10. jul., 2016

Texto

Capítulo 45: En el Coliseo de Obamit.

Era un hermoso día soleado, el Gran Coliseo de Obamit se encontraba repleto de bulliciosos y entusiastas espectadores, muchos llevaban trajes multicolores, algunos iban con el torso desnudo, pero lucían turbantes o sombreros para protegerse del inclemente sol del verano, las mujeres vestían túnicas livianas y llevaban adornos en sus cabezas, les gustaba hacerse llamativas trenzas. Muchos llevaban grandes hojas de palmas y las agitaban para refrescarse. Entre el gentío se movían los habituales "ojirsits" que eran los encargados de ir recibiendo las apuestas, una costumbre a la que eran muy aficionados los habitantes de aquel reino.

Era el último día de aquella Gran Fiesta, durante toda esa semana se habían estado realizando distintos espectáculos y el pueblo había disfrutado de aquello. Oscisot, el Gran Maestro de Ceremonias no les había defraudado y así en aquel circo se había visto de todo: Combates de luchadores a muerte, espectaculares acróbatas, representaciones de gestas antiguas, lucha de hombres contra fieras, en fin, todo lo que se le podía ocurrir al imaginativo Maestro de Ceremonias, quien conocía muy bien el gusto de aquel pueblo por ver correr sangre en aquella pista de arena.

Todos los espectáculos eran gratuitos y el público iba rotando día trás dia disputándose los cupos y realizando muchísimas apuestas a costa del sufrimiento de aquellos que se jugaban la vida en  la arena de aquel coliseo.

Ciwutt con sus consejeros concurrían cada día y aunque no permanecían durante cada jornada en el Coliseo su presencia era celebrada por sus partidarios, especialmente "los ciwudios" como se les llamaba a aquellos que se decían fanáticos del nuevo monarca.

Se había anunciado que aquella última jornada sería algo especial y todos sentían mucha curiosidad por ver lo que  les presentaría el Maestro de Ceremonias, se sabía que había estado preparando algo  con mucho secreto y se lanzaban toda clase de rumores acerca de la función de aquel día.

Para comenzar, a todos les llamó la atención la manera en que había sido preparada  la gran pista en donde se representaban los espectáculos: Allí en el lied (pista) se había recreado un verdadero bosque artificial, en efecto, durante la noche anterior, una gran cantidad de personas habían estado trasladando árboles y arbustos de todos los tamaños y los habían colocado de tal manera que desde lo alto de las graderías paracía una jungla en donde se veían unos senderos que conducían  hacia el centro, alli se veía la copa de un enorme árbol,el cual estaba rodeado de grandes ramas y hojas de palma, lo cual no dejaba ver el grueso tronco de aquel nadcit. Debió de ser un trabajo monumental el haber arrastrado hasta allí aquel enorme nadcit y más aún, en enterrarle de manera que se mantuviera firme como si  hubiera crecido allí.

Ajeno a todo lo que había estado sucediendo durante esa semana, Luwer y sus camaradas habían estado preparándose secretamente en un lugar alejado de allí, ellos sabían que en el Coliseo se efectuaban distintas actividades, se les había dicho que su participación seria en el último día, como para cerrar la jornada.Ellos deberían de salir a la pista, vestidos y armados del modo tradicional y harían una demostración de sus habilidades, teniendo como fondo al enorme yocosats, el cual estaría atado con gruesas sogas a un árbol, entonces los varines  rodearían al animal y efectuarían sus habituales danzas ceremoniales al tiempo que interpretaban sus cánticos conocidos como " el shinbat de los cazadores". 

Por esa razón aquel día Luwer y sus compañeros esperaban en un túnel cuya entrada conducía a la pista, desde su ubicación se escuchaba  el bullicio de la multitud que esperaba impaciente que comenzara el espectáculo.

Mientras esperaban el arribo del rey, Oscisot que se ubicaba en un lugar especial, precisamente al frente del palco real, anunció un número preliminar:

Cuatro qejvias armados con sus dagas de pedernal y sus mortíferas cerbatanas hicieron su entrada por uno de los túneles  y se distribuyeron entre los árboles y matorrales, mientras que por otros túneles hacían ingresar a los prisioneros, muchos de ellos eran  qocerios rebeldes que habían sido capturados o acusados de tales por los ciwudios,a algunos se les había permitido portar armas a otros se los enviaba completamente desarmados, el pueblo gozaba y reía  cuando los salvajes atacaban a los sorprendidos prisioneros, quienes no se imaginaban con que se iban a encontrar, los dardos  se clavaban en sus cuellos e inmediatamente  saltaban sobre ellos los qejviats y los despedazaban con sus dagas de pedernal,  era un horrible espectáculo y  cuando al fin todos los prisioneros resultaron muertos, entraron cuatro guerreros armados y protegidos con petos de hierro, allí la lucha resultó más equilibrada, al final  hubo solo dos sobrevivientes y los qejviats resultaron todos masacrados.

Precisamente en esos momentos hizo su entrada el rey y su comitiva, los dos guerreros permanecieron a la espera ded lo que decidiera el soberano: Una opción era que se les hiciera combatir entre ellos y la otra, que se les perdonara la vida, cuando Ciwutt ocupó su lugar en el palco los ciwudios comenzaron con su cantos y loas, las que fueron coreadas por el público, hasta que el Maestro de Ceremonias tomó el lugar que le correspondía y anunció:

_Pueblo de Qocerit, saludamos a nuestro Señor Ciwutt en este aniversario y como es la costumbre le pido que decida el destino de estos dos bravos y valientes guerreros, que han luchado con valr y astucia para derrotar a los salvajes que les atacaban...¡Majestad! ¿Cuál es vuestro veredicto?

Ciwutt se puso de pie y mientras observaba a los dos hombres que aguardaban espectantes,escuchó las distintas opiniones de la gente que se encontraba cerca, al fin tomó la palabra:

_¡Pueblo de Qocerit!:  Por toda esta semana habeis gozado de los mejores espectáculos que nos ha presentado nuestro Maestro de Ceremonias, quien, según sus propias palabras hoy nos ofrecerá algo especial...Bien, no los aburriré más y para que veamos lo que nos ha de presentar, en este caso decido que estos dos valientes guerreros, sean liberados y se les entregue a cada uno cuarenta piezas de plata y pasen a incrementar mi guardia personal.

Antes que el Rey terminara la gente comenzó a aplaudir y a vitorear al rey, quien ya había percibido que eso era lo que deseaban la mayoría de los allí presentes.

Nuevamente Oscisot tomó la palabra:

_ ¡Ahora vais a ver lo que les había anunciado...Escuchad!

Se hizo un profundo silencio y luego rompió aquella calma un sonido extraño, profundo y grave, semejante al mugido de un animal. Era el sonido del Luinrat, aquel instrumento característico de los cazadores de yocosats, confeccionado con el cuerno retorcido del aminot gigante, un carnero montaráz que vivía en la cordillera de Varsowts.

Se escuchó un murmullo y entonces entraron  a la pista unas veinte personas, todos vestían con taparrabos y llevaban cintillos al estilo de los habitantes de las montañas, los varines, portaban unas lanzas de más de dos vers de largo, ellos se diriguieron al centro de aquella pista y comenzaron a descubrir las ramas y hojas que ocultaban la parte inferior del gran nadcit, entonces  lo pudieron ver: Aquel enorme cuadrúpedo de abundante pelaje negro, con sus dos enormes cuernos  rectos era  casi completamente desconocido para la  mayoría de los qocerios. El Yocosats estaba atado al grueso tronco del nadcit mediante  sogas confeccionadas con una fibra extraída de ciertos arbustos y con cuero trenzado,  aún así, el animal disponía de un espacio limitado para poder moverse y trataba de alcanzar con su hocico las verdes hojas de aquel nadcit, no parecía molesto, sino más bien un animal pacífico.

_ ¡He ahí al rey de las praderas de Jnorgot...El yocosats! Un macho joven que pese a su gran tamaño aún no alcanza su total desarrollo_ Decía Oscisot, muy satisfecho por la reacción dee aquel público.

Ciwutt permanecía muy atento a lo que sucedía, volvió su mirada hacia uno de sus costados, allí estaba el Gran Mago, Tolin Basi con su rostro inexpresivo  y enigmático.

_ ¿De manera que era ésta la sorpresa que nos tenía preparada el Gran Maestro Oscisot?

Tolin Basi, haciendo una reverencia le respondió.

_ Esperad un poco Majestad...Esto es sólo el principio. 

Nuevamente se escuchó el grave y profundo sonido del  Luinrat, ésta vez  por dos veces.

Era la señal convenida: Entonces Luwer, encabezando a sus camaradas varines comenzó a caminar rumbo a la salida del túnel, al asomarse, el fuerte sol le hirió su vista encandilándole por unos segundos, entonces se acomodó su tonsat (cintillo) sobre su frente y comenzó a caminar por aquel sendero artificial, tan semejante a los que él y sus compañeros conocían tan bien en su querida meseta de Jnorgot, sus compañeros le seguían en hilera, todos iban con sus torsos desnudos y vestidos con sus habituales tenidas de piel de aminotes y yocosats, portaban sus armas preferidas, algunos, arcos y flechas, otros, lanzas cortas y largas y espadas o dagas al cinto. Para ellos que tan sólo unos meses atrás nunca habían conocido otros lugares que no fueran sus lugares habituales en las cercanías de su amadas montañas, encontrarse en medio de aquella enorme cantidad de gente era algo que los impresionaba mucho, algunos concurrentes les arrojaban flores u hojas de nadcit como saludo, otros les gritaban cosas que ellos no comprendían. Luwer aparentaba estar sereno, pero en su interior sentía una gran agitación, solo semejante a aquella sensacion previa a su última lucha en la roca de Qeibnot, cuando enfrentó a Sannat, El Toro.

Recordó las instrucciones que le había dado Oscisot y se diriguió hacia el lugar que se ubicaba frente al palco real.

Se escuchó la potente voz de Oscerit:

_ ¡Ahí los teneis...Luwer, el nuevo Shar de los varines y sus compañeros...Todos campeones...todos valientes, ellos han venido desde las lejanas montañas del este para participar en estas celebraciones...Pido para ellos...Un gran  saludo.

Se escuchó un gran alboroto, muchos gritaban y saludaban al unísono, otros agitaban sus hojas de palma, el Maetro de Ceremonias tomó la palabra:

_ ¡Guardad silencio...Su Majestad, Nuestro querido y amado Señor...Va decir unas palabras.

 Ciwutt se había puesto de pie, su alta figura con su habitual vestidura negra con adornos de plata, se hizo visible a todos los asistentes, comenzó a hablar:

_ Quiero dar un gran saludo de bienvenida a nuestro reino, a este grupo de valientes y gallardos jóvenes varines. Me habían dicho que ellos ya estaban en nuestra ciudad y deseaba conocerles...Bien, ahora lo hago y quiero decirles que aquí se respeta mucho a su pueblo y espero que se sientan a gusto en nuestra tierra.

Luwer y sus compañeros observaban con mucha atención al soberano, aunque no habían entendido completamente lo que éste les decía, si se daban cuenta de que eran palabras de bienvenida y eso les halagaba.

El rey regresó a su sitio en el palco e hizo una seña para que continuara el espectáculo.

Se volvió a escuchar el sonido del Luinrat y los hombres que habían entrado antes que los varines, corrieron hacia donde estaba el yocosats y con sus lanzas  comenzaron a azuzarle, punzando con ellas las costillas del animal, eso alarmó a Luwer, que sabía que era algo que podía enfurecer a la bestia, miró alarmado a sus compañeros y apartó a los tres que pertenecían a su Clan: Tarneisi y los dos gemelos, a los demás les ordenó que corrieran y se situaran en un rincón apartado, luego, acompañado de los tres cazadores corrió hacia el centro con la intención de advertirle a aquellos hombres que no siguieran con ese jueguito, pero antes de que llegara, sucedió lo impensado: El enorme y vigoroso animal desesperado, reracionó con inusitada violencia, bajando su enorme cabezota arremetió contra los que le molestaban, las sogas no fueron lo suficientemente fuertes para sujetarle y se rompieron, entonces, una vez libre de ellas, el yocosats ya no tuvo frenos, atacó con furia a sus acosadores, estos intentaron huir, uno de ellos fue alcanzado  y atravezado por los potentes cuernos de la bestia, que sacudiendo vigorosamente su cabeza lo arrojó lejos, otros fueron aplastados por las pezuñas y se desencadenó un horrible espectáculo, ante las iradas atónitas de los miles de espectadores, que pensaban que todo ello era parte del espectáculo y no un accidente.

El yocosats, como sabemos, era un animal pacífico, pero cuando se le atacaba se transformaba en una terrible bestia y aquellos pobres fueron testigos de aquello, por maá que corrían el yocosats los alcanzaba y los liquidaba, unos fueron atravesados por la espalda y otros por cualquier parte del cuerpo, así aquel escenario fue quedando cubierto de cadáveres y heridos y el animal continuaba atacando a todo lo que se moviera frente a él.

Desde su posicion Luwer comprendía el peligro en que se encontraban y entonces le dijo a sus tres compañeros:

-¡Prepárensen vamos a tener que tratar de liquidar a ese animal, de lo contrario nadie lo va a poder detener. Les dio instrcciones muy precisas a sus camaradas y los cuatro se diriguieron hacia el gran árbol del centr, aprovechando que el yocosats continuaba persiguiendo a los que corrían para salvarse. Legaron al gran nadcit, comprobando que aquel a´rbol estaba firmemente empotrado sobre el piso, eso  era para ellos muy comveniente, rapidamente discurrieron un plan para cazar a aquel animal furioso.

Pero una cosa es cazar a los yocosats sorprendiéndoles en las rutas y otra muy distinta poder hacerlo en ese lugar y bajo esas condiciones, las probabilidades de tener éxito eran muy escasa, pero debían intentarlo.

La gente miraba ahora con mucha expectación como aquellos cuatro jóvenes se colocaban cerca de aquel enorme y grueso tronco de nadcit.Luwer se ubicó sobre una rama y preparó su afilada lanza, los dos gemelos se colocaroon debajo  , gachados y con sus lanzas preparadas, mientras que Tarneisi corrío para atraer sobre sí al furibundo animal, apenas éste  lo vió se balanzó contra él, entonces Tarneisi  hizo gala de su gran agilidad y rapidez, ubicándose pegado al grueso troco, ofreciendo su cuerpo al animal, éste pegó un trote y se detuvo frente al hombre que parecía estar aguardando su ataque. Todo sucedió en menos de un segundo: La bestia arremetió con gran fuerza sobre Tarneisi, éste le esquivó comn pasmosa agilidad y los largos y afilados cuernos  pasaron rozando su cuerpo y se incrustaron con fuerza en el tronco del nadcit,eso era lo que esperaban los tres jóvenes cazadores, mientras Tarneisi  se agachaba para salir de su incómoda y peligrosa ubicación, Luwer pegó un pasmoso y espectacular salto y cayó sobre el lomo del yocosats, no dudó en levantar su pesada lanza y la hundió en el sitio preciso, sobre la nuca del animal, al mismo tiempo que los dos gemelos hundían sus lanzas en los costados, el yocosata alcanzó a exhalar un gemido, se le doblaron sus rodillas y murió, quedando sujeto por sus propios cuernos de aquel tronco que resistió el gran peso del animal.

Luwer se sentía tan eufórico con lo sucedido que sin pensarlo lanzó su potente grito de triunfo, que se escuchó  en todo aquel coliseo, acallando  durante esos segundos todo otro sonido.

Entonces practicamente estalló aquel recinto, la gente no podía creer aquello que habían visto con sus propios ojos ¡Como esos cuatro jóvenes habían sido capaces de matar a aquel enorme animal furioso!  Ni el propio Oscisot daba crédito a lo que había visto, es verdad que él había preparado todo aquello, ocultándole la verdad a los jóvenes varines, él sabía que las sogas no podrían resistir a la fuerza de animal, había previsto que éste se soltaría y que causaría muchas muertes, lo demás, no estaba en sus calculos, pues pensaba que los invitados podrían ponerse a salvo y escaparan por alguno de los túneles como lo habían hecho los que sobrevivieron...¡Pero esto...No lo había imaginado jamás! Pero se sentía muy satisfeho, pues todo había resultado mucho mejor de lo que había planificado.

El propio Rey Ciwutt se ostraba sorprendido, se volvió hacia el Gran Mago Tolin Basi y le dijo:

_ Quiero a estos muchachos en mi Salón principal, esta noche.

Jamás olvidaría Luwer ni sus camaradas aquella tarde en el Coliseo de Obamit, ahra eran aclamados como héroes y la gente pedía a gritos que se acercaran al podio ubicado frente al palco del rey. Ellos no entendían, pero instintivamente hicieron lo que la gente quería.

Ciwutt ya se había marchado sin que se notara su ausencia, pero el Maeatro de Ceremonias les habló, desde lo alto:

_ ¡Muchachos...Todos los que estamos aquí no olvidaremos jamás  lo que habeis hecho en esta jornada, Su Majestad me ha encargado de decirles que estais invitado para esta noche a su Salón, en donde vais a ser homenajeados por la hazaña que habeis hecho, también me ha encargado que les diga a todos que esta noche se repartiran raciones de carne y pan, además de "flelfot"(licor a base de maíz fermentado) para que toodos puedan celebrar así el final de estas jornadas inolvidables.

Inolvidable. Esa es la palabra, todo lo ocurrido en aquel Coliseo, del cual ahora solo quedan como testigo de su existencia, tan solo una pocas ruinas, no ha de ser jamás olvidado y así es como hasta ahora La Leyenda de Luwer y sus hazañas se siguen contando de generación en generación por  los "favdnit qoncorsit" (Ancianos contadores de historias).