6. ago., 2016

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CAPÍTULO 54: Sorpresivo encuentro en la selva.

Para los varines, la espesa jungla no  era algo desconocido, ellos solían recorrer  por lugares tan conplicados commo estos, pero lo que les preocupaba era el hecho de quedar expuestos y a merced de  los qejviats. Allí se abrían paso utilizando sus espadas a modo de machetes, trataban de buscar algún sendero y lo peor era que no sabían si se estaban alejando más  de la costa, eso era algo muy preocupante para Snobean. Tampoco podían hacer  la travesía de noche como antes, por  la oscuridad reinante. Aún así, los hombres continuaban avanzando de manera instintiva y cada cierto números de verts, alguno, trepaba a hasta la copa de un árbol a fin de tener una mejor panorámica del lugar.

Así pasaron varios días, sin mayores novedades.Snobean estaba muy deconcertado y repetía:

_ Es muy extraño que los qejviats  no nos hayan atacado ya, ahora estamos en  las más desfavorables condiciones para que ellos nos liquiden ¿Que piensas tú de esto Luwer?

_ Creo que ellos nos estan siguiendo, mis hombres  han notado algunos movimientos extraños en los árboles, también algunas señales que intentan pasar desapercibidas simulando  ser cantos de los pajaros. Respondió Luwer.

Pero  nada sucedió en los siguientes cuatro días. Al fin llegaron a un claro en medio de la selva, allí se detuvieron  y Luwer tomó una decisión:

_ No quiero que sigamos caminando a ciegas, estableceremos aqui un campamento, lo fortificaremos de manera de que podamos defendernos en caso que nos ataquen los salvajes y desde aquí enviaremos pequeños grupos para explorar los alrededores.

Y así comenzaron a poner mano a la obra, los hombres comenzaron a despejar el terreno, arrancando los arbustos y malezas, escogiendo los troncos más livianos y arrancándoles las hojas para hacer unas empalizadas. Era una labor muy difícil ya que no contaban con hachas ni machetes, pero utilizando sus espadas iban preparando  aquellos troncos y apilandolos en un lugar  escogido para ello.

_ Lo primero será  levantar unas torre de vigilancia, después  construiremos una empalizada. Ordenaba Luwer.

Mientras trabajaban, uno de los gemelos se encaramó en un altísimo nadcit y desde la punta comenzó a otear el horizonte, pero era muy difícil distinguir algo en aquel mar  de verdes arboles cuyas hojas se agitaban por el permanente viento que soplaba en aquella area.

Estaba ya por descender para ayudar a los demás cuando algo le llamó su atención: El viento le traía un olor, para él muy conocido, pero ...¡Aquello no era posible! Volvió a dilatar las ventanillas de su priviligiado olfato y ya no tuvo ninguna duda.Netuiwa alertó a sus compañeros:

_ ¡Atención muchachos...Aunque no lo crean percibo que andan yocosats por aquí!

Todos dejaron lo que estaban haciendo, Luwer tomó su lanza y lo msmo hicieron sus compañeros Huisi y Tarneisi.

_ ¿Yocosats...en estas tierras...Estás seguro Netuiwa?

_ ¡Segurísimo jefe...Mi olfato jamás me engaña y ...Espere, veo unas ramas que se mueven  en dirección sur de donde estamos...Si...Ahora lo veo...Es un solo yocosats de color blenco, es enorme y se ha detenido como  a unas cien verts de donde estamos jefe.

Luwer ordenó a sus hombres a permencer en posición de combate, aun no se convencía de lo que decía Netuiwa, pero Snobean recordó algo:

_ ¡Espera Luwer! Ahora que recuerdo, cuando estuve prisionero de los qejviats, éstos  mencionaban a un  extraño anciano quien viajaba a lomo de una yocosats amaestrado...Un yocosats blanco, decían.

Netuiwa confirmó lo que decía Snobean:

_ Hay un hombre sentadoen un arnés encima del lomo del yocosats y ahora veo también que no está solo, le acompañan unos...no se si son qejviats o no.

Luwer le ordenó  entonces:

_¡Hazle señas a ese hombre para que se detenga...que si no lo hace mis hombres  lo acribillaran a flechas!

Netuiwa comenzó a agitar sus brazos  al tiempo que gritaba:

_ ¡Alto...Deténgase....Le tenemos rodeado!

Los acompañantes del anciano le hicieron señas  y este se percató que arriba de  aquel nadcit había un hombre encaramado, se detuvo y poniendo sus manos como bocina en su boca le gritó:

_ No  disparen sus flechas...Soy un amigo...Qerju es mi nombre...Dile a tu jefe...Luwer, que vengo en son de paz.

Luwer  también había escuchado esas palabras, hizo un gesto a sus hombres para que esperaran, luego le gritó a Netuiwa:

_ ¡Dile que avance, pero solo él...Que  baje de su yocosats  para verle!

Pasaron unos minutos y entonces se asomó al claro  del bosque, la figura de aquel hombre tan peculiar, Luwer le observaba atentamente y su figura le era levemente conocida.

_ ¡Uff...Ya no puedo más, permíteme descansar un poco, estoy agotado. Decía el anciano que vestía como siempre su túnica blanca.

_¿ De modo que eres Qerju...El hermano del Meij Sne-Heba? Preguntó Luwer,  mucho más tranquilo.

El anciano permanecía apoyado en su bastón, al fin se irguió, aspiró una bocanada de aire y luego mirando al joven le respondió:

_ ¡Ah! Cómo has crecido muchacho...La última vez que te ví...Estabas en brazos de tu madre..Si, yo soy Qerju, mis amigos, los qejviats me avisaron de que estabas extraviado en  sus tierras y yo les pedí que no te causaran daños...Ellos aún me respetan mucho.

_Pues ya nos parecía raro que los qejviats no nos atacaran. Comezó a decir Snobean.

Por entre la maleza comenzaron a asomarse los acompañantes del anciano, todos eran qejviats, pero  se veían diferentes a los demás, pues vestían túnicas de telas rusticas en vez de sus habituales  vestimentas de cuero sin curtir.

_ Ellos son mis muchachos...Nada debeis de temer, son inofensivos y pacíficos y mi yocosats también lo es. Dijo el anciano  de la barba y el pelo blanco.

_¡Déjenlos pasar y  también al yocosats...Pero mantenganse alertas, por si acaso_ Ordenó Luwer a sus hombres.

Entonces lo vieron: Era una animal magnífico, de gran tamaño, sus cuernos habían sido recortados, peroaún así se veían temibles, su piel era blanca lo que hbira constituído un preciado tesoro, ni Luwer ni ningún otro varín habían visto antes a un yocosats albino, pues eran rerísimos.

_ Es hermoso. No me imagino como es que lo  has podido domesticar, anciano.Dijo Luwer.

_ Lo he criado desde pequeño...Con paciencia y buenos tratos no existe bestia que no se pueda domesticar, muchacho...incluso humanos, como ves_ Respondió Qerju.

Los qejviats comenzaron a bajr desde los loos del yocosats unas cestas con diversos víveres al tiempo que Qerju decía.

_He traído un poco de todo, pues pensaba que estabais muy mal...Pero  me he dado cuenta de que ustedes se las han arreglado para sobrevivir de buena manera en la selva...Olvidaba que sois varines- Dijo en anciano.

La tensió  se había aplacado, Netuiwa descendió del  nadcit y los varines  se acercaron cautelosamente para admirar más de cerca al fabuloso animal, Qerju  se tendió sobre la hierba junto a Luwer, mientras que Snobean permanecía atento a lo que ellos conversaban.

_ De modo que son ustedes aquellos jóvenes que participaron en el último torneo en Qeibnot...¡Ah, cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que estuve allí! No sé si podré algún día regresar a ver mis amadas montañas, Luwer. Suspiraba Qerju.

_Como es que los qejviats te respetan tanto anciano...¿Cual es tu secreto? Le preguntó de pronto Snobean.

Qerju le observó con atención y en vez de responderle le preguntó:

_ ¿Y vos mendicante? ¿Que haceis aquí, en medio de la selva acompañando a estos jóvenes varines...Porque tú eres qocerio ¿Verdad?

Snobean se sintió taladrado por la mirada del anciano, es cierto que sus ojos  parecian bondadosos, pero él sintió que le escudriñaban el alma.

_ Perdonadme que no te conteste ahora, ya hablaré contigo...Mas  tarde. Dijo.

_ ¡Claro que sí!...Hablaremos, tenemos muchísimo de que hablar Le respondió el anciano y Snobean comprendió que  sus planes  estaban a punto de fracasar, debía de inventar algo...Pero en esos momentos no se le ocurría nada.

Descansaron durante el resto del día, pernoctaron como siempre  a la intemperie aquella noche, al amanecer, muy temprano Qerju se acercó a Luwer para decirle:

_ ¡Vamos Luwer, yo les indicare el camino para  mi casa...Hay allí alguien que quiere conocerte!

_¿Conocerme a mí...Quien es? Preguntó  sorprendido.

_¡Calma hijo...Ya la verás!

Después de la acostumbrada revisión matutina, el grupo se puso en marcha siguiendo esta vez al anciano que montaba sobre su yocosats.