24. may., 2016

Texto

Capítulo 30: Rumbo a Lalerot.

Después de su sorprendente triunfo en el Laricea de Qeibnot, Luwer debió de permanecer por más de un mes en aquel lugar, fue recibido junto a su padre por cada uno de los Meijs, pues la tradición  exigía que se cumplieran los protocolos y dversas ceremonias, su maestro y guía, Tinqeirsi le asesoraba en todo  aprovechando la experiencia que él tenía, por haber sido anteriormente Shar de los varines.

Como ya había sido acordado entre los Meijs y el Minch de Lalerot, cada clan escogió a los jóvenes que junto a Luwer deberían de marchar para la Ciudad Amurallada a fin de permanecer  durante dos años en la Academia de Todas Las Ciencias de dicha ciudad.Allí se les prepararía en todas las disciplinas de saber humano  y también en el arte de la guerra, de amenra que al regresar a sus clanes ellos se convertirían en los líderes que trasmitirían los conocimientos adquiridos a los demás jóvenes.

Al final se decidió que fueran cuarenta los muchachos que acompañarían al joven Shar en aquella aventura.

Antes de la partida, Luwa  conversó con su hijo:

_ Me hubiera gustado muchísimo poder regresar contigo a Dnorjot para contarle a tu madre y a todos los de nuestro Clan acerca de tu notable triunfo en el Torneo, pero eso no va a ser posible, ya que estamos  en contra del tiempo y urge que partas cuanto antes a Lalerot, allá ustedes  van a aprender cosas que nosotros no podemos enseñarles, lo cual ha de ser de gran utilidad para nuestro pueblo, ya que no podemos quedarnos atrás en el progreso, no solo en el campo militar sino en todo orden de cosas, sé que vas a aprovechar todo lo que allá  los maestros pueden enseñarte, pero también nosotros tenemos algo que enseñarles a todos y eso son nuestros grandes valores: Honor, valentía y espíritu de sacrifico. Por eso no me cabe la menor duda de que sabrás comportarte como un hombre, como ya lo eres y que dejarás pueso muy en alto el nombre de nuestro gran pueblo.

Cuando  regreses serás un hombre aún más valioso hijo mío.

Después de aquello, Luwer se reunió con los demás jóvenes escogidos, entre los cuales había algunos que  durante el torneo habían competido contra él, pero que a partir de ahora ya no serían rivales, sino compañeros. Entre ellos se encontraba Russgeim, el pelirrojo, también los hermanos Jocjat, su amigo Tarnessa, los gemelos Netuiwa y Huinsi y muchos atros a quienes conocía solo de vista.

Una semana después, la caravana encabezada por Zusmann Illman se ponía en marcha, abandonando la  Región de Qeibnot para tomar la ruta que conducía al pais varesio, su destino: La Ciudad de las Altas Murallas. Luwer montaba en su caballo Macoban encabezando  la delegación de los jóvenes varines, luciendo los distintivos que le correspondían por ser desde ya, el nuevo Shar de los  Varines.Detrás de ellos les seguía la caravana de mulachs liderada por su jefe, Lavin Leorsi.

Al mismo tiempo las delegaciones de los clanes varines comenzaban a preparar sus regresos a sus respectivos lugares de orígen, con la promesa de volver a encontrarse en aquel lugar  en cuatro años más.

A medida que la caravana descendía de Las Tierras Altas para adentrarse en el valle, el paisaje iba cambiando paulatinamente, ya la frondosa selva  iba dando paso a una extensa pradera, en la cual ya podían verse los enormes rebaños de aminotes, duhocotes y otros cuadrúpedos desconocidos para Luwer y sus camaradas, a veces  el joven detenía su marcha para volver su vista hacia atrás y al divisar las montañas nevadas de Varsowots experimentaba  una extraña sensación, para él, desconocida y le parecía que una vocecita interior  le advertía que pasarían muchos años o tal vez que nnca más volvería a ver aquellas amadas cumbres y aquello, le oprimía su alma.

Todos los jóvenes varines iban sobre sus cabalgaduras y vestían de manera muy similar, con sus típicos trajes confeccionados con pieles de aminotes y yocosats, el clásico cintillo en la frente, llamado tonsat y sus anchos cinturones de cuero adornados con piezas de metal, portando la espada corta de doble filo (Yagat) y sibre su espalda el infaltable arco con sus flechas, algunos, como Luwer llevaban ademas las pesadas lanzas largas que utilizaban en la caza del yocosats.

Durante diez días la colorida y larga caravana avanzó con rumbo al sur por aquella vasta pradera, ya las cumbres vnevadas habían desaparecido por completo del paisaje. Los viajeros se desplazaban durante el día y descansaban cada noche. Según  lo que decían los varesios, la primera ciudad que encontrarian se llamba Surit, allí se abastecerían de provisones, permanecerían unos días y luego prosegirian  su camino hacia Lalerot.

A medida que se aproximaban a aquella ciudad comenzó a notarse la actividad humana: Campos labrados, algunos villorios y pequeños grupos de campesinos, ya la pradera no era tal, sino que abundaban las pequeñas colinas y en ellas, mediante terraplenes los varesios cultivaban diversas legumbres y hortalizas.

Todos se acercaban a contemplar la magnífica caravana y  los hombres y mujeres se inclinaban respetuosamente al distinguir  el ornamentado carro que conducía al Minch, pese a que  aquel no era el Señor de aquella ciudad, pues todas ellas eran politicamente independientes, aunque  muchas  le pagaban tributo y en cierto modo reconocían que Lalerot era la principal de todas ellas, por su poder y riqueza.

La ciudad de Surite era vasalla de otra mucho más grande, llamada Cat Lafat, que era  la segunda en poderío e importancia de todo el Valle de Varesocor. Cuando la caravana arribó  a la ciudad,el Minch Zusmann Illman fue recibido con grandes honores y los jóvenes varines despertaron la curiosidad de todos, tanto por sus apariencias y más que nada por sus esbeltos y trabajados físicos.

Allí el Minch y sus aompañantes fueron hospedados en las dependencias principales de esa ciudad, mientras que a los jóvenes varines se les preparó un  improvisado  hospedaje en las caballerizas, pero para aquellos, que estaban acostumbrados a vivir de manera muy rústica y sencilla, aquellas les parecieron un verdadero palacio y a pesar de que se les había habilitado catres y camas para que durmieran, ellos prefirieron hacerlo sobre el duro suelo, tendiendo sus pieles y envolviéndose con ellos, tal como lo hacían en sus lejanas y amadas tierras.

Luwer ya había organizado a sus hombres en cuatro grupos, cada uno de ellos comandado por un líder, él mismo los había escogido, ellos eran: Russgeim, Tarnessa, Reut Him y Jocjat, cada uno de ellos debía  mantener la disciplina y velar por sus respectivos grupos.

Después de descansar en aquella primera noche en la ciudad, Luwer  y los cuatro jefes fueron invitados  a la dependencia principal. Allí conocieron a las autoridades de esa urbe y también a muchos invitados, Para aquellos que nunca habían visto de cerca a los llamados "hombres de las montañas" les llamaba mucho la atención, la sencillez de sus costumbres. El Minch de Suret resultó ser un anciano de aspecto muy débil y achacoso, quehablaba  muy despacio por lo cual apenas se le podía entender lo que decía, pero quien más llamó la atención a Luwer y sus camaradas fue  un individuo enormemente gordo, que vestía de una manera demasiado extravagante y lucía una enorme cantidad de joyas y adornos, él, estaba recostado sobre una hamaca o litera y a su costado lo custodiaban cuantro fornidos sirvientes, quienes eran los encargados de transportarle a todas partes. Sin duda que aquel individuo debía de ser tan o más importante que el Minch de Suret, puesto que tanto Zusmann Illman y Nuberiuss  no se apartaban de su lado y parecía conversar muy animadamente.

Fue precisamente el Mago Nuberiuss quien tomó la palabra, para decir:

_Mis estimados jóvenes varines, me imagino que ustedes estarán muy extrañados de las cosas  y de todo lo que  habeis visto, ya que seguramente ninguno de ustedes ha abandonado nunca el lugar en donde habitan, Por eso quiero asegurarles que vosotros sois mis invitados especiales y que yo les acompañaré y seré vuestro guía y maestro, de manera que cualquier duda o lo que necesiten saber, me lo preguntan a mi y yo gustoso accederé a ayudarles.Ahora les presentaré al Señor de esta ciudad: Él es Donait y quien está a su lado es un importante Representante  de la Ciudad de Cat Lafat, cuyo nombre es  Ivdogoban, es además uno de los hombres más ricos de dicha ciudad.

En verdad Luwer y sus comapelros no se sentían para nada comodos en aquella reunión y además no entendían nada de todo lo que allí se decía, pese a que el dialecto de los varesios era muy similar al de ellos. Noberius se daba cuenta de ello, pues acercándose a Luwer le dijo al oído:

_ Sé que para ustedes todo lo que  aquí se habla no tiene mucho sentido, pero los he invitado a asistir maás que nada para que les conozcan, antes de  partir tuve una larga conversación con tu padre y gracias a ello se mucho acerca de tí, me comprometí a velar por todos ustedes y así lo haré y a medida que pase el iempo te darás cuenta de muchas cosas y confío que me las comentes a mí.

Luwer escuchaba con atención las palabras de aquel  hombre del cual al principio había recelado mucho, más ahora él se iba ganando su confianza, por eso cuando éste le preguntó que opinaba de todos aquellos, Luwer vaciló un poco antes de responder:

_ Puede que me equivoque...pero  ese individuo gordo y lleno de adornos no me inspira confianza, yo tendría mucho cuidado con él.

Nuberiuss le quedó mirando con curiosidad y se apresuró a responderle:

_ Y tienes mucha razón al pensar así, Ivdogoban es el hombre más rico y poderoso de Cat Lafat, aquella ciudad y la nuestra fueron antaño rivales  y hasta hubo guerra entre nosotros, pero eso es ahora cosa del  pasado, tengo la  casi absoluta certeza de que el anciano que te señalé como Minch de esta ciudad es sólo un títere de aquel obeso y extravagante individuo.

Después de aquello, la caravana permaneció un par de días más en esa ciudad y luego reanudaron la marcha rumbo a Lalerot.