7. dic., 2016

Texto

Capítulo XVII (Continuación)

Cuando regresó al campamento conversó del asunto con su mujer:

_ Ya desde hace un tiempo que nuestro hijo Yerlic y Uri se ven a escondidas, las mujeres del Clan comentan que ya es hora de que ellos formalicen su relación...Sé que tú estás pensando en Luwer, él le había prometido matrimonio y si no se hubiera marchado en ese viaje que se ha prolongado por tanto tiempo, ambos ya estarían casados, pero Luwer no está y no sabemos  cuando regresará, por eso ahora yo voy a apoyar a Yerlic y si él ama a esa muchacha, lo mejor será que se case con ella cuanto antes. Estos son tiempos muy difíciles y no sabemos lo que pueda suceder más adelante.

Y así fue como ambas familias, la del Meij Luwa y la de Feinna se reunieron para acordar la boda, que iba a ser, sin duda, la más importante en mucho tiempo en el Clan.

Tres semanas después se llevaba a cabo la boda entre el hijo menor de Luwa, Yerlic y la bella pelirroja Uri, fue una hermosa ceremonia, participaron no solo los miembros del Clan de Luwa, sino que también  concurrieron algunos Meijs de los clanes de la meseta, quienes aportaron valiosos regalos para los recien casados.Sin duda que el más felíz de todos era el flamante esposo, pues se le habían cumplido todos sus sueños. algo que antes le había parecido como imposible, ahora se volvía realidad. él amaba a su mujer y aunque sabía que el corazón de ella estaba con su hermano, confiaba que con el correr del tiempo él, lograría su amor y que ella olvidara a su primer amor. En cuanto a Uri, ella aceptó con resignación su destino, pensando que mal que mal, Yerlic era el mejor hombre que le podía haber tocado ya que ambos se conocían desde niños y seguramente, si no hubiera existido Luwer, ella se habría enamorado de él.

Después que Voja, el Brujo les unió, colocando las pulseras en las muñecas comenzaron las celebraciones, los hombres comenzaron a beber enormes cantidades de huija, las mujeres danzaron al ritmo de los sonidos plañideros de las flautas de caña y de los tambores de cuero de aminots.

Más tarde, cuando los recién casados se escabulleron dentro de la sacbat preparada para  ellos, en donde debería de consumarse la unión matrimonial, las fiestas continuaron  durante varios días, pues así lo exigían las tradiciones.

Aquella primera noche, cuando Yerlic hizo suya a la deseada mujer, ella cerró sus ojos para tratar de imaginarse que era Luwer quien la poseía y no su hermano, aquel truco le dio  un buen resultado y así continuó haciéndolo durante muchas otras noches.

Pasada aquella fiesta en La Meseta de Jnorgot, comenzaron otra clase de actividades. Los hombres jóvenes de todos los clanes comenzaron  con los preparativos para la guerra, en cada clan se eligió al más experimentado para ello, en el de Luwa, tal responsabilidad recayó en Tinqeirsi. "Ojos de serpiente escogió a sus guerreros, entre los cuales estaba también, el recién casado Yerlic y comenzó con los duros entrenamientos, algo para lo cual los varines estaban acostumbrados, pero esta vez dichos ejercicios no estaban dirigidos  con el fin de competir y ganar un torneo, ahora todo era diferente, pues  ellos sabían que muy pronto deberían de luchar para defender sus tierras.

La reunión que se llevbó a cabo un par de meses mas tarde y en la cual participaron todos los Meijs y sus ayudantes, se prolongó por varios días.

Sanat, El Toro, estaba ansioso por entrar en acción y era partidario de marchar con sus guerreros hacia el valle para sorprender al ejército acampado frente a los muros de la ciudad de Lalerot. Pero Sne Heba le rebatió:

_ Sé que eres muy valiente  e impetuoso Sanat, pero lo que propones no es bueno,es que ¿Acaso crees que con quinientos o mil hombres le podremos hacer  frente a un ejército que nos supera en cincuenta  veces, un ejército poderoso que cuenta con miles de jinetes, armas y carros de combate ? ¡No Sanat! Sería un suicidio, un sacrificio inútil de vidas valiosas, que después nos harían mucha falta. Lo que debemos de hacer es combatir a nuestros enemigos  en nuestro territorio, atraerlos hasta aquí, en donde si tenemos una gran ventaja, pues conocemos palmo a palmo estas montañas y las selvas que las rodean, aquí nosotros somos invencibles y si ellos deciden venir, les propinaremos la mas aplastante derrota y se tendrán que retirar con la cola entre las piernas.

Luwa también pensaba de igual modo y entre ambos convencieron a los demás Meijs de que lo mejor sería esperar los acontecimientos y mientras tanto fortificar sus defensas y preparar a los guerreros del clan.

_ La suerte de Lalerot, ya está echada, pero confiamos en que sus imponentes murallas podrán resistir  un largo asedio, como ya ha ocurrido anteriormente.

Opinó el Meij Sne Heba.