25. dic., 2016

Texto

Capítulo XXI (Continuación)

En los días anteriores había habido de todo:Héroes que se habían enfrentado a fieras tan peligrosas como el temido puma de las montañas, su pariente, el puma moteado y también con aquellos saurios monstruosos traídos desde tierras lejanas, otros habían luchado contra hordas de  salvajes qejviats y contra luchadores varesios y al final habían salido triunfantes ante el delirio del enfervorizado público, ávido de muerte y de sangre.Ahora se debería de descorrer el telón, pues los héroes ya estaban en la parte más alta de la torre y poco a poco sus defensores iban siendo eliminados y se les dejaba caer desde lo alto, provocando las delicias del público al ver como sus cuerpos se estrellaban contra las rocas, al caer.

Teituc, el gran luchador, un hombre  fuerte como un toro que había sido seleccionado entre los muchos guerreros del ejército de Gomecor, fue el primero que entró en la torre, derribando la puerta,mientras los espectadores demostraban su ansiedad, por saber lo que sucedía adentro.Al cabo de unos minutos reapareció en la entrada portando entre sus fuertes brazos algo horrible: La cabeza de un hombre, la cual levantó y mostró a los espectadores, al tiempo que gritaba con su gran vozarrón:

_¡He aquí el último de nuestros enemigos! El varesio traidor...El monstruo repugnante que nos fingía lealtad y al mismo tiempo nos traicionaba haciendo tratos con los enemigos...¡Ved ahora su asquerosa cabeza chorreando con su traidora sangre...Ahí la teneis!

La cabeza de Ivdo Goban zurcó los aires y se estrelló contra el piso cubierto  de arena y piedras, allí permaneció sobre un charco formado por la sangre que aún le quedaba, quienes estaban más cerca pudieron observar que ésta aún mantenía sus ojos desmenzuradamente abiertos.

Ciwutt se volvió interrogativamente hacia el Loq Mayor, Gomecor y éste le comentó:

_Así es Señor, este hombre era un traidor, nos fingió lealtad pero yo descubrí que ocultaba sus riquezas que eran inmensas, yo le capturé, apresé y lo traje hasta aquí, junto a su mayor tesoro...El Tesoro de Lalerot...Mi regalo para vos Señor.

Ciwutt estaba sorprendido de verdad y Gomecor continuó:

_ El mayor tesoro que encontré en Lalerot, está allí, en esa torre...Pero desearía que fueseis vos mismo quien bajara y lo sacara de ese lugar ¿Lo harás Mi Señor?

Ciwutt no dijo nada, palmoteó la espalda de su único amigo y compañero de tantas jornadas, luego se puso de pie y ante el delirio de sus enferorizados partidarios comenzó a descender por las gradas del coliseo, hasta llegar a la orilla, allí se volvió para saludar a la gente y luego se introdujo en el tunel que conducía haciala arena del lied.

Reapareció unos minutos después en la pista, llevaba su enorme espada dorada en una de  sus manos y entonces demostrando gran agilidad comenzó a trepar por los distintos niveles de la torre, hasta llegar al último, allí le esperaban "los heroes", el rey felicitó a Teituc y a los demás, éste inclinando su cabeza  le dijo:

_Entrad Majestad y ved vos mismo el Tesoro de Lalerot...vuestro tesoro.

Cuando Ciwutt entró en la torre, se quedó atónito al contemplar lo que allí había:Una verdadera pirámide de toda clase de objetos de oro y plata, joyas preciosas, cálices, yelmos y hermosos objetos artísticos...Un tesoro fabuloso, sin duda, pero lo que le llamó más su atención fue lo que estaba encima de aquella pequeña montaña dorada: Era una mujer...Al observarla le  pareció la mujer más hermosa que veía en su vida, ella estaba atada con una cadena dorada en una de sus muñecas al cadáver decapitado de quien en vida había sido su último amo: Ivdo Goban.

Ciwutt se abrió paso por entre la cantidad de objetos valiosos y con su espada cortó de un tajo la delgada cadena, la joven yacía semidesnuda e insconciente, seguramente estaba sedada y no se daba cuenta de nada. Ciwutt la tomó en sus fuertes brazos y caminó con ella hacia la entrada de la torre.

Cuando salió, mostró " su trofeo" y el público comenzó a ovacionarle, aplaudiendo y gritando consignas y loas en su nombre, las cuales se prolongaron durante todo el tiempo que el rey tardó en bajar desde lo alto para introducirse en el túnel iluminado por antorchas.

Mientras caminaba con su preciosa y delicada carga entre sus brazos, Ciwutt experimentaba una sensación desconocida para él,algo que no lograba explicarse, algo muy agradable que le tocaba sus fibras más íntimas sin saber que era aquello.Ya en los compartimientos inferiores del coliseo, dejó el frágil cuerpo de la doncella sobre una cama que le fue traída por sus guardias, luego se quitó su capa y cubrió con ella el cuerpo de la joven, que ya comenzaba a reaccionar, al abrir sus ojos y ver el rostro del soberano inclinado sobre el suyo, trató de esquivarle en un gesto instintivo de repulsión. Ciwutt comprendió que era por su horrible cicatríz, algo de lo cual siempre se había jactado y mostrado orgulloso, pero que en ese instante deseaba no haberla tenido. La muchacha cerró sus ojos, su cuerpo comenzó a temblar como una avecilla, entonces Ciwutt, aquel hombre duro, de caracter férreo que nunca sintió ni una pizca piedad por nadie, esta vez se conmovió y ordenó:

_¡Llevadla al palacio y que las mujeres cuiden de ella como un tesoro...Porque eso es lo que es...El Tesoro de Lalerot!