arrojados desde lo alto del Desfiladero del Diablo.Sólo así logró calmarse y entonces ordenó regresar a la aldea.

Una vez en ella, al contemplar la verdadera magnitud del desastre, las emprendió contra sus propios Loqs, culpándoles a ellos de no haber sido capaces de defender la aldea.

_ ¡Cómo va a ser posible que un pequeño grupo de rebeldes haya causado toda esta debacle, es inaudito, ahora me doy cuenta de que estoy rodeado de incapaces, apenas me alejé un par de días y vean todo lo que ocurre!

Su segundo al mando, un hombre ya bastante mayor que había combatido junto al padre de Varjacia y al cual era él único que respetaba, se atrevió a opinar:

_ Es increíble, pero lo que debemos averiguar es comoel enemigo pudo llevar a cabo algo así,de seguro que contaba con información muy precisa y ésta debió de provenir del interior del Cuartel, por lo tanto, debe de haber un traidor o espía entre los nuestros y a ese debemos de encontrarle a la brevedad.

_ Tienes razón Ducbaj, ellos no solo sabían que yo había partido con parte de mi ejército y también la ubicación precisa del Arsenal.

_ Y hay otra cosa, por lo que he sabido, los rebeldes utilizaban unas armas desconocidas y muy mortíferas, las cuales causaron muchas bajas entre los nuestros, hemos examinado akgunos cadáveres y aquellos ostentan terribles heridas las cuales les fueron causadas a distancias sin siquiera tocarlos. Es algo muy extraño, repusó Ducbaj preocupado.

Y así era, aún no se habían sepultados todos los muertos y muchos de  los hombres heridos  permanecían en estado de shock, afirmaban haber visto como los fatídicos jinetes aparecieron de la nada y de sus manos salían mortíferos rayos que les producían aquellas mortales heridas, contra ellos nada se podía hacer.Afirmaban aterrorizados.

Varjacia continuaba recorriendo las dependencias de su cuartel general, lo hacía caminando a grandes zancadas, mientras sus subalternos trataban de seguirle.

_ Los cañones de la torre están, al menos,  intactos, colocaremos vigían para que vigolen de día y de noche _ Ordenó.

_ Es verdad, los cañones están intactos, pero poeseen cargas solo para unos pocos tiros y no sabemos cuanto podrán demorar nuevos pertrechos_ Agregó Ducbaj "El Viejo", (Le llamaban así para diferenciarlo de su hijo apodado Ducbaj "El Joven")

_ Malditos rebeldes, les prometo que subiré con mi ejército hasta esas montañas y no bajaré hasta acabar con todos ustedes. Dijo Varjacia, alzando sus puños con rabia al tiempo que dirigía su vista hacia las montañas nevadas.

Mientra tanto, en los aposentos interiores del edificio, las mujeres esperaban expectantes, ya que sabían que su Señor había regresado y seguramente escogería a una de ellas  para que le acompañara aquella noche.Siwana se acercó a la joven Reweca.

_ Nuestro Señor ha regresado, seguramente frente a lo sucedido su ánimo no va a ser de los mejores, espero que site toca a tí acompañarle, sepas complacerle para sí suavizar un poco su carácter. No olvides todo lo que te he enseñado, muchacha.

Pero la joven se notaba extremadamente preocupada y nerviosa y parecía no escuchar lo que Siwana le decía, ésta se dio cuenta y tomándola del brazo la llevó aparte de las demás.

_ A tí te sucede algo ¿Verdad?...¡Vamos, puedes confiar en mí1 Si hubiera querido perjudicarte ya lo habría hecho...Pues te ví cuando saludaste desde la torre a aquel jinete rubio.Dime ¿Acaso él es tu novio?

Reweca abrió sus ojos muy asustada:

_ Yo no he saludado a nadie...Quizás a tí te pareció que lo hacía.

_Cálmate muchacha, si yo estoy de tu parte, créeme, he visto tantos horrores y crímenes atroces cometidos por los hombres de Mi Señor Varjacia que muchas veces me he cuestionado porque no he huído cuando he tenido la oportunidad de hacerlo...Tal vez sea porque en verdad, a pesar de todo aún amo a ese hombre.

Reweca, al escuchar aquello decidió arriesgarse con aquella mujer, sabía que aquello le podría costar la vida, pero necesitaba desahogarse con alguien y así le habló:

_ ¡Si, tienes razón, amo a un hombre, pero nada puedo hacer...A él le conocí cuando ambos éramos niños, fuimos amigos, luego él se marchó y estuvo lejos por un tiempo, cuando regresó, convertido en un hombre yo supe que estaba enamorada de él, pero sé que es un amor imposible, puesto que él se unió a los rebeldes y yo estoy aquí en el harem!

Siwana permaneció callada por largos minutos, luego dijo:

_ Lo sospechaba, pero no temas, no te delataré, por el contrario, te voy a ayudar en lo que más pueda, aunque no te prometo nada ya que aquí todo es muy difícil.

Reweca la abarzó llorando, mientras le decía:

_ Gracias Siwana, te estaré eternamente agradecida y pase lo que pase te prometo que no me olvidare de tí.

Llegaron las damas de servicio y comenzaron a bañar y acicalar a las concubinas del harem, pues El Señor ya había anunciado que esa noche concurriría ala torre para visitarlas.

Reweca estaba muy nerviosa, desde el día de  los atentados que no había podido comunicarse con Vitesia, ya que por seguridad se habían prohibido todas las visitas, aquello mantenía a la joven en una total incertidumbre y más aún al pensar que aquella noche pudiera ser ella, la elegida de Varjacia.