24. jul., 2016

Texto

Continuación Cap.  49.

Cuando lo qejviats se retiraron de regreso a sus tierras, Falelar hizo un recuento de las provisiones que le quedaban. No eran suficioentes como para afrontar una alrja jornada por u territorio seco y árido con éste, por lo cual se decidió un estricto racionamiento, especialmente del agua, ya que como le habían dicho los qejviats,si continuaban  en esa dirección se encontrarían con un río, por lo cual, la cuestión se trataba de resistir hasta llegar allí.

La travesía por aquella inhóspita región, la cual era llamada como Las Tierras Muertas por los qejviats, resultó ser, tal como su nombre indicaba un lugar sin vestigios de vida y que parecia no terminar nunca.A medida que avanzaban iban encontrando restos de esqueletos de hombres y bestias, cuyos huesos resecos por el ardiente sol les indicaba que otros que antes que ellos se habían atrevido a cruzar esa región, no habían tenido  la suerte de sobrevivir.También la caravana de Falelar comenzó a sufrir bajas: Algunos comenzaron a sufrir de alucinaciones y otros cayeron víctimas de unas fiebres muy altas, resultando que al cabo de varios días de ardua marcha, la caravana se había reducido en un tercio respecto a los que habían partido inicialmente.

El mismo Falelar comenzaba a sufrir de fuertes dolores de cabeza y una terrible sed, como todos, pero no desfallecía:

_¡Ánimo! De acuerdo a lo que nos dijeron esos salvajes, ya deberíamos de estar muy cerca de un río...Acamparemos aquí y cuatro de ustedes se adelantaran para ubicarle.

Así lo hicieron, mientras el grupo se tendía sobre el duro suelo  ceniciento para recuperar sus fuerzas, distribuyéndose las últimas gotas de agua que quedaban, cuatro de sus hombres eligieron las cabalgaduras que se encontraban en mejores condiciones y se adelantaron a fin de ubicar el mentado río.

Por suerte para ellos, no tardaron en ubicarle ya que el ruido que provocaba la caída del agua desde la altura de los arrecifes era atronador, lo que les facilitó las cosas.

Regresaron para informar esas buenas noticias y de inmediato el grupo fortalecido anímicamente se puso en marcha rumbo a aquellas cascadas en donde el río Nosot desembocaba en el Mar de Sonner.

Después de aprovisionarse de agua comenzaron el descenso desde lo alto de los arrecifes, lo cual resultó en extremo peligroso, perdieron muchas bestias de carga, las que se precipitaron al vacío, pero los hombres lograron llegar al pie de aquellas  cataratas.

_ Al fin hemos llegado, ahora, si la información de los qejviats es cierta, debería de haber un paso para atravesar el río y eso sería por debajo de las mismas cascadas.Dijo Falelar.

Y así era, efectivamente, encontraron un estrecho pasadizo que serpenteaba en la base de la cascada, lo cual permitía que se pudiera pasar, en fila, teniendo de un lado, la parede rocosa y del otro costado el agua que caía desde lo alto.

_ No existe otra alternativa, formaremos una fila y caminaremos  con mucho cuidado, ya que el suelo  es extremadamente resbaloso.Advirtió Falelar a sus hombres.

Se adentraron en aquel pasadizo cubierto de musgo y algas, después de recorrer una cincuentas o sesenta vers, el pasadizo se convirtió en un tunel quese adentraba en la roca, dando paso a una caverna natural. Los hombres iban muy asustados, ya que  en aquella caverna se percibía un olor nauseabundo y en las paredes rocosas se veían abundantes ratas de cola roja y ojillos vivaces.

_ Con razón los qejviats no se atreven a entrar aquí, esto es realmente ...Terrorífico.Exclamó Falelar.

De pronto uno de los criados lanzó un grito:

_¡Mirad...allí en la parte alta de la roca...hay algo  que brilla!

Falelar miró en la dirección indicada y vio lo que le señalaba su criado: Era una piedra de extraordinaria belleza, de color verde agua, estaba incrustada en aquella pared rocosa.Apesar de la oscuridad reinante Falelar  se dio cuenta de que era una esmeralda, se acercó, pero la piedra en cuestión estaba demasiado alta y no había como llegar hasta ella.Entonces  se dio cuenta de que en el lugar  habían restos de herramientas muy oxidadas: Palas. picotas y puntas de hierro, también  unos carros, que se notaban muy deteriorados.

_ De manera que de aquí es de donde nuestros ancestros, los uterios, extraían sus piedras de luz...¡Vaya, creo que ya sólo por esto, este viaje ha valido la pena! Excamó Falelar.

Pero sus hombres, lo único que deseaban era salir pronto de aquella caverna, pues  había indicios de que en algunos sectores se habían producido  grandes deslizamientos de tierras y enormes rocas obstruíabn la pasada.

_¡Si ...Mejor es que salgamos cuanto antes de aquí! Dijo, pero en su interior ya comenzaba a pensar en la manera de regresar para poder sacaele  mejor provecho a su hallazgo.

Al fin  se encontraron  en la salida de aquel largo túnel y cuando estivieron en la entrada, se  dieron cuenta de que aún estaban una buena altura de aquel cerro y debajo de ellos se extendía un extenso valle, lleno de troncos de árboles enegrecidos y quemados, pero  mucho más a la distancia se divisaba algo de verdor.

_ Var Snuatta me habló acerca de este lugar, llamándole el Valle de los árboles quemados y por lo que recuerdo, mencionó que  después de aquello encontrariamos el lugar en donde habita aquel Hombre Sabio, como le llaman.

Comentó Falelar y luego añadió:

_ Ya lo hemos logrado, muy pronto llegaremos al lugar en donde los diamantes estan esparcidos por las calles, el lugar que nos convertirá en los hombres más poderosos y ricos de todo el reino....La Ciudad de los fantasmas.

Y animados comenzaron a descender de la montaña.