5. jul., 2016

Texto

Capçitulo 43: El  Éxodo.

 Las Tierras Ignotas como se las llamaba en aquella época eran un territorio completamente desconocido, sólo se sabía que en una gran porción de aquellas habitaban los salvajes qejviats y eso bastaba para que nadiese atreviera a internarse en sus espesas selvas formados por una gran variedad de árboles  y con una fauna muy numerosa.

Por siglos los qocerios habían considerado a aquellas selvas ubicadas al sur de su territorio como la frontera natural del reino y salvo poquísimas excepciones ni siquiera los mulachs se atrevían a recorrerlas con sus caravanas.

Pero ahora, con lo sucedido en el Puerto de Quinsat las cosas comenzaban a cambiar y es así como una enorme caravana encabezada por los restos del diezmado  ejército del rubio  Baschir y formaba por miles de refugiados, entre los que se contaban familias completas con  sus hombres, mujeres, niños, ancianos y también sus animales, llevaba ya varios días recorriendo aquellas desconocidas tierras. Baschir había escogido una ruta muy cercana a la costa de Mar de Sonner, para evitar de ese modo internarse demasiado en las selvas que caracterizaban a esa región.él estaba confiado en que su amigo Falelar ya le había informado al Tiwan de los qejviats acerca de su situación y esperaba que aquel no les impidiera  pasar por las que consideraba sus tierras.Con respecto a su destino, nadie lo tenía muy claro, sabían que al abandonar la ciudad de Quinsat, ya no podrían regresar a ella, quiza´s pasaría mucho tiempo o probablemente nunca lo harían, por eso la única esperanza que les animaba era establecerse en algún lugar muy lejos de su tierra y comenzar allí una nueva vida.Se hablaba de un lugar mítico, al que aludían  unas antiguas leyendas: Las llamadas Tierra de Torseoja, en donde según  esas mismas crónicas vivía una raza de gigantes.

Ellos ya lo habían perdido todo, pero por ahora solo les interesaba poder conservar sus vidas y su libertad, por eso, familias completas habían dejado atrás, todas sus pertenencias y se habían sumado a esa caravana, prefiriendo el peligro a lo desconocidoantes que someterse a la voluntad de un tirano. Baschir dudaba que Ici Horsi se atreviera a seguirles,al menos por ahora, aunque aquella posibilidad no podían descartarla en un futuro, ya que sabían de la ambición desmensurada de Ciwutt y sus sueños de gloria y grandeza.

Baschir contaba con trescientos guerreros armados y preparados para el combate, con ellos garantizaba mantener el orden entre los refugiados, pero no como para enfrentarse a los temibles qejviats, quienes con sus dardos envenenados podrían aniquilarles en cuanto se lo propusieran. Hasta ahora esos salvajes no habían dado señales de su presencia, pero él estaba casi seguro de que estos les vigilaban desde las copas de los árboles, moviéndose agilmente entre el follaje, camuflados para no ser detectados, en eso aquellos, eran expertos.

La ruta  en la cual se desplazaban era una de aquellas antiguas "Rutas de los yocosaths", pese a que en esa región dichos rumiantes ya casi se habían extinguido, los ancestrales caminos por donde antaño se desplazaban los rebaños permanecían intactos. Baschir había enviado delante suyo a un grupo de exploradores y así cada cierto tiempo establecían un campamento, aquellos enviados recorrían  el terreno para detectar cuan seguro les parecía.Fueron estos exploradores, quienes  al cabo de tres semanas desde la partida, que se encontraron  por primera vez con los qejviats.

Cebin, se llamaba el cabecilla de aquel grupo de exploradores, al ver a los pequeños seres que le obstaculizaban el camino  con un grueso tronco de libna, tranquilizó a sus hombres:

_ Tranquilos, debemos de permanecer quietos y esperar, no creo que nos ataquen, si hubieran querido hacerlo ni siquiera nos hubiéramos dado cuenta de ello.

En eso tenía razón, pues  aquellos qejviats se limitaban a observarles desde los árboles , al parecer esperaban a alguien.

Entonces lo vieron: Era un qejviats de gran estatura, algo de por si  ya muy extraño, sus cabellos y  su  barba eran grises, pero su aspecto no era el de un viejo, se notaba que poseía una gran musculatura y su torax era ancho, por su forma de vestir se notaba que era algun jefe, pues los demás se apartaban para dejarle el paso, para sorpresa de los exploradores qocerios, aquel qejviats les habló en su idioma:

_ Bajen de sus cabalgaduras, dejen sus armas sobre el piso y acerquense lentamente.

Cebir y sus hombres hicieron lo que se les ordenó, el qejviats les habló:

_ ¡No se alarmen!  Desde hace días que sabemos que estan en nuestras tierras y también sabemos las circunstancias  por lo cual lo han hecho. Quiero que regresen donde su gente y le digan a quien les dirige que venga para hablar conmigo.

Cebin se atrevió a preguntar:

_ ¿Como es que hablas nuestra lengua...quien eres?

El qejviats le miró fijamente con sus único ojo bueno y respondió:

_ Yo soy Var Snuata,  hijo mayor del Tiwan y hablo en el nombre de mi padre. Conozco muy bien tu pais, ya que estuve muchos años allí, pero no guardo muy buen recuerdo de ustedes, de modo que ...¡Obedece, tus hombres quedaran aquí hasta que venga tu jefe!

Cebin se apresuró a obedecer y caminó hasta donde le esperaba su caballo, montó en él y se devolvió por el camino. Cuando llegó al campamento y le contó a Baschir lo sucedido, éste no titubeó y se preparaó para partir, diciendo:

_ Ya me estaba pareciendo un tanto extraño que esos qejviats no dieran señales de vida.

A su lado Cebin le comentaba:

-_ Es un verdadero monstruo, dice llmarse Varsatua o algo a´si y conoce muy bien nuestra lengua y ...

Sintieron  movimientos en el follaje de los árboles, ambos estaban desarmados, pero continuaron su marcha.

Cuando llegaron al lugar en donde esperaban los qejviats,ya estos habían aumentado en número y parecían  muy amenazantes.Pero Baschir se mostraba tranquilo y sereno.

Una vez frente al jefe qejviats, Baschir desmontó de su caballo al igual que Cebin y ambos esperaron.

Bashir era un hombre alto y apuesto, su figura contrastaba notablemente al lado de la figura semiencorvada, fiera y horrible de aquel ser salvaje y primitivo, pero que sin embargo al mirar con su ojo, denotaba poseer una chispa de inteligencia, fue él quien habló:

_ Tu debes ser Baschir, al que apodan El Rubio ¿Verdad? Pues yo soy Var Snuata y vengo en nombre de mi padre, El Tiwan de estas tierras. Escuchadme:

_ Un hombre, al cual mi padre y yo estimamos mucho, se encuentra en Krull, él es Falelar y nos ha explicado todo lo que está ocurriendo en tu pais, sabemos que tu ciudad ha sido tomada por las armas y que vosotros  estais huyendo para salvar vuestras vidas ¿Es así?

Baschir estaba muy sorprendido con la facilidad con que se expresaba aquel salvaje, aunque su voz le parecía muy extraña y gutural, respondió:

_ Tienes razón, yo soy Baschir, hasta hace  un tiempo Loq del ejército real de mipias, pero como bien dices, las cosas han cambiado, un usurpador ha tiomado el trono y eso no lo aceptamos, hemos combatido contra fuerzas muy superiores, nos han derrotado y ahora lo único quedeseamos es  encontrar un lugar, lejos de nuestra tierra para recomenzar una nueva vida, sabemos que  más al sur de las vuestras se encuentran las Tierras de Torseoja, hacia allá nos dirigimos.

Var Snuata obserbó con atención a aquel hombre y aunque él odiaba profundamente a los qocerios, éste no dejaba de causarle cierta simpatía, pero no era él quien mandaba en esas tierras, sino su padre y debía de trasmitirle su mensaje.

_ Escuchadme Baschir, pienso que vosotros no sois un peligro para nosostros, pero mi padre  cree que si les permitimos permanecer en nuestras tierras aquello puede resultar peligroso y podría ser interpretado por vuestros enemigos, como que nosostros les estamos ayudando, lo cual le daría un pretecto para invadirnos y aunque estamos preparados para esa eventualidad, no la deseamos, hemos vivido así por muchos años y no queremos que nada trastoque la normalidad en que vivimos.Por eso, les permitiremos transitar por esta ruta que les llevará hasta los acantilados del sur, más allá de aquellos estan esas tierras que vos mencionais.

Eso era lo que Baschir deseaba y así se lo hizo saber al qejviats:

_ Está bien, decidle a vuestro padre que acataremos todo lo que él ordene, seguiremos esta ruta  hasta los acantilados y buscaremos un camino hacia las tierras del sur, ese será nuestro destino.

VarSnuata  tomó el pesado troco de libna y lo levantó con gran facilidad, luego entre varios qejviats lo sacaron del camino y se apertaron.

_ Bien, entonces es todo cuanto tengo que decirte, id donde los vuestros y reanudad  la marcha, no queremos que permanezcan mucho tiempo en nuestras tierras.

Cuando Baschir y  su compañero se alejaron y se perdieron de vista Var Snuata meneó su cabeza con tristeza diciendo:

_¡Pobres...no se imaginan que han escapado de las brasas para caer en las llamas!

Pero Baschir y los suyos no tenían otra alternativa.