6. nov., 2016

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CAPÍTULO XII: A las puertas de Lalerot.

Lalerot la ciudad amurallada se encontraba  semi rodeada por las huestes del Loq Gomecor, apodado " El Aguila". Su ejército había llegado una semana atrás y establecido su campamento en un lugar estratégico. Unas pequeñas colinas distante a unas mil verts de distancia de la ciudad.

Desde su cuartel general el Loq Mayor comenzaba a planificar las acciones, la experiencia de La Colina de Lireyot le había convencido de que era preferible esperar antes de pasar a acciones más decisivas, aunque la toma de aquella colina le había retrasado mucho su campaña confiaba que en un par de meses lograría su principal objetivo.Ahora de pie sobre una de las torres de su campamento dirigía su vista hacia la ciudad de Lalerot, pensando que al fin tenía a su alcance lo que él había soñado desde  mucho tiempo atrás, se imaginaba  lo que sentiría cuando viera su estandarte con la gran aguila negra flameando en el mastil de la torre de Los Minchs, la más alta de aquella urbe amurallada. Había luchado tanto para llegar hasta aquí, desde aquellos días en donde compartía junto a su camarada de armas, Ciwutt, hasta su rivalidad con Nilezat, fue la destrucción del puente lo que decidió la suerte a favor de él, ahora recordaba las palabras de Ciwutt.

_Cuando tomes Lalerot, gobernarás la ciudad en mi nombre, exigirás cuantiosos rescates a todas las ciudades varesias y sus Minchs tendrán que aceptarme como Su Señor y así todo el Valle de Varesocor sera nuestro, Gomecor.

 Fue interrumpido en sus ensoñaciones por su ayudante y hombre de confianza, el veterano Yannecca, quien le dijo:

_ Allá  la teneis, pero no debemos confiarnos, ellos han tenido mucho tiempo como para preparar sus defensas y de seguro que nos deben de tenernos preparadas muchas trampas y sorpresas si avanzamos por el frente, como sería lo más lógico, además  en la parte posterior de la ciudad están esas montañas que en verdad son la única vía de escape para un asedio, Señor Gomecor.

El aludido se volvió para responderle y entonces se percató de que su colaborador no estaba solo, sino que acompañado de un pequeño y obeso hombrecito completamente calvo.

_¿Quien es este? Preguntó con curiosidad el Loq Mayor.

_ Este hombre me ha propuesto una idea y yo le he permitido que hable con vos para que decidais si es buena o no, Señor.

_ Pués que hable y nos diga quien es él y cual es esa idea.

El aludido se inclinó en una reverencia y luego comenzó a hablar, tenía una voz chillona, desagradable a los oídos.

_Mi nombre es Qinheba Señor Loq Mayor, soy de profesión carpintero y lo que os traigo es una muestra, un modelo de carro que he diseñado para que nuestros hombres puedan llegar sin mayores problemas hasta los mismos muros de la ciudad...¡Mirad estos diseños Señor!

El hombre portaba una caja de madera, la cual dejó sobre el suelo y al abrirla sacó un extraño objeto, tenía el aspecto de un cangrejo o escorpión, o mejor dicho un ciento pies con muchas patas fabricado en madera. Gomecor miraba intrigado el extraño armatoste.

_ Me he basado para diseñar este carro en la propia naturaleza Mi Señor Loq Mayor, en la resistencia que posee la caparazón de una tortuga y en la movilidad de un ciento pies. Este es un modelo y podríamos construir cientos de ellos aprovechando la abundante madera de los bosques cercanos, si os fujais bien, mis escarabajos  poseen unos intersticios, cada uno de ellos podría transportar unos veinte guerreros armados con arcos y por esos agujeros lanzar sus flechas sin temor a ser alcanzados por las del enemigo, las que quedarían clavadas en el caparazón, así podrían llegar hasta las mismas murallas ¿Que os parece mi idea Señor?

Gomecor tomó uno de esos modelos, lo examinó minuciosamente y luego lo dejó sobre su mesa de campaña.

_ Déjame uno de tus carros, yo tengo que reunirme luego con los mis Loqs y se los mostraré, luego te daré mi respuesta.

El hombrecillo abandonó la carpa del Loq, pero  en los días siguientes , éste se olvidó completamente de aquello y cuando se reuinó con sus Loqs, para planificar la campaña, la idea no fue ni siquiera considerada.

Mientras tanto, en el interior de la ciudad el Minch Zusman Illman ya había reunido a su Consejo y les pedía sus opiniones a sus miembros, entre aquellos estaba un individuo de físico menudo, edad mediana y aspecto ratonil, era Rechill, quien había estado a cargo de los trabajos de reforzamiento de los muros y de otras construcciones en la ciudad, entre ellos varios túneles secretos que comunicaban los principales edificios entre ellos y también permitían  salir y entrar de la ciudad ya sea hasta erío o a  las montañas cercanas.

Era precisamente él quien le hablaba al Gran Consejo.

_ Como vosotros sabeis, hemos estado trabajando día y noche previendo que esto sucedería inevitablemente, gracias a nuestros trabajos la ciudad está en condiciones de resistir un largo asedio, lo cual desanimaría a nuestros enemigos, como ya ha sucedido en el pasado, que finalmente se han tenido que devolver con sus manos vacías.

El Minch le pidió su opinión a su hombre de confianza, el Gran Mago Noberiuss.

_ Como ya nos los habíais vaticinado, tus temores se han cumplido y ya tenemos frente a nosostros al ejército invasor, ahora dinos ¿ Cuales son tus vaticinios?

Noberiuss se veía muy preocupado y su voz era lenta y pausada al hablar:

_Mis augurios, Noble Señor...No son buenos y creo que debemos de prepararnos para lo peor, confío en que nuestras murallas nos permitirán resistir el asedio durante un buen tiempo, pero nos enfrentamos a fuerzas muy poderosas y según mis informes, Ciwutt está empecinado en extender sus dominios a este lado del Gran Río y lamentablemente aquellos que creíamos nuestros aliados,como Cat Lafat y algunas otras ciudades del valle nos han dado la espalda y ya estan negociando con nuestros enemigos para reconocer a Ciwutt como Su Señor, solo nos quedan los hombres de las montañas, los varines, Señor, ellos son nuestra única esperanza, si respetan el pacto que hicimos allá en Qeibnot, deberían de ayudarnos, pero lamentablemente estan demasiado lejos y noalcanzarían a llegar a tiempo.

Nuevamente intervino Rechill:

_ Por mi parte Señor, aún no he podido terminar de cosntruir el túnel de escape para el caso de que seamos invadidos, necesito al menos que resistamos  a lo menos unos tres meses, o sea, antes de que comiencen las lluvias y el mal tiempo.

Otro de los integrantes del Consejo era Sisan, el encargado de las finanzas y del tesoro del Minch, éste propuso una idea para que la consideran los miembros de aquel Consejo. (continuará)