22. dic., 2016

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CAPÍTULO XXI: "El tesoro de Lalerot"

Una inmensa fiesta se celebraba en el Coliseo de Obamit, casi toda la población de aquella urbe se daba cita en el fastuoso recinto, muchos, que no habían podido entrar en él, se aglomeraban en los alrededores de aquella imponente construcción.En los alrededores de la ciudad se habían establecido campamentos formados por carpas multicolores y en ella se alojaban los miles de peregrinos y viajeros  que habían concurrido desde todos los puntos del reino de Qocerit para asistir a las fiestas con que el Rey Ciwutt celebraba un aniversario más de su llegada al trono, lo cual, como siempre coincidía con un cumpleaño más del monarca.

Oscisot, el Maestro de Ceremonias había preparado con mucha anticipación una gran variedad de espectáculos con los cuales entretener y sorprender a los exigentes expectadores y apostadores, quienes parecían estar sedientos de sangre y de muerte contemplando la arena del lied.Muchos, aún recordaban aquella fiesta de dos años atrás en donde aquellos valerosos jóvenes varines encabezados por Luwer habían dado  muerte a un enorme yocosat, allí, ante la vista de todos, aquel espectáculo no había podido ser igualado ni menos sobrepasado en el aniversario anterior, pero se rumoreaba que ahora, el Maestro Oscisot les tenía preparada una sorpresa mayúscula para el cierre de aquella semana de festejos.Por aquellos días ya se había esparcido como una mancha de aceite el rumor que afirmaba que aquella joven de cabellos dorados que tanto había buscado el rey se había caso con el mismo valiente joven varín que todos habían visto en acción y se decía que aquella mujer era la misma que los rebeldes del sur habían hecho proclamar como la Reina de Qocerit, de todas esas cosas se hablaba por lo bajo y los ciwudios, aunque intentaban desvirtuar tales rumores, con sus actitudes no hacían más que confirmarlos.

Eso era algo que molestaba profundamente a Ciwutt y le opacaba todo lo que estaba celebrando en aquellos días, para un hombre orgulloso y soberbio como él, el hecho de verse desplazado por un jovencito casi imberbe, en el corazón de la mujer con la cual había soñado constituía una terrible afrenta, una afrenta que no iba a dejar pasar.

_ Ya me tomaré el desquite y les haré pagar a esos dos de la manera mas terrible...A ese jovencito engreído le haré morder el polvo yo mismo  en esta arena, le mataré con mis propias manos y en cuanto a la muchacha...Dejaba la frase en el aire, pero quienes le escuchaban sabían de todo lo que era capáz aquel hombre tan temido por todos.

Nilezat había cumplido: Su gran flota de dos mil falachs estaba distribuída a lo largo del Gran Río, vigilando que no hubiera más fugas ni movimientos en ambas orillas, aquellas mismas falachs atravesaban el río, día trás día trayendo de Lalerot y de las demás ciudades varesias los tributos de los conquistados.

Para esta magna ocasión, el Loq Mayor, Gomecor había anunciado que regresaría para estar presente en el aniversario del rey y que le traería un presente digno de su realeza.

Ahora, en la fiesta de culminación,Gomecor se encontraba en el palco real ubicado a la derecha de Ciwutt, quien ahora, de pie se dirigía a los espectadores:

_¡Pueblo de Qocerit...Escuchad todos!

Los miles de espectadores callaron para escuchar las palabras de su rey.

_ Hace un año atrás, le dí a este hombre, una difícil misión...Atravezar el Gran Río con su ejército y conquistar la ciudad amurallada de Lalerot...Y él ha cumplido, en poco más de cinco meses, su ejército...nuestro ejército, formado por los mas valientes guerreros del reino logró abatir a la orgullosa y podrosa ciudad varesia, extendiendo así nuestro reino por el Valle de Varesocor. Ahora le teneis aquí y pido que os pongais de pie para homenajearle y glorificarle.

Gomecor, que se había puesto de pie, se acercó al monarca y éste le abrazó con fuerza, levantandole su brazo derecho, mientras que los espectadores vitoreaban sus nombres.

Cuando el pueblo se cansó de vitorear los nombres de ambos, Ciwutt anunció:

A partir de ahora, este hombre, que es además mi mejor amigo llevará el título de Gran Loq y será mi sucesor, en el caso de que algo me suceda a mí. Esa es mi voluntad.

El rostro de Nilezat se tornó frío en contraste con la alegría que inundó a Gomecor, quien veía así que todos sus sueños se le cumplían, sólo se atrevió a decirle  en voz baja, para que solo Ciwutt le oyera:

_ Gracias por todo Mi Señor...Pero espero que pronto vais a engendrar un hijo y él ha de ser tu sucesor..Yo, como te lo he prometido te he traído un hermoso presente...Ya lo verás.

Ahora comenzaría la última presentación y para eso, en la arena del lied se había preparado algo impresionante:

Cuatrocientos actores entre los cuales se encontraban los mejores gladiadores del reino, representarían a los qocerios triunfadores, a los héroes que debería de combatir con sus oponentes, quienes parapetados en una imponente estructura situada en medio de la pista, con forma de torre circular, que representaba a la ciudad de Lalerot. En efecto, de aquella manera se iba a representar  de manera alegórica, la gloriosa Toma de Lalerot.

Todo había sido preparado de manera muy acusiosa, los "defesores" se ubicaban en plataformas situadas a distintos niveles, mientras que los "atacantes2 deberían de irles  eliminando para ir ascendiendo así, a la entrada principal de la torre, en donde según se anunciaba se encontraría un Gran Tesoro: El Tesoro de Lalerot.

Para los espectadores y apostadores  eso,constituía un entretenido  "jueguito", pero en cambio, para aquellos que participaban en la arena del lied,aquello significaba la vida o la muerte, aunque todo estaba preparado de tal manera que el triunfo de los conquistadores estaba en la práctica asegurado, pero a pesar de todo mientras  "los héroes" avanzaban, a veces se producían sorpresas y algunos de ellos eran sorprendidos y caían, ante la constenación y sorpresa de quienes habían apostado por ellos. 

Durante toda la semana se había estado desarrollando esta trama y cada día los "atacantes" lograban pasar una auna las metas, Ahora en la etapa última, ya eran treinta los heroes que se encontraban en los alrededores de la torre central y desde su interior sus defensores les arrojaban toda clase de objetos a los atacantes, quienes avanzaban inexorablemente  hacia la entrada principal de aquella fortaleza.(Continuará)