29. jun., 2016

Texto

Capítulo 41: Un nuevo destino.

Luwer y sus hombres se alejaron de Lalerot, atrás quedaron los altos muros de esa ciudad. Después de un día de marcha llegaron a una encricijada, allí el camino se dividía en dos senderos  y no había ninguna señalización que indicara cual de los dos era el camino que conducía a la fortaleza de Sorgín. Decidió hacer un alto, mientras buscaba a algún lugareño que le ayudara a encontrar el camino correcto, montado  en su caballo Marcovan recorrió los alrededores, pero no halló a nadie, pues el lugar parecía completamente deshabitado. Ordenó entonces a sus hombres que extendieran sus mantas parapernoctar  en dicho lugar y él también hizo lo propio. Fue poco antes de que anocheciera cuando  sus centinelas le advirtieron que andaba un merodeador por las cercanías. El tal merodeador resultó ser  un pobre mendicante, vestía con su rústico traje de tela color naranja, llevaba su saco al hombro y su bastón,  cuando estuvo frente a Luwer se veía muy asustado, pues  por primera vez se encontraba con hombres tan distintos a lo que acostumbraba a ver, lo mismo les sucedía a los varines, quienes  nunca se habían encontrado con "un hombre santo", aunque sabían de sus existencias.

_ ¿Me puedes decir que andais haciendo tan lejos de vuestro país?_ Preguntó, intrigado, Luwer.

El mendicante era muy joven, tal vez sólo unos pocos años mayor que Luwer, se inclinó ante el joven varín y respondió:

_ Es verdad que estoy muy lejos de mi país, pero no de mi objetivo...Pues os  buscaba a vos.. ¿Eres Luwer, verdad?

El joven varín se sorprendió mucho con la respuesta del mendicante, pero éste le explicó:

_ Uno de mis maestros os conoce muy bien joven Shar de los varines, él es el Gran Mago Noberiuss y fue quien me encomendó la misión de encontrarte para darte un  importante mensaje, escuchadme: Os pide que no vayais a la Fortaleza de Sorgín pues eso ya está resuelto, de manera que ahora tomarás el camino  que va hacia el norte, siguiendo el cauce del Gran Río yo os guiaré para que podais llegar sin inconvenientes a la Región de Qorsorat, pues allí  te vas a encontrar con el Gran Maestro Nuberiuss.

_¡Pero...El Maestro Reschill espera que nosotros le avisemos al Jefe de La Fortaleza para que acuda a ayudar al Minch!- Protestó Luwer.

Pero el mendicante insistió:

_ No te preocupes, ya el jefe de La Fortaleza de Sorgín ha sido avisado  y en estos mismos momentos marcha junto a sus hombres hacia Lalerot, para aplastar la rebelión, pero tú también tienes una importante misión y para eso debes seguirme hasta donde te espera el Gran Maestro.

Luwer, tal como lo había prometido reunió a sus camaradas y les explicó aquel cambio de planes, luego  reanudaron su descanso nocturno, turnándose los vigilantes como siempre.

A la mañana siguiente reanudaron la marcha, esta vez guiados por el joven mendicante, quien parecía conocer muy bien esa región. Al cabo de dos días de camino  se encontraon en las riberas del Gran Río.Entonces el mendicante les dijo:

_ Ésta es la región de Qorsorat, siguiendo hacia el norte el terreno se vuelve pantanoso y es muy peligroso adentrarse en esas tierras, por lo cual esperaremos aquí al Maestro, esas fueron sus instrucciones.

Allí establecieron el campamento, los hombres se encontraban hambrientos y fatigados, algunos se atrevieron a sumergirse en las plácidas y refrescantes aguas del Gran Río  y otros recorrieron  sus márgenes para tratar de cazar algunas aves que bajaban a beber en las orillas.

Así se abastecieron de alimento y agua y permanecieron en ese lugar durante varios días, sin ninguna novedad.

Pero el mendicante insistía en que debían de tener paciencia y esperar, sólo al quinto día los vigilantes divisaron algo extraño en la superficie del Gran Río.

Elos nunca había visto algo semejante a aquellas cuatro grandes falachs que se acercaban maniobradas por los hábiles falascheros con sus largar pértigas.

_ ¡Mirad...allá en el río...se aproximan hacia acá!

Los hombres de Luwer empuñaron sus armas, pero el joven mendicante les tranquilizó:

_ Son ellos...no temais...en una de esas embarcaciones viene el Gran Maestro.

Las cuatro falachs se acercaban lentamente, curiosamente solo una de ellas estaba ocupada por viajeros, las otras tres solo llevaban a sus falascheros, estos las condujeron habilmente hasta la orilla y luego las afianzaron con sogas a los árboles, recien entonces comenzaron a descender sus ocupantes.

Luwer y sus hombres estaban tensos, pues habían distinguido entre los ocupantes a varios hombres armados quienes llevaban uniformes de combate, pero cuando distinguieron la figura alta y ascética inconfundible del Gran Mago de Lalerot, Noberiuss, se tranquilizaron.

Noberiuss venía acompañado de  un personaje de aspecto imponente, sin duda  debía de ser alguien muy importante pues  llevaba una escolta que no se apartaba de su lado.

_ ¡Ah...veo que te encuentras bien tú y tus acaradas muchacho! Exclamó Noberiuss abriendo sus brazos en ademán de amistad.

Luwer se le acercó con confianza, en verdad  sentía una estimación hacia aquel hombre de aspecto tan austero, pero que sin embargo mostraba mucha estimación hacia él.

El acompañante del Mago, se quedó observando atentamente al joven varín y al fin exclamó:

_ ¡De manera que eres Luwer...El nuevo Shar de los varines...En verdad me pareces que eres muy joven para ostentar semejante título!

Noberiuss se volvió hacia él:

_ Así es, sé que te parecerá demasiado joven, pero cuando le conozcas mejor te darás cuenta de que es un digo representante de su fiera raza y  no solo es fuerte y valiente, sino también  posee una gran inteligencia.

_ ¿Y cualidades de liderazgo...Las tiene?_ Preguntó.

_ ¡Claro que sí!  Pero...Dejame que los presente: ¡Luwer...él es Tolin Basi, un viejo compañero mío y además ..El Gran Mago de Qocerit!

Luwer permanecía perplejo, en verdad no entendía nada, él suponía que Lalerot y el Reino de Qocerit eran enemigos o al menos lo serían muy pronto, por eso no cabía en su cabeza como esos dos personajes, tan importantes en sus respectivos reinos pudieran tratarse como si fueran solo viejos amigos.

Noberiuss le explicó al joven:

_ Debo decirte que en estos mismos momentos  se esta firmando un tratado de paz entre Lalerot y el Reino de Qocerit, esto ha sido posible gracias a aquel hombre que vos conocisteis tiempo atrás...Ivdogoban...¿Lo recuerdas?...Pues bien, él ha conseguido que nuestros pueblos se beneficien de una paz  firme y duradera.Además...

Noberiuss miró a su compañero, éste tomó ahora la palabra:

_ El propio soberano, Ciwutt I les ha hecho una invitación a ustedes para que conozcan  el principal centro de conocimientos de nuestro reino...La Academia de Uve Minta.  que se encuentra en la ciudad sagrada de Ituitclot, allí continuaran con sus aprendizajes de manera que cuando regreseis a vuestras tierras podais enseñar lo aprendido a los vuestros, tal como lo desean los Meijs que os enviaron.

Luwer escuchó todo aquello  con mucha atención, aún estaba muy sorprendido y miró al Maestro Noberiuss como para asegurarse que aquello era algo verdadero y no una trampa.

El Gran Mago se lo confirmó:

_ Es verdad, Tolin Basi y yo, hemos sido compañeros en nuestros años  jóvenes, yo le hablé de tí y  de tus ansias de conocimientos  y superación y creo que en Uve Minta encontrarás todas las respuestas que buscas, además  conocerás un pais muy poderoso y aprenderás allí muchas cosas útiles...Nada de lo que nosotros podamos enseñarte en nuestra humilde Aacademia de Todas Las Ciencias, podría acercarse siquiera a lo que es Uve Minta.

Luwer se mostraba ya algo más tranquilo, pero de todas maneras manifestó sus dudas:

_ ¡Pero Maestro...Eso no fue lo que se acordó en el Consejo de los Meijs...Pero no me apresuraré a responder, pues creo que una decisión tan importante como ésta la debo de conversar con los míos...Dejad que lo haga por favor.

_ Tienes toda la razón, esperaremos tu respuesta, pero ha de ser dada hoy mismo ya que tengo muchas ocupaciones y no puedo esperar mucho tiempo aquí_ Le respondió el Mago Real de Qocerit, Tolin Basi.

Luwer regresó junto a sus hombres, él sabía que muchos de ellos ya se habían ilusionados con la idea de regresar cuanto antes a sus queridas tierras, pues echaban de menos a sus familias, pero también comprendía que regresar ahora, un año antes de lo  previsto sería visto quizás como un fracaso y eso era algo que él no deseaba asumir.Por eso les planteó  la situación sin rodeos y escuchó atentamente  las opiniones de todos sin excepción.

Al final prevaleció la idea de Luwer, de aceptar la propuesta y viajar rumbo a Qocerit para permanecer durante un año en aquel pais y regresar al cabo de ese tiempo a sus tierras.

_ Si nos regresamos ahora, que aun no se cumple  ni siquiera un año de nuestra partida, pienso que será como un fracaso, es cierto que hemos aprendido muchas cosas útiles pero recorrer el inmenso país de los qocerios, visitar aquella ciudad sagrada y su centro de Uve Minta,  es algo que nunca más se nos podría presentar, por eso creo que debemos de aprovechar esta oportunidad que se nos presenta- Comentó Luwer.

Igual que él opinaban Rusggeim y Tarneisi de manera que todosterminaron por aceptar la propuesta.Cuando se lo comunicaron a los dos Maestros, estos respiraron aliviados:

_ ¡Ah...Lo sabía!...Los hombres creen que son ellos quienes manejan sus propios destinos...¡Cuán ilusos, si supieran que este destino ya está escrito desde mucho antes que nacieran, en los cielos!_ Exclamó Tolin Basi.

_ Así también lo creo yo amigo...Pero también nosostros, los simples mortales podemos ayudar un poquito a que ese destino se cumpla_ Respondió Noberiuss.

Una hora mas  tarde, Luwer y sus camaradas varines se embarcaban en las falachs jnto al Gran Mago Tolim Basi, mientras que Noberiuss, acompañado del mendicante partía rumbo a Lalerot, con la satisfacción  pintada en su rostro, pues pensaba que ya había cumplido su parte y el plan que habían elaborado en aquella  misteriosa reunión en Cosanni, comenzaba a tomar forma.

Mientras las cuatro falachs se desplazaban por las torrentosas y verdes aguas del Gran Río, Luwer permanecía en silencio y recién ahora dudaba de la decisión tomada, pensando que a lo mejor había sido muy precipitado aquel viaje, pero ya no podía volver atrás...¿Volvería a ver nuevamente sus amadas Montañas y sus tierras? Sólo los Dioses que manejan el destino de los hombres  lo sabían.