8. feb., 2016

Texto

(Continuación)

Lonousa fue quien acudió primeramente al llamado de Joushar, reunió a sus hombres frente al flamante castillo del rey, todos llevaban uniformes de color rojo, que era el color emblemático del Duq y en su estandarte lucía la figura de un puma, animal que simbolizaba la valentía y la fiereza ya demostrabaen los combates contra los sonnerios.

Joushar le recibió afectuosamente y le encomendó la misión de dirigirse nuevamente a las Montañas de Zita con el fin de ayudar a Yoqosina, quien continuaba su incansable lucha contra los hombres del Escorpión Negro.Lonousa, después de prestar juramento de lealtad y fidelidad al soberano emprendió la marcha hacia las llamadas Tierras Altas, que él ya tan bien conocía.

Días más tarde llegaron los hombres del Duq Lonorlfo, estos vestían rigurosamente de negro y en sus estandartes y escudos se destacaba la figura de un cóndor dorado, el fuerte de Lonrolfo eran sus afamados jinetes, los llamados "Senobanits", armados  con sus flamantes snodulats, quienes eran comandados por Bnoluco, el hijo mayor del Duq Lonorlfo.

Lonorlfo tenía poco más de cuarenta años y poseía una notable fortuna, basada en sus emporios comerciales, aquello le había valido aperar a sus hombres y dotarles del mejor armamento y equipamiento. A él, el rey le asigó la tarea de recuperar las ciudades que habían sido tomadas por Itlán y avanzar hasta Nueva Sorgín, siguiendo la ruta de la costa para no interferir con las tropas de Lonousa.

Después de la correspondiente ceremonia de juramento de lealtad y fidelidad al rey, Lonorlfo partió con su ejército.

Joushar hubiera deseado encabezar el mismo  aquellos ejércitos tal como lo había hecho años atrás, pero prefirió hacer caso de los consejos de su amigo y mentor Quinhil, quien le había sugerido permanecer en las Montañas Varsowots y dirigir desde allí las acciones.

_ Ahora ya  eres, no sólo el rey guerrero y líder de una gran nación sino que además debes gobernar para lograr el bienestar  de tus súbditos y para eso es mejor que permanezcas aquí, pero no estaremos estáticos esperando que los hombres enviados logren sus objetivos, yo mismo estoy permanentemente en contacto con nuestro Gran Maestro Lodiyar, quien nos enviará muy pronto un gran destacamento de Iusses y entonces si que marcharemos rumbo a la capital para recuperarla y acabar definitivamente con el usurpador.

Jouhar suspiró:

_ ¡Ah...Creo que tienes razón, es muy importante que nuestros hombres derroten de una vez por todas al tirano, pero también es importante ayudar a mejorar la vida de tantos hombres de trabajo que han sufrido mucho por estas guerras.

Quinhil se mostró satisfecho, pensando que no se había equivocado al considerar que aquel jovencito que había conocido años atrás, en aquellas mismas montañas se había transformado ya en un verdadero estadista, pues anteponía el bienestar de su pueblo antes que sus propios deseos de gloria.

_ Creo que cuando terminen estas guerras y se establezca la paz, él va a ser el mejor soberano que haya tenido nuestra nación. Dijo el Iusse Perfecto abrazando con cariño a su esposa Siwana.