17. feb., 2016

Texto

CAPÍTULO 41:"Quinhil y sus hijos"

A sus cuarenta y cinco años  de edad,el Gran Duq Quinhil, "El Perfecto" seguía manteniéndose como un hombre lleno de vitalidad y energía, ni las largas campañas, ni las interminables marchas y aventuras, que lo  habían llevado a recorrer la mayor parte de Las Tierras Arcaicas en pos de consegir el gran objetivo que se le había encomendado:Primeramente encontrar y proteger al futuro Rey y Señor de Los Iusses y posteriormente ayudarle en la conformación de su vasto imperio, habían hecho mella en su cuerpo ni en su espíritu. Ahora, instalado muy cerca del soberano Joushar IV seguía ayudándole con sus atinados consejos cuyos resultados eran visibles en la mayoría de las leyes y decretos que el Rey había dictado en aquellos años.

Al igual que él, su esposa y compañera, la bella Siwana seguía conservando sus atributos físicos e intelectuales, ya los dos gemelos Teov y Teovit se habían convertido en dos jóvenes que fisicamente se parecían mucho, pero que tenían caracteres muy distintos; mientras que a Teov le gustaban los deportes y ejercicios físicos, su hermano amaba las artes y las ciencias.

Ambos hermanos se complementaban muy bien y eran motivo de mucho orgullo y alegrías para sus padres.Hasta que ocurrió algo inesperado.

Todo comenzó con una excursión en donde ambos hermanos decidieron adentrarse en un sector muy poco conocido de aquella región montañosa, se decía que por allí existían restos y vestigios de uno de los antiguos clanes varines y aquello entusiasmó a los dos jóvenes quienes, sin hacer caso de las advertencias y consejos de sus mayores y aprovechándose de que su padre estaba de viaje por unos días, prepararon sus bártulos como si de un simple paseo se tratase y muy de amanecida partieron rumbo a aquellas soledades.Antes de partir su madre trató de hacerles desistir de su empeño, ella decía que había tenido un mal sueño y que su corazón le advertía que podría sucederles algo malo, pero los dos jóvenes la tranquilizaron, asegurándole que no irían muy lejos y que regresarían en la  tarde de aquel mismo día.

Cuando cayó la noche y ellos no regresaron , Siwana se inquietó mucho,como Quinhil no estaba se tuvo que conformar con expresarle sus temores a sus más cercanos, pero todos trataron de tranquilizarla aduciendo que posiblemente se les había hecho tarde y ellos debían de haber encontrado un refugio en donde pernoctar.

Fue al día siguiente cuando la preocupación cundió y entonces se organizó a un grupo de avezados montañistas para salir a buscarles.

Comenzó así una búsqueda desenfrenada, los montañeses recorrieron toda el área sin obtener resultados, parecía que la tierra se hubiera tragado a los dos jóvenes y no había ni la menor seña ni siquiera una misera pista que indicara en donde ellos se encontraban.

Cuando regresó Quinhil y supo  lo acontecido, él mismo junto a varios de sus hombres de más confianza salieron a recorrer la región para buscarles, había un  sector que revestía mucha peligrosidad, se trataba de un vasto y seco arenal" Oniroc bi Lulfecca", le llamaban y se sabía que allí eran muy pocos quienes habían podido sobrevivir, así contaban los más viejos montañeses:

_ En las laderas de aquel cerro existe un arenal que tiene la forma de un lomo de yocosath, allí la arena es tan fina  que si un hombre camina sobre ellas sin llevar el calzado adecuado, se hunde irremisiblemente en ellas y muere en cosa de minutos, pues la arena se lo traga y no hay manera de saber en donde desapareció, pues el viento al soplar hace desaparecer toda huella visible.

Quinhil recorrió todas las zonas cercanas buscando con desesperación, pero al cabo de dos semanas, muy abatido le solicitó a Su Majestad que lo liberara de sus funciones para dedicarse por completa a buscar a sus dos hijos desaparecidos.

Antes de decidirse a entrar en la peligrosa zona del arenal, decidió ir a visitar al anciano Zise, aquel sabio que  había vivido siempre en aquellas montañas y que conocía muchos de sus secretos, el mismo que había criado y educado al propio soberano en los años de su niñéz y juventud, para ello viajó hacia la aldea de Aotet, ahora convertida en una populosa y activa ciudad, ciudad que al noble Iusse le traía muchos recuerdos. Fue allí en donde había conocido a su esposa Siwana y también a aquel joven rubio que ahora reinaba como Joushar IV.

Se alojó en la posada que ahora dirigía y atendia Gamir, el hijo del antiguo posadero de aquel pueblo, después de las primeras atenciones y saludos, Quinhil tuvo que recibir a una delegación que representaba a los vecinos más importantes de esa ciudad, ellos parecían muy alarmados y le explicaron los motivos que les preocupaba:

_¡Que bueno que hayas venido a nuestra ciudad Garn Duq, nosotros estaremos siempre agradecidos a tu persona ya que no olvidamos que fuisteis vos quien nos liberó del malvado Varjacia y de su tirano padre, pero ahora tenemos un grave problema y tal vez tenga relación con lo que puede haberles sucedido a vuestros hijos Alteza.

Quimhil escuchaba con atención, Gamir continuó:

_ No sólo vuestros hijos han desaparecido, en estos últimos tiempos son varias las familias que sufren con la ´perdida de sus seres queridos, también con sus animales, tanto es, que ya nadie se atreve a alejarse demasiado del pueblo, para no encontrarse con el monstruo...El monstruo que asola nuestros campos, algunos, los más viejos creen que el Odaverod, aquel gigante que vivía junto al viejo Zisse, pero los que lo han visto y sobrevivido nos cuentan que esta criatura es muy distinta al coloso aquel, que aunque fiero y fuerte, nunca nos hizo el menor daño, todo lo contrario, recuerda que fue él solo quien detuvo al ejçercito de Varjacia durante varios días en el Desfiladero del Diablo.

Aquellos que se han cruzado con él, lo describen como un demonio, mitad humana y mitad bestia, que baja de las montañas y se apodera de nuestro ganado, descuartiza a los animales y los devora, se nota que posee una fuerza descomunal y no hay manera de alcanzarle pues corre y se encarama por los cerros con pasmosa rapidez y agilidad.

Quinhil, El Perfecto, recordaba muy a Odaverod, como todos se le había perdido la pista y lo único que se sabía era que había sido llevado cautivo a la capital del reino y no se sabía más de él.

Pensaba: Sería posible que el gigante hubiera sobrevivido y regresado a sus montañas, convertido ahora en un ser salvaje, la única manera de saberlo era iendo a visitar al anciano Zisse,hermano de aquel engendro, él tenía que saber que estaba sucediendo.

Después de escuchar a la delegación, se retiró a descansar, pero ya había tomado la decisión de emprender al día siguiente el viaje hacia la antigua casona de la montaña.