25. ene., 2016

Texto

CAPÍTULO 25: "En las montañas Varsowots"

Al oir estas palabras, dichas en un tono muy especial, Reweca comprendió el mensaje que ella le enviaba, había visto las lágrimas en los ojos de Siwana y ella sabía el porqué de aquellas.Entonces se volvió hacia el hombre y le dijo.

_ Mi Señor, antes de que me hagas tu mujer, dadme de aquel exquisito licor que me disteis a probar la vez pasada.

Varjacia se puso de pie y caminó hasta el mueble en donde guardaba la botella con aquel líquido rojizo, luego tomó dos copas y las llenó con el burbujeante licor, al tiempo que decía.

_ Veo que te agradó mi "iceken", vamos a compartirlo los dos.

Estaba a punto de beberse el contenido de su copa de un solo sorbo, pero Reweca le detuvo suavemente diciéndole:

_ En mi tierra existe una antigua costumbre, cuando deseamos hacer un brindis, cerramos los ojos y pedimos un deseo, se dice que éste siempre se nos cumple si lo deseamos ardientemente.

Varjacia cerró sus ojos, mientras mantenía su copa en la mano derecha, ambos estaban muy juntos, tanto que podía percibirse el latir de sus corazones, Reweca se aproximó más a él y rapidamente vertió el contenido de la falsa esmeralda en la copa del hombre, luego cerro sus ojos y exclamó:

_ ¡Ya, ahora a brindar,Mi Señor!

Varjacia se bebió el contenido de su copa de un solo trago como era su costumbre, mientras la joven lo papadeaba lentamente, disfrutándolo.

Varjacia dejó la copa sobre el mueble y luego caminó decididamente hacia la joven, la tomó entre sus fuertes brazos y comenzó a acariciarla con frenesí,Reweca estaba espantada, no atinaba a nada, pensando que el mirirat no le había hecho ningún efecto o que Siwana la había engañado, en realidad Varjacia era un hombre muy vigoroso, fuerte como un toro y parecía inmune a aquel brebaje, Reweca sentía como el hombre le tocaba sus partes íntimas y pensó desesperadamente en asir la botella que estaba sobre el mueble y golpearle en la cabeza,pero no hubo necesidad de ello,pues de prontoVarjacia quedó como paralizado, cayó pesadamente sobre el lecho y permaneció allí con sus ojos muy abiertos.Reweca le miró por unos segundos, le parecía que el hombre estaba aún consciente aunque no podía moverse, luego atinó a golpear el gong y de inmediato apareció en la puerta de la habitación,Siwana, ésta observó la escena, se acercó lentamente y moviendo su cabeza, exclamó:

_ ¡Perdóneme Señor!...Quiero que sepa,que aunque usted no lo crea, yo le sigo amando y siempre le amaré.

Reweca,mientras se arreglaba su vestido y sus cabellos desordenados, le comentó extrañada:

_ ¿Para que le dices aquello, si él ya no te escucha querida amiga?

_ Te equivocas, el mirirat tiene la cualidad de que te deja inmovolizado, paralizando todas tus funciones motoras, pero puedes oír y ver lo que sucede a tu alrededor...Él sabe lo que está sucediendo, pero no puede hacer nada.

Al oír aquello Reweca miró con horror al hombre que permanecía tirado sobre la alcoba,mirándola con sus ojos muy abiertos, sabía que le costaría muchísimo poder olvidar esa mirada, su amiga, tomándola del brazo la volvió de golpe a la realidad.

_ No hay tiempo que perder amiga mía, he sobornado a unos guardias que nos dejaran salir y nos acompañaran hasta las afueras de la aldea, allí nos facilitaran dos mulas para que abandonemos la aldea, desde allí confío enque tú sabrás llevarme hasta donde están tus amigos...Espero conocer a tu novio.

Todo se desarrolló con mucha prisa, los dos guardias acompañaron a las dos mujeres por las calles vacías de la aldea, hasta llegar al monolito que señalaba el límite de la aldea de Aotet, allí les esperaba el viejo Ziru con las dos mulas.

_ Nosotros también abandonaremos la aldea, junto a mi niña, ya que cuando se sepa lo acontecido,Varjacia nos va abuscar para matarnos, los dos guardias se miraron entre sí y como si se hubieran puesto de acuerdo, exclamaron al unísono:

_ Nosotros también...A partir de ahora nos pasamos para el otro bando.

Yentonces el pequeño grupo se puso en marcha adentrándose en aquel camino pedregoso que poco a poco iba introduciendose en las escarpadas montañas. Sabían que contaban con una leve ventaja y que tan pronto amaneciera, sus enemigos se darían cuenta de lo sucedido y enviarían muchos guerreros para capturarles, era menester entonces tratar de avanzar lo más posible.

Hacía muchísimo frío, pero uno de los hombres le pasó a Reweca su grueso capote de lana de aminots, para que ella se protegiera.

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Sin imaginar ni siquiera remotamente lo que estaba sucediendo con su amada, en otro lugar de aquellas nevadas montañas Joushar y sus doce montañistas recorrían las altas cumbres para tratar de encontrar aquel sendero secreto que recorría cuando niño junto al gigante Odaverod.

_ Lo que recuerdo son unas extrañas rocas de color negro y sé que detrás de ellas se ubica aquel sendero que conduce directamente hasta la parte superior del Desfiladero del Diablo, es una ruta muy peligrosa y traicionera, pero permite acortar en varios días el camino.

Joushar confiaba en su intuición, tratando de recordar en donde se encontraban dichas rocas, desde lo alto de la cumbre, ellos se veían como hormiguitas confundiéndose con la escasa vegetación de aquellas áridas montañas, ya llevaban cuatro días de marcha, sus hombres cargaban sobre sus espaldas unos sacos con provisiones y también unos kilos de vurel, con los cuales pensaban provocar algún daño a sus enemigos si lograban llegar hasta ellos sorprendiéndoles.

Durante las heladas noches se mantenían bebiendo sorbos de celanni, para mantener la temperatura de sus cuerpos, ya que no querían hacer fogatas, las cuales podían ser vistas por sus enemigos.Todos llevaban gruesas vestimentas de pieles de duhocats para protegerse del frío y también portaban las típicas "qoserits" (Especies de raquetas que servían para desplazarse por la nieve)

Recién al quinto día, Joushar que se notaba muy abatido, recuperó en parte su ánimo.

_ Creo que estamos en la senda correcta, si logramos flanquear aquel cerro plomizo, divisaremos el valle, según recuerdo.

Habían tenido suerte, ya que el clima se mantenía benigno, no se notaba ningún atisbo de tormenta yeso era muy bueno para ellos, pero Joushar seguía pensando en su amiga Reweca, a la cual ya creía perdida para siempre.

_ ¿De qué me sirve llegar a tener todo un reino, si no voy a tenerla a ella junto a mí? Creo que hubiera preferido continuar siendo el mismo muchacho pobre que antes era, pero con ella a mi lado_ Pensaba.

Iba tan absorto en esos pensamientos, caminando como un autómata por aquellos cerros desolados, que ni se dio cuenta de que alguien cerca suyo,exclamó:

_ ¡Miren, obseven esas extrañas  rocas, si parecen  las alas de un  cuervo!

_ ¿Las alas de un cuervo? ¡Sí, esas son, ahora recuerdo que esa fue la primera impresión que ellas me dieron en cuanto las ví!Gritó Joushar.

El grupo se detuvo para contemplar aquellas cuatro formaciones rocosas que se diferenciaban de las demás por su tono oscuro y que vistas a la distancia semejaban las  alas de dos gigantescos cuervos.

Ya comenzaba a oscurecer. Joushar ordenó a sus hombres descansar hasta el amanecer, ya que la jornada había sido extenuante y necesitaban reponer sus fuerzas.

Les quedaban aún, algunas porciones de celanni y se las repartió a sus hombres, que bebieron de aquel licor de sabor áspero, que les quemaba sus gargantas pero que les revitalizaba sus extenuados cuerpos.

_ Por ahora, voy a hacer una excepción y beberé un pco de celanni, debemos de guardar un poco para más adelante, ya que estoy seguro de que mañana divisaremos el famoso Desfiladero del Diablo_ Dijo Joushar tendiéndose sobre su morral de cuero crudo.

Antes de quedarse dormido invocó a " su divina madre", como ya se le había hecho una costumbre, pidiéndole que cuidara de su amiga Reweca dondequiera que ella estuviese.

Al día siguiente continuaron su camino, hasta llegar a los pies de aquellas rocas, las cuales al ser golpeadas con un objeto metálico despedían sonidos agradables, Joushar apoyó su snodulat en ellas y comprobó con asmobro que cuando trató de tomarlo, la roca parecía retenerlo con fuerza.

_ Estas rocas al parecer están vivas_ Comentó uno de ellos.

_Sí y son extremadamente duras_ Agregó otro.

Pero no podían permanecer allí por más tiempo, sus provisiones ya se estaban agotando y aún faltaba mucho por recorrer, de manera que prosiguieron su camino, por un sendero estrechísimo que parecía ir serpenteando alrededor de la montaña. Caminar por aquel sendero requería una extrema precaución ya que un paso en falso podría significar caer desde lo alto hacia los profundos precipicios cuyo fondo no era visible desde aquella considerable altura.Afortunadamente Joushar se había preocupado muy bien de seleccinar a aquellos hombres, todos ellos eran excelentes montañistas y estaban habituados a ese terreno de lo contrario habría tenido que lamentar pérdidas humanas.

La jornada transcurrió lenta y fatigosa y cuando al fin lograron trasponer la montaña, se encontraron con una espectacular vista de todo el valle, rodeado de montañas y frente a ellos, aquel estrecho callejón, que era la única vía accequible, el famoso Desfiladero del Diablo.

_ Hemos cumplido con la primera parte de nuestra misión, pero ahora nos queda lo más difícil_ Dij Joushar, ordenando descansar a sus hombres.

Pero como si el tiempo hubiera estado esperando a que ellos llegaran a su objetivo, durante la noche se comenzó a desencadenar una fuerte tormenta.Vientos fortísimos seguidos de intensas nevazones, mientras que el cielo se iluminaba con los rayos y los truenos estremecían la montaña.Joushar y sus hombres permanecían muy juntos protegiéndose detrás de una roca y rezando para que aquella tormenta amainara.

 

 

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