22. feb., 2016

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CAPÍTULO 42: "La muerte de Zise"

Al día siguiente Quinhil junto a veintiun voluntarios se encaminaron por la ruta que yaantes habían recorrido, el Iusse confiaba que en la casona del Viejo Zise podría encontrar las soluciones a sus dos grandes problemas:La desaparición de sus hijos gemelos y lo del gigante Odaverod. Recordaba que había un sendero que le permitía ganar tiempo y como el clima estaba bueno decidió tomar aquel atajo.

Cuando llegó a "Los cuernos de Yocosats", envió a uno de sus hombres a que subieran hasta una de las puntas y desde allí oteara el horizonte.

Cuando el hombre descendió, éste le informó que se veía una humareda en el lugar en donde se suponía estaba el poblado o campamento que se había establecido en los alrededores de la antes, solitaria casona.

Aquello no le auuguró nada bueno y, en efecto, a medida que se fueron acercando, todos pudieron ver el desastre que allí había: Las endebles casitas de madera estaban completamente destruidas, como si una fuerza extraña se hubiera ensañado con ellas,otras se habían incendiado y el humo aún ascendía hasta el claro cielo.No había señales de vida, pero tampoco habían cadáveres ni cuerpos heridos, daba la impresión de que los que allí habían habitado, hubieran abandonado aquel lugar antes de que ocurriera aquella catástrofe.

Pero, en cambio, la casona estaba intacta.Cuando Quinhil se acercó a la enorme puerta de madera de libna,notó que ésta no estaba cerrada completamente y por eso, la empujó suavemente hasta que ésta se abrió.Le hizo una seña a sus hombres indicándoles que permanecieran alertas, por si el monstruo aparecía en el interior.Pero al entrar le pareció como que la casona estuviera desierta y deshabitada.

Entraron con cautela, ya en el estudio del sabio, se comenzaron a notar señales de que alguien había estado revolviéndolo todo:Libros desparramados sobre el piso,objetos diversos amontonados y sin ningún orden, indicaban que por allí había pasado aquella bestia destructora.

Entonces escucharon unos lamentos en el dormitorio de la vivienda.al entrar, vieron tendido sobre el lecho a aquel anciano, que tenía sus ojos cerrados y una expresión de dolor y sufrimiento en su ajado rostro.Al percibir la presencia  de los hombres de Quinhil, el anciano abrió sus ojos y al verle, haciendo un gran esfuerzo, le pidió que se le acercara, entonces le dijo:

_¡Escúchame por favor y no me interrumpas ya que no me queda mucho tiempo!...Quinhil le tomó una de sus huesudas muñecas y acercó su oído al rostro del anciano,éste respiraba con dificultad y parecía estar reuniendo fuerzas para decir algo, al fin lo hizo:

_ Mi hermano...Odaverod, él está muy enfermo, hay que ayudarle..Prometeme que lo harás.

_Si venerable anciano, te lo prometo, pero dime ¿Cómo podemos ayudarle?

_Él, no es malo, pero sufre una extraña enfermedad y cuando le vienen esos ataques, enloquece y nadie puede controlarlo...yo he preparado una medicina...allí..¿La ves?_ El anciano señalaba un armario en donde había un tiesto  de color verde.

Ahora Zise jadeaba, agotado por el esfuerzo que hacía:

_ El regresará aquí, éste es su hogar...No lo hostigues, porque entonces se defenderá y huirá...Háblale... a tí te conoce...lo que más desea es ver a...mi hijo...a Wappton...eso.

Los ojos del anciano se llenaron de lágrimas al pronunciar el nombre de aquel a quien él había criado y educado como si fuera su propio hijo.Entonces Quinhil le susurró al oído:

_ No temas,haremos lo que tu dices..ahora no hagas más esfuerzos y trata de mantenerte...

Pero el pobre viejo ya no le escuchaba, había fallecido y su espíritu ya había abandonado aquel pobre y débil cuerpo para unirse a las almas de sus antepasados.

Quinhil, le cerró suavemente sus ojos y exclamó:

_ Ya venerable anciano, descansa en paz.

Todos inclinaron sus cabezas en señal de respeto y duelo, hasta que el Iusse Quinhil habló:

_ Permaneceremos aquí y aguardaremos el regreso de Odaverod, de todas manersa tomaremos precauciones ya que no sabemos como reaccionará éste al ver a su hermano muerto.

Pero muy pronto cayó la noche y el coloso no aparecía,lo más probable era que éste regresara de sus correrían al amanecer, de manera que se turnaron para mantenerse alertas en sus puestos.

Quinhil ya había elaborado un plan, pero todo eso dependía de la manera en que se comportara el gigante Odaverod, antes de retirarse a descansar algunas horas reunió a sus hombres y les dijo:

_ Llevaremos el cuerpo hasta la ciudad de Aotet, allí se le hará el funeral que se merece y el pueblo se despedirá de este gran hombre, quiero que apenas amanezca dos de ustedes regresen a la ciudad para comunicar la noticia a todos y especialmente hacedla llegar hasta Su Majestad Joushar IV, para quienesta pérdida ha de ser muy dolorosa, ya que lo consideraba como un padre, no dudo de que él querra viajar de inmediato para estar presente en los funerales.

Dicho esto, Quinhil, se retiró a descansar, pero su corazón estaba muy apenado y no sólo por la muerte de aquel anciano, al cual había llegado a tenerle aprecio, sino más que todo, porque aún no había podido saber nada acerca de el paradero de sus dos queridos hijos y cada día que pasaba perdía un poco las esperanzas de que estuvieran vivos.