24. jun., 2016

Texto

Capítulo 40: Continuación.

Tal como lo habían planificado, a la mañana soguiente el poderoso ejército de Ici Horsi comenzó a desplazarse  en dirección a las murallas de la ciudad.Desde las torres que se ubicaban desplazadas en la gran explanada que antecedía a los muros, los vigilantes preparaban sus arcos y tan pronto los primeros atacantes fueron divisados les arrojaron una verdadera lluvia  de flechas, las cuales cruzaron  por los aires y cayeron desde lo alto sobre los hombres que trataban de guarecerse debajo de los carros y protegerse con sus escudos metálicos.Muchos cayeron, pero  seguían avanzando y ganando metros. Las fuerzas atacantes eran muy numerosas y así poco a poco  las torres fueron tomadas una por una,  los defensores eran  abatidos y rematados, pues las órdenes de Ici Horsi era la de no dejar prisioneros. Era ésta una guerra muy cruel, como siuelen serlo  cuando se combaten entre los propios compatriotas, como en este caso.

Dentro de la ciudad Baschir ya había organizado la última resistencia y sus hombres se habían distribuidos en lugares estratégicos portando sus  flechas incendiarias, esto es, embadurnadas con  aquel aceite viscoso que servia para las alimentar las lámparas que iluminaban  las casas durante las noches.Previamente había hecho desocupar todas las viviendas cercanas a los muros y sus pobladores ya se encontraban  en la parte oeste de la ciudad, cerca de los muelles.

Mientras tanto, el ejército enemigo ya había logrado sortear  las torres de vigilancia y ahora avanzaba por la explanada, pero allí se encontraron con las ingeniosas defensas y tramnpas  que les habían preparadao los defensores: Fosos recubiertos en cuyo interior afiladas estacas esperaban a los que cayeran en ellos y muchos otros dispositivos que retrasaban el avance del ejercito de Ici Horsi.Posiblemente si aquellas defensas hubieran estado ocupadas por sus defensores, se hubiera causado muchas bajas al enemigo, pero, como ya sabemos, Baschir había replegado a sus hombres y el grueso de ellos ya se encontraba en las embarcaciones rumbo a la Tierra del Sonner.De todos modos el ejército atacante pudo sortear aquellos obstáculos y aproximarse a los muros de la ciudad.

Estos no eran demasiado altos y en las almenas se ubicaban  escasísimos defensores, algo que llamó mucho la atención de los Loqs y del propio IIci Horsi, que comentó:

_ Aquí pasa algo extraño, después de los fieros  combates que hemos sostenido durante los últimos días, no es normal que haya tan poca resistencia, esto no me gusta nada, deberemos de ser precavidos...Enviaremos a " los señuelos"_ Ordenó.

Los señuelos eran un grupo de avanzada, compuesto en su casi totalidad por pobres campesinos o habitantes de las ciudades capturadas, casi no tenían preparación militar y se les sacrificaba enviándoles a las misisones más peligrosas en donde por lo general eran muy pocos quienes sobrevivían.

Conforme a lo ordenado, las tropas permanecieron a la espera de las órdenes, mientras las columnas de aquellos que iban a ser sacrificados, fueron empujados y obligados a avanzar.

Cuando estos, estuvieron cerca de los muros, sus defensores le enviaron una lluvia de flechas, las cuales produjeron una gran mortandad entre aquellos pobres, fue entonces cuando Ici Horsi, ordenó avanzar a sus carros de asalto: Estos llegaron hasta la base de los muros y entonces sus ocupantes  colocaron sus escalas y comenzaron a trepar hacia la parte alta. Los defensores eran escasos y ante la aparición de aquellos asaltantes, muchos huyeron hacia el centro de la ciudad para tratar de ponerse a salvo.

Los  asaltantes lograron abrir las puertas y entonces  el ejército atacante  penetró en la ciudad.Mientras Ici Horsi, situado en la retaguardia le gritó a su subalterno:

_ ¡Que se detengan los hombres, creo que  hay una trampa preparada!

Pero era tal el estrépito y el júbilo de sus guerreros, por encontrarse ya dentro de la ciudad que no le obedecieron sus órdenes y corrierron hacia las primeras casas para comenzar el pillaje y la matanza de los defensores.

Pero aquellas casas estaban  casi vacías y sin moradores, por lo cual continuaron aquel avance arrollador  hacia la plaza principal de aquella gran urbe.Fue entonces cuando Baschir dio la orden a sus arqueros y estos arrojaron sus saetas incendiarias hacia los puntos que ya tenían dispuestos de antemano. El fuego comenzó a incendiar las casas y las llamas convirtieron aquel sector de la ciudad en un verdadero infierno.Cuano los hombres de Ici Horsi se dieron cuenta de lo que sucedía ya era tarde para retroceder, pues todo aquel sector estaba en llamas, los uros de la ciudad obstaculizaron la retirada y de esa forma miles encontraron una horrenda muerte. Ici Horsi que aún permanecía en su puesto de observación ahora entendió  cuanta razón había tenido al sospechar que le tenían preparada una mortífera trampa. Estaba furioso, exclamó:

_ ¡Perros malditos...Les haré pagar con sangre todo el daño que nos han causado. Ya lo veran!

Pero nada podía hacer por ahora, pues debía de esperar que aquel gigantesco incendio terminara por consumirse, algo que por lo visto, demoraría muchas horas.

Dentro de la sitiada ciudad, Baschir, se mostraba satisfecho de lo conseguido y así lo comentó con sus colaboradores:

_ Es cierto que con este plan hemos logrado  causarles muchas bajas al enemigo y también retrasar a caída de la ciudad, ahora debemos de salir rapidamente de aquí.

Los hombres de Baschir ya estaban listos para abandonar la ciudad, pero el único destino que tenían era  dirigirse por la costa en dirección a las Tierras Ignotas y así lo hicieron. Ya desde mucho antes se estaba produciendo un éxodo: La gente se trasladaba en sus carros y carromatos, algunos a pies otros en cabalgaduras, llevando sus  pertenencias y dejando sus viviendas, abandonaban así su ciudad, para escapar a la furia de las tropas de Ici Horsi, ya que sabían que la venganza de éste sería muy cruel y preferían internarse en aquellas tierras desconocidas y peligrosas, en donde  habitaban aquellos horribles seres primitivos, antes que  exponerse a la furia de los atacantes.

Fue de esa manera como, después de tres meses de asedio, cayó al fin el puerto de Quinsat, el último bastión rebelde. Con eso, el dominio del Rey Ciwutt se consolidó en todo el reino, había cumplido su primera meta, pero para aquel hombre ambicioso y sediento de gloria, eso era sólo el comienzo.