19. nov., 2016

Texto

Capítulo XIV (Continuación)

Después de muchos días y sus noches, la gran flota arribó al Puerto de Quinsat. En sus muelles se aglomeraban miles de personas, muchas de ellas parientes de los que ahora regresaban.

Luwer y su esposa que llevaba al niño en sus brazos miraban con asombro a la multitud reunida, la joven Minshia, que nunca había estado en esa ciudad ni en ninguna otra que no fuera su pequeño poblado de Qcozot, a orillas del Gran Río se admiraba de los grandes edificios y de los templos que se divisaban desde la nave. Cuando ésta se acercó a uno de los muelles, les salió a recibir el propio Tauthor quien encabezaba una delegación, ahora el mendicante ya no vestía como tal, sino que llevaba puesto su traje ceremonial de monje Iusse, con su escudo, casco y armas de combate, ordenó que se instalara una pasarela para que descendieran por ella los viajeros. Luwer y su familia fueron los primeros en hacerlo.

Apenas la joven Minshia puso sus pies en tierra, Tauthor y sus acompañantes se inclinaron ante ella, al tiempo que el guerrero Iusse decía con su voz potente y firme:

_ ¡Viva Su Majestad...La Reina  de Qocerit! Nosotros, sus súbditos os saludamos y os damos la bienvenida a vuestero reino!

La joven que no esperaba algo semejante, miró a su esposo, éste se veía tan sorprendido como ella, fue en aquellos instantes cuando la multitud comenzó a repetir en coro las palabras pronunciadas por Tauthor:

- Su Majestad...La Reina de Qocerit ha llegado...¡Viva la Reina!

Minshia le pasó el bebé a Liensi, quien estaba a su lado y luego alzó sus brazos sobre su cabeza diciendo en voz alta:

_ Les agradezco a todos esta bienvenido y ante todo quiero decirles que he regresado para que junto a todos ustedes luchemos por recuperar el trono que nos pertenece.

La gente no se cansaba de vitorear y saludad a "su reina" mientras  ella se abría paso junto a los suyos rumbo al Palcio Principal de aquella ciudad, los hombres se inclinaban y se admiraban de la gran belleza de la joven y las mujeres se le acercaban para tocar sus vestiduras, pues pensaban que aquella  no era solo una mujer, sino más bien una Diosa descendida desde los cielos. Luwer y su hijo se mantenían discretamente en un segundo plano, pues él comprendía  a aquel pueblo tan sufrido que ponía todas sus esperanzas y sueños de libertad en su joven esposa.

Durante todo el día y también el siguiente, las naves estuvieron llegando y desembarcando a los pasajeros en los muelles de aquel puerto, el cual se veía  muy agitado por  tanto movimiento de gente.

Baschir y el grueso de su ejército se instalaron en el antiguo Cuartel, todos se sorprendían al ver junto  al Rubio, al Gigante Ici Horsi y ahora muchos se atrevían a abuchearle y a gritarle cosas desagradables a su paso, pero éste se mantenía inmutable, fue por eso que Baschir se detuvo frente al Cuartel y se encaró con la multitud, diciendo:

- Créanme que les entiendo a todos, pero creo que hay que darle una oportunidad a este hombre, quien equivocadamente sirvió bajo las órdenes del impostor y que ahora ha rectificado, poniéndose al servicio de la verdadera reina de Qocerit.Les aseguro que  ahora va a luchar como el más tenáz de los nuestros.

Después de estas palabras los hombres entraron al Cuartel, mientras que Baschir se dirigió al Palcio Principal, para reunirse con Tauthor, pero éste, después de atenderles  prefirió que los viajeros se repusieran de su larga y fatigosa jornada, antes de llamar a un Consejo en donde informarles de todo lo sucedido y planificar el futuro.

_ Por ahora, es mejor que descansen, mañana nos reuniremos para  hacer planes. Dijo Tauthor.