4. nov., 2016

Texto

Capítulo XI: La conversión de Ici Horsi.

Después de toda una semana de celebraciones por la gran boda colectiva, la ciudad de Lobinot volvía a recobrar su vida habitual. Tarneisi, con su flamante esposa  Liensi ya comenzaba a construir, en el extenso sitio que le habían regalado, una vivienda, la cual constituiría su futuro hogar, por el tiempo que permanecerían en ese lugar, que estimaban sería bastante largo, así le comentaba a su esposa:

_ No sé sialgún día podremos regresar a nuestra tierra, pero si aquello no sucede, creo que este es un excelente sitio para vivir y criar a nuestros futuros hijos, por que los tendremos ¿Verdad? A los varones yo les educaré como varines y a las niñas, las educarás tú a tu modo ¿Que me dices?

_Me  parece justo, pero creo que te estás adelantando demasiado esposo mío...Primero tenemos que tener a nuestros hijos ¿No lo crees?_ Le respondió la sonriente joven.

_ Tienes razón, estoy hablando demasiado...Pero no te preocupes nos pondremos en campaña de inmediato para completar nuestra familia, querida Liensi.

Al igual que él, los demás compañeros varines habían recibido como regalo de bodas, de parte de la Comunidad de Lobinot, un buen  terreno, situado a los pies de una pequeña colina, para que allí, ellos construyeran sus viviendas y pudieran establecerse junto a su esposas.Luwer les había dado dos semanas libres para que ellos los dedicaran a lo que quisieran, parecía como que de ahora en adelante, ellos se convertirían en esposos y padres de familia dejando de lado sus vidas anteriores, pero Luwer sabía que aquello no ocurriría y que más tarde o temprano todos volverían a ser guerreros y a luchar, porque ahora tenían muchas razones para hacerlo.

Tal como lo había anunciado antes de las bodas,Qerju regresó al Valle Escondido y en la ciudad de Lobinot se estableción un nuevo orden.

Antes de la llegada de Minshia y los varines, la máxima autoridad se le había otorgado a Baschir yéste estaba secundado por un Consejo formado por los vecinos más relevantes, a dicho consejo también se integró Falelar, quien ya había establecido su pequeño mercado  (Ocvolir) y comercializaba con los sonnerios, también Snobean estaba tratando de formar una Academia en donde impartiría  sus conocimientos, adquiridos en su juventud en Uve Minta. Fue él quien logró convencer al prsionero Ici Horsi de que solicitara una audiencia con Luwer y Minshia.

Debemos establecer aquí, que como ya Baschir se había declarado vasallo de la futura reina de Qocerit y por lo tanto era ella, ahora, la máxima autoridad en aquella localidad, aunque en la práctica todas sus decisiones las consultaba con su esposo y así le decía:

_  Esto de ser la heredera al trono no me agrada demasiado, pero ellos confían en mí y yo no puedo defraudarles, por eso, tú, esposo mío, debes de ayudarme, también en tu país, llegarás a ser  un jefe...Un Meij como ustedes le llaman.

Ahora se les presentaba una difícil situación en donde deberían tomar una decisión, frente a ellos Snobean les decía:

_ He hablado en repetidas veces con el prisionero y él ya no se muestra tan reacio a resistir, está dispuesto a ponerse a vuestro servicio si le perdonais la vida, dice que es su única oportunidad ya que está seguro de que Ciwutt jamás le perdonara por su fracaso.

Luwer y Minshia se miraron, ya antes habían hablado acerca de aquel hombre, Luwer estimaba que a pesar de todo, aquel gigante no era un mal hombre y que su único pecado había sido servir al hombre equivocado, pero tampoco se fiaba de él.

_ Con tal de que le dejemos en libertad, él podrá prometercualquier cosa_ Decía Luwer.

Decidieron aceptar la petición de Ici Horsi y darle una oportunidad de expresar sus ideas.Fue traído ante la precencia de los esposos fuertemente encadenado.

El gigante Ici Horsi, se inclinó respetuosamente ante la bella joven Minshia, ella le dijo:

_ Nos han dicho que estás dispuesto a reconocer que yo soy la única y legítima heredera al trono del reino ¿Es así?

_ Así es Majestad, yo serví con mucha lealtad a vuestro Señor Padre y si cometí el error de obedecer a Ciwutt fue porque no sabía acerca de vuestra existencia. Respondió el hombre bajando su cabeza con respeto.

Luwer intervino entonces:

_ Mi esposa, aunque tiene todos los derechos al trono de vuestro reino, todavía no ha podido ejercer esos derechos y el Ciwutt quien de hecho los ejerce. Vos...¿Estaríais dispuesto a luchar en nuestro bando  para que ella recupere lo que es suyo? ¿Te enfrentarías al propio Ciwutt si las circunstancias así lo requirieran?

_ El juramento que presté cuando ingresé al ejército real me obliga a obedecer y a dar la vida si fuera necesario, para defender a mi  Rey y a la que ahora sé que es su hija...Con eso queda contestada vuestra pregunta_ Dijo el prisionero qcerio con dignidad.

_ Está bien Ici Horsi, consideraremos vuestra petición de clemencia, no serás ejecutado como estaba ya dictaminado y dejaremos que  abandones la prisión...Vas a quedar libre, podrás dormir y alimentarte en el cuartel, junto a los hombres de Baschir y será él quien decida tu futuro. Respondió Minshia.

De inmediato el gigante fue desencadenado y conducido al cuartel en donde permanecían los guerreros de Baschir, quienes estaban encargados de velar por el orden  y la seguridad de aquella ciudad.

Fue así, comodurante un buen tiempo, Ici Horsi, otrora Gran Loq del  ejçercito del rey, permaneció dentro de aquellas cuadras sin realizar mayores actividades, a veces se le encargaban pequeñas tareas o misiones y también se le permitía entrenar y realizar ejercicios  con los guerreros yaunque parezca extraño, aquel gigante, temido por sus enemigos se fue ganado la confianza de sus camaradas.El se comportaba con mucha humildad y hasta aprendió a competir en aquel deporte que practicaban los varines: El Culfot, en donde llegó a ser un adversario difícil de vencer, tanto así, que en una competencia que organizó Luwer para conmemorar el aniversario de esa ciudad, El Gigante resultó vencedor, derrotando nada menos que al Colorado Rusggeim y fue el propio Luwer quien le entregó el trofeo de plata y la daga labrada que constituían el premio para el vencedor. Cuando el Gigante recibió aquellos trofeos, su rostro irradiaba tanta felicidad que no cabía en si de contento. 

Luwer se volvió hacia su compañera diciéndole:

_ Creo que ya podemos confiar en este hombre.

_ También yo lo creo, pero vamos a encargarle una misión y si la cumple entonces sabremos si es o no de los nuestros_ Respondió Minshia.