31. oct., 2016

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CAPÍTULO X:" La decisión de Monzut"

Después de diez días de tenaces y encarnizados combates, la estrategia de Gomecor parecía darle la razón: Su ejército había logrado tomar casi todo el territorio aledño a la colina y los rebeldes atrincherados en ella, sobrevivían en pésimas condiciones, resistiendo como podían los constantes asedios de sus atacantes.

Monzut y sólo un puñado de hombres seguían dando dura batalla, pese a que ya no contaban con fuerzas, armamentos y ni siquiera los alimentos básicos para la supervivencia.

Newatta y su hijo Netea trataban de convencer a su jefe de que ya era hora de capitular o bien, emprender la retirada a travéz de la única vía que aún les quedaba: Un estrechísimo tunel que ellos habían excavado eb los últimos meses y que conducía directamente hasta un lugar situado en la orilla del Río Luwín, allí estaba la salida cubierta  por arbustos y malezas y lo que se temía era que en cualquier momento podría ser descubierta por los sitiadores de la colina.

_ Creo que si queremos continuar con nuestra causa, lo mejor será aprovechar ahora y salvar nuestras vidas, ya que, muertos de nada habrá valido nuestro sacrificio_ Decía Newatta.

Monzut se sentía muy desalentado, miraba el desolador panorama que se cernía ante sus ojos y replicaba:

_ ¡Cuántos muertos! ¡Cuánto luchar para nada! Dime Newatta ¿ Cuantos hombres nos quedan, en condiciones de seguir resistiendo?

Fue Netea quien le contestó:

_ Apenas contamos con unos setenta hombres, no nos quedan flechas ni lanzas, sólo nuestras espadas para el combate cuerpo a cuerpo.

_ Seguramente Gomecor ya debe  de estar preparando una ofensiva final, esta vez no enviará una ni dos loquias como lo ha estado haciendo, sino que tratará de  aplastarnos definitivamente enviando a miles de hombres muy bien armados y frescos...Si queremos sobrevivir , es ahora o nunca_ Agregó Newatta.

Monzut pensaba en su hermana ¿Qué sería de ella, si estuviera viva en algún lugar y él muerto? Ese pensamiento le martirizaba, presentía que ella ahora le necesitaba más que nunca.Decidió que no le podía fallar a ella.Eso lo decidió:

_Está bien, preparad todo, pero antes, haremos una última fogata para cremar los cadáveres de los nuestros, mientras ésta, esté ardiendo, nosotros sprovecharemos para escabullirnos por el túnel, traremos a nuestros heridos...En fin, esto es un desastre. No era lo que deseaba para aquellos que confiaron en mí y decidieron seguirme, sé que les he fallado y ahora me siento como un cobarde que huye para salvar mi vida. Se lamentaba Monzut.

Aquella última fogata o pira funeraria, fue la más grande de todas, los cadáveres acumulados durante las últimas jornadas eran varias decenas, fueron amontonados y junto a muebles, mantas y otros materiales combustibles. las llamas se veían desde lejos y el humo ascendía hacia las nubes del cielo, esparciendo un horrible olor a carne quemada. Ya comenzaba a anochecer y Gomecor, observando el fuego  en la cima de la colina, les comentaba a sus Loqs:

_ Si esos rebeldes siguen cremando sus cadáveres, para  mañana casi no nos van a dejar a nadie y eso nos va a quitar el gusto de sacrificarlos nosotros, espero que ese Monzut esté aun con vida, me gustaría conocerle para decirle en su último minuto de vida que muy a mi pesar debo de reconocer que supo luchar como un gran guerrero,hombres como él, son los que necesito para mi ejército.

Mientras las enormes llamas se elevaban iluminando la noche estrellada,Monzut y los sobrevivientes de aquella gesta, se escabullían por un estrecho túnel, aquel había sido excavado con mucho esfuerzo, aprovechando  algunas hendiduras naturales de la colina e iba zigzagueando y descendiendo desla la cima hasta las riberas del río, en total, tenía una longitud de unas quinientas verts y en algunos tramos era tan estrecho que a duras penas podía permitir el paso de un hombre delgado, por lo cual no fue posible trasladar a los que estaban muy mal heridos como Monzut deseaba,éstos prefirieron que sus propios compañeros les remataran antes de caer en manos de sus enemigos,muy a su pesar, aquellos cuerpos pasaron también a convertirse en combustible  para aquella horrenda pira funeraria.

Llevaban antorchas encendidas para iluminar el oscuro túnel, en algunos lugares, el aire entraba por orificios que estaban disimulados por arbustos y malezas. Los qocerios que ya habían tomado posiciones en las faldas de la colina, jamás se imaginaron que debajo de sus propios pies, en aquella noche oscura, sus presas se les estaban escapando.

Aún era de noche cuando los rebeldes llegaron a la orilla del Gran Río, las ocho fallats de que disponían eran insuficientes para transportarles a todos y tampoco ellos tenían claridad hacia donde podían escapar, ya que sabían que las orillas del río, estaban muy vigiladas en ambas riberas. La única posibilidad era seguir por la misma orilla hasta alejarse un buen trecho de la colina, eso por el momento.

Se dividieron en dos grupos: Uno a cargo de Netea continuó por la orilla del Gran Río, mientras que los demás se subieron a las fallats y continuaron el rumbo río abajo con la idea de encontrar un lugar libre de vigilancia para desembarcar.(Continuará)