26. ene., 2016

Texto

CAPÍTULO 26:

Al parecer sus oraciones fueron oídas, ya que al amanecer, tan pronto se disiparon las nubes, asomó el sol en todo su esplendor, hiriendo la vista de los que se aatrevían a contemplar la abundante nieve caída.

_ Las tormentas de primavera suelen ser cortas e imprevistas_ Comentó Joushar disponiéndose a descender de la montaña.

El descenso no estaba libre de complicaciones, ya que había que ser muy cauteloso, pues el terreno estaba resbaladizo debido a la nieve caída y había que tantear con una vara antes de dar el siguiente paso. Después de tres horas de camino, joushar y sus hombres divisaron el campamento enemigo.

_ ¡Miren! Han emplazado los cañones en la parrte superior del desfiladero, desde allá los pueden hacer girar  en todas las direcciones, de manera que cualquiera que intentare atravesar el callejón quedará a tiro de cañón. Observó uno de los montañistas.

Pero no sólo estaban los dos grandes cañones emplazados en lo alto, ya que el lugar estaba fuertemente protegido por centenares de hombres armados, tanto de infantería como de caballería.Joushar analizó la situación, pero por más que pensaba no se le ocurría la manera de llegar hasta allá sin ser descubiertos por los enemigos.

_ Intentar cualquier cosa sería un suicidio, ellos han cubierto todos los posibles accesos_ Observó con preocupación.

Uno de los hombres, al cual apodaban Morquena, por su aspecto de ave de rapiña o más bien murciélago, se le acercó.

_ Perdone Majestad, es verdad que todo está muy bien vigilado, pero ¿Y si lo intentamos durante la noche? Tal vez en alguna noche sin luna.

Ahora Joushar comenzó a elaborar un plan, eera un plan muy arriesgado, pero de resultar provocaría un tremendo daño al enemigo, seguramente de haber estado con ellos Quinhil no hubiera aprobado que Joushar, el futuro rey arriesgara la vida de aquella manera, pero Quinhil no estaba y Joushar era aún, muy joven e impetuoso.

_ Esperaremos a que llegue la noche y ahí veremos_ Decidió  el rey.

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En un lugar muy distante, pero ubicado en las mismas montañas Varsowots, en una caverna casi oculta por la abundante nieve caída durante la tormenta, descansa un grupo de fuguitivos, han transcurrido cuatro días desde que abandonaron la aldea de Aotet y desde entonces han caminado sin descanso por aquellos empinados senderos hasta acabar extenuados en esa caverna, a la espera de que finalice la nevazón.

La joven Reweca que cubre sus delgados vestidos con una manta que le pasó uno de los guardias, luce aún aquel collar de esmeraldas que le obsequió Varjacia, a su lado yace la desfalleciente Siwana, la mujer que acaba de perder un reino por ayudar a su infortunada amiga, los demás acompañantes son Ziru, el criador de aminots, su hija Vitesia más los dos guardias que  han desertado del ejército de Varjacia, todos ellos están agotados, hambrientos y con mucho sueño, las dos mulas ya no les servirán para el resto del camino que les queda, puesto que los senderos son muy empinados, por eso ellos han decidido descansar aquella noche. Acurrucadas, ambas mujeres conversan:

_ ¿Por qué decidiste ayudarme justo cuando Varjacia te propuso todo lo que siempre deseaste? Le preguntó Reweca.

_ No lo sé, tal vez me arrepienta más adelante, pero estoy segura de que si no te ayudaba, entonces me arrepentiría por el resto de mi vida.

_ Siempre voy a estar en deuda contigo y te prometo que algún día te he de devolver la mano amiga mía,  quizás fue  el destino que así lo quiso_  Agregó la joven.

_ Sí, yo también creo en el destino, pero ahora lo único que importa es salir con vida de todo esto_ Respondió Siwana.

_ Descansen y aprovechen de dormir, miren que mañana reemprenderemos la marcha, pues estoy seguro de que ellos nos vienen pisando los talones_ Dijo Ziru.

Y así era en efecto, durante la noche en que Reweca había estado en la alcoba de Varjacia, nadie se dio cuenta de nada, más al día siguiente, al no presentarse el Loq en el salón principal como acostumbraba a hacerle cada día, Ducbaj envió de inmediato a uno de sus hombres para cerciorarse de que éste estaba bien y al no recibir respuesta forzaron la entrada allí encontraron al Loq Mayor, tendido sobre la alcoba.Temieron lo peor e hicieron concurrir de inmediato a Locominot, éste, luego de examinarle concienzudamente, se dio cuenta de los sucedido y comenzó a prepara un antídoto.

_ Ha sido envenenado con mirirat, afortunadamente no ha sido una dosis letal, él se va a reponer, pero deberá permanecer sin moverse durante un par de días, hasta que sus músculos comiencen a reaccionar.

Uno de los guardias irrumpió en el salón, diciendo:

_ Loq Ducbaj, faltan dos guardias, los que al parecer han escapadao o estan desaparecidos y en el harem no estan ni la señora Siwana ni la chica que llegó ultimamente.

_ Está clarísimo, ellas urdieron un plan para envenenar a Varjacia, pr fortuna no lograron completar su propòsito y por eso huyeron, ya no me extrañaría que fueran ellas las que estaban espiando y mandando informaciones al enemigo. Afirmó Locominot.

Ducbaj "El Viejo" ordenó que se presentara ante él su hijo y cuando éste llegó, le ordenó;

_ Toma a tus hombres y parte de inmediato por la ruta que conduce a las montañas, de seguro que encontrarás abundantes pistas  y huellas que te conduciran al lugar en donde se oculta el enemigo, si ves la cosa muy complicada, entonces permanece allí y envía mensajeros para que mandemos refuerzos, seguramente esas mujeres saben el lugar en donde estan los rebeldes, ellas nos conduciran  hasta aquellos.

Y así fue como el joven Ducbaj partió junto a doscientos de sus hombres, por la ruta que conducía a las montañas. Delante de ellos marchaban los rastreadores, que eran los encargados de buscar las pistas y huellas dejadas por los fuguitivos, las cuales eran abundante ya que aquellos no se habían preocupado de borrarlas.

_ Nos llevan solo unas horas de delantera, si nos apuramos les alcanzaremos muy pronto_ Afirmó Ducbaj convencido.

Pero no contaban con la imprevista tormenta que se dejó caer en las horas de la tarde, la cual se prolongó por más de cuatro horas cubriendo con abundante nieve toda la ruta y borrando las huellas y pistas dejadas por los fuguitivos.

La tormenta también afectó a éstos, pero continuaron avanzando hasta alcanzar la caverna en donde pernoctaron, aquella noche.

Al amanecer, muy temprano continuaron la marcha, esta vez a pie, ya que el sendero era muy empinado y lleno de obstáculos, pero Reweca conocía aquellos lugares y aunque le dolían terriblemente sus pies, quee estaban cubiertos de llagas, continuaron avanzando hasta que divisaron los "famosos cuernos de yocosaths", como llamaban a aquellas dos puntas de piedra, que desde tiempos inmemoriales servían a los antiguos varines para orientarse y no extraviar el camino.

Para suerte de ellos, allí permanecían apostados un pequeño grupo de vigilantes, los cuales al divisar a los fuguitivos dieron de inmediato aviso al campamento que se situaba un buen poco  más arriba. Una docena de hombres se adelantaron para recibir a los extenuados viajeros Reweca había caído sobre el camino y el Viejo Ziru trataba de ayudarla a ponerse de pie, de inmediato se le dio aviso a Quinhil y éste concurrió personalmente para socorrerles.

Una hora después todos ellos descansaban en el campamento rebelde, reponiéndose del enorme esfuerzo realizado. Cuando Reweca le contó a Quihil todo lo acontecido, éste dio orden de redforzar la vigilancia de aquella ruta, pues estaba seguro de que los enemigos llegaría muy pronto por ella.

_ Les esperaremos con algunas sorpresas, pondremos de inmediato el plan que hemos elaborado para recibirles_ Dijo el Iusse Quinhil.

Ahora sólo cabía esperar.