28. may., 2016

Texto

La Misión de Falelar (Continuación)

La embarcación se acercó a la costa y los hombres iniciaron el desembarco, estaban en un lugar indeterminado de La Tierras Ignotas, pero el guía que llevaban parecía conocer muy bien aquella región, de manera que la caravana se internó por unos senderos que según se pensaba les conduciría a la aldea de Krull, que era el principal villorio en donde  vivía el Tiwan de los qejviats, el temido Anon  Jusor.

Falelar confiaba  que éste  le recibiría como a a un amigo y que a lo menos le escucharía. Mientras se adentraban en la jungla, el rico mercader pensaba: Recordaba como había logrado conocer a aquel  qejviats y también pensaba en sus orígenes. Aquello constituía un secreto que sólo algunos pocos amigos de su confianza conocían: Falelar no era qocerio, como muchos creían,él era de orígen mulach, su padre, uno de los más importantes mercaderes de ese pueblo, había tenido una hermosa sirviente, se llamaba Rit y era qoceria,ella  era la madre de Falelar y desde pequeño fue proteguido y criado en la tribu de su padre, cuando éste falleció, todo el poder pasó a su hermanastro, el hijo mayor de Lar, el mulach Juwa Ritti, al cual ya hemos conocido, entonces la tribu se desplazó hacia el pais  de los varesios, al otro lado del Gran Río, pero al joven Fa lelar lo enviarón a la ciudad más alejada del reino. La ciudad del desierto, Cosanni.Allí el joven estableció su primer bazar o " Oc volir" como se les llamaba,  fue en esos días cuando tuvo sus primeros contactos con los qejviats, eran los tiempos en donde reinaba  en Qocerit Vactuss I y existía plena libertad para el comercio  y los intercambios con aquel pueblo primitivo.Fue así como su pequeño Ocvolir comenzó a prosperar y Falelar decidió establecerse de manera permanente alli. Una década más tarde su bazar se había convertido en un verdadero mercado persa que ocupaba toda una manzana y que estaba compuesto por más de cien locales que comercilizaban toda clase de productos.Además en sus talleres laboraban muchos artesanos y orfebres que fabricaban toda clase de joyas, utensilios y también armas.

Aún reinaba en el país el Gran Vactuss I y aquel extenso período de paz  permitió que el comercio prosperara y creciera, aquello lo aprovechó muy bien el astuto comerciante, que extendió sus negocios a travez de todo el reino, de tal modo que al cabo de otros diez años, no existía un pueblo o ciudad por pequeño que fuese que no contara con un "ocvolir" administrado por un empleado de Falelar, lo que lo convirtió en el hombre más rico del reino.Sus caravanas recorrían todo el reino con sus cargamentos de telas, pieles, aceites, joyas y toda clase de mercancías.

Cuando estalló la guerra civil, fueron muchos los comerciantes que se arruinaron, pero por el contrario a Falelar le trajo aún mayores beneficios, ya que se las arregló para comerciar  casi al mismo tiempo con los principales bandos en pugna, pero cuando vio que  era Ciwutt quien tenía mayores probabilidades de triunfar, se plegó rapidamente a su bando, suministrando armas y pertrechos a su ejército. Una vez que éste logró ocupar el trono del reino, Falelar recibió como premio a sus servicios una conceción especial que le otorgaban los derechos a comercializar con una serie de productos esenciales de manera monopólica.Así había sido en los primeros años del reinado de Ciwutt, despues las cosas cambiaron.

La caravana seguía por  aquellos senderos ancestrales, internándose más y más en las espesas selvas de aquel inexplorado territorio. Falelar recordaba como la suerte le había sonreído al cruzarse con aquel ser salvaje y extraño, que pese a todo le llamó su atención. Su nombre era Var Snuatta y a diferencia de la mayoría de los de su raza, aquel qejviats no solamente era muy alto y fornido sino que su pelaje era de coor gris, lo que le daba la apariencia de un macizo primate  fantasma,. Aquel raro especímen había sido capturado cuando era solo un niño y cuando Falelar le conoció,  le pertenecía a su amigo Cruissot, el dueño de la más grande cuadra de luchadores y acróbatas.el cual era el encargado de organizar los sangrientos espectáculos a los que eran tan aficcionados los qocerios en general.Falelar era uno de los pocos que podía entender la extraña lengua de los qejviats y  se interesó de inmediato en aquel especimen.Cruissot le contó como aquel era capáz de levantar a un hombre robusto con sus musculosos brazos, mantenerlo en el aire y estrangularle sin que éste tocara el suelo, en el Coliseo de oBam había dado muerte a muchos hombres y también a congéneres suyos y eso hacía que su valor fuera muy alto. De todos modos, pese a su fortaleza y valor, aquel qejviats hubiera muerto tarde o temprano en la arena del  coliseo si Falelar no le hubiera sacado de allí. Tuvo que pagar un altísimo precio, pero el sabía que  recuperaría con creces aquella inversión, pues poco antes, cuando le visitó en su celda, en donde además le tenían encadenado a un resistente muro, el qejviats lo miró  fijamente con sus único ojo bueno, entonces Falelar, le dijo:

_Te he librado de una muerte segura, ya que tarde o temprano hubieras muerto en la arena del coleiseo, pero ahora  has de servirme a mí...Se que aunque parezca que no me entendieras lo que digo, no es así...Además yo comprendo algo tu dialecto...Dime algo.

El monstruo movía su descomunal cabeza, sus largos y velludos brazos permanecían esposados, parecía estar dudando y solo emitió unos gruñidos, pero Falelar alcanzó a entender algunas palabras que le quedaron dando  vueltas en su cabeza: Piedras de luz...piedras de luz.

él sabía que era aquello y para asegurarse se quitó su collar y le mostró uno de los diamantes al qejviats, diciendole:

_ Estas son ..piedras de luz ¿Verdad?

El qejviats miraba  aquella piedra de gran tamaño que brillaba en la semisoscuridad de aquella celda.

_¿Tú sabes en donde hay más de éstas, ¿Verdad?...¡Humm! Yo sé que los qejviats poseen muchas de éstas, aunque ignoro de donde las obtienen..Tal vez sea de aquella mítica Ciudad de los Fantasmas en donde según las leyendas de nuestros antepasados existían dos enormes columnas incrustadas con cientos de diamantes...Tal vez aquello sea cierto y esa ciudad si existe y ustedes...digo tu pueblo lo sabe"

El qejviats permanecía estático mientras Falelar hablaba, pero de pronto se movio y acercándose lo más que pudo al hombre comenzó a hablarle:

_ Te esoy agradecido por haber librado de la muerte, se que te ha costado una fortuna pero no te vas a arrepentir, mi nombre Var Snuatta no significa nada para tí, pero si te  digo que mi padre Anon Jusor, es el Tiwan entonces entenderás que si me sacas de esta tierra y me llevas donde él,entonces recuperarás el doble o el triple de lo que has gastado.

Falelar escuchaba aquella voz que se expresaba en su extraño idioma, mezclando palabtras de ambos dialectos, el qejviats prosiguió:

_ Fui capturado cuando era un niño, por cazadores inescrupulosos, me trajeron a tu país y fui vendido a un hombre duro y cruel que me mantenía en una jaula y que recorría el país para exhibirme a cambio de dinero, a mi solo me daba de comer y frecuentemente me molía a palos...En fin no te contaré mis inumerables penurias, solo te pido que me lleves a Krull, que es donde vive mi padre.

Falelar, siguiendo su instinto comercial, decisió arriesgarse y organizó una caravana para incursionar en Las Tierras Ignotas, lo cual significaba un tremendo riesgo, pues adentrarse en aquellas desconocidas tierras cubiertas por espesas selvas era una osadía que sólo los intrépidos cazadores de qejviats, armados hasta los dientes se atrevían a realizar, ellos contaban cosas horribles acerca de ese primitivo pueblo, como aquello de que devoraban a su prisioneros.

Nunca antes un qocerio se había atrevido a adentrarse tan profundamente en aquellas tierras, Var Snuatta guiándose por su instinto natural le condujo a lo que él llamaba Krull (Que en su lengua significaba Lugar en donde nace el fuego)

Aquella primera travesía había ocurrido veinte años antes y ahora Falelar emprendía el mismo viaje, aunque las circunstancias eran del todo diferentes, confiaba que el Tiwan le acogería favorablemente aunque al evocar su siniestra  apariencia no dejaba de experimentar un escalofrío en todo su cuerpo. Y es que a primera impresión la figura de aquel monstruo era realmente aterradora, per Falelar ya antes había estado en su presencia y éste se había mostrado tremendamente agradecido por haber salvado a su hijo  mayor, al cual ya daba por muerto, le había colmado de diamantes y otras piedras preciosas y además le había otorgado un permiso especial para que sus caravanas pudieran ingresar a su territorio e intercambiar sus productos en todas las aldeas qejviats, algo que nadie antes había conseguido.Todo aquello contribuyó a aumentar más aún su ya considerable fortuna, pero Falelar era un hombre que jamás se saciaba y ahora lo que más le empujaba a regresar a estas tierras no era solo cumplir con la misión encomendada, pues aquello  habia sido sólo un pretecto, lo que realmente en verdad le interesaba era encontrar él, aquella mítica Ciudad Perdida, en donde suponía debía de existir una enorme tesoro y el orígen de todas "aquellas piedras de luz" como las llamaban aquellos.