23. feb., 2016

Texto

CAPÍTULO 43: "Odaverod"

Estaba amaneciendo, el sol  se asomó y comenzó a calentar tenuemente las cumbres nevadas de las Montañas Varsowots. En el interior de una pequeña caverna Odaverod, que había permanecido allí durante casi tres días durmiendo, comenzó a dar señales de vida.No había probado alimentos en esos tres días, ahora tenía hambre. Se levantó y comenzó a moverse con lentitud, salió de la caverna y husmeó el aire, su mente estaba aún medio dormida, recordaba algunas cosas, pero le parecía como si todo hubiera sucedido durante el sueño:La casona, su hermano que trataba de convencerle para que tomara una medicina y luego, aquella ira incontenible que hizo que saliera y comenzara a destruir todo lo que le salía a su paso.No entendía bien porque hizo aquello, si es que en verdad lo hizo, ya que no estaba seguro de nada.Como un autómata comenzó a caminar rumbo a la casona.Le dolía mucho la cabeza y se sentía, a pesar de que había estado sin actividad durante largo tiempo,cansado.

Cuando se encontró frente a la puerta de madera de su hogar, permeneció un buen rato sin atreverse a entrar, desde allí podía ver los destrozos que había causado en la pequeña localidad que se levantaba por los alrededores.

_Espero que no haya matado a nadie_ Pensó.

Entonces entró a la casona, al observar el desorden y el caos reinante, se estremeció y se sintió muy confundido, siguió caminando y cuando entró al dormitorio y vio el cuerpo de su hermano, inerte, entonces ya no se pudo resistir más y cayendo de rodillas en el borde del lecho comenzó a llorar y a gemir como un niño.

Desde su escondite, Quinhil pudo ver como aquel gigante, fuerte como un toro, se estremecía, llorando desconsoladamente, entonces decidió arriesgarse y salir de su escondite.Lentamente y con mucha cuatela se fue aprocimando al coloso, que con sus dos manos sobre su cabeza se lamentaba dolorosamente.Los compañeros del valiente Iusse apuntaban con sus armas, por si fuera necesario intervenir, pero no pasó nada, Odaverod vio de reojo al Iusse y mir-andole con sus ojos llorosos le preguntó:

_ ¿Está muerto, verdad? Yo lo maté.

Quinhil, le puso su mano en el hombro t respondió:

_ ¡No Odaverod! No fuiste tú, él ya estaba muy enfermo y cuando llegué aún estaba vivo, alcancé a hablar algunas cosas con él...Me pidió que cuidara de tí, que estabas también enfermo y que necesitabas tomar tus medicinas.

_¿Lo viste morir, no te dijp que yo causé todo este desastre? Preguntó.

_ Le ví morir, pero su muerte fue piadosa, sin dolor y en paz, como siempre fue su vida.

Odaverod seguía arrodillado al pie de la cama, se veía muy afectado pero sus facultades mentales funcionaban bien, al parecer, por eso Quinhil insistió:

_ Tu hermano fue un gran hombre y hay alguien muy especial que deseará verle antes de su funeral, me refiero a aquel, a quien vosotros criasteis como a un hijo.

_ ¿Wappton....Que ha sido de él...en donde se encuentra? Preguntó Odaverod, está vez muy interesado.

Quinhil se acercó, ya no sentía ningún temor ni desconfianza ante aquel hombre monstruo,que el el dolor era igual a cualquier otro ser humano.

_ ¿Pero...Es que acaso no lo sabes? Wappton, aquel mozo es ahora todo un hombre...Él es nuestro Rey...Joushar IV.

Odaverod  miraba al Iusse, su mente trataba de entender,que significaba aquello que éste le decía, balbuceó.

_ Wappton...el niño...¿Es el rey? y ...¿Que pasó con el Escorpión Negro y aquel hombre malvado?

_ Ambos ya no existen, El Escorpión Negro fue ajusticiado y pagó por todos sus crímenes y aquel malvado sabio loco, Locominot, también.

Ahora  el gigante comprendía, una especie de sonrisa más parecida a una mueca, apareció en su rostro.

_ ¿Y Wappton...podré verle?

_¡Escúchame Odaverod! Se que te han hecho mucho daño, pero aquellos que lo hicieron ya nunca más volveran a hacerlo y como te dije, pagaron por todo el daño causado.Yo quiero proponerte algo: Deseo llevar el cadáver de tu hermano hasta la ciudad de Aotet, allí se le hará un funeral digno y el pueblo podrá rendirle el homenaje que se merece, si tu quieres, nos puedes acompañar y te prometo que haré lo posible para que te encuentres con Wappton...como tú le dices. 

Al oir aquello el gigante se alegró, al verle cualquiera hubiera pensado que se comportaba como un niño y es que  su mente era la de uno de ellos, pese a su terrible apariencia, a veces solía ser tierno y alegre.

Así fue como un par de horas más tarde, todo el grupo abandonaba la vieja casona, encabezaba el grupo, el propio Odaverod, quien cargaba en sus fuertes brazos, el cadáver de su hermano, le seguían los hombres de Quinhil y éste se quedó un poco más  atrás, ya que deseaba contemplar, por última vez aquel lugar que tantos recuerdos le traía, pues había sido allí en donde comenzó su larga lucha para hacer que aquel joven se convirtiera en el Rey de Varesocor, también allí había conocido a la que era su esposa, en fin...suspirando se alejó muy lentamente.