25. feb., 2016

Texto

Capítulo 44: "Funeral en La Montaña"

La ciudad de Aotet es la más alejada del reino de Varesocor, situada al sur, a los pies de las montañas Varsowots vive ahora un momento muy especial:En la plaza principal del pueblo se encuentra la urna que contiene los restos del "Viejo de la Montaña" como le llamaban los lugareños.En las puertas y ventanas de las casas de esta ciudad se pueden observar crespones negros, los cuales indican que toda la urbe se encuentra de luto.En los alrededores de la plaza se amontonan los habitantes que han venido desde todos los rincones de la región, pues todos quieren despedir a aquel hombre sabio y también estan expecytantes ya que se ha anunciado que el propio soberano Joushar IV asistirá a esta ceremonia.

El cuerpo del anciano fue embalsamado utilizando todas las técnicas que los antiguos varines practicaban desde la antiguedad. La mayor parte de los habitantes de aquella ciudad ya han desfilado frente al féretro de madera de libna, que permanece custodiado por guardias armados, pero quien más impresiona a todos, sin excepción, es la presencia del gigante Odaverod, quien, con su rostro inexpresivo permanece en silencio, de pie, a un costado de la urna.Un poco más alejado se encuentra el carro murtuorio, con sus ocho duhocats negros, que ha de conducir el ataúd hasta el panteón que se ha preparado especialmente, en la ladera de la montaña.

Comienza a escucharse un murmullo, que va in cressendo cada vez más.Desde la torre del Mercado los vigías ya han divisado en el unico camino que conduce al pueblo, la columna de hombres armados que precede la comitiva real.Siguiendo las tradiciones ancestrales,ocho guerreros que estan situados en la parte más alta del edificio, hacen sonar sus cornos, estos instrumentos estan fabricados con cuernos de duhocats, pero el jefe de aquel grupo lo hace en el único y legítimo "cuerno de yocosat", que es una reliquia del pasado. Su sonido profundo y lúgubre produce escalofríos en la piel de los asistentes a esta ceremonia.

Al fin la comitiva ya se encuentra en la entrada del poblado, ahora,encaramados sobre los techos de las viviendas, los hombres, mujeres y niños pueden distinguir en el medio de aquel cortejo, la figura inconfundible de Joushar, quien monta su caballo blanco, lleva sus cabellos sueltos y luce su infaltable parche de color negro sobre uno de sus ojos.Muchos de los que allí se encuentran, aun recuerdan a aquel mozo de elevada estatura y rubia cabellera, que solía recorrer las calles de aquel poblado junto al gigante Odaverod, en aquellos años, nadie se imaginaba que aquel jovencito llegaría a convertirse algún día en el Rey de todo Varesocor. 

Ahora la delegación ha entrado en la avenida principal de aquella ciudad y ya todos pueden ver desde sus posiciones la figura del soberano, se le ve serio, pero altivo, seguramente debe de estar muy apenado, no obstante levanta sus brazos para saludar a su pueblo, quienes también le responden a su saludo.Quienes llaman la atención, además delpropio soberano son sus dos escoltas, que cabalgan cada uno en sus costados, uno de ellos sobresale por su elevada estatura, es un Iusse muy apuesto,imponente, a su paso todos murmuran su nombre:Lovorlfi, ha sido nombrado hace poco con el título de Duq, al igual que su compañero Jcobeoban, ambos son muy jóvenes y están destinados a jugar importantes papeles en el futuro inmediato.

La delegación ya ha llegado a la plaza,Joushar se apea de su cabalgadura y se acerca a la urna, al hacerlo, el gigante Odaverod parece despertar de su letargo y rapidamente se acerca al soberano y éste, al verle, abre sus brazos y así,ambos permanecen por largo rato fundidos en un abrazo fraterno.La multitud permanece en silencio, Joushar cierra sus ojos y comienza a murmurar una oración.Ahora algunos cuchichian, diciendo:_ Le está hablando a su madre...Cociara_

Los que estan más cerca, alcanzan a percibir las lágrimas en el rostro de aquel hombre, al cual, el destino ha endurecido, pero no tanto como para ser capáz de soportar una pena tan grande como la que le embarga.Sin embargo, pronto se repone, pasa una mano por su rostro y luego hace un ademán señalando que desea pronunciar unas palabras.

Esto es lo que dice:

_ Mis amados  súbditos, mis amigos, éste es el momento que un hijo nunca quisiera que llegara: La hora en que nos toca despedir los restos mortales del hombre que nos dio la vida y guió nuestros primeros pasos, en mi caso, en verdad no fue él mi verdadero padre, como lo vine a saber mucho después,Pero en mi corazón, él lo fue, pues al que me engendró casi no le conocí. Por eso hoy, en la plaza de este pueblo, en donde viví momentos tan trascendentales de mi vida, yo no les hablo como vuestro rey, sino tan solo como un hombre que despide para siempre a un padre.Un padre al cual le debo mucho, pues fue él quien me inculcó los valores para hacer de mi un hombre de provecho, él con mucha paciencia me enseñó la historia de nuestro pueblo. Estoy seguro de que ahora, su espíritu ya se encuentra junto a aquellos grandes antepasados nuestros que lo han estado esperando:Mi padre, mi abuelo y mi bisabuelo...tres reyes, también mi madre y todos aquellos valientes que han muerto combatiendo en los campos de batalla, como el Gran Duq Lonousa, los Iusses Dalo y Lotsa, el Loq Yoqosina y tantos otros, cuyos nombres estan grabados en el Gran Arco de Triunfo erigido en honor a nuestra victoria.

Adios para siempre Padre Zise y que los Dioses te reciban en su reino.

Cuando Joushar terminó su breve discurso.Odaverod  se acercó a la urna y tomó el féretro con sus hercúleos brazos, trasladándole hasta el carro mortuorio, los jinetes que lo conducían hicieron sonar sus correas y éste se puso lentamente en marcha. Entonces el largo cortejo comenzó a seguir al carro, mientras los hombres hacían sonar sus cornos. Odaverod caminaba delante de todos, después del carro marchaban Joushar y su comitiva y trás ellos todo el pueblo, ya que nadie quería perderse aquella cermonia.

Cuando llegaron a los pies de la montaña, el cortejo se detuvo, allí, mientras Odaverod se tomaba su cabeza con sus enormes manos, los escoltas tomaron el féretro y lo introdujeron en la caverna horadada en la misma montaña, luego, el gigante, ya algo repuesto, haciendo un esfuerzo tremendo, levantó la pesada piedra y la colocó en la entrada de aquel panteón natural.

Y allí se quedó para siempre el cuerpo de aquel viejo ermitaño, que pasó la mayor parte de su vida en aquellas heladas montañas.

Ya de regreso en el pueblo, Joushar quiso hospedarse en la vieja posada del padre de su esposa, así Rewecca, después de muchos años pudo reunirse nuevamente con su familia.