15. feb., 2016

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CAPÍTULO 40:" La muerte de un héroe"

Temiendo que les sorprendiera una de aquellas constantes tormentas, tan frecuentes en aquella región montañosa, el Duq Lonousa se refugió junto a su grupo en un pequeño poblado llamado Lotinar, allí existía un pequeño templo, tal como en varios otros en donde los aldeanos seguían practicando el culto a la imágen de yeso de La CIARA.Lonousa y sus hombres pernoctaron allí y antes de retirarse a descansar quisieron estar presentes en la ceremonia que el anciano de aquel villorio deseaba realizar en honor a la blanca imágen.

Fue en aquella noche, según cuentan las crónicas, cuando ocurrió la tragedia, el traidor Dufa, que ya sabía lo que iba a suceder, tuvo ciertos remordimientos y a última hora trató de atenuar su falta, salvando al menos a su amigo Lono Biousoba, para ello le invitó a jugar un partido de "ITluoni"(Un deporte que ya en aquellos años tenía muchos adeptos, principalemente entre los jóvenes, el cual se jugaba en una cancha rectangular en donde  dos bandos de cinco integrantes cada uno trataban de impulsar un balón de madera hacia el arco contrario, por supuesto que respetando las reglas de antemano convenidas).La cancha quedaba un tanto alejada del pueblo y fue aquella circunstancia  la que le  salvaron las vidas a aquellos jóvenes, pues fueron los ínicos sobrevivientes dela masacre que ocurrió aquella tarde.

En efecto, poco antes de que anocheciera un grupo de hombres fuertemente armados rodeó al poblado, conminando al Duq a que se rindiera, pero éste no estaba dispuesto a dejarse aatrapar  sin combatir y así fue, que pese a la abrumadora superioridad del enemigo, contando con no más de una treintena de hombres, se atrincheró en una vieja construcción dispuesto a dar una dura resistencia a sus enemigos.Desde las canchas en donde estaban los jóvenes que practicaban su deporte favorito, ellos pudieron observar como los enemigos rodeaban todo el poblado, entonces la única posibilidad que tenían de poder salvarles era tratar de llegar al lugar en donde estaban acantonados los hombres del ejército de Lonousa, como no podían exponerse a ser detectados por las tropas enemigas, decidieron trepar a las montañas para llegar lo antes posible donde sus aliados para pedir ayuda,pero sus esfuerzos fueron en vano y cuando al fin el ejército pudo llegar a la aldea de Lotinar, ya era demasiado tarde: El pueblo había sido arrasado, destruido y quemado y no encontraron a ningún sobreviviente.

Eso provocó un gran desconcierto y temor entre los hombres, una sensación de derrota, incertidumbre e inquietud se propagó entre ellos , ya que no se sabía con certeza si el propio Duq estaba vivo o muerto.Se suponía que si había caído prisionero, muy pronto llegaría algún emisario para pedir un cuantioso rescate por él y los prisioneros.Pero las horas pasaban y aquello no ocurría.

Fue entonces cuando el hercúleo Dynastes, que era el Loq de mayor rango, quien había tomado el mando de aquel ejército, decidió reunir  a sus jefes para realizar un Consejo extraordinario, a fin de tomar una decisión.Su opinión era realizar un ataque de inmediato hacia la fortaleza de Mur, que era el último bastión de Volodia.

Se efectuó dicha reunión, pero no fue posible llegar a algun acuerdo, algunos proponían enviar un emisario a la fortaleza para negociar la vida y libertad de su líder, ya que pensaban que si les atacaban ahora, su vida correría peligro, otros  aun pensaban en marchar rumbo a Nueva Sorgín para reunirse con el Duq Lonorlfo a la brevedad. Fue en aquellos momentos cuando irrumpió en la reunión el Iusse Vanet, quien comandaba el destacamento que había partido para Nueva Sorgín junto al Duq Lonousa, ellos fueron quienes primero llegaron a la aldea y al verla destruida empremdieron una rápida persecusión para tratar de ubicar a los causantes de aquella destrucción, ograron alcanzar a los rezagados y al capturarles se enteraron de lo sucedido:Todos ellos le aseguraron que en el ataque a  la aldea no hubo prisioneros, pues todos los iusses, incluidos el propio Duq Lonousa cayeron combatiendo.

Cuando Vanet les comunicó la triste noticia a los demás Loqs, estos se sintieron muy impactados, inclinaron sus cabezas en señal de duelo y permanecieron por largos momentos, todos muy desconcertados por la situación, finalmente tomaron la decisión de que el Loq Dynastes, tomara provisoriamente el mando y enviaron emisarios hacia el sur, para comunicar la triste noticia al soberano  a fin de que él decidiera el curso de las acciones a seguir.

Como sabían que aquello demoraría demasiado tiempo, dadas las distancias y las condiciones existentes, aquel mismo Consejo tomo la decisión de iniciar de inmediato un ataque final contra el último refugio de Volodia y así lo hicieron.

Pasadas las primeras horas de dolor y temor, se desencadenó en todos los hombres un tremendo sentimiento de venganza y ese fue el gran aliciente que les hizo combatir, tanto que cuando llegaron hasta la fortaleza ubicada en la cima de un enorme peñasco, los hombres no esperaron las órdenes de sus superiores, quienes habían previsto acampar en los alrededores antes de iniciar el asalto final,con la rabia y el odio en sus miradas cientos de guerreros liderados por los iusses arremetieron contra la fortaleza con el claro fin de tomarla a como diera lugar.Y lo consiguieron antes de que comenzaran a caer las primeras nevazones.

A pesar de la férea resistencia de los hombres de Volodia, las malas condiciones de salud y el desaliento al saberse ya casi derrotados hicieron mella en ellos y así, al cabo de dos semanas de intensa lucha,izaron  la bandera blanca de la rendición.

Cayó así, el último bastión del Escorpión Negro, su hijo Volodia fue ajusticiado junto a sus principales colaboradores y sus cabezas fueron enviadas al sur, para testimoniar que ya no había más escollos que impidieran que Joushar IV pudiera viajar hacia Nueva Sorgín para ocupar el trono que le corerespondía.

Cion la caída de la Fortaleza de Mur, terminó al fin aquella larga guerra fratricida, mientras los hombres del desaparecido Duq Lonousa izaban sobre la torre la bandera roja con el puma dorado a mil verts de allí, en el palacio real de Nueva Sorgín seguía flameando la enseña negra del Duq lonorlfo. Pasarían alún tiempo para que las dos buenas noticias llegaran finalmente al ahora único soberano del reino de Varesocor:Joushar IV.