4. may., 2016

Texto

Capítulo 23: Rumbo a La Ciudad de los Fantasmas.

Durante varios días el anciano de la barba blanca permaneció en aquella aldea, pero después de reponer sus fuerzas, él y su comitiva de jóvenes qejviats, esta vez acompañado de las dos muchachas emprendieron el regreso a su hogar, por su parte Var Snuata también enprendió un viaje, para llevar a los prisioneros hasta el lugar en donde residía su padre, el Tiwan Anor Jusor.

Los qjviats no  poseían bestias de carga, pero habían construido una pequeña calesa en donde viajaban las dos jóvenes, dicha calesa estaba sostenida por cuatro fornidos qejvias, en cambio Qerju lo hacía sobre el lomo de su imponente yocosath de pelaje gris.

La caravana se internó en las espesas selvas por unos senderos ancestrales  que sólo aquellos primitivos seres conocían.

Mientras viajaban  la joven Minshia iba recordando todo lo que le había contado aquel anciano en las largas charlas sostenidas durante la estadía en el campamento qejviats.

" Muchos años, no se sabe cuantos. todas estas tierras estaban habitadas por un pueblo   muy avanzado, la capital de ese pueblo era la Ciudad de Ut y sus habitantes eran llamados Utses (Iusses) y sus dominios se extendían desde las Altas Cunbres Varsowots hasta el Mar de Sonner, que es en donde desemboca el Gran Río Luwín.

La ciudad de UT era una gran urbe con imponente templos y construcciones, sus palacios estaban decorados con láminas de metal dorado, por lo que  refulgían al darle los rayos del sol, pero lo que más impresionaba a quienes la visitaban, eran aquellas dos columnas incrustadas con piedras preciosas, lo que las hacía visible desde enormes distancias, tanto de noche como de día.Aquel imperio duró por muchos siglos, pero sus días estaban contados, ya los magos y los sabios habían vaticinado que una gran catastrofe sucedería y las señales comenzaban a cumplirse.Pero los últimos gobernantes ocultaron todas esas cosas al pueblo, incluso muchos de ellos ya no las tomaban en serio, creyendo que solo eran anuncios alarmistas de los sacerdotes del templo.Más hubo un príncipe que si las tomó en serio, su nombre era Urut, quien acompañado de un  selecto y escogido grupo de seguidores, tomaron sus precauciones y abandonaron la ciudad, dirigiéndose a un lugar que estimaban más seguro mucho más al sur de Las Tierras Ignotas.

Algunos años después de la partida del Príncipe Urut, la profecía se cumplió. Primero, el cielo se oscureció y el sol, dejó de iluminar la tierra en pleno medio día, aquella fue la primera señal, luego las enormes  bandadas de pájaros  también lo hicieron  abandonaron. Poco después la tierra comenzó a temblar, aquello fue el aviso de lo que vendría. La enorme erupción en donde la tierra se abrió en varios lugares vomitando fuego y roca ardiente, las cenizas se esparcieron por el cielo cubriendo las ciudades y matando a todos los seres vivientes que poblaban la tierra y así fue como aquella gran civilización desapareció de la faz de la tierra.

Durante cientos de años la tierra se tornó seca y estéril, ni siquiera los árboles se habían salvado de aquella catástrofe.

Pero hubo pequeños grupos aislados de personas que se salvaron de  aquella destrucción, entre ellos,los varines, aquellos hombres que vivían tan lejos en las cumbres heladas de las montañas, también aquellos que habitaban las costas del Mar de Sonner y también los qejviats, aunque estos últimos por habitar tan cerca de donde se produjo la erupción sufrieron mutaciones y sus descendiientes degeneraron en lo que ahora son y por lo que se ve  ellos son una raza en extinción.

Aquello le había sido referido por aquel sabio en la noche anterior al viaje y Minshia comparaba aquello con los relatos que le habían contado en su niñez, aunque de manera completamente diferente. En ellos se decía que había surgido una gran disputa entre los tres Dioses hijos de La Diosa Ceariti, esos tres dioses eran Sesa,Losa y Melsan y que ellos habían castigados a los hombres destruyendo  las ciudades medante el fuego, pero lo que más le había impresionado  habían sido las últimas palabras de aquel anciano:

_ En mi pueblo, las tradiciones se conservan de generación en generación gracias a los "fadnits qoncorsits", ellos son los ancianos contadores de historias, aquellos se encargan de narrarles a los jóvenes aquellos mitos y leyendas que hablan de los héroes antiguos, pero también hablan de las profecías y de hechos que ocurriran en el futuro y hay unas que son muy inquietantes, pues casi estoy seguro de que se refieren a los tiempos en que estamos viviendo, querida niña y hay una muy especial en donde puede que tú seas parte de ella...pero de eso te hablaré más adelante cuando lleguemos a casa. Tal vez allá se encuentra la clave de muchos enigmas.

Eso era lo que había dejado muy perpleja a la joven qoceria.

El viaje se hacía muy lento y fatigoso, aquella senda serpenteaba en medio de una selva que parecía no tener fin, durante las horas de sol ellos avanzaban lo más que podían, pero durante las noche el viaje  se detenía y todos descansaban  bajo los grandes árboles.Antes de dormir Qerju les hacía compañía durante un rato y ellas aprovechaban de que el anciano les contara más cosas yle preguntaban lo que se les ocurría, para Qerju era una alegría poder hablar con personas como ellas, ya que según decía durante los últimos años solo podía hacerlo con los jóvenes qejviats.Pero no era lo mismo. Decía:

_ Allá, a donde vamos, he logrado formar una pequeña escuelita a la cual le dedico algunas horas, en ella estoy tratando de educar a algunos jóvenes, este pequeño grupo que me acompaña son parte de dicha escuela, hay algunos que son bastante inteligentes y si se les enseña pueden llegar a ser muy útiles para su propio pueblo, ese va  a ser uno de mis legados para ellos y se los debo, puesto que se han portado muy bien conmigo, permitiéndome vivir en ese mágico lugar.

Había un joven qejviats que se destacaba entre los demás, él se llamaba Todeat y había trabado amistad con Liensi, quien se empeñaba en enseñarle su lengua y en aprender la de él.

Durante la larga travesia or la selva se encontraon con varias aldeas qejviats, todas ellas muy similares entre si, en todas ellas el anciano Qerju era muy bien atendido junto al resto de la caravana y lo que más llamaba la atención de todos eran, aparte del enorme yocosath gris, las dos jóvenes mujeres.

Al verlas todos las miraban con respeto y temor, pero algunos se les acercaban para tratar de tocarlas y ambas  ya parecían acostumbradas a despertar  aquella curiosidad de los qejviats.

Al cabo de dos semanas el paisaje fue cambiando paulatinamente, ya las selvas iban dando paso a una extensa sábana que se extendía  hasta el horizonte en todas las direcciones.

_Aún estamos muy lejos de nuestro destino, pero ahora el avance será mucho más rapido mis niñas. Les dijo el anciano.

Minshia llevaba en una de su muñecas una  pulsera de varias vueltas:  "el socetvor" delgado y cada día que pasaba ella  le hacía un pequeño nudo y así podía llevar a cuenta de los días.

Por su parte Liensi y Todeat habían hecho buenos progresos y ambos ya podían sostener pequeños diálogos en sus respectivas lenguas, haciendose ambos entender.

Así conocieron más cosas acerca de aquel primitivo pueblo. Supieron que existía una aldea principal, llamada Krull, allí vivía el Tiwan o "Jefe de los jefes" como se le llamaba, según se decía este Tiwan  era un qejviats de enorme estatura, un gigante que infundía mucho miedo y respeto entre los Wans (Jefes), que Var Snuata era el hijo mayor y por lo tanto futuro Tiwan de ese pueblo, que pese a todo, existían  otros Wans y que entre ellos se daban muchas disputas que solo el Tiwan podía dirimir. Se decía que el actual Tiwan era un ser sanguinario y cruel, muy distinto a su hijo, al cual ya las dos jóvenes habían conocido.

Cuando Minshia hizo el nudo número cuarenta en su sosetvor, aquella enorme sábana comenzó a cambiar abruptamente: La vegetación desapareció y ahora la caravana se encontró frente a una enorme y honda depresión. Allí el terreno se veía hundido como si un enorme objeto hubiera caido del cielo provocando aquel enorme crater.

_ Ánimo...Ya estamos muy cerca_ Dijo enl anciano bajándose de su peculiar cabalgadura.