21. oct., 2016

Texto

CAPÍTULO VI (Continuación)

Cerca de la medianoche la reunión de los Loqs fue bruscamente interrumpida por uno de los guardias quien entró en la sala con su rostro congestionado:

_¡Fuego Señor! Se ha declarado un incendio en el sector de las caballerizas...

Ici Horsi se puso de pie y junto a sus subordinados salió de la sala y se dirigieron hacia la parte más alta de la terraza, desde donde se podía observar casi todo el campamento, lo que vio le llenó de pavor.

_¡No es solo en el sector de las caballerizas...Miren, el fuego nos está rodeando! Esto nopuede ser algo casual...Ha sido provocado, no hay duda.

Ici Horsi tenía razón, desde la terraza se podía observar muchos focos de incendio de manera tal que parecían formar un cerco de fuego rodeando todo el campamento, sin duda que el fuego se había inciado en los bosques que rodeaban la aldea de Krull y ya comenzaba a prender las empalizadas de troncos que rodeaban aquella aldea. Entonces comprendió Ici Horsi que el haberse quedado en aquel villorio había sido una pésima decisión y que sus ocupantes antes de abandonarla ya habían tramado una trampa.

Por unos  segundos el Gigante permaneció abrumado, ya no había manera de detener aquel incendio, lo único que cabía por hacer era tratar de salvar a la mayor parte de su gente ya que todas sus vidas estaban en peligro.

El caos era total, muchos qocerios huían tratando de trasponer aquel cerco de fuego, ya las altas torres de madera ardían semejando enormes antorchas que iluminaban la noche, luego se desplomaban y aplastaban a los despavoridos hombres y bestias. Era un espectáculo dantesco, pero lo peor era que la morada del Tiwan, en donde estaban los Loqs  y Ici Horsi, quedaba justo en medio de todo aquel infierno. Pero al menos tenían una ventaja ya que desde esa posición dominaban todo el panorama, al fin Ici Horsi tomo una decisión:

_ ¡Vamos, observen que hay un sector en donde el fuego aún no ha llegado, ustedes traten de que la gente se dirija hacia allá y lo mismo nosotros!

Todos bajaron apresuradamente desde lo alto siguiendo las instrucciones del jefe, lamentablemente para ellos no les era posible avisarles a todos sus hombres, quienes buscaban desesperadamente una salida, sin encontrarla.

Ici Horsi logró salir de la empalizada pero afuera el incendio se propagaba por la selva, junto al gigante iba su ayudante Sarsar, quien alcanzó a comentarle:

_¡Señor! ¿No le parece extraño que aquellos que iniciaron este incendio nos hayan dejado esta única salida?

El Gigante se detuvo, iba a decir algo cuando  escuchó un leve silbido y luego vio como su ayudante se llevaba sus manos a su cuello y caía fulminado al suelo, entonces desenvaidó su enorme y pesada espada asiendola con sus dos manos y giró para ver quienes le atacaban.Su rostro se crispó de terror al ver como sus hombres iban cayendo uno a uno.

Entonces vio surgir de entre los arbustos a aquel monstruo que al principio le pareció un fantasma o un ser de ultramundo,calculó que su estatura era casi igual a la suya, pero sus brazos eran largos y dotados de gigantescos biceps, llevaba la cara cubierta con una pintura blanca fosforescente, caminaba semi encorvado y parecía estar divirtiéndose al mirarle con el único ojo que poseía.

Muchas cosas pasaron por la mente del Gigante en aquellos momentos: Sin duda que aquel monstruo era un qejviats, pero no cualquier qejviats, se preguntaba ¿Porque aquel ser permanecía a escasos metros suyos y no le atacaba con sus dardos tal como ya habían hecho con sus hombres?

Se dio cuenta de que el qejviats no estaba solo, de entre la espesura aparecieron muchos otros con sus mortíferas cerbatanas listas para arrojar sus dardos. Se preparó para lo peor y levantando su espsda exclamó:

_¿Acaso eres mudo? ¡Ven y acércate para que pelees conmigo si es que te atreves mosntruo!

El qejviats le sorprendió al hablarle en su propia lengua:

_¡Cámate Ici Horsi! Si hubiéramos querido matarte ya lo habríamos hecho, guarda tu espada, reconoce que has sido derrotado y salva tu vida por ahora...Nos interesas más vivo que muerto.

Ici Horsi se mantenía firme, con sus dos piernas abiertas y sus enormes manazas blandiendo su espada por sobre su cabeza, parecía esperar a que aquellos monstruos se le vinieran encima,pensando que al menos mataría a varios antes de que acabaran con él.

_ Pues entonces, demuestrale a tus hombres que eres un líder peleando en buena lid contra mí, pero antes dime ¿Quien eres?

_Te lo diré, para que sepas quien te venció Ici Horsi...Yo soy Var Snuata, hijo del Tiwan y gustoso pelearía contra tí y me daría el placer de romperte el cuello con mis propias manos, pero hay alguien que te desea con vida y yo debo  de respetar sus decisiones, entonces dime: ¿Vendrás voluntariamente con nosotros ahora o prefieres hacerlo inconsciente bajo los efectos del mirirat? 

Ici Horsi observó como los qejviats que le rodeaban preparaban sus dardos, por eso dejó caer al suelo su pesada espada y entonces aquellos que le rodeaban se le acercaron  y le ataron sus manos con resistentes sogas y cuerdas de cuero trenzado.

Como el fuego seguía extendiéndose por toda aquella selva, los qejviats apuraron el paso y condujeron a su importante prisionero por un sendero que ellos conocían, dejando atrás aquel infierno en llamas que devoraba y hacía desaparecer aquella aldea que paradogicamente se llamaba KRULL, que significaba en lengua qejviats " El lugar donde nace el fuego".