16. may., 2016

Texto

Capítulo 29: Reunión en Cosanni.

Cosanni era en aquellos años una ciudad de caracter cosmopolita, estaba situada en medio del desierto y muy alejada de las demás ciuaddes del reino de Qocerit. Era una ciudad  muy antigua que se había formado a partir de un rico oasis, en donde los nomadas solían abastecerse de agua y descanso. Paulatinamente alguno de aquellos mercaderes mulahs se fueron estableciendo de manera definitiva y así se fue formando la ciudad. Dada sus características tan particulares, Cosanni era el punto de encuentro de las caravanas de mulachs y aquellos consideraban a aquel centro comercial como su lugar de orígen, aunque no existían pruebas de que así fuera.

El edificio más grande de aquella urbe era el recientemente construido Mercado de abastecimiento,era una construcción de dos plantas , en la primera  estaban los numerosos puestos de los mercaderes y en el segundo se encontraban las habitaciones en donde se hospedaban los viajeros que llegaban desde todos los rincones del reino y también de fuera de él. La altísima torre de color blanco que se elevaba por sobre las altas y delgadas palmeras de la avenida principal, era visible desde apreciable distancia, en la parte más alta de esa torre siempre se ubicaba un vigía o centinela, "el ussier" quien anunciaba la llegada de las caravanas y de los viajeros que entraban por la única vía de acceso a la amurallada ciudad. Dichos muros habían sido levantados en la época de Vactuss I y aunque no eran tan altos ni imponentes como las de Lalerot, si bastaban para evitar el acceso de visitantes indeseables.

La plaza frente al Mercado estaba muy concurrida, allí se daban cita, muchos comenciantes ambulantes, que ofrecian sus  diferentes mercancías en el suelo, colocados sobre alfombras o paños.No faltaban los mendigos que solicitaban limosnas a la multitud de compradores y tampoco los ya clásicos mendicantes, al menos se podía distingir a uno de ellos. Un mendicante muy especial acompañado de un pequeño hombrecillo al cual ya nosotros conocemos: En efecto, se trataba del mendicante ciego y de su lazarillo Grava, quien precisamente  hablaba:

_ Ya hemos permanecido por más de tres semanas en esta calurosa ciudad y no se que estamos esperando para regresar aItuitclot, amo. El jorobado ciego, le respondía con calma:

_ Paciencia mi amigo, recuerda que yo no te obligué  a seguirme hasta aquí, pero no te quejes tanto, yo se muy bien que no nos ha ido tan mal ¿Verdad?

Grava se llevó sus manitos a la bolsa de cuero que colgaba de su cinturón, allí guardaba él las monedas de más valor, que su amo fingía no darse cuenta ya que le exigía que todo lo que le sobraba se los repartiera a los pobres que pululaban por esos lares.Dejandose para ellos solo lo más indispensable.

 Había algo más que intrigaba al pequeño Grava. Durante todo ese tiempo le había obligado a usar una túnica de color gris  con una estrella en el pecho, bastante desteñida en vez de la tenida habitual de color anaranjado que solían usar los mendicantes, por toda explicación su amo le había dicho que aquella tenida era  la misma que él había usado cuando era apenas un estudiante, muchos años atrás, ahora aquella anticuada tenida la seguían usando solo los mas viejos de la orden de Uve Minta.

Fue eso lo que llamó la atención  al pequeño Grava, pues acababa de ver  en la plaza a un anciano de larga y canosa cabellera blanca,que curiosamente llevaba aquella misma túnica.Entonces  hizo el comentario:

_ ¡Que curioso amo!  Ya me estaba sintiendo raro llevando esta anticuada túnica y...¡He aquí que acabo de divisar a aluien que viste de la misma manera!

Al oir aquello, el ciego se volvió presto hacia el lazarillo:

_¿Qué dices'?...Que has visto a alguien más usando un " surel" como nosotros...Dime  ¿Cómo es esa persona?

_ Pues...se me acaba de perder entre la multitud, pero...Ahí lo acabo de ver nuevamente, es un anciano de larga cabellera y barba blanca, parece muy cansado y se ha sentado en las gradas del templo, justo en frente de nosostros, amo.

Entonces  el mendicante se puso de pie y le pidió a su lazarillo que lo condujera al lugar donde se encontraba el recién llegado, cuando el anciano de cabellera blanca lo vio se puso rapidamente de pie y mirándole muy atentamente exclamó:

¡Ay..amigo mío1 ¿Eres tú?...Pero has perdido la vista pobre amigo ¿ Cómo ha sido posible esa desgracia?

El mendicante alzó sus manos y tocó las facciones del anciano, al tiempo que decía:

_ He esperado tanto tiempo para volver a encontrarte y aunque no perdía la fe, no estaba seguro de que podrías acudir a esta cita...Al menos tú has cumplido amigo Qerju.

El anciano sonreía:

_ Si...A pesar de todo yo no lo he olvidado y créeme que para llegar hasta aquí he tenido que atravesar todas Las Tierras Ignotas, pero  ya estoy aquí.

_ También yo he cruzado todo el reino para acudir a nuestra cita, amigo, ahora solo falta que nuestros dos amigos y compañeros de Uve Minta puedan cumplir con lo acordado.Dijo el mendicante ciego.

El anciano, que ya sabemos quien era: El sabio Qerju, suspiró:

_ Han pasado tantos años, el mundo es ahora muy distinto a aquellos en donde estábamos en La Academia, seguramente que ya nosotrso no somos los mismos de entonces, pero compartimos no solo un gran secreto sino que creo que está en nuestras manos el cambiar los acontecimientos   y evitar tantas calamidades que se nos avecinan.

El falso ciego, asintió con su cabeza y hablando en voz baja, susurró:

_ Eso espero mi amigo, estamos en los tiempos señalados y por lo que sabemos, algo va a suceder, pero necesitamos que nuestros dos amigos acudan para completar este rompecabezas.Por eso llevo mi traje de estudiante y actúo como un mendicante más, aunque tú ya sabes que dejé de serlo hace ya mucho tiempo.

_ Ya me lo parecía, aunque tampoco es tan raro, he conocido a algunos que prefieren seguir siendo mendicantes durante toda la vida y también los hay, quienes renuncian a su familias y a todos para dedicarse al recorrer el mundo en busca del conocimiento, como ha sido mi caso_ Replicó el sabio.

Ambos hombres se encaminaron hacia la humilde posada en donde habitaba el mendicante ciego junto a su pequeño lazarillo, que mostraba en su rostro un gran signo de interrogación, aunque a decir verdad, ya se estaba acostumbrando a la vida y los misterios de su enigmático amo.

Llegaron hasta una construcción abandonada, era un templo en donde antiguamente se le rendía culto a una de las cuatro divinidades que adoraban los qocerios:El Dios Sesa, hijo de La Diosa Cearit y aquien se le atribuía la fundación de aquella urbe, en los tiempos del Imperio de Ut. Aquel templo quedó destruido por uno de los terremotos que ocurrieron en tiempos antiguos y  nunca fue reconstruido, de manera que ahora servía de refugio para los vagabundos y los viajeros mas pobres.

- Esto constituye  mi hogar por ahora, como puedes ver, tenemos varias habitaciones, no muy cómodas, pero al menos aquí tenemos tranquilidad_ Dijo em mendicante.

El sabio le  conrestó:

_ Yo estoy acostumbrado a vivir entre ruinas antiguas, de manera que  aquí me voy a sentir a mis anchas, pero no creo que los dos amigos que esperamos se adapten a estas condiciones.

Una vez adentro, ambos hombres se explayaron en una larga conversación, mientras Grava les preparaba una comida y es que ellos tenían muchas cosas que contarse pues no se habían vista en casi veinte años y sus destinos habían sido muy dicímiles. Después de la magra cena se sirvieron unos tragps de un licor de color oscuro, llamado "merat" que se preparaba con el jugo de un cactus y reanudaron su conversación  por casi toda la noche. Al fin agotados se tendieron en sus respectivos camastros.