22. abr., 2016

Texto

Capítulo 16: "JuwaRitti. el mulachs"

Una reunió se realizaba en la tienda recién instalada del jefe de los mulachs, ahora Monzut era quien hablaba:

_ Como comprenderás, ya me he instalado en esta colina que tiene una posición muy estratégica, ya que en el caso de que algun ejército quiera avanzar hacia el norte, rumbo a las ciudades del valle, por fuerza ha de pasar por aquí, ya que si lo hiciera por el desierto como lo han hecho ustedes, les costarían mucho hacerlo, Por esa razón es importante que yo cuebnte con los medios necesarios como para detener cualquier avance y es ahí en donde requiero de vuestra ayuda.

Juwa era un hombre muy inteligente y astuto, él se cuidaba mucho de  no dar un paso en falso, sabía perfectamente lo que aquel joven militar necesitaba y , más aún. él disponía de aquello, pero debía de andarse con pies de plomo, ya que hasta ahora los mulachs nunca intervenían en los asuntos políticos ni de ninguna clase, pues su política era mantenerse neutrales ante cualquier conflicto.

Por eso le habó muy cautelosamente a Monzut:

_ Comprendo que estos tiempos que vivimos son extremadamente difíciles para todos, nosotros, los mulachs, hemos disfrutados del largo periodo de paz y prosperidad que reina sobre la mayor parte de estas tierras, pero sabemos que esa situación está a punto de cambiar y debemos de prepararnos para las nuevas condiciones, ya sabemos que al otro lado del Luwin, nuestros paisanos deben pagar elevados impuestos  para seguir gozando de las relativas libertades, necesarias para las actividades comerciales que desempeñan, en cambio nosotros  aún disfrutamos de grandes beneficios, los cuales queremos seguir manteniendo, noble joven.

Monzut escuchaba atentamente  al mulachs, él no era de los que suelen andar con rodeos y por eso le planteó sus condiciones directamente a aquel jefe.

_ No tengais la menor duda de que las cosas van a cambiar y será más pronto de lo que piensas, sé, porque serví en el ejército de mi pais, que Ciwuut está preparando una invasión y la ciudad de Lalerot es su principal objetivo, conseguido auello le seguiran las demás ciudades del valle y con eso se acabará la paz que se ha mantenido en estas tierras, para eso nosotros nos estamos preparando, tenemos las convicciones y cada día son más aquellos que se pliegan a nuestro bando, pero necesitamos los elementos básicos, llamanese equipos, vestuarios y principalmente armas y vovotros nos las pdeis conseguir, si aceptais mis propuestas recibireis las correspondientes compensaciones.

Juwa suspiró, ahora ya sabía a que atenerse, respondió:

_Me imaginaba que me dirías eso...provisiones, equipos, los tenemos en abundancia, en cuanto a armas, eso ya es más dificil de conseguir, tal vez podríamos hacerlo en Lalerot...pero  ¡El costo... Uff!

Monzut se mostraba impaciente, a él le gustaba ir directamente al grano:

_ Si estais pensando en el costo, os diré que a pesar de que nuestra gente ha tenido que huir desde nuestras tierras con solo lo indispensable para subsistir, gracias a los dioses algo hemos podido conservar y es así como disponemos de un pequeño tesoro que aquí de nada nos sirve, pero que vosotros podeis utilizar para nuestros propósitos...¡Observad!

Monzut extrajo de entre sus vestiduras un pequeño saquito de cuero  y luego vació su contenido sobre la alfombra roja extendida en el piso de la tienda, los ojos del mulachs se abrieron de par en par al contemplar  aquella colección de piedras preciosas, anillos y broches dorados, que refulgían al recibir la luz proveniente de las lámparas de aceite.

Tomó uno de aquellos diamantes entre sus dedos, palpándolo como si quisiera convencerse de la realidad de aquellas valiosas piedras, él sabía que muchas de las familias que habían huido de Qocerit, habían sido familias acaudaladas y que al huir habían traido consigo sus más preciados tesoros y ahora podía comprobar aquello.

_ Estos diamantes, nos los dejó mi padre como herencia, junto con la casa y los demás bienes que poseíamos, lamentablemente todo eso se ha perdido, en cuanto a los diamantes, nos duele desprendernos de ellos aunque sea por una buena causa, decidme ahora ¿Cuento con vos?

Juwa no dijo nada, pero haciendo sonar las palmas de sus manos, llamó a uno de los mulachs que permanecían en la entrada de su tienda, le habó al oído y ese se retiró, regresando junto a otro compañero y portando un pesado cofre de madera, el cual dejaron en el piso.

_ Abrid vos mismo este cofre para que examineis su contenido_ Dijo el jefe lulachs.

Monzut así lo hizo, lo abrió y sacó de él una hermosa espada de doble filo,con su empuñadura finamente labrada, la blandió sobre su cabeza, sopesándola y examinando su filo.

_ Es una excelente espada sin duda ¿En donde la habeis conseguido? Preguntó al fin.

_ Ésta es la mejor espada que existe en el mundo, ha sido fabricada en las montañas del norte con una aleación secreta y como puedes ver es liviana pero a la vez firme. Respondió Juwa, que se daba cuenta del interés del joven qocerio.

_ Me interesa y decidme ¿De cuantas de estas disponeis?

Ahora el mulachs sonrió:

_ En este cofre  hay cincuenta de esas espadas, pero en nuestros carros tenemos también cincuenta lanzas costas y un número igual de ballestas, casos y escudos, todos confeccionados con el mismo material y además, calzado, petos y vestuarios con el cual podreis equipar una ...shirra ¿Asi es como la llamais? Creo que es una muy buena oferta a cambio de  vuestros diamantes ¿No lo  creis así noble Barich?

Monzut comenzó a tomar los diamante para ir guardándolos en el saquito, al tiempo que decía:

_ Todo que me ofreceis se podría obtener con tan solo uno de estos diamantes, a lo sumo, dos de ellos, es verdad que me urge conseguir armamaneto y equipaje para mis hombres, pero prefiero esperar el regreso de los emisarios que envié a Lalerot, tal vez los varesios puedan hacerme una mejor oferta.

 Juwa no estaba dispuesto a perder un buen negocio, rapidamente respondió:

_¡Pero noble Barich, si yo también sé el valor de vuestros diamantes, pero vos no me habeis dejado terminar mi real oferta, os he mostrado este cofre, pero eso es solo una muestra del total del negocio que te ofrezco. Debo decirte que en unos días más ha de llegar el resto de mi caravana, ellos traen diez de estos cofres y también mercadería y lo más importante...cincuenta finos caballos, los mejores que hemos conseguido en los criaderos de Hanitsot!

Ahora Monzut sonreía:

_ Es un placer hacer negocios con vos, venerable Juwa Ritti, en señal de mi buena voluntad te entregaré estos cuatro diamantes a cambio de lo que teneis aquí y el resto, cuando conpletemos el negocio acordado ¿Estais conforme?

Juwa se apresuró a tomar los diamantes  ofrecidos. Había realizado un excelente negocio y mientras sus hombres cargaban los cofres para trasladarlos al campamento de la colina.él ofreció una suculenta cena al joven qocerio y mientras se deleitaban con aquella y el dulce licor rojizo, conocido como  "celanni" el mulach reflexionaba: Había tenido mucha suerte al encontrarse casualmente con los emisarios de Monzut a quienes ahabía sobornado,pidiéndoles información, luego él se había entrevistado directamente con el Minch de Lalerot, ofreciéndose como intermediario entre los rebeldes qocerios y así fue como consiguió que el anciano Zussman Illman, Minch de Lalerot, se comprometiera a ayudar a los refugiados entregándoles armas y equipos, a cambio de que éstos le mantuvieran informado acerca de cualquier movimiento de tropas en la región, por eso el astuto mulachs emprendió de inmediato el viaje por la ruta más corta y peligrosa a fin de llegar a la colina con su cargamento, había ganado por ambos lados, ya que el Minch de la ciudad fortificada, le había entregado una buena suma por los servicios prestados y ahora recibía lo que le entregaba el joven qocerio...¡Un buen negocio por donde se le mirara!Aquello había sucedido en vísperas del viaje que Zussman Illman emprendería para asistir al Larticea de Qeibnot en donde uno de sus objetivos era conseguir un acuerdo defensivo con los clanes varines, lo que como sabemos , consiguió plenamente.

Por su parte Monzut se sentía plenamente satisfecho, había sacrificado su fortuna personal, en pos de una buena causa, días antes el había conversado con su hermana, ellos hibieran podido viajar a Lalerot y con lo que obtuvieran  por aquellos diamantes, podrían haber vivido holgadamente una vida de lujos en esa ciudad,pero no era lo que deseaban, ahora podrían equipar a sus hombres y a los que se le fueran sumando, a fin de conseguir algun día la liberación de su pueblo, algo que por ahora se veia como una utopía.

Tres semanas  después, Monzutt recibió lo acordado, incluyendo las preciadas cabalgaduras, así pudo equipar un destacamento de jinetes y tambien una "shirra"(Compañía formado por cien hombres armados) Ya contaba al fin con un pequeño ejército.

También por esos días recibió la visita de un emisario proveniente de Qocerit, aquel era un hombre joven, de largos cabellos rubios que había pertenecido a una aristocrática familia allá en Qocerit, se llamaba Rasha Im, él había cruzado el Gran Ró junto a otros veinte hombres y era portador de importantes noticias, después de presentarse y ponerse al servicio de Monzut con sus hombres, le dijo:

_ He venido hasta aquí enviado por Tauthor, nuestro líder, él os conoce muy bien a vos y a tu hermana Minshia, seguramente, el nombre de Tauthor no significará nada para tí, pero él es quien está organizando al pueblo en nuestro reino y aunque nuestra causa es muy desigual frente a la superioridad de Ciwutt, hemos logrado conformar una eficiente red y nos mantenemos unidos gracias a ella. Tambien hemos tenido algunos logros en el plano militar, por ejemplo, en las ciudades del oeste hemos podido detener a un importante ejercito enviado por Ciwutt y puede decirse que el importante puerto de Quinsat, en el Mar de Sonner, así como las ciudades de su entorno, permanecen libres y nosenvían importante ayuda para nuestra  causa.

El llamado Rasha In portaba, además de sus hombres una importante cantidad de oro y plata como ayuda que las importantes y pr´speras ciudades que aun permanecían libres, les enviaban como aporte para que el joven qocerio siguiera incrementando sus fuerzas en aquella colina.

Todo eso levantó la moral de Monzut y de su gente quienes pensaban que "Aún habían esperanzas"