11. feb., 2016

Texto

CAPÍTULO 37: 

Mientras ambos corrían por el largo pasillo se produjo otra violenta explosión, mucho más violenta que las anteriores, la cual destruyó completamente el edificio ubicado en la colina, las llamas se extendieron por el cercano bosquecillo, iluminando el cielo como si fuera una antorcha gigante, la cual podía verse desde todos los puntos de la ciudad.Y así fue como entre las llamas y el humo se sus siniestros experimentos perdió la vida aquel extravagante sabio y también, afortunadamente sus creaciones, que de no haber sido así, hubiera cambiado todo el curso de esta historia.

Cuando se escucharon aquellas explosiones, los hombres del Duq Lonorlfo que se encontraban rodeando las murallas de Nueva Sorgín, pensaron que aquella era una señal de los infiltrados en el interior de la ciudad y consideraron que ya era el momento de iniciar el asalto, el propio Duq que se encontraba en una carpa de campaña  junto a sus ayudantes, se mostró desconcertado.

_ ¿Que estará sucediendo en la ciudad, acaso alguien me puede dar alguna información respecto a aquello?

_ Tal vez sean los disidentes a Itlán, puede que ellos hayan planificado un acto de sabotaje_ Respondió Bdoluco, el hijo mayor del Duq.

_ Si puede ser, bien, aprovecharemos el momento para iniciar de inmediato las acciones.- Ordenó Lonorlfo.

Entonces se iniciáron los bombardeos contra los gruesos muros y las torres: Los cañones arrojaron sus cargas, produciendo grandes forados en las murallas y considerables daños en el interior de la ciudad.Después que estos cañones dejaron de disparar,los hombres avanzaron muy ordenadamente para trepar como arañas por las altas paredes de ladrillo y piedra.La batalla final, había comenzado.

Dentro de la ciudad todo era desorden y caos, los hombres corrían a ocupar sus puestos en las torres y almenas, el propio Itlán se esforzaba tratando de darles ánimos a sus desconcertados hombres para organizar la defensa.Muchos pensaban que ya los enemigos estaban en el interior de la ciudad y que ellos habían hecho explotar el Laboratorio del Doctor Locominot.

Pero lo que no sabían es que aquel enemigo interno, era apenas, un solo hombre ¡Claro, que no cualquier hombre!ya que el gigante Odaverod valía tal vez tanto como un ejército o al menos, un batallón completo, además no estaba solo, le acompañaba el ex ayudante del sabio demente, Lono Vusecobo, quien le pedía a su gigantesco compañero que actuara con prudencia.

_ Hay que actuar con inteligencia amigo, si es que queremos salir vivos de este atolladero, déjame aconsejarte, ya que tengo un plan.

Habían llegado al final del pasillo y se habían detenido a los pies de la escala que conducía hacia el salón del palacio real, pero al subir se encontraon con la pesada puerta de hierro, la cual parecía imposible de franquear, incluso para Odaverod, obviamente que Lono Vusecobo ignoraba que sobre aquella puerta se encontraba una enorme estatua de piedra, la cual impedía poder mover aquella puerta.

Después de varios intentos, se convencieron de que les sería imposible abrir esa puerta, por lo cual decidieron desandar su camino para ver la posibilidad de salir por donde se ubicaba el Laboratorio, pero a medida que se acercaban a él, comprobaron que las llamas continuaban.Nada podían hacer, salvo permanecer allí, esperando que las llams se apagasen o que al menos disminuyeran.

Mientras tanto, en la superficie se combatía con gran ferocidad, tanto los sitiadores como los sitiados  luchaban tenazmente para acabar con sus enemigos, por los forados que habían producidos las balas de los cañones, se colaban los asaltantes, mientras que los defensores les arrojaban toda clase de proyectiles.En la torre más alta del palacio real, Itlán junto a su mujer Cirra y algunos hombres de confianza contemplaban el impresionante espectáculo.

_¿Recuerdas mujer, como hace tantos años, veíamos desde esta misma torre como nuestros hombres arrasaban la ciudad? Decía Itlán.

Cirra ya no era la mujer atractiva de entonces, había envejecido y su rostro mostraba los estragos del tiempo y su pelo encanecido, le daba cierto aire de dama importante,como lo era, pero pese a ello, conservaba ese aire de mujer altiva, valiente y empecinada que no se dejaba amilanar por nada, mirando de frente a su marido, respondió:

_¡Sí, que lo recuerdo,cómo olvidarlo...Para mí es como si aquello hubiera sucedido tan solo ayer1 Pero no es hora de lamentaciones ni debilidades, nuestros hombres luchan con fiereza, a nuestros enemigos le va acostar mucho tomar la ciudad, ahoea es cuando necesitamos más que nunca a ese estúpido viejo, al cual tu has apoyado siempre...¿Dónde diablos se ha metido ahora y que es de aquella arma secreta que nos prometió?

Itlán frunció el seño, su rostro se veía cansado, pero  o dijo nada, luego acercándose a su mujer le habló a su oído:

_ Acompáñame, me has hecho recordar algo importante, puede que aún no sea demasiado tarde y quizás aun podamos revertir la situación.

Sin decir nada más tomó del brazo a su mujer y la condujo por el amplio salón hasta el lugar en donde se encontraba la estatua del yocosath de piedra, mientras ella le miraba on curiosidad, él buscó en un lugar aquella llave en forma de estrella y la colocó  en un lugar determinado de la estatua, al notar como ésta comenzaba a desplazarse lentamente, la mujer exclamó:

_¡Que demonios significa esto!  He estado en este salón tantas veces admirando esta hermosa escultura, jamás se me hubiera ocurrido que bajo ella se oculta una entrada secreta...¿A donde conduce esta salida, esposo mío?

Itlán escondió la llave en un lugar determinado,luego conminó a su esposa para que le siguiera, al tiempo que le explicaba:

_ Tampoco yo lo sabía, Locominot me enseñó este pasadizo hace tan sólo unos días, este pasillo conduce directamente hacia su laboratorio,alli puede que éste haya logrado escapar, pero de todas maneras nosotros estaremos a salvo ya que nadie podrá seguirnos.

Lentamente la estatua se desplazaba cerrando por completo la única salida o entrada, segun como se mire.

Caminaron por el pasillo  hasta llegar a la sala de guardias, pero allí no había nadie.

_¡Que extraño...no hay nadie! Ni siquiera está aquel monstruo...Odaverod, seguramente debe de haber muerto con la explosión o bien ha logrado escapar...De todas manera hay que estar alerta...No me gustaría encontrármelo por aquí_ Dijo Itlán.

El pasadizo estaba ahora a oscuras, las lámparas se habían ido apagando al agotárseles el combustible, pero Itlán era un hombre valiente y su mujer también lo era, ambos continuaron avanzando.

Despues de algunos minutos divisaron una tenue luz,se acercaron cautelosamente y cuando vieron al portador de aquella lámpara respiraron aliviados,Habían reconocido al deforme ayudante del Doctor Locominot, entonces Itlán se  acercó confiadamente a Lono Vusecobo, más cuando estaba a unos pocos metros de aquel, se quedó paralizado al ver que el hombre no estaba solo, a su lado estaba aquel coloso de enormes brazos velludos y rostro deformado: Odaverod.

El desconcierto le duró apenas unos segundos, entonces Itlán se enfrentó a aquellos dos seres, tan distintos uno del otro, diciendo:

_¡Arrodillaos!...¿Acaso no me reconoceis? Pues soy Itlán, El Escorpión Negro...Vuestro Rey yte ordeno que me digas inmediato en donde se encuentra tu amo,Locominot.

Lono Vusecobo lo miró asombrado, jamás se le hubiera pasado por su mente, encontrarse así de pronto con la más alta autoridad del reino y fue tanta su sorpresa que comenzó a tartamudear:

_Ma...majestad...Por lo que sé, mi jefe, Locominot ha muerto...el laboratorio se incendió y creo que solo nosotros pudimos sobrevivir, pero estamos atrapados aquí abajo y no tenemos como salir de aquí.

Itlán había recobrado un poco el dominio de si mismo, pero miraba con desconfianza al enorme acompañante al gigante, quien parecía tan desconcertado como Lono Vusecobo.

_¿Por qué está suelto ese...no es acaso peligroso? Preguntó Itlán señalando al coloso.

_ No es peligroso, sólo lo es para nuestros enemigos Majestad, ahora lo único que te pedimos es que nos ayudes a salir de aquí, después te prometo que te serviremos en lo que nos ordenes o si lo prefieres, desapareceremos para siemper de tu vista, Señor.

Lono Vusecobo hablaba cautelosamente, lo cual llamó la atención de Cirra, quien se acercó a su esposo y le susurró al oído:

_ Este hombre no me da ninguna confianza, si le dices la forma de salir de aquí, te aseguro que nos traicionará.

Itlán parecía indeciso, ya sabía que el laboratorio de Locominot no existía y por lo tanto la única salida era devolverse por el pasillo, debía de actuar con astucia, por eso le habló así a Lono Vusecobo:

_¡Escúchame! Voy a ayudarte a salir de aquí, a tí...y a tu amigo, pero debes prometerme completa lealtad, ahora que Locominot está muerto, tu vas a ocupar su lugar, te daré cuantiosos recursos para que montes otro laboratorio y te hagas cargo de las investigaciones, en cuanto a tu amigo..Odaverod ¿Así es como se llama? Le concedo la más completa libertad y si lodesea le ayudaré para que regrese a su tierra, junto a su familia...Es mi palabra de rey y tú sabes que siempre cumplo lo que prometo.

Lono Vusecobo escuchó atentamente las palabras de Itlán, en su mente se libraba una terrible lucha, él ignoraba lo que estaba sucediendo arriba, en la superficie, por lo cual creía que aún Itlán dominaba completamente la situación, aquello era para él una gran oportunidad, pero vacilaba.

Rapidamente se decidió:

_ Está bien Majestad, creo que si permanecemos aquí mucho rato más, todos vamos a perecer ya que el fuego se está extendiendo por el pasillo, por favor...Sácanos  de aquí y te prometo que te serviremos lealmente tanto yo como mi amigo Odaverod.

Itlán comprendió que aquel hombrecillo tenía razón, por eso se decidió y les hizo seña a los dos que le siguieran por el largo y oscuro pasillo.

Caminaron de nuevo hasta la sala de guardias y allí Itlán buscó y encontró la llave en forma de estrella, la colocó en una endidura  y los cuatro vieron como arriba algo se comenzaba a mover, dejando al descubierto la salida.Entonces Itlán ordenó:

_ Todos arriba, apúrense, que las llamas ya están avanzando demasiado.

Y así  lo hicieron, primero Itlán y su mujer, más atrás le seguía Lono Vusecobo y al final el gigante Odaverod, quien apenas cabía por la estrecha abertura.

Se encontraron en el amplio salón, desde allí se escuchanan los gritos y ruidos de la batalla que se estaba librando cada vez más cerca.Al ver a Itlán sus guardias corrieron para rodearle, proteguiendole con sus escudos, mientras que otro grupo se acercó cautelosamente al gigante Odaverod, apuntándole amenazadoramente con sus armas. Itlán vació unos instantes, lo cual fue fatal, porque Odaverod, al verse amenazado, reaccionó con violencia, rapidamente arrebató una lanza a uno de los guardias y dando un gran salto comenzó a hacerla girar hiriendo a varios  de ellos, los hechos se sucedieron con mucha rapidez, uno de los guardias le arrojó una lanza la cual le provocó una herida leve en uno  de los hombros de Odaverod, aquello le enfureció más aún, ciego de ira corrió hacia adelante y antes de que ningún guardia pudiera reaccionar, aprisionó a Itlán consus fuertes brazos, levantándole del suelo como su fuera un muñeco, al tiempo que gritaba:

_ ¡Ordena a tus hombres que nos dejen ir de inmediato, de lo contrario te aplastaré como a un gusano!

Todos se quedaron petrificados de espanto, Itlán esta vez sintió miedo, nunca hubiera imaginado morir de aquella forma, alcanzó a gritar:

_ Dejen sus armas sobre el piso...Odaverod, te aseguro que todo ha sido un error, yo no dí orden de que te atacaran...Voy a cumplir lo que prometí...Te lo juro.

Odaverod soltó a su prisionero, luego cogió con una de sus manos una buena cantidad de lanzas desde el suelo y llamando a Lono Vusecobo, le gritó:

¡Vamos...Salgamos de aquí, ahora!

Apenas acabó de decir aquello, cuando se escuchó una fortísima explosión, la cual remeció todo el edificio como si fuera un gran terremoto.

Itlán miró espantado a su compañera, gritando:

_Esta explosión debe de haber sido en los arsenales en donde guardábamos las municiones, si es así...estamos perdidos ya que significa que los atacantes ya estan muy cerca de nosotros.

Cirra, entonces se le acercó, su rostro estaba demudado, pero se veía tranquila y serena_

_¡Pues entonces, preparémonos para combatir ...Si hay que morir peleando, pues lo haremos esposo mío...Ve a traer nuestras armas y enseñemosle a esos ...malditos iusses como pelean los últimos  descendientes de los valientes qejviats!