20. dic., 2016

Texto

Capítulo XX (Continuación)

Ya estaba  todo decidido, ahora fue Falelar quien elaboró el plan  para facilitar el regreso de Luwer a sus tierras.

_ Como ya veo que nada va a hacer cambiar de idea a nuestra soberana, lo único que nos resta es ayudarle de modo que todo resulte exitoso, hace ya muchos años que nosalía a recorrer las tierras como mulachs, ustedes saben que ese es mi orígen, de manera que voy a reunir a algunos de los míos y organizaré una caravana para dirigirnos por la ruta señalada, lo que les sugiero tanto a mi Señora Reina como a su esposo, es que lo hagan disfrazados de mulachs, al igual que a los demás jóvenes varines, así nos despertaríamos sospechas en el caso de ser detectados por nuestros enemigos ¿Que os parece?

Discutieron hasta altas horas de la noche aquel plan y decidieron llevarloa cabo, por el mpmento no  le confiaron a nadie más las decisiones tomadas.

El mismo Falelar se encargó de prepararlo todo, recobrando su antiguo nombre  mulachs de Fale Ritti reunió a sus paisanos.

A los jóvenes varines, les extrañó que se les ordenara cambiar sus atuendos característicos de su pueblo, por aquellos trajes  de telas brillantes, pero cuando se les explicó la razón de aquello todos se mostraron extraordinariamente  entusiasmados con la idea de volver a ver a los suyos, muchos ya habían sido padres y otros esperaban serlo en los días siguientes, sabían que aquello no sería bien visto por sus parientes, pero era tanto el deseo de regresar a sus amadas montañas que ni eso les importaba.

Ya estaba finalizando aquella estación tan helada y lluviosa y los árboles comenzaban a florecer, cuando la colorida caravana de mulachs, con sus carros tirados por yuntas de duhoccats y sus rebaños de aminotes, ccovots y otros animales domésticos se ponía en marcha en dirección a la desembocadura del Río Luwin, allí les esperaban cincuenta  falachs que los transportarían hasta la otra  orilla y desde allí deberían seguir la antigua ruta  que  a travéz del Desierto de Dnotinac les llevaría finalmente hasta las aldeas de Ticdot,cuna de Liensi y después a la ciudad de Hannisot.

Montado sobre aquel camélido de largas crines, Luwer se sentía algo ridículo, vistiendo de aquella manera. Una túnica de color negro, un turbante que le ocultaba no sólo  su larga cabellera sino la mayor parte de su rostro, dejando a la vista sólo sos ojos oscuros, a su lado, Minshia, sonriente, le decía:

_ Te ves muy apuesto, esposo mío, aunque para decir verdad, re prefiero con tus pieles de yocosats.

_No te burles, mira que tú también,  vestida así y tan tapada no dejas  ver nada de tu gran belleza...Ningún hombre se fijaría en tí y eso...Me gusta.

Era verdad, la bella Minshia ocultaba con  su traje todos sus encantos, aquella túnica la cubría de pies a cabeza, al igual que Liensi y las demás mujeres qocerias que acompañaban a sus esposos, quien parecía más molesto, era el siempre sonriente Tarneisi, quien decía.

_ Estos trajes son ridículos ¿Por cuanto tiempo vamos a tener que andar vestidos de esta manera? No quiero imaginar como se burlarían de nosoros nuestros amigos si nos vieran así.

La caravana era bastante numerosa, contandoles a ellos y a los mulachs, sumaban unas trescientos personas, eso, sin contar  a los niños ni, por supuesto, a las bestias.

Cuando  la caravana se puso en marcha, alejándose del Puerto de Quinsat, la gente que circulaba a esas horas de la mañana, les miraba con indiferencia, sin sospechar que entre aquellos, marchaba su propia reina y su esposo.