28. mar., 2016

Texto

(Continuación)

Grava permanecía atónito, mientras su amo le explicaba:

_ Ahora ya sabes mi gran secreto, nadie más que tú lo sabes mi pequeño amigo, no me preguntes nada más porque nada te podré explicar, ahora bien, como te he dicho partiremos mañana a Qcozot, es un largo viaje de modo que apresúrate a preparar nuestras cosas.

Grava no se atrevió a decir nada más y comenzó a preparar sus escasas pertenencias, pero un gran signo de interrogación no se le borraba de su rostro,pensaba: Si su amo no era quien él creía, entonces ¿Quien diablos era?

Al día siguiente, muy temprano, antes que el sol asomara por el oriente, una caravana de mulachs abandonaba la ciudad sagrada de Itluicot, en uno de sus carros viajaba el mendicante ciego  junto a su pequeño acompañante.

Poco a poco se fueron alejando y a medida que lo hacían la altísima torre del templo de Uve Minta se iba perdiendo de sus vistas, hasta que al fin desapareció completamente.

Los mulachs eran nómadas, ellos solían recorrer con sus caravanas grandes distancias, viajando de un pueblo a otro, comerciando con toda clase de mercancías. Sus orígenes eran completamente desconocidos, aunque ellos afirmaban que descendían de un antiquísimo imperio, el cual estubo situado más al sur de las Tierras Ignotas, como nunca intervenían en los asuntos internos de cada reino, su presencia era aceptada en todos lados, además prestaban una gran utilidad al intercambiar sus mercaderías en todos los pueblos.

La caravana estaba liderada por un hombre relativamente joven, al cual la larga y espesa  barba de color negro le daba  el aspecto de ser mucho mayor, su nombre era Baruch y era un hombre muy amable y conversador,en sus viajes había conocido muchos pueblos y ciudades y de todo aquello le conversaba al ciego y a su acompañante.

Habitualmente, aquel viaje demoraba unas cinco semanas y aun más ya que los mulachs solían detenerse en los distintos pueblos a lo largo del camino  y permanecer en ellos por varios días,  pero esta vez fue todo muy diferente ya que la travesía se desarrolló de manera directa, evitando pasar por  muchos poblados y buscando las rutas y atajos más directos, Grava ya se había dado cuenta de que su amo y aquel hombre barbudo se conocían desde mucho antes, pero a esas alturas ya nada le extrañaba. Aún así, el viaje se tornó bastante fatigoso, pero al cabo de diez días se encontraron en las cercanías del Gran Río, como lo llamaban.

Entonces se permitieron hacer un alto para recuperar sus fuerzas, lo cual  fue muy grato para el pequeño hombrecito que no disimuló su alegría.

_ Mi querido amigo, muy pronto vas a conocer el pueblo que me vio nacer. Dijo el falso ciego.

_ ¡Ah de manera que usted nació por estos lares, amo!

_ Así es, pero tengo una pregunta que hacerte: Dime, escucho mucho ruido de cabalgaduras y carros ¿Es que hay hombres armados por los alrededores del pueblo, amigo? 

Fue Baruch quien respondió a esa pregunta, con su  acento tan peculiar y en la jerga que utilizaban los mulachs, mezcla de los distintos dialectos que se hablaban en aquellas tierras, le dijo:

_ Esto está convertido en un verdadero campo militar y por lo que se ve no nos van a dejar pasar hacia el pueblo.

Precisamente en esos momentos un grupo de hombres fuertemente armados, montados en sus cabalgaduras se acercaron hasta llegar al lugar en donde ellos se escontraban.

 El oficial que comandaba aquella patrulla era un joven muy apuesto,sin bajarse de su corcel, les habló:

_ Por órdenes superiores no se permite el paso hacia la aldea de Qcozot, deberan aestablecer aquí vuestro campamento y mi deber es inspeccionar a todos sus integrantes.

Baruch le mostró su salvoconducto, el cual le autorizaba para poder entrar en cualquier pueblo del reino, pero el joven se mostró intransigente.

_ Este salvoconducto les autoriza para pasar por cualquier pueblo, pero mis órdenes son las de no dejar que nadie entre o salga de Qcozot, al menos por ahora.

Los mulachos comenzaron a desempacar sus cosas y prepararse para armar sus toldos y carpas de colores llamativos, mientras que el mendicante  acompañado de su lazarillo se aproximó al joven oficial.

_ Yo debo de entrar al pueblo, soy oriundo de este lugar y debo de visitar a un viejo y querido amigo, he viajado muchas verts, solo para verle.

El oficial observaba al mendicante y parecía estar indeciso, pero al fin respondió:

_ Lamento que hayais viajado desde tan lejos, pero mis órdenes...En fin...¿Cómo se llama vuestro amigo, mendicante?

_ Mi amigo se llama Qobni y hace muchísimos años que no...

_ ¿Qobni...Qobni decís ?...Pero si él es mi padre,,,es decir, lo era, pués  murió hace ya cinco años.

El ciego permaneció en silencio, al fin comentó:

_¡Ah...Lo siento, él y yo éramos  muy amigos y  ¿Su esposa Banai....ella aún vive?

_ Ella era mi madre y también falleció en la misma fecha, fue en la época de la Gran Peste, la cual asoló a nuestro pueblo, de nuestra familia solo nos salvamos mi hermana Mintshia y yo, noble mendicante.

El ciego entonces se le acercó  y le susurró suavemente, como para no ser oído por nadie más:

_ Entonces vos sois Monzut ¿Verdad? Sé que no me recuerdas porque erais muy pequeño, pero yo a tí y a tu hermanita las recuerdo muy bien, debo decirte algo muy importante, en realidad esa es la única razón por la que hehecho este largo viaje, ahora...¿Me podrías dejar pasar a mi y a mi lazarillo e invitarme a tu casa? Como te digo es un asunto muy importante para vosotros.

El mendicante  hablaba de manera tan convincente que el joven oficial Monzut accedió y por primera vez desobedeció una orden y acompañó al falso ciego y al enano hasta su casa, la cual quedaba en un lugar destacado de aquel poblado.

_ He hecho una excepción con ustedes, espero que lo que me tengas que decir sea verdaderamente importante, ya que arriesgo mucho al dejarte pasar a ti y a tu lazarillo.

Grava contemplaba con asombro aquella enorme casa, sin duda era una de las mas elegantes de aquel pueblo, situado muy cerca de la ribera  del Río Luwin.

Monzut les condujo hasta una  amplia habitaci´n, al tiempo que les decía:

_ Por ser vos, amigo de mis padres les ofrezco mi hospitalidad, pero debereis de permanecer dentro de la casa y no asomar ni la naríz fuera de ella, pues si lo haceis me creareis un  grave problema.

Grava comenzó a desempacar los bultos en donde llevaban las poquísimas pertenencias suyas y de su amo, estaba en eso, cuando percibió que alguien entraba en la habitación, al volverse, se quedó paralizado y con su boca abierta, al ver enfrente suyo a la más hermosa criatura que jamás creyó que existiera, tanta fue su asombro que en un instante pensó que aquella no era una mujer sino , la propia Diosa Cearit que se le había aparecido.Pero ella no era una diosa, sino una joven mujer, quien al ver a los dos hombres , les preguntó.

_ ¿Me pueden decir quienes son ustedes y que hacen aquí en nuestra casa?

Al oír aquella voz. el mendicante ciego se volvió rapidamente y preguntó:

_ ¿Eres tú...Minshia?