17. nov., 2016

Texto

Capítulo XIV: Regreso a Quinsat.

Una gran flota compuesta por unas ciento cincuenta embarcaciones se encontraba fondeada en la bahía de Lobinot. Había sido el mulach Falelar quien se había contactado y establecido un importante acuerdo con El Sonner de Las Islas, para que éste les proporcionara aquellos navíos y sus tripulantes a fin de transportar  a los casi cinco mil hombres que estaban dispuesto a regresar al Puerto de Quinsat para sumarse al ejército que estaba comandando Tauthor en dicha localidad.

El Sonner de Las Islas, como le llamaban, siempre había estado apoyando a los rebeldes, la razón para ello era que desde hacía muchos años, en la época de los tres soberanos de la dinastía Vactuss, el comercio entre el Puerto de Quinsat y los de las islas  había sido fluído y constante, pero con el advenimiento de Ciwutt, las relaciones habían cambiado ya que este monarca prohibió el comercio con los sonnerios, aunque esto se siguió haciendo de forma clandestina, fue eso lo que provocó el primer alzamiento de la ciudad puerto, el cual, como sabemos, fue aplastado por el ejército de Ici Horsi.No obstante fueron los sonnerios quienes ayudaron a los refugiados proporcionándoles asilo en las islas y y ahora se ponían con aquella flota para ayudarles a regresar a la ciudad.

 

En Lobinot se habían construído dos grandes muelles o embarcaderos, en uno de ellos se encontraba Luwer junto a su esposa Minshia y el pequeño Qiboc, ellos se aprestaban a subir a una de aquellas embarcaciones, la de mayor tamaño, también junto a ellos estaban los compañeros varines con sus esposas qocerias, varias de ellas se encontraban embarazadas. Ninguno había querido quedarse en Lobinot ya que tenían la esperanza de poder regresar algun día a sus tierras natales.

En otro de los navíos ya se encontraba instalado "El Rubio" también con su esposa e hijos, al igual que el propio Falelar y Snobean, pero lo más sorprendente de todo era que junto a ellos también lo hacía el Gigante Ici Horsi, éste ya había dado muchas muestras de fidelidad a la heredera al trono y ella le había perdonado restituyéndole el título de Loq, ahora él confiaba en reunir los restos de su desbandado ejército para ponerlo esta vez al servicio de Minshia.

_ Es un hombre muy valioso y confío en que no nos va a traicionar_ Opinaba la joven.

_ Está bien, espero que no te equivoques...Al fin y al cabo, tú eres la reina, esposa mía_ Decía sonriendo Luwer.

Una a una fueron desatadas las naves que ocupaban los muelles, a medida que se iban completando, otras ocupaban su lugar, mientras en los alrededores de la bahía, aquellos que habían optado por quedarse definitivamente en aquella localidad les saludaban y despedían agitando hojas de palmas, las que también eran utilizadas para abanicarse ya que era un día muy caluroso.

Cuando al fin todas las naves comenzaron a alejarse de aquel lugar en donde muchos habían soñado con establecerse de manera definitiva, pero que habían postergado aquellos sueños para sumarse a la lucha por la liberación del reino. muchos observaban con sus ojos húmedos ya que le habían tomado cariño a aquel lugar y prometían regresar tan pronto se cumplieran los objetivos que perseguían.

Tarneisi abrazaba a su esposa Liensi, que en unos meses más daría a luz al hijo de ambos y ledecía:

_Por mi parte, lo que yo deseo es que tan pronto nazca nuestro hijo o hija, podamos regresar a la Meseta de Jnorgot para que conozcas a mis padres, estoy seguro de que ellos, pese a que no eres de nuestri pueblo te van a aceptar igual.

Pero notodosse mostraban tan optimistas como Tarneisi ya que conocían muy bien las costumbres y tradiciones de sus clanes y sabían la enorme desilusión que les iban a causar a sus familiares al haberlas quebrantado, casándose con mujeres extranjeras y aunque ellos ya a esas alturas querían a su esposas, en el fondo temían la reacción de los suyos, pero confiaban ciegamente en que su líder, Luwer, les apoyaría.

La travesía resultó larga y monótona, pero no hubo mayores problemas ya que los sonnerios eran expertos navegantes y el tiempo se mostró siempre benigno, lo cual no era de extrañar ya que estaban en plena estación veraniega (O de Las Cosechas, como ellos la llamaban).

Muchas familias qocerias viajaban junto a sus hijos y llevaban sus pertenencias más preciadas. Siempre se navegaba durante el día y al atardecer, los sonnerios se las ingeniaban para permanecer en algún lugar protegido de los vientos.

En una ocasión avistaron unos extraños y grandes peces,que daban unos enormes saltos elevándose por sobre la superficie del mar y cayendo de manera muy coordinada. Snobean dijo que aquellos eran los "Temirotes" y les contó a todos que eran los descendientes de una antigua civilización que existió en una gran isla en medio de aquel mar.

_ Fue mucho antes de que El Sonner las habitara, todas esas islas formaban una sola, pero de gran tamaño, allí habitaba un pueblo muy adelantado, pero ellos desoyeron las advertencias de Los Dioses, queriendo ser como ellos , fue entonces cuando uno de aquellos, llamado Tenir les envió un cataclismo y la Gran Isla desapareció bajo el mar, pero a aquellos que habían respetado a Los Dioses se les permitió seguir viviendo, dotándoseles de aletas y cola, tal como los peces, por eso ellos saltan fuera del agua para respirar el aire y poder sobrevivir en el océano.

Había muchas leyendas como esa, una de ellas se refería a un rey que antiguamente había construído una gigantesca nave, escondiendo en ella toda clase de animales, en parejas para salvarles de un gran diluvio acaecido en tiempos muy remotos. Otros contaban acerca de unos extraños hombres que llegaron a bordo de unas grandes naves que descendieron desde el cielo, los cuales les enseñaron a los hombres a cultivar la tierra y muchas otras cosas útiles.

_Ellos prometieron regresar algún día, aunque nadie sabe cuando ocurrirá aquello.Decía Snobean, quien era escuchado atentamente por los viajeros de su nave. (Continuará)