15. jun., 2016

Texto

Capítulo 37: La Fiesta de los sacrificios.

Falelar no había podido dormir muy bien durante aquella noche, víspera de la Ceremonia principal de la llamada Fiesta de  los sacrificios, presentía lo que le esperaba aquel día y a decir verdad  no sentía ningún agrado por la invitación que le había hecho Anor Jusor, para que asistiera como invitado especial, a dicha  ceremonia que coincidía con el cumpleaños número sesenta del Tiwan de los qejviats.

La conversación que había sostenido con aquel prisionero le rondaba aun por su cabeza, es cierto que el objeto de su visita a la aldea de Krull tenía como principal misión tratar de convencer al Tiwan  para que se comprometiera a ayudar de alguna forma a los rebeldes que permanecían sitiados en el puerto de Quinsat, más, en su fuero interno él ya se había convencido de que la caída de aquel último bastión rebelde era solo cuestión de tiempo y que a los qejviats no les interesaría para nada involucrarse en un conflicto fuera de sus fronteras.Por eso, él había considerado las cosas desde su punto de vista personal y sus objetivos  habían cambiado. Le interesaba en primer lugar encontrar aquella mítica ciudad perdida en la selva en donde según las leyendas populares, los diamantes se encontraban en las calles y monumentos, lo cual podía ser cierto ya que de alguna parte los qejviats los obtenían, además estaba aquello otro: La información que le había dado Snobean, respecto a la muchacha de cabellos dorados, pensaba que si él lograba encontrarla y llevarla donde el Rey Ciwutt, aquello lo congraciaría con él y seguramente le devolvería todos sus prerrogativas  perdidas.

_ Siempre hay que tratar de estar del mismo lado de los vencedores y en este caso, seguro que el vencedor va a a ser a la larga Ciwutt_ Decía, sobándose sus manos nerviosamente.

Había concebido ya un plan: En primer lugar,  salvarle la vida a Snobean y convertirlo en su aliado, para ellos confiaba en utilizar su amistad con el Tiwan, pero no estaba muy seguro de que este accediera gratuitamente a concederle aquel favor, menos ahora que ya estaba tan encima la ceremonia.

_ Si logro salvarle la vida, él me ayudará a conseguir el doble objetivo: Encontrar la ciudad de los diamantes y a la mujer que el rey desea para  hacerla su esposa. Si lo consigo volveré a convertirme en el hombre más rico del reino.

Así pensaba Falelar mientras se ataviaba con sus mejores galas, solo le estaba permitido la compañçia de dos de sus hombres: El guía y su fiel sirviente Avo, quien le acompañaba desde que era un muchachito.El restode los hombres de la caravana deberían permanecer en las afueras del recinto.

Cuando salió de la cabaña y se dirigió hacia el lugar de la ceremonia le sorprendió mucho la gran organización de aquellos seres tan primitivos, ellos había construido un especie de anfiteatro, utilizando solamente maderos, el foso había sido excavado en el mismo suelo, tenía unos cinco metros de profundidad y había sido regado con bastante agua, por lo cual el fondo estaba muy resbaloso y lleno de barro.

Alrededor de aquel foso se ubicaban las graderías, de forma circular, estas ya estaban colmadas de mucho público, todos ellos llevaban sus caras pintadas con una pintura blanca, lo cual sles daba un aspecto fantasmal, lucían penachos con plumas de aves exóticas, lo cual le daba a ese espectaculo  mucho realce y colorido.

 Mientras subían las empinadas gradas de madera, el guía le comentó a Falelar:

_ ¿Se fija en el colorido de aquellos penachos, amo?

_ Así es, pero a mi me llaman más la atención los collares de llevan  en sus cuellos y especialmente "las piedras de luz" como les llaman.

_ Pensar que con el valor  de cualquiera de aquellas, esos salvajes podrían vivir como reyes, pero  no lo saben.

_ Pues, mejor que no lo sepan, lo que me interesa es saber de donde obtienen esas riquezas_ Respondió Falelar.

Falelar se ubicó en uno de los palcos, sólo había un palco ubicado por encima del suyo, supuso que allí se instalaría el Tiwan, lamentablemente de ser así  él no tendría ninguna oportunidad para conversarle de sus asunto.

Las gradería ya estaba completamente colmadas y los gritos guturales de aquellos  seres tan extraños constituían un raro espectaculo.

Se escuchó un murmullo y todas las miradas convergieron hacia la entrada. En efecto, encima de una litera sostenida por ocho fornidos qejviats, estaba el corpulento Anor Jusor. Falelar se estremeció al contemplar a aquella verdadera bestia y pese a haber estado pocas horas antes junto a él, no pudo reprimir una sensación de miedo que le revolvió su estómago, pero trató de sobreponerse y esperar que éste pasara por su lado para tratar de hablarle.

Pero aquello no sucedió, pues el Tiwan se paseó por todo el contorno del foso y luego bajó de sus litera y trepó  hasta llegar a su palco ubicado en la parte más alta de aquel coliseo.

_¡Parece que no voy a poder hacer nada...Es una lástima, lo siento por tí Snobean...Ay ...Y también por mí!

Justo en aquel momento vio acercarse a un enorme qejviats,  de cabellos encanecidos y ancho tórax, aquel ser le pareció conocido y exclamó:

_ ¡Pero claro que lo conozco...Si es mi amigo Var Snuata!

El aludido se volvió para mirarle y le reconoció de inmediato.

_ ¿Falelar? ...Pero si eres tú el mismísimo Falelar, mi salvador y benefactor ¿Cómo es que te encuentras aquí viejo amigo? Le preguntó, expresándose en dialecto qocerio.

_ Pues...Es largo de explicar, lo cierto es que he sido invitado por tu padre y aquí me tienes...Me alegro mucho de verte después de tantos años y comprobar que estás bien.

_ Pues, es así, también me alegra verte, no has cambiado tanto...pero supongo que no te va a gustar mucho el espectáculo que hoy vas a tener que presenciar...mas aún siendo que los sacrificados son compatriotas tuyos.

Falelar permaneció algunos segundos en silencio.Luego se decidió a hablar:

_Pues ya que me lo dices, quiero aprovechar de pedirte algo, aunque presiento que ya es un poco tarde...En fin...Te lo diré: Ayer pude ver a los prisioneros y me encontré con la sorpresa de que uno  de ellos es un viejo amigo mío, muy querido..él me trató de explicar la razón de su ingreso a estas tierras, perose encontraba en muy malas condiciones y casi no le pude entender nada...Creo que trataban de cruzar el río desde territorio varesio y sufrieron un naufragio llegando hasta estas tierras de manera casual.

Ahora fue Var Snuata quien permaneció en silencio, mirando fijamente con sus único ojo bueno a Falelar.

_ Sí que lo sé, pues fueron mis hombres quienes  les capturaron, ellos ofrecieron resistencia y mataron a algunos de los nuestros, lo mismo hicimos nosotros y por eso van a ser sacrificados...Ellos traía a dos mujeres cautivas, ellas estan ahora bajo nuestra protección.

Falelar no podía dejar pasar esta oportunidad:

_ Yo deseaba hablar con tu padre, para pagar rescate por mi amigo, pero me parece que ya es muy tarde para eso ¿Verdad?

_ Tal vez yo te pueda ayudar en eso amigo, al menos lo intentaré,  hablaré con mi padre y le diré tu propuesta, lo demás solo d epende de él.

_ ¡ Ah, viejo amigo..No te imaginas lo felíz que me harías si consigues  salvar a mi pobre amigo! Exclamó Falelar.

Var Snuata se abrió paso hasta llegar al balcón del Tiwan y se sentó a su diestra, que era el lugar que le correspondía, por ser el hijo mayor del Tiwan, a su izquierda se ubicaban los otros diecinueve hijos de aquel monstruo.

Var Snuata saludó a su padre, quien llevaba su cara completamente pintada con una pintura blanca fluorescente que  le hacía parecer que llevaba una máscara sobre su faz.Luego se inclinó y le dijo algo en su oido, pero  Anor Jusor no respondió y luego   abrió sus dosbrazos y  y juntó sus palmas iniciando cone ello el comienzo de La Ceremonia.Cuatro fornidos qejviats se dejaron caer sobre el foso y moviendo una gran piedra descubrieron la entrada de una celda excavada en una de las paredes laterales de aquel foso. Allí estaban los ocho prisioneros, se veían en deplorables condiciones físicas, muy debilitados, apenas podían mantenerse en pie y parecian no comprender nada de lo que acontecía a su alrededor.

_ Esos pobres diablos ya no sienten nada y mejor para ellos que así sea_ Comentó Avo, el sirviente de Falelar.

En ese momento se acercó nuevamente  el qejviats Var Snuata a Falelar, parecía contento y le sususrró al oído:

_ Te tengo buenas noticias, mi padre accedió a liberar a tu amigo...Pero puso una condición...Que lo reemplaces por uno de tus hombres...Lo siento...Pero es lo que él me ha dicho.

Falelar se puso muy pálido, no contaba con algo así, pero no tenía tiempo para pensar demasiado, su amigo Var Snuata esperaba una respuesta.

_ ¡Bien, entiendo.! La vida de mi amigo a cambio de una víctima para el sacrificio.

Luego se volvió y le ordenó a su sirviento Avo:

_ Tú, acompaña a mi amigo Var Snuata, él tiene algo para tí.

El fiel criado, que había estado al servicio de sus amo desde que era un niño no se imaginó lo que le esperaba y confiadamente siguió al fornido qejviats quien le condujo a un pequeño patio.

_ Espera aquí hasta que comience la ceremonia_ Le dijo.

Mientras, afuera de  aquel recinto, la caravana de Falelar estaba a la espera, los hombres hacían toda clase de conjeturas, tratando de adivinar lo que sucedía en el interior, en esos momentos se escucharon los redobles de los toscos tambores  fabricados con troncos de arboles ahuecados, luego el melancólico y monótono tañir  de las flautas de caña, las mismas que les servían a aquellos seres primitivos para arrrojar sus mortíferos y venenosos dardos. La ceremonia principal comenzaba.