2. may., 2016

Texto

Capítulo 22: Qerju, el sabio.

Al cabo de un par de semanas algo sucedió en aquella aldea qejviats, Minshia y Liensi escucharon ruidos  y mucho movimiento anormal, lo que les indicaba que algo estaba ocurriendo. Ambas salieron de la ruca y se juntaron con los habitantes de aquel villorio, quienes se amontonaban en un promontorio y señalaban algo a la distancia.

Entonces todos vieron a un enorme bestia de pelaje gris y largos cuernos horizaontales  encima de su cabeza, al acercarse comprobaron que sobre el lomo de aquel animal, se ubicaba un personaje vestido enteramente de blanco, alrededor del animal caminaban varios qejviats, pero estos, a diferencia de los de la aldea, vestían también largas túnicas blancas y eran además todos, muy jóvenes.

Cuando el grupo  llegó a la aldea, el animal se inclinó y se tendió sobre el pasto, para que el hombre que estaba sobre su lomo descendiera, al hacerlo, los que le acompañaban colocaron una escala de madera y entonces  todos pudieron ver el rostro de aquel extraño personaje. No era un hombre joven, más bien podría decirse que era un anciano, pero se veía como un hombre de mucha vitalidad y su aspecto era realmente imponente. Su gran estatura y sus cabellos blancos como  la nieve le daban el aspecto de un patriarca., portaba en sus manos una vara a modo de bastón y al camnar se apoyaba en ella,al ver a todos quienes le miraban con expectación, exclamó:

_ ¡Ah...al fin hemos llegado, cada vez me ew más difícil hacer estas largas travesías!

Var Snuata acmpañado de otros qejviats se acercó al recién llegado, saludándole en su idioma.

Intercambiaron palabras y  luego el qejviats guió al anciano hasta el lugar en donde estaban las dos jóvenes. Cuando éste vio a Minshia, largó una sonora exclamación:

_¡Por todos los Dioses...No lo puedo creer!

Se llevaba sus dos manos a sus ojos como queriendo restregárselos para convencerse de que esa muchacha era real y no una visión.

Minshia se quedó perpleja al ver la reacción de aquel anciano, mientras éste se le acercaba para tocarla con sus manos.

_ Me habían hablado de tí y de tu gran similitud con la imágen del templo de Uve Minta, pero no pensé que fueras tan idéntica a la de aquella ¿Te llamas Minshia, verdad?

Minshia hizo un gesto afirmativo con su cabeza.

_¿ Y procedes de aquella  aldea llamada Qcozot...quieens  son tus padres, muchacha? Preguntó el anciano.

_ No conocí a mis padres, fui criada por dos ancianos, ambos murieron cuando la peste asoló nuestra aldea, tiempo después mi hermano Monzut me reveló que ellos no eran mis padres y tampoco él, mi hermano. Respondió la joven.

_¡Uff! Hay muchas preguntas que quiero hacerte muchacha, pero ya habrá tiempo para ello, por ahora debo descansar de tan arduo y fatigoso viaje.

Mientras Qerju y su comitiva eran atendidos por Var Snuata y los qejviats, el enorme animal fue conducido a un lugar fresco para que bebiera agua y pastara junto a los  otros animales, que al acercarse aquella bestia se apartaron con temor.

_ Los yocosaths son animales pacíficos, ellos no atacan sino se les provoca y como ven, si se los educa deesde pequeños pueden resultar ser unas bestias muy útiles_ Decía aquel hombre de cabellos blancos como la nieve.

Minshia que ya había comprobado que podía hacerse entender en su idioma con el anciano, se atrevió ahora a preguntarle:

_ Me han dicho que tu vienes desde aquella que llaman L a ciudad de los fantasmas¿ Es eso verdad?

Ahora  el anciano miró a la joven y sonrió:

_ Voy a hablarte en tu idioma, hermosa joven, también podría hacerlo en la lengua varesia o cualquiera de las tantas que se hablan en este inmenso valle. En cuanto a tu pregunta te diré que efectivamente, La Ciudad  Perdida o de los fantasmas, como la llaman, es en realidad la antigua Ut, aquella fue la capital del antiguo Imperio de Ut, ahora son solo ruinas, pero para mi es un lugar tan importante que he decidido establecerme  cerca de ella y te adelantaré que una vez que nos hayamos repuesto de nuestro largo viaje, retornaremos allí y ahora tú nos vas a acompañar.

El anciano yacía ahora recostado sobre  el piso, encima de unas esteras de "sasano"(alfombra fabricada con unas hojas de ciertos arbustos llamados sasano), Minshia y su amiga Liensi estaban a su lado, frente a ellos Var Snuata  devoraba un tyrozo de carne de aminots, mientras que los jóvenes qejviats que habían acompañado al anciano en su viaje, eran atendidos en otras rucas adyacentes.

Mientras se servían unas sopas de verduras, remojando en ellas unos trozos de "fonner" (láminas delgadas hechas de harina de cebada), el anciano se explayaba:

_ Algunos que ya me conocen, saben que yo nací a los pies de las Altas Cumbres, las Montañas Varsowots como las llaman mis paisanos, los varines,mi Clan habitaba y aún lo hace, la Meseta de Jnorgot, desde allí  se podían ver las azules aguas del Lago Coxioc a donde, durante las estaciones cálidas acudían los grandes rebaños de yocosaths, cuya caza constituye la mayor actividad de nuestros pueblos.

Mi padre Heba era el jefe del Clan y amí me correspondía sucederle, ya que era su primogénito, pero yo pensaba que mi destino no era seguir en esas montañas y me hacía muchas preguntas. A veces en las noches observaba el cielo estrellado y veía a las estrellas fugaces, no me conformaba con pedir un deseo como los demás, yo quería saber, de donde venían, porque estaban allí y muchas cosas más, hostigaba a mis mayores con preguntas, para los cuales nadie tenía todas las respuestas. Quería saber, que tierras y que gentes habitaban más allá de las montañas o al otro lado del Gran Río.

Decidí que si queria conocer todas esa cosas debía de salir de allí y así fue como un día le pedí permiso a mi padre para realizar un viaje, mi destino era la ciudad de Lalerot, pues sabía que allí funcionaba una Escuela llamada Academia de Todas Las Ciencias y deseba que me admitieran en ella para aprender y poder regresar para enseñarle a mi pueblo que vivía en la mayor ignorancia.

Mi padre me permitió satisfaccer mi capricho, pero eso fue solo el comienzo, pues mi sed de conocimientos crecía cada vez más en vez de apagarse y tal vez nunca se apagaría por completo.Y así fue, cuatro años permanecí en La Academia, allí aprendí todo lo que ellos quisieron enseñarme. La Astrología, la Magia, la Medicina y Las Artes.Luego regresé a mi pueblo, pero no me sentía conforme, sabía que ya no era el mismo joven que había partido, mi padre se dio cuenta de que algo me pasaba y entonces le dije la verdad, al principio él no me comprendía y se molestaba mucho conmigo, pero con el correr de los años se dio cuenta de que si mequedaba allí nunca sería felíz y me dio la opción  de que partiera nuevamente. Esta vez mi detino estaba al otro lado del Gran Río, en la tierra de los qocerios, vuestra tierra bella jovencita, en aquellos años  la capital del reino era la Ciudad Sagrada de Ituitclot y allí funcionaba la famosa academia de Uve Minta, que en esos años estaba dirigida por el gran sabio Filfelina.

Después de una larga travesía llegue a la ciudad sagrada, pero en esos años, al igual que hoy no era fácil poder ingresar a aquel centro de estudios, en los alrededores de Uve Minta pululaban cientos y miles de jóvenes venidos desde todos los rincones del reino y de otros como en mi caso, algunos llevaban años tratando de que los admitieran, pero yo tuve un poco de fortuna, pues me tocó defender en una pelea callejera a un pobre vagabundo, quien resultó ser el mismísimo Filfelina, quien tenía la extraña costumbre de salir disfrazado de mendigo y recorrer las calles de la ciudad. Fue de ese modo como pude ingresar a La Academia y después de cumplir con mis períodos de mendicante, me convertí en uno de los maestros de aquel centro de estudios.

Cuando supe que mi padre había fallecido, envié una carta a mi pueblo en donde les comunicaba mi decisión de renunciar a todos mis derechos y prerrogativas, delegando en mi hermano Sne mis derechos, fue así como éste se convirtió en el Meij de mi clan. Muchos años después regrese´a mis montañas, fue pocos antes de que se produjera aquel fenómeno en donde el sol se apagó durante un día,  Después de comprobar que aún seguía gozando del cariño y respeto de los míos, volví a partir, pero esta vez sabía que tal vez nunca regresaría, pues mi destino era, lo que se llama una quimera. Encontrar la Ciudad Perdida, en Las Tierras ignotas, pues estaba seguro de que allí encontraría las respuesta que buscaba.

Todos escuchaba con atención lo que aquel anciano les contaba, pero éste ya se notaba cansado  y después de estas palabras permaneció en silencio...dormía profundamente.

Entonces todos se fueron retirando en silencio, las últimas en hacerlo fueron las dos jóvenes, pues Var Snuata permaneció junto a él.

Una vez en la ruca que ocupaban la joven Minshia recostada en su lecho trataba de conciliar el sueño y pensaba:

_Pobre anciano, me parece que es un buen hombre y por lo que se ve, muy sabio ¿Qué será lo que anda buscando? Yo también tengo muchas preguntas sin respuesta, ni siquiera sé en realidad quien soy, ni quienes fueron realmente mis padres...Tal vez este anciano me pueda ayudar a resolver estos enigmas..Tal vez.

Fueron sus pensamientos antes de quedarse dormida.

 

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