2. ago., 2016

Texto

CAPÍTULO 53: Rumbo a las Tierras Ignotas.

El mendicante ciego acompañado de su infaltable Grava se dirigieron hacia uno de los suburbios de aquella ciudad, a´´i, como ocurría en la mayoría de las ciudades de aquel reino, había un templo abandonado, a cuyo alrededor pululaban los mendigos, vagabundos y muchos asaltantes y gente de mal vivir.En ese lugar había establecido el ciego su refugio. Apenas llegó se le acercaron varios individuos y algunas mujeres de mal aspecto, pero el mendicante no parecía asustado, sacó de entre sus vestiduras unas monedas y las repartió equitativamente, ellos se mostraban ahora muy agradecidos, especialmente un pobre hombre que tenía sus piernas tullidas, a él se dirigió el ciego diciéndole:

_ Ve donde tu amo Qosnar y dile que venga cuanto antes, tengo una misión especial para él.

Una hora después, el tal Qosnar, un hombrón muy corpulento de rostro redondo y mentón prominente se acercó al ciego.

_ Me dijeron que querías verme...Mendicante.

_ Así es, necesito que utilices tus contactos en Cosanni para que le hagas llegar un mensaje mío al anciano del yocosats.

_ ¿Cual es el mensaje que he de llevar...Señor? Preguntó el hombre respetuosamente.

_ ¡Nada de Señor! Recuerda que soy solo un simple mendicante...Esto es lo que deberás hacerle llegar  a mi amigo Qerju, dondequiera que él esté:

_"El que tú bien sabes, ya va en camino"

Por dos veces repitió el mendicante la misma frase, cuando  se aseguró de que el hombrón se la sabía de memoria, se despidió, entregándoles unas monedas, luego se volvió hacia su pequeño amigo para explicarle:

_ Bien querido amigo, espero que el mensaje llegue a su destino antes que llegue la carga.

Lejos de allí, en los muelles de aquel puerto, Luwer y sus camaradas se preparaban para aquella nueva aventura, todos se mostraban muy entusiastas y aunque eso de subir a aquella nave les atemorizaba, en el fondo, como   todo joven, ellos poseían ese afan de aventuras y el deseo de conocer otras tierras y otras gentes.

También Snobean sentía un poco de temor, recordaba suterrible aventura fallida en el Gran Río y todo lo que le había sucedido allí, pero se daba ánimos pensando.

_ Si Los Dioses me conservaron la vida...Por algo será. Nadie puede escapar a su destino, esta vez no fallaré, traeré a Minshia y tal vez...¿Quien sabe? Si la hermosa Liensi me acepta, me casare con ella y me retiraré a viir en paz en mi vieja aldea.

Un violento bamboleo  lo sacó de sus ensoñaciones: La nave acababa de ser liberada de sus ataduras y como el viento soplaba con fuerza se comenzó a mover rapidamente hacia el horizonte. Entonces los tripulantes comenzaron a girar la vela para darle la dirección  deseada, mientras que Luwer y sus hombres se distribuían en sus puestos de manera de equilibrar el peso de forma uniforme en aquella fragil embarcacion.

Ya se había alejado un buen poco de la costa, pero ésta aún era visible desde la embarcación, Snobean se acercó a Luwer.

_ Nada hay que temer, estos sonnerios son expertos y conocen muy bien la refgión, además nunca perderemos de vista la costa y antes de que caiga la noche nos acercaremos a algun lugar seguro, bajaremos la vela para permanecer a resguardo del viento.

Pero la realidad era muy distinta, si bien era cierto que los navegantes sonnerios eran los únicos en aquellos tiempos que se aventuraban a navegar por las aguas del Mar de Sonner, aquel viaje que ahora iban a emprender, nunca antes lo habían hecho y las costas de aquellas Tierras Ignotas eran para todos, completamente desconocidas.

Luwer que parecía muy atento a las maniobras de los tripulantes sonnerios, le preguntó:

_ ¿Cuanto tiempo crees que demoraremos en llegar a nuestro destino, Snobean?

Éste, meneando su cabeza, ahora descubierta de su capuchón, respondió:

_ No lo sé...Todo depende de las condiciones del viento y de nuestros tripulantes...el fin...De la voluntad de Los Dioses...¿Crees tú en ellos, Luwer?

_¡Claro que sí! Si son ellos quienes nos han conducido hasta aquí, nada ocurre sin la voluntad de ellos. Así nos han enseñado nuestros padres y abuelos. Respondió el joven.

Snobean permaneció unos segundos en silencio, pensaba en las palabras del joven, ahora éste le preguntó.

_ ¿Que significan aquellas extrañas palabras que pronunciasteis antes de partir...Hablabas acerca de Un elegido y de una mujer, hija de Los Dioses ¿Que significa aquello?

Snobean meneó su cabeza cubriéndosela con su capuchón de mendicante, aquel hábito era el mismo que había usado en sus años juveniles, cuando recien acababa de salir al mundo después de su estadía en Uve Minta, en aquel tiempo  él estaba lleno de buenas intenciones, su mundo era puro y sencillo ¿Que le había hecho cambiar, para transformarse en lo que ahora era?.Recordó la pregunta del joven y contestó:

_ Una profecía...Una antigua profecía que dice que ha de llegar Un Elegido de Los Dioses, un hombre extraordinario que será capáz de reunir por su voluntad a los tres reinos del valle de Varresocor, reviviendo así el antiguo imperio de Ut...Algunos piensan que estos son los tiempos, entre ellos nuestro propio soberano...él cree ser el Elegido  de Los Dioses.

Frente a ellos la inmensidad del mar, Luwer se quedó pensando en las palabras de Snobean, al oirlas recordaba muchas cosas que había  oído anteriormenete cosas que no entendía del todo, pero quiza´s algún día, cuando fuera más viejo y más sabio, entonces ..Quizás.

_ Este es un sector en donde hay muchos roqueríos, si nos acercamos demasiado a la costa, podríamos encallar. Dijo el hombre que dirigía a los sonnerios.

_ Prefiero vérmelas con esos salvajes qejviats, antes que con alguna tempestad, que es lo que, por lo que veo, parece inminente. Respondió Snobean.

Yal parecer tenía razón, ahora ya el sol se había ocultado trás las densas nubes negras y pronto una leve llovizana comenzó a caer y el mar se puso encabritado.

El viejo sonnerio permaneció unos minutos observando el cielo y al fin determinó.

_ Creo que tiene razón jefe, en un par de horas se desencadenará la tormenta, lo mejor será que busquemos refugio cerca de la costa, pídale a sus dioses que no encallemos contra algun roca.

Los tres hombres que maniobraban  la vela comenzaron a bajarla, de modo que el viento no la desviara de la costa, tuvieron la suerte de que frenre a ellos había una ensenada en forma de herradura , cuyas rocas protegían a la embarcación de los vientos que ahora soplaban con mucha fuerza. Uno de los sonnerios se arrojó al mar con una cuerda y nadó unos metros hasta una roca, allí la ató y luego regresó con el otro extremo atándolo a la proa de la nave.

Aquella temeraria maniobra impedió que la nave se alejara sin rumbo fijo, pero a la vez podía hacer que ésta se estrellara contra la misma roca, por esa razón, el sonnerio le dijo a Snobean:

_ Creo que es más seguro que tú y tu gente salgan de la nave mientras amaina la tormenta, pueden aprovechar la misma soga para trasladarse con seguridad hasta la roca.

Era algo razonable y por eso, Luwer y sus hombres utilizaron aquella gruesa soga para deslizarse hasta las rocas, lo mismo hizo Snobean, quedando sobre la nave solamente los tripulantes qocerios.

Ahora el viento soplaba de tal manera que las olas al chocar contra las rocas se volvían muy peligrosas, por lo cual los hombres se movilizaron sobre ellas hasta llegar finalmente a una playa cubierta con conchillas. Fue en esos momentos cuando el resplandor de un rayo con estampido de un trueno les anunció lo que vendría: Una tempestad de aquellas que los varines solo habían visto en las altas cumbres de las montañas Varsowots, solo que en vez de nieve, ahora eran grandes masas de agua las que caían sobre sus cabezas, no había allí, manera de guarecerse de manera que los hombres tuvieron que soportar estoicamente a que la tormenta amainase, lo que ocurrió muchas horas más tarde.

Cuando al fin la lluvia cesó y el cielo comenzó a abrirse mostrando algunas nubes blancas con  espacios azules y también algunos tenues rayos solares, los hombres, empapados como estaban se dieron cuenta de que la nave ya no se encontraba en su lugar. Luwer corrío hacia la roca más alta y desde allí la vio, navegando lejos de la costa.

_ ¡Se va alejando! Gritó.

Snobean, dando un puntapie en la arena, exclamó:

_ ¡Malditos sonnerios...Nos engañaron ¿Cómo no me di cuenta de lo que pretendían?

Nunca supieron si fue así, que les habían engañado y aprovecharon la tormenta para liberarse y regresar a su pais o bien la soga se había roto y la nave  navegaba a la deriva.Lo único cierto es que ahora estaban allí, en un lugar completamente desconocido, seguramente en las Tierras Ignotas y sin saber a donde dirigirse.