8. ago., 2016

Texto

Capítulo 55: Luwer en  el Valle Escondido.

_ ¿De manera que te han dicho que la prometida  del Rey está prisionera de los quejviats? Le pregunto a Luwer el anciano de la barba blanca, que encanezaba la marcha sobre el lomo de su yocosats.

_ Pues, eso es lo que me dijeron, al parecer Ciwutt planea invadir pronto estas tierras y teme que los qejviats  maten como represalia a la mujer con la cual planea casarse. Respondió el joven varín.

El anciano azusó a su bestia para  que ésta apurara la marcha,adelántandose un poco al grupo, Luwer  le suguió y entonces  Qerjue le dijo:

_ No e s así, la joven Minshia, fue capturada en el país de los varesios, en donde ella había huído junto a su hermano Monzut, para escapar del rey, ya que no desea casarse con él, pues lo considera un tirano y un usurpador. Como te decía, fue secuestrada por un hombre llamado Snobean y por esas cosas del destino, la falachs  en donde la traían se desvió de  su ruta y varó en Las Tierras Ignotas, allí los qejviats capturaron a Snobean y lo llevaron donde el Tiwan, ante el cual yo intercedí para que la joven y su doncella permanecieran en mi aldea bajo mi cuidado y allí es donde ahora permanece...Por lo que veo, parace que te engañaron e intentaron usarte.

Luwer no entendía toda esa historia, en verdad él nunca se había interesado demasiado en los asuntos internos del reino, había visto solamente una de las caras del Rey Ciwutt, pero desconocía en absoluto como era con respecto a su pueblo, en cierto modo Ciwutt se había aprovechado de la popularidad que despertaban los varines en el pueblo, para ocultar un poco la resistencia que ciertos sectores aún mantenían contra él.

_ ¿ Ese mendicante que viene contigo...Quien es? Prefguntó el anciano.

_ La verdad es que él llegó desde la capital  trayendo órdenes expresas del Rey, fue él quien nos consiguió una embarcación ynos convenció para que le acompañáramos en esta misión, como un favor especial para el monarca, ni siquiera sabemos cual es su nombre,dijo Luwer.

_¡Humm! Es extraño que un verdadero mendicante se comporte de esa manera, yo también fui mendicante y recorrí gran parte del reino, antes de recibir mi investidura de Maestro, pero nunca ejercí dicho cargo en  Uve Minta, pues preferí seguir deambulando por tierras desconocidas y aquí estoy, como puedes ver.

Ya se habían apartado de la jungla y ahora caminaban por una extensa y verde pradera, a lo lejos se veían unos cerros de color morado negruzco, el ancianó se los señaló al joven varín, diciendo.

_Detrás de aquellos cerros está Valle Escondido, así le llamo yo a lo que ha sido durante los últimos años mi hogar, es un pequeño valle cercado por cerros a su alrededor y para poder entrar en él, existen sólo dos vías posible, una de ellas es ésta que es bastante larga, la otra es mucho más corta pero muy peligrosa ya que atravieza  unos túneles secretos y se asoma a la parte inferiorsr de las grandes cascadas en donde el Río Nosot desemboca en el mar.Es demasiado estrechapara que pueda pasar por ella mi yocosats, por eso he preferido esta ruta mucho más larga, pero segura. Son muy pocos quienes conocen estos accesos y por eso mi valle es un lugar completamente seguro.Ta lo verás.

Luwer alzaba su vista para  mantener su dialogo con el anciano, quien parecía tener muchos deseos de charlar, él por su parte también tenía muchas preguntas que hacerle:

_ Dime venerable anciano ¿Porque has dicho que allá hay una persona que desea conocerme? ¿Quien es?

_Ahora Qerju se detuvo, mientras su cabalgadura aprovechaba de mordisquear unas hojas tiernas de unos árboles, miró al joven con sus  ojos de mirada bondadosa y respondió.

_ Pues ¿Quien va a ser? La joven Minshia por supuesto, ella es una muchacha muy joven, es bellísima como una diosa, aunque un tanto  extraña...Ella tuvo tiempo atrás un sueño y desde entonces insiste en que la lleve a la llamada Ciudad de los Fantasmas ¿Habrás oído hablar  de ella, verdad?

_ ¡Claro que sí! Según nuestro mendicante sin nombre, en esa ciudad existen fabulosas riquezas, sus calles están tapizadss en oro y diamantes. Nos prometió que si le llevábamos allí  nos convertiría a todos en hombres  muy ricos.Respondió Luwer.

 El viejo se largó a reír mostrando su dentadura algo deteriorada.

_ Ja ja ja ¿Diamantes y tesoros? Lo que hay allí son sólo ruinas, es cierto que para un hombre estudioso como yo, esas ruinas pueden considerarse como un verdadero tesoro, pero de aquello que hablan  tanto, ya no queda nada, antiguamente los qejviats se atrevían a entrar allí para buscar las que ellos llamaban "piedras  de luz", pero cuando se derrumbaron los túneles de acceso y sobrevino el eclipse, muchos años atrás, entonces ya nunca más regresaron, también se dice que el las noches de luna llena, los fantasmas salen de sus tumbas y recorren la ciudad desierta, pero esas son puras leyendas sin fundamento. Explicó el anciano.

_¡Pero entonces la ciudad existe! ¿Vos habeis estado en ella?

Preguntó el joven muy interesado.

_¡ Claro que existe!  Yo he estado en ella muchas veces y jamás he visto a ningún fantasma ni nada parecido, esos son puros mitos y supersticiones, pero mejor que lo crean así, para que de ese modo nos dejen tranquilos en nuestro valle.

El viaje duró muchos días y sus noches, cuando al fin llegaron a los cerros de color oscuro,Qerjú buscó una de las tantas cavernas que se veían en la base y escogiendo una de ellas se metíó decididamente con su  peculiar cabalgadura, los demás le siguieron a pocas  verts de distancia.

La caverna se transformó en un túnel y posteriormente en un hondo desfiladero, el cual zigzagueaba por  entre los cerros.

Después de un par de días,  se asomaron a la ladera del cerro y desde lo alto pudieron contemplar un hermoso valle lleno de vegetación y de solo.

_¡He allí mi hogar! Exclamó el anciano señalando con su índice el hermosos y fértil valle.

Comenzaron a descender por un camino pedregoso hasta que al fin llegaron a los primeros cultivos, los cuales  denotaban la presencia de seres humanos, ya que se veían uniformes y bien cuidados.

_ Descansaremos aquí y luego continuaremos rumbo a casa muchachos: Dijo el anciano de los cabellos blancos.