26. dic., 2016

Texto

Capítulo XXII: Luwer regresa a casa.

El viaje emprendido por Luwer y su gente con los mulachs no iba a ser una jornada para nada fácil. Aquella ruta que muy pocos conocían y que nadie utilizaba porque estaba demasiado alejada de los pueblos y ciudades y por lo tanto, comercialmente no era muy conveniente para los mercaderes y comerciantes.En sus inicio el camino marchaba de manera paralela a las costas del Mar de Sonner por el Desierto de Dnotinat, al final de este comenzaba una región no tan árida cuyo único pueblo existente era el poblado de Ticdot, desde allí había que ir sorteando las montañas hasta le ciudad de Hannisot, famosa por sus criaderos de caballos, desde allí ya se podían divisar  hacia el norte, las nevadas Montañas Varsowots, que era el destino final de la caravana.

La travesía por el desierto era lenta y fatigosa, el sol calentaba implacablemente la arena ya menudo el viento soplaba con fuerza provocando grandes tormentas de arena, cuando ello acontecía, los hombres y las bestias debían de guarecerse durante horas trás los carromatos hasta que ésta amainara, entonces podían continuar el viaje, afortunadamente Falelar  conocía aquella región aunque ya habían pasado muchísimos años desde la última vez que la recorriera.De no ser así, lo más probable es que se hubieran extraviado y perdido en el inmenso y árido desierto, como había sucedido con muchas caravanas y viajeros.

Al fin, después de dos semanas de viaje arribaron a la aldea de Ticdot y allí los mulachs establecieron su campamento con la finalidad de reponer sus energías, reabastecerse de agua y provisiones y también para comerciar con los habitantes de dicho poblado.

Así, la estadía se prolongó por varios días, mientras los mulachs hacían sus negocios, los hombres de Luwer trataban de pasar inadvertidos, ya desde hacía un tiempo que no practicaban sus acostumbrados ejercicios físicos y por eso se sentían aburridos y molestos, más aún, estando obligados a vestir a la usanza de aquellos nómadas, pero les animaba la esperanza de que en un tiempo más podrían encontrarse en sus añoradas tierras, eso les mantenía expectantes e ilusionados.

Minshia se entretenía aprendiendo a utilizar un aparato rudimentario en donde las mujeres hilaban la lana de ocqolote (Un camélido de abundantes crines antecesor de las actuales vicuñas o alpacas), en aquel especie de telar elaboraba una prenda para su hijo Quiboc, el cual ya había aprendido a dar sus primeros pasos y jugaba con otros niños de su misma edad, Liensi estaba embarazada y esperaba que su primer hijo naciera en las tierras de los varines.

Luwer se había dejado crecer la barba y sus cabellos y cuando estaba junto a su mujer en la intimidad ésta se burlaba de él, por aquello, pero añadía que así le  parecía más guapo y varonil.Mirándole con picardía le comentaba:

_Al menos, así como te ves , esa pelirroja que tenías allá en tu tierra no te va a reconocer y eso me alegra mucho, mi amor.

Luwer se fingía enojado y luego la abrazaba y besaba todo su cuerpo, entonces Minshia se dejaba querer, aunque en su interior se sentía muyinsegura  y temerosa pensando en la reacción de los familiares de su esposo cuando la conocieran, algo similar sucedía con los compañeros de Luwer, más aún, al considerar que sus esposas eran qocerias, precisamente el pueblo que ahora era considerado como enemios de los varines, sólo Tarneisi no tenía esa preocupación ya que su mujer, Liensi era varesia.

Tres semanas duró la estadía en aquel pequeño poblado y nuevamente la caravana se puso en marcha,esta vez con rumbo a las montañas, al menos el árido desierto de Dnotinac había quedado atrás, pero en cambio ahora la ruta era ascendente, lo cual también complicaba a aquellos que no estaban acostumbrados a esas condiciones.

El paisaje en esa zona era mucho mas verde, principalmente arbustos cuyos frutos secos de color anaranjado servían para paliar un poco el hambre aunque provocaban mucha sed y el agua era escasa y había que racionarla.

Hannisot en aquellos años, era una urbe muy especial, que ocupaba una extensa area, formada por viviendas muy separadas unas de otras, casi todas poseían amplios campos y cercados en donde sus habitantes se dedicaban principalmente a la crianza de caballos y otros animales, pero eran los primeros quienes gozaban de un enorme prestigio en todo el valle, aquella raza de caballos andinos, lamentablemente se extingió con el correr de los siglos, pero aquello ocurrió mucho después, cuando se produjo el éxodo hacia las tierras del norte.Pero, volviendo a aquellos días:

Cuando finalmente la caravana llegó a los alrededores de Hannisot, fueron recibidos con gran alegría por sus pobladores, quienes estaban ansiosos de conocer a travéz de los viajeros si era cierto todo lo que se comentaba acerca de la invasión y de la caída de Lalerot.

La confirmación de aquello causó gran conmoción en dicho poblado, quienes vislumbraron que ahora todo su mundo estaba en peligro, pese a que Hannisot estaba muy alejada de las demas ciudades varesias, no fueron pocas las familias que se prepararon para emigrar y buscar refugio viajando más al norte, hacia la Fortaleza de Sorgín.(Continuará)