30. ene., 2016

Texto

CAPÍTULO 30:"LA RECUPERACIÓN DE AOTET"

En el segundo mes de la primavera de aquel año 51 desde el reinado de Joushar III, eñ Gran Iusse Quinhil "El Perfecto", al mando de seiscientos hombres de infantería, bajó de las montañas Varsowots y puso sitio  al reducto de Varjacia ubicado en la aldea de Aotet, aquello coincidió con un levantamiento popular de los lugareños,ocurrido unos días antes, el cual fue reprimido por los hombres de Varjacia, pero aquello le significó una considerable pérdida de tiempo y también de hombres, lo cual le hizo retrasar  las acciones que quería emprender de tal modo que facilitó el ataque de los rebeldes.

El ejército de Quinhil se había visto incrementado, por muchos aldeanos de la región, quienes  se habían trasladado desde muchos lugares bastante apartados, al saber de la existencia del hijo del Rey Jousahar III y de La Ciara, también por algunos guerreros que habían deseratdo del ejército de Varjacia para unirse a los rebeldes. Es necesario acotar que la mitad del ejército de Quinhil no contaba con el armamento ni la isntrucción adecuada, pero lo que les faltaba en pertrechos lo suplian con un tremendo entusiasmo y fe en la causa que les animaba, además de aquellos, estaban sus hombres más valiosos: Un destacamento de cuarenta Iusses, quienes habían atravesado Las Tierras Arcaicas, entre ellos doce "Senobanits" armados con sus respectivos snodulats y municiones.

Joushar montaba un vigoroso  corcel negro azabache y lucía sobre su peto metálico el símbolo de sus antecesores: La efigie de un yocosath, la cual había sido elaborada por un hábil artesano, copiándola de un antiguo pergamino que le había facilitado el anciano Zise, el mismo símbolo que había sido bordado en el estandarte de color azul intenso, por las manos de Reweca y Vitesia.

Estratégicamente Quinhil había situado un destacamento a la entrada de la aldea, para impedir la llegada de refuerzos desde el exterior, él estaba al tanto de la eficacia de los dos grandes cañones que estaban emplazados en la torre del edificio del mercado, por lo cual había dado órdenes de mantenerse a una determinada distancia para evitar ser alcanzado por estos, pese a que confiaba que dicha artillería no disponía de suficientes municiones  como para efectuar cinco o seis descargas como máximo.

Varjacia, ya completamente repuesto de los efectos del mirirat había ubicado a sus arqueros y ballesteros en los techos de las viviendas circundantes al edificio del mercado, a su vez, las entrdas  habían sido bloqueadas pr toda clase de obstáculos y él personalmente dirigía las acciones, ubicado sobre la parte más alta de la torre, el mismo lugar en donde antes había estado el harem con sus mujeres, mientras que Ducbaj "El Viejo" trataba de darles ánimos a sus ya desmoralizados hombres, pese a que el mismo no las tenía todas consigo ya que se sentía muy desanimado por lo sucedido cpn su hijo.

Los combates se iniciaron casi al medio día, los hombres de Quinhil se dispersaron por las calles del poblado tomando posiciones previamente ya estudiadas, a´una distancia prudente del alcance de los temibles cañones del enemigo, mientras en lo alto Varjacia  observaba con cierta inuietud dichos desplazamientos, cuando comprendió que estos avanzaban, se decidió a dar la orden de encender las teas que encenderían el vurel de los dos cañones.Al efectuarse los primeros disparos, la alta torre de ladrillos se estremeció hasta sus cimientos, mientras la andanada alcanzaba a algunos desafortunados infantes y destruía un par de casas de los pobladores.Cuando se disipó el humo de la explosión, Quinhil ordenó avanzar a sus hombres hasta llegar a las improvisadas barreras, desde allí respondió con una descarga de sus Senobanits, las cuales dieron casi todas en los hombres que estaban sobre los techos de las viviendas circundantes, luego avanzaron los infantes, quienes protegidos por aquellos,lograron alcanzar a los enemigos, librándose entonces sangrientos combates cuerpo a cuerpo.

Se escuchó una segunda detonación de los poderosos cañones, pero ésta no les causó mayor daño a los homres de Quinhil pues ya estaban demasiado cerca, mucho más adelante de la línea de fuego. Varjacia comprendió que sus cañones ya no le servían de mucho y ordenó a sus arqueros a responder con una lluvia de flechas, las cuales se cruzarton en el aire con las de los rebeldes, pero éstas venía encendidas lo que provocó numerosos incendios. El humo y el fuego se expandió por los techos, al tiempo que se escuchaban nuevas ráfagas de los snodulats y el propio Varjacia pudo observar desde su pocisión en la torre como sus hombres trataban de huir despavoridos al er caer a sus compañeros, sin explicarse cmo éstos eran heridos.

Ducbag, "El Viejo" subió corriendo los escalones de la torre y se acercó a su jefe, diciéndole:

_ ¡Estamos perdidos, si no nos rendimos, esto va a ser una masacre!

Varjacia, luego de reflexionar un poco, autorizó a su subalterno para izar una bandera blanca sobre la torre del edificio.De inmediasto se suspendieron las acciones de uno y otro bando. Los hombres de Quinhil esperaron las nuevas instrucciones de su jefe, pero entonces vieron al Loq Mayor Varjacia, quien se asomó por una de las ventanas de la torre y que alzando sus brazos hacia el cielo, exclamaba:

_ ¡Escuchen ustedes rebeldes, esa bandera blanca que hemos izado sobre la torre, significa solo una tregua...Quiero parlamentar con vuestro jefe para evitar un mayor derramamiento de sangre, os doy mi palabra que ninguno de mis hombres intentará nada contra él.

Quinhil escuchó atentamente las palabras de su  adversario, él ya vislumbraba su victoria, pero tenia curiosidad por saber que estaba tratando de hacer aquel hombre...Tal vez solo ganar tiempo..¿Pero para que? Después, decidido, se abrió paso entre sus hombres y se acercó a la ventana, luego respondió con voz fuerte y clara, para que todos le escucharan:

_ Escúchame ahora Loq Varjacia, vuestra derrota es inminente, pero nosotros somos también caballeros, Iusses de La Comunidad de Ut y respetamos los códigos de guerra, te doy mi palabra que si deponeis ahora vuestras armas, sereis tratados conforme a vuestro rango y se evitarán así muertes inútiles.

Varjacia miró a su lugarteniente Ducbaj, éste mostraba un rostro inescrutable.Luego exclamó con voz potente:

_ ¿De manera que ustedes los Iusses  de Ut respetan los antiguos códigos de guerra' Entonces os voy a hacer un desafío como aquellos que realizaban nuestros gloriosos antepasados. Quiero desafiar en un combate cuerpo a cuerpo a aquel que se ha autoproclamado como hijo de Joushar III, si él cree que en verdad merece ocupar el trono de mi padre, pues que lo demuestre luchando contra mí.

Después de estas palabras sobrevino un silencio sepulcral, Quinhil estaba desconcertado, al igual que sus compañeros de armas, excepto uno: El propio desafiado.

En efecto, Joushar, sin pensarlo dos veces se adelantó en su caballo negro y se colocó peligrosamnente en frente de la torre quedando a tiro de cualquiera  de los arqueros enemigos, aquello sucedió tan rápido que  el propio Quinhil no atinó a detenerlo, entonces todos escucahron la voz recia y potente de aquel joven, acostumbrado a hacerse oír en en aquellas montañas solitarias:

_ Yo soy Joushar, hijo de Joushar III y de La Ciara y acepto el desafío...Si me vences, entonces me retiraré junto a mis hombres y te dejaremos libre para que puedas abandonar la aldea...Pero si yo te venzo, entonces tú me reconocerás  como tu rey y lo mismo harán todos tus hombres.

Arriba en la torre Varjacia se sobaba sus manos con sastisfacción, riendo irónicamente:

_ Ja ja ja...Cayó en la trampa...Aplastaré como a un gusano aese insolente muchachito y a la vez recuperaré a la mujer que se me ha escapado de mis manos.

Varjacia comenzó a descender desde la torre, blandía en una de  sus manos una poderosa y pesada espada y en la otra un escudo redondo, sus hombres al verle pasar le saludaban alzando sus armas, confiados en que no había en todo el reino, exceptuando a su hermano Volodia,quien pudiera derrotar a su líder.

Quinhil se acercó a Joushar para darle ánimos:

_ Ha llegado la hora de la verdad para vos Alteza, recuerda todo lo que te hemos enseñado y pídele a tu madre La Ciara que te ayude en este difícil trance.

Joushar se apeó de su caballo, tomó su espada de doble filo y la levantó por sobre su cabeza de la manera en que le habían enseñado los Iusses de La Fortaleza, luego saludó a todos lo que se encontraban cerca y alcanzó a evitar apenas el furioso y mortal golpe de Varjacia que ya se le había echado encima.

Se inició entonces un combate espectacular, una verdadera clase magistral de golpes y contragolpes, Varjacia era levemente más bajo que su rival, pero se veía más fuerte y  vigoroso, pero en cambio el joven rubio era más ágil y al comienzo se limitó a parar los terribles golpes que le asestaba su contendor, esquivandole con mucha agilidad.

_ ¡Pelea maldito...Juro que acabaré contigo  y me quedaré con la mujer que me pertenece y ella será la madre de mis hijos, bastardo!

Al escuchar esto Joushar  perdió por unos breves segundos el dominio de si mismo y arremetió impetuosamente contra el astuto Varjacia, quien aprovechó aquello para asestar un certero golpe que hirió al joven en el muslo iquierdo, Joushar retrocedió al sentir su carne desgarrada y entonces su rival quiso aprovechar el momento para rematar definitivamente al joven, pero cometió un error fatal, ya que al asestar el golpe, falló y al perder el equilibrio cayó pesadamente al suelo, lo cual fue aprovechado por Joushar para colocarle la punta de su espada en la garganta. Pudo haberlo matado con sólo mover su afilada espada, cercenando el cuello de su oponente, pero no lo hizo y prefirió perdonarle la vida, aunque éste con voz entrecortada le pidió que acabara de una vez con su vida.

_ ¡Mátame ahora o te arrepentirás por el resto de tu vida!

Joushar que perdía abundante sangre por la herida, levantó su espada y luego alzó ambos brazos, recibiendo una cerrada ovación de parte de sus adeptos y aunque parezca extraño, también de muchos de sus enemigos.

Recién entonces, Quinhil que había permanecido estático, con el alma en un hilo, sacó la voz y mirando hacia la torre, exclamó:

_ ¡Viva Joushar Cuarto...Rey de Varesocor!

Ducbaj "El Viejo", se acercó a su jefe que se veía muy abatido y le dijo:

_ ¡Vamos, levántate que ya todo ha terminado! Luego se acercó al joven tuerto y  dejando sus armas en el piso en señal de rendición, se inclinó ante él, al tiempo que decía:

_ Has triunfado en buena lid, hijo de Joushar III, mis hombres y yo te reconocemos como nuestro soberano y te pedimos misericordia.

Lentamente comenzaron a descender desde sus posiciones los hombres de Varjacia y uno a uno fueron dejando sus armas sobre el suelo, mientra que Joushar era atendido por su ayudante y su herida vendada, afortunadamente aquella había sido poco profunda y no había dañado ningún músculo o arteria.

Quinhil se acercó al abatido Varjacia y a su lugarteniente:

_ Habeis caído en buena lid y en esta hora de triunfo para nosotros seremos magnánimos y justos, por eso os permitiré que tanto vos Varjacia como también tú Ducbaj, puedan abandonar la aldea durante los próximos días para que vayan a decirle a aquel que se sienta en el trono del reino que sus días de tiranía y terror van llegando a su fin y que muy pronto aquel trono que ha usurpado durante todos estos años, le será arrebatado para entregárselo a quien en verdad le pertenece: Nuestro valiente y justo soberano ¡Joushar Cuarto!

Así fue como aquella emblemática aldea, perdida en la inmensidad de las Montañas Varsowots, fue recuperada por los hombres de Joushar, con la ayuda de los Caballeros Iusses.Aquel fue tan solo un primer paso de una larga y sangrienta jornada que recién comenzaba, muchos de los hombres de Varjacia permanecieron en la aldea, algunos se enrolaron en el recién formado ejército de Quinhil, sólo un pequeño grupo acompañó al derrotado  hijo de Itlán, entre ellos Ducbaj "El Viejo" y también su hijo, que fue liberado, pero hubo alguien del cual no se supo que pasó con él, se trataba de Locominot, posiblemente escapó en medio de  los combates, pero nadie le vio, al menos por un buen tiempo.

Pero Varjacia, el arrogante y vanidoso hijo de Itlán no  se atrevió a regresar donde su padre, para comunicarle su aplastante y humillante derrota, lo que hizo fue encaminarse rumbo al oeste, acia la que muchos años antes había sido su aldea natal, allí funcionaba aún aquella vieja herrería en donde había trabajado su padre, primero como sirviente y  despues como patrón.La vieja herrería había sido transformada en una gran fábrica de armas, la cuakl abastecía al ejército de Itlán, allí se estableció definitivamente Varjacia, abandonando por muchos años su vida militar y dedicándose a su antiguo oficio de herrero, tal como lo había sido su padre.

En cambio Ducbaj, padre e hijo se dirigieron  hacia la Tierra de Los Sonnerios para ofrecer sus servicios al Gran Sonner Rijna, quien aún mantenía bajo su poder una gran parte de las tierras situadas al otro lado del Mar de Sonner y que estaba preparando un ejército para atacar al reino de Varesocor.

FIN DE LA PRIMERA PARTE.