28. ene., 2016

Texto

Capítulo 29: "Una boda en la montaña"

La primavera avanzaba,en la aldea de Aotet, el Loq Varjacia se recuperaba de los efectos del mirirat, durante los primeros días sentía su cuerpo inmovilizado, pese a que podía ver y sentir todo lo que pasaba a su alrededor, aún no era capáz de  poder hablar y por lo tanto darle órdenes a sus subalternos, por lo cual, en la práctica, todo el poder era ejercido por Ducbaj "El Viejo". Cuando comenzaron a llegar los malogrados sobrevivientes de la avanzada que había enviado en persecución de los fuguitivos y luego se confirmó también el desastre ocurrido en el Desfiladero del Diablo, cundió el pánico y el desaliento entre los hombres que ocupaban la aldea y por el contrario, sus sometidos habitantes comenzaron a recuperar las esperanzas perdidas y a vislumbrar que la hora de su liberación había llegado.

Ducbaj estaba muy afectado, ya que se sentía culpable por haber enviado a su hijo en aquella misión tan peligrosa y temía que él estuviera muerto o prisionero, pero no debía de mostrarse débil sino todo lo contrario y así lo priero que hizo fue enviar a una gran cantidad de hombres, a fin de despejar la ruta en el Desfiladero del Diablo., aquello significó, tal como lo habían planificado los rebeldes, que Aotet quedo un tanto desguarnecida.

Mientras aquello sucedía en la aldea, arriba en la montaña, los hombres se preparaban para realizar  una acción muy arriesgada, de cuyo éxito o fracaso dependería todo el futuro de aquella campaña.Pero no todo eran preparativos militares, pues paralelamente los habitantes de aquel campamento se preparaban para un acontecimiento  muy especial. Nada menos que una boda, la boda de Joushar con Reweca, la cual tendrñia lugar en el primer día del mes de Las Flores, es decir, en  sólo diez dias más.Jousar había decidido aquella fecha, ya que no quería esperar más, pues estaba previsto que las próximas acciones militares se realizarían en un mes más.

Obviamente,que  dada las circunstancias no podría ser una boda factuosa, pero de todos modos se había convenido que se le daría el realce necesario que ésta merecía y que además, la ceremonia se haría a la usanza de los antiguos varines, u "hombres de las montañas" , Joushar fue a visitar al anciano Jonyar, quien estaba enfermo en su lecho, allí le solicitó la mano de su hija Reweca y éste aceptó, previo un pago de doscientas monedas de plata, que era lo máximo que se podía pagar por una joven soltera en aquellas latitudes, a su vez Zise, que como padre adoptivo del joven, autorizó el enlace, colocando su sello en el pergamino y entregandoles los dos anillos de boda que lucirían ambos cónyuges.Los padrinos escogidos fueron el Iusse  Quinhil y Siwana y para cumplir con las costumbres ancestrales, el propio Joushar se ocupo en sus momentos libres de construir la "Lfayat", especie de cabaña compuesta por una sola habitación, fabricada con troncos de nadcits y ramas, en donde los recien casados vivirían en forma simbólica  después de la boda, allçi pasarían la luna de miel, la cual, dada las circunstancias  no podría durar más que unos pocos días.

Cuando al fin llegó el día fijado para  la ceremonia, todo el campamento se dio cita frente a la antigua casona de Zise y allí, éste vestido con el traje ceremonial de los antiguos Meijs dio inicio al transcendental rito, que él conocía muy bien por haberlo estudiado en las antiguas escrituras que conservaba en su biblioteca.

Joushar vestido como guerrero varín, con  un traje confeccionado con pieles de duhocats (Ya que no era posible conseguir  una piel de yocosaths, como se hacía en los antiguos tiempos, dado que estos animales ya se habían extinguido siglos antes), por su parte Reweca lucía una túnica blanca, como la de las sacerdotisas de La Comunidad Iusse, un velo que le cubría su rostro, el cual debería ser descorrido por su esposo una vez casados, en cuanto a los demás integrantes, ellos vestían sus mejores ropajes, un pequeño destacamento de guerreros armados se ubicaban en un lugar preferncial, mientras que el grueso del ejército rebelde, que poco a poco había ido aumentando en hombres, se ubicaba en lugares estrátégicos de aquel sector de la montaña.

Zise, de pie, frente a los novios que permanecían arrodillados, les ungió con un aromático bálsamo elaborado a base de florrecillas de las montañas, luego se pronunciaron en la lengua de los varines(Que aún utlilizaban algunos pocos montañeses), las correspondientes palabras que figuraban en un viejo pergamino, éstas eran:

_ Ir ic ravdni bi Cearit e bi cat snit beatit: Sesa, Losa, Melsan movat o bon erelea oc nesa bi urear larzujoc irsni itsat bat tinit luzat ravnit tar: (Con la bendición de nuestros antiguos Dioses: Cearit, Losa , Melsan, estamos aquí cumpliendo el rito tradicional de la boda de: )

El joven pronunció con voz firme su nombre completo:

_ Waptton, hijo de Quipiwa en adelante Joushar Horus. (Horus era la denominación que había adoptado la familia de sus antepasados)

Después le tocó su turno a la joven:

_ Reweca, hija de Jonyar, en adelante Reweca Horus.

El resto de la ceremonia se desarrolló en el idioma natural que hablaban y entendían todos los habitantes del reino y cuando Zise autorizó a Joushar para que quitara el velo a su novia, éste lo hizo con delicadeza y pudo al fin besar a la que se había convertido desde ahora en su esposa.

Después se dio comienzo al festín, que pese a no ser muy abundante, más bien todo lo contrario, provocó el entusiasmo de aquel sufrido poblado, mientras los dos flamantes esposos se escabullían y caminaban tomados de la mano hacia la Lfayat, que se convertiría a partir de ahora en su ardiente nido de amor.

_ ¡Al fin podemos estar sólos, esposa mía! Exclamó el joven abrazando tiernamente a su mujer.

Ella besó ardientemente a su amado, mientras lágrimas de felicidad rodaban por sus mejillas.

_ ¡Ah, si supieras cuánto he soñado con este momento, esposo mío!

Afuera de la Lfayat, se escuchaban los cantos y la algarabía de la gente que bebía y comía celebrando tan magno acontecimiento, pero dentro de aquel nido de amor, pese a no estar tan alejados de todo, los dos jóvenes se olvidaban del mundo que les rodeaba, para ellos, en esos momentos no existía nada más que su amor y así se entregaron a este noble sentimiento, aquellos dos seres que el destino había escogido para que fueran el uno para el otro.

Según las tradiciones, los flamantes esposos no debían ser molestados para nada durante su luna de miel, por esa razón, allí en la Lfayat disponían de todo lonecesario para su permanencia, a lo menos por una semana, se les dejaba abundantes víveres y si ellos necesitaban algo, les bastaba hacer sonar la pequeña campanilla de bronce para que los encargados acudieran a fin de proveerles de lo que necesitaren, ésta era la misión de los padrinos y por esa razón, el Iusse Quinhil y Siwana se mantenían atentos y ahora, ambos conversaban, un poco alejados del resto de la gente.

_ De manera que ustedes, los Iusses, no beben ninguna clase de licor ¿A que se debe esa costumbre noble Quinhil? _ Preguntaba Siwana.

_ Cualquier bebida alcohólica, por suave e inofensiva que ella sea, afecta a los sentidos y a la razón y nosotros, los iusses debemos de estar en todo momento con nuestros sentidos muy alertas y preparados para cualquier contingencia, así se nos ha inculcado desde que ingresamos a La Comunidad, mi estimada y bella dama_ Respondía Quinhil.

Siwana tenía muchos deseos de conversar y ahora tenía la oportunidad de hacerlo, ya que en otros momentos Quinhil se veía  muy ocupado.

_ Me vais a perdonar si hago preguntas tan...en fin, dime ¿Vuestras esposas son también escogidas de entre las doncellas de La Comunidad?

Quinhil se sentía algo incómodo, pero respirando profundamente contestó:

- No me molesta, por el contrario, es un placer conversar con una mujer tan hermosa como vos, supe que estuviste a punto de casarte con un importante Jefe del ejército enemigo, pero preferiste ayudar a escapar a Reweca, eso debe de haber significado un gran sacrificio para vos, pero respecto a tu pregunta te diré que en efecto, así ha sido hasta ahora, aunque han habido excepciones y así, algunos de nosotros hemos contraído matrimonio con mujeres que no son de La Comunidad, tal como el caso del Iusse Duira y otros, pero para ello se requiere la autorización de nuestro máximo líder. 

Siwana llevaba un traje confeccionado con una tela semitransparente que le permitía lucir sus atributos físicos, que no eran pocos, ella sostenía en su mano derecha una copa de celanni y bebía pequeños sorbos de aquel dulce licor.

_ Es verdad, conocí a Varjacia, cuando éramos muy jóvenes y me enamoré de él, pero creo que nunca me correspondió de la misma manera, cuando comenzó la campaña contra los rebeldes, me llevó consigo, nunca pensé que me escogería para ser su esposa, pero también pienso que cuando al fin lo hizo, ya era tarde para mí..Ahora estoy tratando de olvidarle y cambiar mi vida y creo que de un modo u otro lo lograré. Dijo la mujer.

Quimhil, que había tratado con poquísimas mujeres, estaba realmente embelesado con aquella mujer tan diferente a las demás, una mujer que se las arreglaba para estar permanentemente hermosa y atractiva, que cambiaba de peinado y color de sus cabellos cada día y que exhalaba de todo su cuerpo u aroma exquisito, lo cual le  provocaba sensaciones extrañas y agradables a sus sentidos. Se atrevió a decir:

_ Creo que haces bien en tratar de olvidar el pasado, tú aún ers una mujer joven y muy hermosa, cualquier hombre se sentiría felíz de convertirte en su esposa y como ves, los tiempos estan cambiando y con ello muchas cosas van a cambiar, también para nosotros, los iusses, que hemos vivido por siglos enclaustrados y alejados del mundo, creo que ahora, al integrarnos  y convivir con la gente, deberemos de adaptar muchas de nuestras costumbres y en verdad eso me asusta un poco.

Siwana, que como sabemos, era una mujer audáz y decidida, no quería desaprovechar ni un minuto más en su vida, ella se daba cuenta que desde el primer momento se había producido una mutua atracción entre aquel hombre  que parecía tan seguro de si mismo y ella, que deseaba ardientemente aferrarse a alguien para dejar atrás su pasado y por eso se la jugó todo al comentar:

_ Es cierto lo que dices, los tiempos están cambiando muy rapidamente y tal vez mañana o más adelante la vida nos ponga en terribles encrucijadas, puede que no alcancemos a vivir plenamente y lo único importante es ahora...el momento que tenemos, eso hace que nos precipitemos y que tengamos que saltarnos algunas etapas...Calló por unos segundos y luego dando un hondo suspiro, continuó:

_ Me dices que a pesar de mi oscuro pasado, aún así, cualquier hombre me podría elegir como esposa...Tú por ejemplo, eres un hombre importante de La Comunidad...si me llegaras a conocer mejor...esteee..._Siwana calló, había llegado demasiado lejos y no se atrevía a seguir.

Pero Quinhil, tomándole una de sus manos y apretándosela suavemente, le dijo:

_ Quieres preguntarme ¿Si yo me casaría contigo, verdad? Pues sí...siempre que tú me quisieras, pues creo que me sería muy fácil, enamorarme de tí, Siwana.

La reacción de Siwana ante esa respuesta tan sincera del hombre, la sorprendió completamente, ella, que parecía una mujer tan segura de si misma prorrumpió en copioso y desconsolado llanto y Quinhil, conmovido la abarzó, atrayéndola tiernamente contra su pecho y ambos permanecieron así durante un buen rato.

Así, mientras a pocos metros, en la pequeña Lfayat se consumaba el amor de los dos jóvenes que acababan de contraer matrimonio, otras dos almas, tan diferentes entre si, comenzaban a conocerse y a uiniciar un nuevo camino en sus respectivas vidas.