28. ene., 2016

Texto

Capítulo 28: "El reencuentro"

Ducbaj  "El joven" era un muchacho muy impetuoso y arrogante, acababa de cumplir recién los veintitrés años y ya se le había dado el mando de una shirra (Destacamento formado por cien hombres), obviamente el hecho de ser hijo mayor  del ayudante del Loq Varjacia, había influído en su nombramiento.Mientras esperaba que la imprevista tormenta amainara, para reanudar la persecusión de los fuguitivos, pensaba en la misiñon que se le había encomendado. A su memoria volvía la imágen de aquella linda joven a la cual había podido observar aquella mañana en el mercado cuando acompañaba a su padre y a Varjacia, si aquel no se hubiera interesado en ella, llevándosela para su harem, él hubiera regresado para comprársela al criador de aminots, pero pese a todo él no perdió las esperanzas de poseer a esa muchachita,  hasta que al fin se decidió a hablarle a su padre y logró que éste le asegurara que hablaría con el Loq Mayor, lo que al fin ocurrió. Cuando supo que Varjacia había accedido a cedérsela como esposa, Ducbaj se llenó de orgullo y se jactó de ello antes sus pares , pero después cuando se enteró de la fuga de la joven y de la propia Siwana, él le pidió expresamente a su padre que le asignara la misión de recuperarla ya que estaba seguro de que lograría hacerlo.

Pero ahora se daba cuenta de que no sería para nada fácil, ya que los fuguitivos parecían conocer muy bien la región a diferencia de ellos y más açun con esta imprevista tormenta que no parecia terminar pronto y que borraría las huellas de los fuguitivos.

Pero la tormenta no duró mucho y apenas amainó Ducbaj dio la orden de reanudar la marcha, sin tomar en cuenta lo peligroso que eso resultaba dada la abundante nieve que hacía muy resbaloso el ascenso a la cumbre de las montañas.

Cuando se dio cuenta de que las bestias no podían continuar, ordenó continuar la marcha a pie, así, luego de un par de horas legó hasta la cueva en donde habían pernoctado los fuguitivos.

_ ¡No deben de estar muy lejos! _ Exclamó y azuzó a sus agotados hombres para que continuaran ascendiendo por la ladera de la imponente montaña.

Al fin lograron llegar hasta los agudos picos, conocidos por los lugareños desde los tiempos antiguos como "Los cuernos de yocosaths", los hombres se acercaron para admirar aquellas dos monumentales columnas de piedra y fue entonces cuando recibieron la primera de las  sorpresas: Una serie de estampidos semejantes a truenos de una tormenta y luego unos rayos que alcanzaron a varios hombres, los cuales cayeron abatidos al suelo. De inmediato se produjo un caos entre los guerreros de Ducbaj, que no hallaban en donde guarecerse del sorpresivo ataque, lo peor para ellos es que no se veía al enemigo por ninguna parte, antes de que lograran reponerse del todo recibieron otras descargas y varios hombres cayeron como fulminados  con grandes heridas en sus cuerpos, esta vez los aterrados guerreros comenzaron a huir  por el camino, al hacerlo tan a prisa muchos resbalaron y cayeron desde lo alto, estrellándose contra las rocas. Ducbaj trató de reunir a sus despavoridos hombres a su alrededor, pero muy pocos le hicieron caso, entonces se escuchó una voz que parecía provenir desde lo alto de uno de los cuernos de yocosaths:

_ Los tenemos completamente rodeados, si no se rinden de inmediato, les juro que no escapará ninguno de ustedescon vida, dejen sus armas en el suelo y caminen hacia la roca con sus manos en alto.

Hubo una breve vacilación entre los hombres de Ducbaj, los cuales miraban a su jefe esperando alguna orden suya, entonces sobrevino una tercera detonación y varios de los hombres que rodeaban a Ducbaj se deplomaron heridos y cayeron sobre la nieve, ante lo cual, el propio Ducbaj alzó sus brazos, dejando caer sus armas para vanzar lentamente hacia las rocas.

Con su rostro desencajado el joveb Ducbaj caminó con sus brazos en alto, seguido de los pocos querreros que habían permanecido a su lado, cuando llegaron a los pies de la formación rocosa, vieron como desde lo alto se delizaban agilmente unos hombres vestidos con pieles, los cuales  iban descolgándose  mediante unas sogas y con ellas  ataron a los prisioneros, los cuales fueron conducidos hasta el campamento rebelde, ubicado alrededor de la casona de Zise. Una vez allí fueron conducidos ante la presencia del Iusse Quinhil.

Éste observó detenidamente a los asustados prisioneros y se dio cuenta de inmediato quien era el comandante de aquel grupo, por la calidad de sus vestimentas.Se detuvo frente a él y le dijo.

_ Supongo que eres tú el jefe de este grupo, dime cual es tu nombre.

Ducbaj dudó por unos segundos, pero luego respondió con voz firme.

_ ¡Si lo soy! Mi nombre el Ducbaj, Shirrat del ejército real.

Antes de que el Iusse dijera algo, se acercó Reweca, quien había oído la respuesta del prisionero.

_ ¿De manera que eres tú, Ducbaj "El joven", hijo de Ducbaj, apodado "El Viejo"?...Lugarteniente de Varjacia.

El prisionero quedose mudo al ver allí a la mujer a la cual consideraba " su prometida" y pese a su incómoda situación no pudo dejar de admirar la belleza de aquella joven, que lo miraba con curiosidad.

Quinhil se frotaba sus manos con satisfacción, exclamando:

_ ¡Vaya, estamos de suerte! Tenemos aquí a un importante rehén,lo cual sabremos aprovecharlo muy bien.

_ Mi padre vendrá a rescatarme y sabrá haceros pagar con creces todo el daño que nos has hecho a mí y a mis hombres_ Respondió el orgulloso Ducbaj. 

Quinhil, mirándole fijamente le contestó:

_ Eso está muy bien, es lo que esperamos que haga.

Enseguida todos los prisioneros fueron conducidos a una improvisada prisión que había sido reforzada con gruesos trocos de nadcit, a cuyo alrededor se situaban varios hombres armados.

Quinhil, se sentía muy complacido por aquella fácil victoria, pero por otro lado, muy preocupado ya que no tenía noticias de Joushar. Pero al cabo de unos días sus vigías le anunciaron que ya habían divisado a los montañistas que se acercaban al campamento.

Quinhil hizo formar a sus hombres frente a la casona, mientras que los demás habitantes de aquel refugio se aglomeraban alrededor de la casona, ya la población de aquel improvisado campamento superaba con creces las dos mil almas.Se había corrido la voz de que el verdadero heredero al trono se encontraba allí y muchos acudieron desde los alrededores de las montañas para conocerle.

Los Iusses, por su formación, eran muy apegados alo ceremonial y enaquel pequeño reducto, pese a ser aún  muy pocos, ya hacían prevalecer aquellas costumbres que les eran tan propias.Por eso cuando Joushar se acercaba al campamento, al ver todo aquello no pudo evitar  sonreír, ya que  todavía no se acostumbraba a ser taratado de manera tan especial.

Quinhil se adelantó unos metros para recibirle, al verle sano y salvo respiró aliviado y comprendió que todo había salido bien, durante todo ese tiempo se había sentido culpable al permitir que el joven se arriesgara de aquella manera, de haberle sucedido algo malo, todos los planes de La Comunidad se hubieran ido al traste.

_ Gracias a nuestra bondadosa Madre Ciara que estás bien...Majestad_ Dijo, antes de fundirse en un fuerte y apretado abrazo con aquel joven al cual ya consideraba como un hermano menor.

_ Sí,mi Madre me protegió en todo momento y también me ayudó para que pudiera cumplir con mi misión...Los dos cañones emplazados en el Desfiladero del Diablo están completamente inutlizados.

_ ¡Fabuloso! Pero lo mas importante es que estás bien, desde ahora en adelante no me apartaré de tí, pues paraque tengamos éxito en nuestra misión necesitamos que te mantengas sano y a salvo y mi principal objetivo es protegerte. Dijo el Iusse Perfecto.

Todavía estaban un pco apartados de los demás, Quinhil notó en la mirada del joven una muda pregunta y se apresuró a contestar:

_¿Quieres saber de Reweca? Tranquilízate, ella está bien, logró escapar de Aotet y está con nosotros...esperándote con mucha ansiedad.

El rostro de Joushar se iluminó de radiante felicidad volvió a abrazar a su protector y exclamó.

_ ¡Perfecto, gracias madre mía por haber escuchado mis plegarias! Ahora caminemos y no hagamos esperar más a aquellos que nos aguardan.Gran Iusse Quinhil.

Fue una sencilla cermonia, los Senobanits apuntaron al cielo con sus snodulats, hicieron un par de salvas, mientras que los demás guerreros le presentaban armas. Quinhil hizo un saludo:

_ ¡Viva Joushar IV, Rey del Reino  de Varesocor!

Todos los presentes sin excepción lanzaban vítores, entusiasmados ante aquel en quien ellos habían puesto todas sus esperanzas y sus deseos de libertad.Confundidas entre la multitud se encontraban dos mujeres, una de ella era Reweca, quien abrazando a su compañera Siwana le decía:

_ ¡Ay amiga mía, si supieras cuanto le amo1 Antes, le quería, éramos amigos, pero ahora él va a ser el futuro rey y no me cabe la menor duda de que...lo perderé.

Siwana trataba de darle ánimos, diciéndole:

_ Tranquilízate mi querida niña---¡Mírate, eres muy bella y sin duda que él también te ama, ya lo vas a ver.

Después del saludo que Joushar le hizo a sus hombres y a la gente que se agolpaba para verlo, se encaminó hacia la casona, en ella le esperaba el anciano Zise, su padre adoptivo y también las dos mujeres quienes se habían desplazado a su interior, Jousahar luego de abrazar al anciano, se acercó a Reweca, quien instintivamente, al igual que los demás, intentó hacer una leve reverencia, como le habían enseñado en el harem, pero el joven no la dejó y después de una breve vacilación, la brazó delante de todos y olvidandose de los protocolos la besó en la boca. Fue un beso apasionado, ambos parecieron olvidarse de que no estaban solos y cuando reaccionaron se dieron cuenta de que todos los demás habían abandonado discretamente la habitación, para dejarles solo en aquel momento.

_ ¡Reweca, amor mío, dime que no te sucedió nada malo en aquella horrible experiencia que viviste allá en Aotet!

La muchacha estaba radiante de felicidad.

_ ¡Logré escapar de allí sana y salva y a pesar de que stuve casi un mes en el harem del propio Varjacia, éste no me hizo nada y si lo hubiera hecho de seguro que yo le habría asesinado o me hubiera matado yo misma.

_ Nunca más, mientras vivamos volveremos a separarnos y te juro que si llego a ser rey de verdad, entonces tu vas a ser mi reina Reweca_ Dijo el joven con decisión.

Y  Reweca esta vez le creyó, el destino les había dado la oportunidad de revivir su amor y ellos no la desaprovecharían.

Después de permanecer juntos, expresándose mutuamente lo que ambos sentían, Joushar le expresó con mucha vehemencia:

- Debo de hablar con tu padre para solicitar tu mano, tengo el presentimiento de que este pequeño instante de paz que ahora tenemos, va a durar muy poco y no deseo prolongar por más tiempo  esta situación, si todo sale bien contraeremos matrimonio a la brevedad, sé que no va a ser una gran boda como hubiera querido que fuera, pero te amo demasiado y deseo que seas pronto mi mujer ¿Que me dices?

Reweca no era ya la muchachita ingenua que había sido antes de conocer a Siwana,bajó humildemente su cabeza y respondió:

- Si vos me amais, como decís, yo me sentiré inmensamente felíz de convertirme en tu esposa y te prometo que no te arrepentirás de tan importante decisión, pues yo sabré hacerte felíz, como ningún hombre lo ha sido.

Joushar volvió a besarla, comprendiendo que "su Reweca" era ya toda una mujer y se sintió inmensamente felíz de que así fuera, desde la otra habitación Siwana sonreía con satisfacción, pensando:

- Ellos se merecen ser felices y no hay duda de que sin el uno para el otro...Creo que aunque sea sólo por eso, valió la pena mi sacrificio.