8. jun., 2016

Texto

(Continuación)

Durante los días siguientes Netea y sus compañeros  recorrieron  por los alrededores del río buscando ramas y troncos para fabricar  las pequeñas falachs en donde iría  solo un hombre, tal como lo habían planificado, después comenzaron a construirlas y a camuflarlas con ramas y algas verdes, al cabo de tres día ya disponian de cinco falachs individuales y tres un poquito mas grande en donde cabían dos guerreros, todos ellos llevaban sua arcos con flechas impregnadasde aquel aceite viscoso y las piedras de cuarzo que  les permirían encenderlas  cuando estuvieran próximos al puente, como no  disponían de remos solo se dejarían arrastrar por la corriente del río, era una acción muy complicada y casi suicida, pero no había otra forma de llevar a cabo la acción planificada, el resto de los hombres inicó una marcha para tratar de acercarse lo más posible a las torres de vigilancia, ellos también portaban sus flechas impregnadas y la idea era aprovechar la gran confusión y caos que se produciría al inicio de las llamas, para atacar a los guardias. Ese era el arriesgado plan de Monzut.

Eligieron para  ello una noche brumosa, afortunadamente para ellos, el rio en aquel lugar no era tan  correntoso y la gran cantidad de algas verdes que formaban pequeños islotes les sirvió para maniobrar hasta llegar a la parte central, allí sí que tuvieron que dejarse arrastrar por la corriente y abandonarse a su suerte. Antes de aquello, los hombres de Monzut ya habían logrado avanzar por la orilla y pese a las muchas dificultades del terreno pudieron acercarse a las torres, allí esperaron pacientemente con sus arcos listos para actuar.

Desde aquella posición  apenas podían divisar la alta torre central, que estaba sobre un islote en medio del Gran Río, cuando la neblina se disipaba, ella era visible, pero nada más podían hacer.

Al cabo de unos largos minutos notaron un cierta agitación en la torere de vigilancia que estaba más cerca de ellos, Monzut se decidió a arriesgar y ordenó a sus hombres  disparar sus flechas hacia esa torre. Las saetas encendidas surcaron  el cielo nocturno y se clavaron como centellas  en la base de aquella torre, la cual comenzó a arder, todo se fue desarrollando con vertiginosa rapidéz, Monzut vio cpmp aquella torre se desplomaba y al mismo tiempo divisó la enorme columna de fuego que envolvía la extruxtura central del puente.

_ ¡Lo lograron! Exclamó y presa de un enorme entusiasmo le ordenó a sus hombres avanzar hacia adelante.

Doscientas verts alcanzó a avanzar y entonces sus guerreros volvieron a preparar sus mortíferas flechas y esta vez éstas alcanzaron  la pasarela que cruzaba desde la torre central hasta cerca de la orilla, las llamas subieron hasta el cielo quemando las gruesas cuerdas  y estas al romperse hicieron que toda la estructura se viniera abajo.

Monzut consideró que su misión había sobrepasado todas sus espectativas y les ordenó a sus hombres retroceder para alejarse de aquel caos de humo y fuego.

_ No se detuvieron hasta llegar a un montículo y desde allí pudieron ver como una gran parte de ese aquel puente ya no existía y el fuego aún  seguía haciendo detrozos.

_ Al menos ya no lo podrá terminar en el presente año y eso nos dará  más tiempo para organizarnos_ Comentó Monzut y luego añadió:

_ ¡Quieran los Dioses que nuestros valientes hayan podido salvar sus vidas, se merecen todo nuestro respeto!

En el campamento qocerio situado en la otra orilla del río, los hombres contemplaban atónitos lo que estaba ocurriendo, pero ellos nada podían hacer,pues desde su posición no comprendían  bien como había podido ocurrir aquello. 

Cuando le avisaron a Ergir, El Constructor, éste, con su rostro desencajado se limitó a agarrarse sus cabellera con sus manos y sin decir nada subió a una de las torres de vigilancia y al comprender la magnitud de aquel desastre, extrajo de entre sus vestiduras un pequeño frasquito que contenía un porción de aquel mortífero veneno que usaban los qejviats para untar sus flechas y sin vacilar se lo bebió de un sorbo, un minuto después  yacía desplomado sobre la tarima de aquella torre, los hombres bajaron su cadáver y lo arrojaron al Río. Aquello era en verdad un acto piadoso, pues sus ayudantes sabían que cuando el Rey supiera lo acontecido, culparía de todo al responsable de la contrucción y ahora ya el cadaver flotaba lejos por las aguas del Gran Río, como así también varios de los hombres que habían provocado aquel desastre.

Al amanecer del nuevo día, recién se pudo apreciar la gran destrucción acaecida: De la torre central solo permanecía intacta la base, toda la parte que conectaba dicha torre con la orilla opuesta ya no existía y lo único que se había salvado era  la parte inicial del puente. Horas, días, semanas y meses de arduo trabajo   de miles de hombres, todo eso  perdido y ahora venía lo peor: Había que comunicárselo a Ciwut.

 El responsable de aquella obra fue el primero en saberlo: El Loq Mayor Nilezat, se paseaba nerviosamente  dando grandes zancadas en la amplia habitación que ocupaba en su cuartel situado cerca de la aldea de Qcozot.

_¿Cómo se lo digo?...¡Tal vez lo mejor sería seguir el camino de Ergir...creo que mi  carrera  llegó hasta aquí!

Pero él era  uno de los hombres más cercanos a Ciwutt y disponía de un gran ejército, tal vez aquello podría salvarle el cuello, ante la ira del Rey.

Suspiró y luego decididamente  ordenó a su escolta prepararse para partir rumbo a Obam  para enfrentarse a la cólera de su Señor.