10. nov., 2016

Texto

CAPÍTULO XII (Continuación)

Sisan era un hombre de modales suaves, muy delgado, huesudo y de naríz prominente, él ya había estado en situaciones parecidas y sabía como disuadir a cualquier invasor que se atreviera a amenazar las altas murallas de Lalerot.

_ Por lo que habeis dicho si la idea es ganar algo de tiempo, yo os propongo que actuemos de la misma manera en que lo hemos hecho en el pasado...Nosotros tenemos algo que ellos codician : Nuestro oro y riquezas, pués propongo que le demos parte de aquello, si Gomecor no es tan tonto,lo pensará y ¿Quien sabe? Talvez hasta lo podremos comprar como ya ha ocurrido con otros, antes que él.

El Minch miró alternativamente a Noberiuss y a Rechill y Sisan continuó exponiendo su plan:

_ Prepararemos ocho carros y colocaremos en ellos una parte de nuestro tesoro, le pediremos a los hombres pudientes de la ciudad sus donativos y ofreceremos dicho tributo a Gomecor si accede a abandonar nuestros territorios...Sé que es una decisión que le corresponde tomar a Ciwutt, pero nos permitirá ganar tiempo, que es lo que necesitamos.

Rechill comentó:

_ Un par de semanas más y mis obras estarán completamente finalizadas, me parece una buena idea,Señor.

El Minch aceptó y de inmediato dio las órdenes pertinentes.

Fue así como al día siguiente una delegación abandonaba la ciudad portando estandartes  de color blanco.

Los centinlas le avisaron a Gomecor y éste dio orden de que se les dejara pasar, al tiempo que comentaba:

_ Tal vez esos cobardes varesios, al ver a nuestros ejercitos, prefieren evitar derramamiento de sangre y nos entregan la ciudad sin que tengamos que combatir, lo cual no sería muy malo, aunque, personalmente prefiero tener acción.

El hombre que precidía la delegación era un mulach, montaba en una ganadoba, trás de si le seguían cuatro hombres, vestidos con las típicas indumentarias de los mulachs.

_ ¿Quén eres y que es lo que desean? Preguntó Gomecor.

El mulach trataba de aparentar dignidad aunque interiormente estaba aterrado.

_ Señor...Mi nombre es Lavin Leorsi y como podeis ver no soy varesio sino mulach, casualmente mi caravana  estaba acampada en la ciudady nos disponíamos a partir, cuando vos llegasteis con tu ejército, ahora el Señor Minch de la ciudad me ha encomendado  una misión que yo cumplo en su nombre : Una proposición de su parte.

_¡Ah...Una proposición! ¿ Y cuál es? Preguntó Gomecor taladrando al afligido mulach con su penetrante mirada de ave de rapiña.

_ El Señor Minch de Lalerot ha reunido un cuantioso tesoro consistente en oro, plata y piedras preciosas, son en total ocho carros repletos, los que serán vuestros, siempre que prometais noatacar la ciudad y retirar tu ejercito del territorio varesio.Es un importante tesoro que os convertiría en un hombre riquísimo y poderoso ¿Que decís Señor?

Gomecor permaneció en silencio, luego se lanzó a reir, con una risa estruendosa, espontánea y maligna, típica de él.

_¡Ocho carros! No está mal...Podría aceptarlo, pero me imagino que si me ofrecen ocho, debe ser porque en la ciudad debe de haber mucho más que eso ¿Verdad? Pués esta es mi respuesta: Le dirás a tu Minch que reúna no ocho, sino el doble de carros iguales y entonces podremos conversar.

El mulach inclinó su cabeza a modo de saludo y montando en su ganadoba comenzó a retirarse, mientras que Gomecor les comentaba a sus subalternos:

_¿Que os parece?...Ocho carros cargados de oro y plata...Hemos preparado durante años esta campaña y ellos piensan que solo nos conformaremos con aquello, dejemosle que preparen su rescate y cuando lo hagan volveré a pedirles que lo dupliquen...Ja  Ja  Ja.

Los Loqs reunidos también rieron junto a su jefe, aunque muchos de ellos pensaban en su fuero íntimo que de ser ellos quienes tuvieran que tomar la desición, sin duda que la hubieran aceptado, ya que las murallas que se veían frente a ellos, parecían invulnerables.