10. dic., 2016

Texto

Capítulo XVIII: El sitio de Lalerot.

En el primer día del Mes de Las Lluvias, los hombres de Gomecor recibieron la orden de retroceder hasta sus posiciones originales. Después de tres meses de encarnizados combates todo parecía igual como al comienzo: Los altos muros de aquella ciudad habían resistido todos los asedios de sus atacantes. Estos habían utilizado todos los elementos de que disponían para tratar de causar el mayor daño posible a los defensores, pero éstos, guarecidos trás las altas murallas les habían rechazado una y otra vez.

Gomecor estaba desconcertado, él había supuesto que en tan largo tiempo de asedio, la ciudad se vería afectada, ya sea para abastecerse de alimentos para sus residentes, como por la moral de los mismos al verse sitiados, pero eso no sucedía.

Más, dentro de los muros de Lalerot las cosas no pintaban tan bien como parecía y habían ocurrido varios hechos, lo más importante:El inesperado fallecimiento del Minch Zusman Illman, aquello produjo mucha desmoralización entre  los habitantes de esa urbe, pese a que se sabía que el Minch era un hombre anciano y que se encontraba enfermo, nadie preveía que su deceso ocurriría precisamente cuando más se le necesitaba.Según las disposiciones le correspondía a su hermano menor asumir el importante cargo, pero éste declinó esa obligación por encontrarse  también mal de salud, entonces, el Consejo de La Ciudad, compuesto por los ciudadanos más relevantes, decidió designar a Rechill, "El Constructor", como máxima autoridad durante un año y fue así, como aquel pequeño hombrecito de aspecto ratonil, al cual sus detractores apodaban desdeñosamente como "La Rata", quedó almando de  aquella importante ciudad y con la enorme tarea de  defenderla de sus atacantes. Seguramente si se hubiera encontrado en la ciudad el Gran Mago Noberiuss, hubiera sido él quien asumiera esa tarea, pero éste no se encontraba dentro de los muros de Lalerot, pues había viajado antes de que ocurriera el asedio, a la fortaleza de Sorgín, enclavada en la región montañosa a muchas verts de distancia.

Rechill era un hombre muy inteligente, había sido uno de los mejores alumnos en La Academia de Todas Las Ciencias y después había trabajado en la mayoría de las grandes obras de la ciudad.Uno de sus trabajos más complicados había sido la construcción del avanzado sistema de alcantarillas de la urbe, aquellos túneles subterráneos, que servían para encauzar las aguas servidas y residuos era algo que ninguna ciudad de aquella época poseía.Dichos trabajos que habían durado casi dos décadas con una fuerza laboral de más de diez mil hombres, iban a ser muy importantes en las circunstacias actuales,algo que Rechill había previsto.Los túneles y pasadizos construídos recorrián bajo los edificios y las calles de la urbe y permitían salir de la ciudad en lugares secretos y fue por eso que  cuando se produjo el sitio por los hombres de Gomecor, sus habitantes pudieron abastecerse regularmente de agua y víveres, lo cual  tenía desconcertados a sus enemigos.

Gomecor estaba desesperado, su ejército  hbía sufrido considerables bajas y aunque éstas le eran repuestas desde su país, aquella demora le estaba afectando anímicamente, él había supuesto que dada su gran capacidad militar la ciudad no resistiría más de un par de meses.Además, el monarca le exigía resultados favorables y no entendía el porque estos no se producían.Lo cierto  es que Ciwuut se mostraba muy molesto por los reveses de sus campañas: La pérdida de las ricas e importantes ciudades del sur, dominadas ahora por los rebeldes le habían significado una importante merma de recursos, la fracasada invasión a Las Tierras Ignotas habían mermado su prestigio, pero lo que más preocupaba al tirano era la constatación de que aquella jovencita que se había auto proclamada como Reina de Qocerit, iba ganando cada día, más adeptos. Un hecho acaecido en la lejana ciudad fronteriza de Cosanni le hizo aumentar mas aún esa preocupación, en efecto, en dicha ciudad se produjo un levantamiento y lo mas insólito fue que quien lo propició fue su antiguo colaborador: El Gran Mago Tolin Basi, quien declaró que la única legítima reina de Qocerit era la joven Minshia, la hija de Vactuss III.

En otros tiempos Ciwutt habría reaccionado energicamente enviando a sus hombres a sofocar la revuelta, pero lamantablemente para él, no disponía de guerreros suficientes, ya que la mayor parte de su ejército se encontraba al otro lado del Gran Río  y el ejército del sur había sido practicamente aniquilado por los rebeldes, sólo le quedaban los hombres de Nilezat, pero a éstos los necesitaba para mantener el orden en la capital y sus alrededores, por eso no tuvo más remedio que resignarse a perder también a esa importante ciudad  de la frontera.Ciwutt volcó toda su ira en contra del Loq Gomecor y le envió un ultimatum, en donde le exigía la toma de Lalerot antes de que finalizara el mes  de Las Lluvias.

Fue entonces, cuando Gomecor recordó a aquel  hombrecito que antes de la campaña le había traído aquel juguete de madera que aún conservaba  sobre su mesa como  adorno.

Lo hizo buscart y cuando lo tuvo ante sí, le dijo:

_Te he hecho venir, porque después de tantos fracasos quiero darte a tí una oportunidad de probar tu diseño ¿Cómo dijisteis que te llamabas?

_ Mi nombrer es Qinheba Señor Loq Mayor...Y si me da la oportunidad de probar con mis "Locono yarit" (Tortugas), no se va a arrepentir.

_ Pues, entonces, mano a la obra, ordenaré que de inmediato se te entregen los hombres que necesites y los recursos para que comiences a construir aquellos...Necesito a lo menos un centenar de ellos a la brevedad.

Así, el llamado Qinheba se hizo cargo de la misión encomendada, los mismos varesios de los pueblos cercanos  le proporcionaron hombres, los cuales comenzaron a talar los grandes árboles y a construir con ellos aquellos extraños carros, los cuales, al mirarles desde arriba semejaban unos escarabajos gigantes, o más bien unas tortugas con muchas patas.Los hombres de Gomecor miraban extrañados a semejantes artiligios y muchos pensaban que su jefe se había vuelto loco, más aún, al ver que éste había suspendido todas las acciones de guerra al menos durante un tiempo.