19. oct., 2016

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CAPÍTULO VI: Infierno en la jungla.

Ici Horsi, El Gigante, como le decían, le hacía mucho honor a su apodo, pues en efecto, su estatura sobrepasaba con creces a la de cualquier otro hombre en todo el reino.Había ingresado a las filas del ejército, siendo apenas un adolescente, pero su priviligiado físico hacía que representara mucho más edad de la que tenía. Sirvió bajo las órdenes de Ciwutt cuando éste era sólo uno de los Loqs del ejército de Vactuss III. Se destacó por su valentía y su arrojo en todas las misiones que se le encomendaron, principalmente en las zonas fronterizas. Cuando falleció el anciano rey, él ya había sido ascendido a Loq y no dudó en apoyar a su jefe directo, Ciwutt, hasta que éste instauró su dominio en la ciudad de Obamit. Fue entonces cuando su jefe, convertido ya en Rey de Qocerit, le nombró Loq mayor y le asignó el mando de uno de sus ejércitos, dándole la misión de aplastar la rebelión de las ciudades del sur oeste.

Ya sabemos que Ici Horsi logró establecer su dominio en todas las ciudades rebeldes, sometiendo finalmente al Puerto de Quinsat, después de un largo asedio.

Unaño después, Ciwutt le encargó la tarea de invadir el país de los qejviats, a fin de someter a esos salvajes y extender sus dominios en todas las llamadas Tierras Ignotas, esto es, hasta el Río Nosot.

Ici Horsi preparó muy bien la campaña, él sabía que no iba a ser fácil someter a los salvajes qejviats, pues ellos conocían muy bien aquellas selvas y vigilaban todos los senderos existentes, fue por ello que prefirió, antes de realizar una operación a gran escala, enviar a pequeños destacamentos a fin de establecer puestos de avanzada yfacilitar así, el ingreso del grueso de su ejército.

Muchos de aquellos destacamentos fueron emboscados por los qejviats y aniquilados de manera brutal: Los prisioneros eran descuartizados y degollados y sus cabezas ensartadas en lanzas de caña eran dejadas en los árboles para aterrorizar así a sus enemigos, pero algunos de dichos destacamentos lograron avanzar y facilitaron así el ingreso del poderoso ejército invasor, que llegó hasta las cercanías de la aldea de Krull, que era la residencia del Tiwan.Pero éste ya se había retirado hacia el sur, dejando aquella aldea casi inhabitada, pero antes de aquello, el astuto Var Snuatta preparó una gran cantidad de trampas y también hizo excavar túneles de acceso que se mantuvieron en secreto.

Cuando el ejercito qocerio ingresó en masa a Las Tierras Ignotas, los qejviats se retiraron hacia el sur, de manera que Ici Horsi pudo llegar hasta la mismísima aldea de Krull, estableciendo allí, su cuartel general.

La gran ofensiva del ejército invasor logró la captura de miles de qejviats, de los cuales muchos perecieron atrozmente como represalia de lo que ellos les habían hecho a sus víctimas, pero una orden de Ciwutt detuvo aquella masacre y así, varios miles de prisioneros fueron encadenados y enviados hasta la capital del Reino para ser utilizados como bestias de carga en la invasión que el Rey ya iniciaba en el pais varesio.

Daba la impresión de que los qejviats ya estaban completamente aniquilados, pero no era así, pues Var Snuata tenía preparado un plan con el cual pensaba cambiar por completo el curso de aquella campaña.

Para ello, necesitaba que el enemigo se confiara y creyera que dominando  más de la tercera parte de Las Tierras Ignotas, la conquista del resto sería sólo cuestión de tiempo. Para eso, Var Snuata  hizo retroceder a sus hombres y durante un par de meses no continuó con sus ataques relámpagos que tan bien le habían resultados en la primera parte de esta guerra.

Con aquella estrategia ganó  tiempo, pues para que su plan funcionara era preciso que llegara la estación más seca del año, aquella en donde las lluvias eran casi inexistentes y en donde el calor se vuelve sofocante e insoportable.

Cuando aquello ocurrió, Var Snuata reunió a un grupo de voluntarios, la gran mayoría de aquellos eran qejviats que habían estado antes como prisioneros o esclavos, sirviendo en las ciudades  qocerias y que habían logrado escapar tal como el mismo Var Snuata lo había hecho.A ellos les habó así:

_Los qocerios nos creen torpes y salvajes y se ríen de nusetras costumbres y miedos ancestrales, ellos piensan que jamás nos atreveríamos a incursionar de noche y en parte tienen razón, pues el temor a la oscuridad es algo atávico para nuestra raza, ya que desde pequeños se nos ha inculcado que cuando el sol se oculta y las penumbras invaden el mundo, seres horribles, fantasmas y toda clase de monstruos salen a recorrer los caminos para devorar a todo aquel que encuentran fuera de nuestros refugios. Más yo sé que esos son sólo mitos y durante aquellos años en que permanecí cautivo en Obamit, jamás vi nada extraño en las noches, a veces los qocerios nos sacaban de nuestras jaulas y se reían de nosotros burlándose de nuestros temores y muchas veces debí de salir y pelear en la arena del lied para divertirles, fuere de día o de noche.Por eso les he reunido a ustedes, porque sé que al igual que yo, han visto que esos temores a la oscuridad son solo mitos y ahora necesito que nos olvidemos de aquello para ejecutar el plan que he estado elaborando desde mucho antes que los invasores pisaran nuestras tierras.

Los qejviats que le escuchaban le miraban con admiración, sabían que lo que les decía su líder era cierto, pero en sus cerebros primitivos les costaba mucho desafiar lo que se les había inculcado desde pequeños. Eran en total apenas unos cincuenta quienes habían sido escogidos por Var Snuata para realizar  una arriesgada misión la cual se debería efectuar durante una noche de luna llena.Lo cual ocurriría dentro de dos semanas.

Mientras  tanto, en la aldea de Krull, que antes había sido la residencia del Tiwan, ahora Ici Hosi  se reunía  junto a sus principales Loqs para preguntarles acerca de un rumor que comenzaba a esparcirse entre sus hombres.

_¿Que es esa historia que anda circulando entre la gente con respecto a una mujer que afirma ser la legítima heredera al trono del Reino? Preguntó.

Sarsar, uno de sus Loqs de más confianza le respondió.

_Ese es uno de los rumores que ha  echado a circular ese maldito Tauthor y según lo que he escuchado, se afirma que nuestro querido soberano VactusIII tuvo una relación prohibida con una sacerdotiza del Templo de Cearit, de aquella relación nació una niña, la cual fue ocultada en algún lugar del reino, se dice que ahora, ella es toda una mujer y que se ha unido a los rebeldes con el fin de reclamar su derecho al trono.

Ici Horsi, pegó un puñetazo en la mesa y exclamó:

_¡Pero eso no puede ser verdad! Todos los hijos de Nuestro Señor Vactuss III murieron en el incendio ocurrido en el palacio real y nunca nadie oyó hablar acerca de otra hija hasta ahora, cualquiera puede inventar algo así.

_Pues así lo creemos todos Señor, pero el rumor se extiende en el pueblo y es peligroso que la gente comience a creer el algo así, más aún ahora que estamos en plena campaña militar en dos frentes.

_ Es verdad, ese Tauthor es mucho más peligroso de lo que parece, él piensa que como Mi Señor Ciwutt ha cocentrado la mayoría de su ejercito en las campañas es mas facil que el pueblo se alce y de aquello se aprovechen los rebeldes enquistados entre ellos, pero...En fin, ahora lo importante es que nosotros completemos nuestra misión, ahora que el tiempo está bueno, antes de que comiencen las lluvias debemos de finalizar nuestro objetivo.

Pero,al llegar aquella noche de luna llena, mientras los hombres de Ici Horsi contemplaban el gran disco de plata asomarse en el firmamento estrellado, otros seres se escurrían ocultándose entre los árboles para no ser detectados por los vigilantes que confiados en que durante las noches estarían seguros, descuidaban un tanto la vigilancia, mientras en el interior de la gran cabaña del Tiwan, los Loqs disfrutaban de una opípara cena junto a su lider Ici Horsi.