5. feb., 2016

Texto

(Continuación) "LA GUERRA DE VARSOWOTS"

Pero los hombres de la montañas contaban con un gran aliado. El duro invierno que  ya comenzaba, pese a que las inclemencias del tiempo también les afectaba a ellos, confiaban en que los fuertes vientos y las nevazones perjudicarían mucho más a los sonnerios  que no estaban acostumbrados a esas condiciones, por lo tanto, la tarea de resistir en las alturas les sería más propicia.

Prepararon concienzudamente un plan,el cual consistiría en varias acciones:Primeramente un grupo seleccionado de hombres, bajaría durante la noche y su objetivo sería hacer explotar los cañones que se ubicaban en lugares estratégicos de la Meseta de Jnorgot.Habían contabilizado unos cuarenta cañones y ya se sabía muy bien en donde se encontraban, obviamente que cerca de los cañones  se encontraría el material explosivo y las municiones, las cuales servirían para hacerlos detonar, al menos en teoría.

Quinhil expuso dicho plan al Rey y éste dio la venía para llevarlo a cabo, entonces el Iusse Perfecto les habló así a los hombres.

_Ustedes ya han escuchado la primera parte de nuestro plan, ahora voy a necesitar a cien valientes que se atrevan para esa tarea, les advierto que es una misión difícil, casi suicida, pues es muy difícil lograr el objetivo y escapar con vida, diría que es en verdad un sacrificio, pero lo es por una buena causa.

El primero que se ofreció, fue mi padre, el Iusse Lotla y trás él fueron apareciendo  uno por uno los valientes, hasta completarse el grupo.

Otro grupo de veinte jinetes, aprovecharía el caos que se produciría, para atravesar las líneas enemigas y marchar hacia la Fortaleza de Ut, a fin de alertar al Gran Maestro Lodiyar, quien estaba preparando un nuevo ejército, reclutando para ello a los habitantes de los pueblos vecinos, dicho ejército atravesaría el antiguo Valle de Varesocor para sorprender a los sonnerios por la retaguardia. A cargo de dicho ejército estaba un joven Iusse llamado Lavorlfi, oriundo del puerto de Locbinot y sus lugartenientes, los iusses Jocobeaban y Oqolfi, hijos de los Gigantes Ruvo y Ruvola.

Como el tiempo aún se mantenía algo estable, se eligió una noche sin luna para iniciar las acciones planificadas. Fue así, como, mi padre, liderando  a sus cien guerreros, descendieron de las cumbres, ocultándose  entre las rocas y arbustos, ayudados por cuerdas que se clavaban con cuñas y que les permitían descolgarse por la superficie rocosa tal como las arañas lo hacen en las murallas.

Cerca del amanecer llegaron hasta el campamento enemigo, el cual estaba rodeado por una empalizada de troncos y cada trecho eras vigilado por centinelas apostados en altas torres. Mi padre consuderó  que iba a ser muy difícil poder penetrar en el campamento, pero estaba decidido a cumplir con el objetivo propuesto y así, sin detenerse a considerar los riesgos, ordenó a sus hombres que arrojaran sus garfios  hacia lo alto de la empalizada y luego comenzaron a trepar ayudados por las cuerdas, algunos lograron sorprender a los guardias y los eliminaron, pero otros no tuvieron esa suerte y fueron detecyados iniciándose feroces combates cuerpo a cuerpo.Aquellos que no fueron sorprendidos alcanzaron a llegar a los cañones y entonces se produjeron las primeras explosiones, o cual provocó enormes incendios y por consiguiente el caos dentro del campamento sonnerio, cundió la alarma ante el sorpresivo ataque y antes que los defensores pudieran impedirlo, otros cuatro cañones explotaron y minutos después lo hicieron otros más, Ya amanecía cuando los sonnerios recién pudieron lograr controlar  la situación y entonces, a la luz del día ellos pudieron observar  que no habían sido atacados por un ejército como pensaban  sino que tan sólo por una compañía de valientes y así a la luz del día se pudo constatar la magnitud del daño causado por los atacantes. Quince cañones destruídos, muchos hombres muertos o heridos, pero el costo de aquello fue doloroso, para los hombres de Joushar, ya que ninguno de los cien valientes héroes, pudo escapar con vida, entre ellos el autor de mis días, que entregó su vida junto a sus hombres.

Pero su sacrificio no fue en vano, pues se consiguió, aparte del daño causado al enemigo, que los jinetes escogidos pudieran atravezar las líneas enemigas y dirigirse hacia la Fortaleza y a la larga aquello fue un factor muy importante en esta guerra.

Gejorsi, era el apodo del Iusse Lavorlfi, él era el hijo mayor del Gigante Jaceos, éste lo había enviado a La Comunidad cuando cumplió los quince años, con el fin de que lo educaran y convirtieran en Iusse, tal como también lo hicieron sus parientes Ruvo y Ruvola, con sus respectivos hijos Jcobeoban y Oqolfi, todos ellos pertenecían  a una extensa familia que se destacaba por su extraordinario desarrollo físico y estatura, por ello eran conocidos como "Lo Gigantes", pese a que todos ellos eran de carácter muy pacífico y sereno, todos vivían en el Puerto de Locbinot y se dedicaban a la pesca, al igual que la mayoría de sus habitantes.

Al cumplir los veintiun años Gejorsi fue investido como Iusse y como se destacó como un excelente alumno en todas las disciplinas tanto físicas como intelectuales, se le asignó el mando de un destacamento muy especial, todos ellos eran jinetes y expertos tiradores con sus snodulats.La misión de este grupo, sería avanzar por las Tierras Arcaicas y entorpecer las comunicaciones y envíos de abastecimientos del ejército sonnerio.Como Gejorsi cumplió esta labor de manera muy atinada, La Comunidad decidió adiestrar a otros dos grupos más par que cumplieran aquella misma tarea y fue así como durante todo aquel invierno los tres grupos de Todasiobanits ( Como se les llamaba) causaron mucho daño al ejército sonnerio del Sur, mientras ello ocurría, La Comunidad preparaba aceleradamente un verdadero  ejército de apoyo, el cual iría en auxilio de los Iusse que defendían La Montaña, por esa razón era de vital importancia que Joushar y los suyos resistieran al menos durante los tres meses de aquel crudo invierno.